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miércoles, 7 de mayo de 2025

Primer encuentro con Viena

Podría definir mi relación con el alemán como de amor-odio, pero sin ser ninguna de las dos cosas. Después de tantos años y de tantas experiencias con ella, ahora mismo es una lengua que me resulta de la familia, como de casa. He pasado más de la mitad de mi vida en contacto con ella, empecé a estudiarla con 15 años y ahora tengo 40. No la he estudiado continuamente, pero leo cosas en alemán de vez en cuando, cuando se me cruzan en redes sociales y eso. He llegado a un punto en el que entiendo el 90% de lo que oigo y leo. Por otro lado, no soy capaz de hablarla fluidamente, y me gustaría recuperar mis habilidades en ella, pero no estoy tan motivado como para esforzarme. Ya no es mi lengua favorita como lo fue en mi adolescencia.

La cuestión es que, al menos en mi experiencia, la enseñanza del alemán está extremadamente centrada en Alemania. Esto podréis pensar que es lógico, y siempre está el argumento numérico: el 80% de los hablantes del alemán están en Alemania. Lo que no es tan lógico es que del resto de variedades no se enseñe nada. A mí incluso un profesor llegó a corregirme un uso que está muy extendido en el sur de Alemania y es incluso oficial en el estándar austriaco, solo porque no es oficial en Alemania. Así están las cosas.

(Para los más interesados, se trata del uso de sein como auxiliar para formar el perfecto de los verbos stehen, liegen y sitzen. Que diréis, ¿y por qué lo dices así y no con haben, como les gusta a los profesores alemanocéntricos? Pues primero, porque me resulta más lógico, y segundo, porque así lo interioricé cuando estuve haciendo Erasmus en el sur de Alemania).

También puedo añadir que en el tiempo que he estudiado alemán mientras vivía en Alemania, apenas hubo menciones a Austria o Suiza (ya ni pienses en Bélgica).

Como consecuencia de todo esto, aunque siempre me dio curiosidad Austria, mi conocimiento de Austria y de su capital, Viena, siempre ha sido bastante reducido. De hecho, mi impresión era que Viena era una linda y pequeña capital de un pequeño país sin demasiadas pretensiones; una cosa como podría ser, no sé, Bruselas o Dublín.

Mi impresión empezó a cambiar cuando empecé a estudiar serbocroata y, sobre todo, cuando hice allí una parada de varias horas en enero, de camino a Belgrado. El tiempo fue el suficiente para que Pau y yo pudiéramos acercarnos del aeropuerto al centro, dar un pequeño paseo y comer.

Estando allí me di cuenta de que la ciudad está pagadísima de sí misma. Para quien no entienda esta expresión valenciana, digamos que está encantada de conocerse. El pequeño paseo que dimos ya nos dejó clara la importancia histórica que ha tenido la ciudad. Vale, es algo un poco obvio si conoces la historia europea reciente, pero para mí fue chocante porque no esperaba que hubiera retenido tanto. Parecía que en cualquier momento te fueras a cruzar con Sissí Emperatriz.

La Ópera de Viena

Como he dicho, mi impresión también ha cambiado gracias a mi estudio del serbocroata. El estudio de una lengua nunca se puede hacer independiente de la cultura que la habla, por mucho que lo intentes. Yo no lo he intentado, me ha interesado saber sobre Yugoslavia y la cultura balcánica. Y claro, eso significa que no puedes evitar conocer lo que piensan sobre los vecinos que históricamente han tenido más influencia sobre ellos: los turcos (por el Imperio Otomano) y los austriacos (por el Imperio Austrohúngaro).

Aún a día de hoy la relación entre los pueblos exyugoslavos y Austria es enorme. La cantidad de exyugoslavos que viven en Viena es gigantesca (estando allí unas cuantas horas oímos hablar serbocroata en muchas ocasiones), y los que no viven allí, en su mayoría han visitado Viena al menos una vez. Hay numerosos vuelos diarios entre Viena y Belgrado, así como líneas regulares de autocares. Entre Viena y Zagreb es incluso más sencillo, hay varios trenes diarios.

Eso sí, que la relación sea grande no significa que sea buena. La opinión sobre Austria entre los balcánicos es bastante variopinta, pero tiende más a negativa: en la conciencia colectiva sigue pesando bastante el papel imperialista de Austria en la zona hasta hace poco más de un siglo. Esto no mejora si tenemos en cuenta que los serbios, croatas, bosnios y montenegrinos en Austria no cuentan con la mejor reputación, pues sigue pesando sobre ellos el sambenito de que son inmigrantes pobres y a menudo los austriacos los miran por encima del hombro. Por eso, si rascas entre exyugoslavos, es bastante fácil que encuentres quien critique Austria y los austriacos, a veces de una manera poco sana.

Con todo esto, Viena es una ciudad a la que me apetecería volver, esta vez sabiendo un poco mejor lo que voy a encontrarme allí. También puede ser una oportunidad para reencontrarme con la lengua alemana.

jueves, 16 de enero de 2025

El segundo viaje a Belgrado (2ª parte)

Continúa de la primera parte.

El sabado, subota

Pues el sábado comenzó como todos los días, nos levantamos temprano y fuimos al bufé del desayuno. Acabamos temprano y, como no teníamos compromisos como el del diccionario, nos volvimos a la habitación y descansamos un rato; Pau leía y yo repasaba gramática.

Cuando se acercó la hora, dimos un poco de paseo y me metí en la facultad, busqué el aula donde nos iban acumulando y allí me senté. Para no desconcentrarme mucho, en lugar de mirar redes sociales, me puse a leer el libro que estoy leyendo en serbio (Лето када сам научила да летим, de Jasminka Petrović). Cuando dieron las doce comenzó el examen, los detalles del cual están en el texto sobre el examen, no los repetiré aquí.

Como ya sabéis, al final del examen me dieron la buena noticia de que había aprobado, así que salí de allí muy contento, me encontré a Pau en la puerta (que estaba haciendo fotos del rodaje de un videoclip que estaba teniendo lugar en la esquina; no sabemos qué canción era, pero sale Aleksandar Simić). Le di la noticia y nos fuimos a comer al Rollbar, donde nos pedimos comida tradicional: una sopa de primero, y de segundo yo me pedí pljeskavica y él kobasice.

A la izquierda las kobasice, a la derecha la pljeskavica

Después de eso, estábamos pendientes de quedar con Aleks, que estaba en Novi Beograd y no sabía a qué hora podía quedar, así que para hacer tiempo nos fuimos a Mercator y vimos un poco de los productos de allí, ya que la compra la había hecho Pau el día anterior y yo no había visto nada. Como Aleks no decía nada, nos volvimos al centro, descansamos un poco en el hotel y quedamos con Uroš, que venía un poco tarde.

Con Uroš dimos un paseíto y luego nos sentamos a tomar algo en una crepería, donde tuvimos una interesante y divertida conversación. Eso significa que no pude evitar merendar, me pedí un chocolate caliente con pedazos de galleta, esponjitas y crema de cacahuete; una bomba calórica que además por su aspecto fue la merienda más queer que jamás he tomado, y me encantó. Eso sí, vi la pinta que tenían las palačinke de las demás mesas y me prometí a mí mismo que para el próximo viaje merendaríamos allí algún día.

Mi taza me estaba gritando "Slaaaaay, queeeeen"

A las 8 nos llegamos a Trg Republike porque habíamos quedado con Aleks. El plan no era cenar (igualmente allí se cena antes de las 8), sino simplemente dar una vuelta y tomar algo. Fuimos a un sitio llamado Meduza, estuvimos charlando un poco, y luego saludamos al novio de Aleks y nos llevaron al hotel. Antes de dormir, como Pau tenía hambre (él no había merendado), pasamos por el chino de debajo del hotel y nos pedimos un plato de arroz y unas gyozas para llevar, nos las subimos a la habitación y allí cenamos algo.

El domingo, nedelja

El domingo sí que fue un día corto; nos despertamos muy temprano porque teníamos temprano el vuelo. A las 6.15 nos estábamos levantando, terminamos las maletas (las habíamos empezado el día anterior) y acabamos justo a tiempo para subir a las 7 a desayunar algo rápido. Y fíjate si fuimos rápidos, que a las 7.20 ya estábamos bajando a que Aleks nos recogiera, dado que nos había insistido en llevarnos al aeropuerto.

La última mañana había una niebla considerable. Por cierto, que eran las 7 de la mañana y había ya esta luz

A las 7.45 estábamos despidiéndonos de él en la puerta de la terminal 2. Hicimos check-in en nuestro vuelo a Zúrich, donde tuvimos una escala de cerca de una hora, y a las 14.00 estábamos aterrizando en Barcelona.

En los vuelos de Swiss están prohibidos taconistas y yuppies


miércoles, 15 de enero de 2025

El segundo viaje a Belgrado (1ª parte)

El miércoles, sreda

El miércoles nos levantamos temprano para ir al aeropuerto. Nos llevó la madre de Pau, estuvimos allí bastante temprano; en el aeropuerto todo se desarrolló como de costumbre, llega, pasa el control de seguridad, busca la puerta y espera. Lo diferente en este caso es que no volábamos directos, sino haciendo escala en Viena, donde íbamos a tener cuatro horas de escala hasta coger el avión a Belgrado.

El vuelo se desarrolló sin eventos destacables; dos horas y pico de Barcelona a Viena con Austrian. No habíamos estado nunca en Viena, así que decidimos que cuatro horas nos daban para poder ir al centro, verlo un poco y comer allí, y volvernos al aeropuerto. Así lo hicimos; la conexión entre el aeropuerto y el centro es muy ágil, bastantes trenes regionales pasan por allí y no hace falta pillar el tren exprés que cuesta un ojo de la cara. Por eso, cogimos el tren y en la estación central nos montamos en el tranvía; nos bajamos delante de la Ópera.

La Ópera de Viena

Viena me sorprendió, aunque no tenía sentido que me sorprendiera. Aun siendo austriaca, me la imaginaba como una ciudad alemana estándar, pero nada que ver: la arquitectura y el ambiente de la ciudad son mucho más majestuosos. Se nota que la ciudad tuvo un pasado muy esplendoroso y ha retenido bastante.

Quizá por eso y por el alto estándar de vida austriaco, también es una ciudad muy cara, así que acabamos comprándonos un kebab y comiéndonoslo en un banco junto a Kärntner Straße. Ya nos hubiera gustado ver un poco más de la ciudad, pero en cuanto acabamos de comer solo nos dio tiempo a caminar un poco hasta la parada del tranvía y deshacer el camino hecho, dado que no queríamos arriesgarnos a llegar tarde al vuelo (no conocíamos el aeropuerto de Viena). Así que de nuevo, tranvía y tren, y en el aeropuerto de nuevo. Pasamos el control de seguridad (esta vez con control de pasaportes de salida, dado que Serbia no es espacio Schengen) y nos llegamos hasta la puerta de embarque.

El segundo vuelo ya fue un poco como estar en Serbia, por la clase de pasaje que iba; el 90% eran hablantes de serbio. En una hora llegamos a Belgrado: las dos ciudades están increíblemente cerca, una vez que terminen el ferrocarril Budapest-Belgrado, cualquier compañía que ponga tren Viena-Belgrado va a tener los trenes llenos, a juzgar por la magnitud de la diáspora yugoslava en Viena.

Ya antes de salir de Viena había anochecido (alrededor de las 16h), así que todo el vuelo se desarrolló de noche. En Belgrado nos esperaba mi amigo Aleks, a quien recordaréis de la crónica del viaje anterior. Fuimos en su coche hasta el centro, aparcamos en un párking en las inmediaciones del hotel y fuimos al hotel a hacer check-in. Dejamos las maletas y nos fuimos a comer; quisimos ir a una pizzería, pero estaba llena, así que cenamos en un mexicano, donde probamos un plato de tres tipos de tacos.

Después de eso nos volvimos al hotel para dormir, que queríamos aprovechar el jueves.

El jueves, četvrtak

La noche del miércoles al jueves tuvimos problemas para dormir, dado que nuestra habitación tenía ventana a Zeleni venac y durante toda la noche se oían autobuses. Por eso, por la mañana fuimos a la recepción y pedimos si nos podían cambiar la habitación; nos la cambiaron, nos dieron una más alta pero con vistas a un patio interior. No era problema, porque tampoco buscábamos expresamente las vistas, nos era más importante poder dormir. Nos fuimos al bufé del desayuno, desayunamos y salimos.

La primera parada que quisimos hacer fue a la librería Aleksandar Belić. Teníamos que ir allí porque el diccionario gordo que compré en el viaje anterior tenía un error de imprenta: se le repetían páginas y le faltaban otras, así que le escribí a la editorial (Matica srpska, una especie de RAE serbia) y me dijeron que cuando volviera a Serbia me pasara por esa librería. Le expliqué a la librera lo que había pasado y me dijo que ya la habían avisado los de Matica srpska, así que me cambió el diccionario sin ningún problema. Volvimos al hotel a dejar el diccionario y nos fuimos a dar un paseo, porque hacía un día muy templado y soleado (de hecho salí sin chaqueta).

La idea era visitar la catedral de San Sava, así que decidimos ir caminando. Pasamos por Slavija y visitamos San Sava, esquivando a todos los vendedores de iconos y elementos religiosos que rondan por la entrada. Después de eso, intentamos visitar la Biblioteca Nacional pero solo se permitía la entrada a socios, así que nos fuimos, emprendimos ruta a Tašmajdan y la iglesia de San Marcos.

En la catedral de San Sava están prohibidas las armas.

Caminamos un poco hasta Trg Republike y se iba haciendo hora de comer, así que cogimos un autobús hasta Zemun. Que por cierto, desde el 1 de enero los autobuses de Belgrado son completamente gratuitos; no voy a entrar ahora en comentar esta medida, pero daría para mucho.

¿Por qué fuimos hasta Zemun? Porque a Pau le apetecía que repitiéramos el sitio donde comimos la última vez, en Ćiri bu ćiri ba, un restaurante de comida serbia donde la comida está bastante buena y no es excesivamente caro. El problema es que volvimos a comer con la vista, así que pedimos muchísima comida y nos costó acabarla. Ni postre, ni nada; salimos de allí rodando y dimos un pequeño paseo junto al Danubio, pero pronto nos volvimos al hotel.

Panorámica del Danubio junto a Zemun, con sus cisnes

Descansamos un rato en el hotel, hasta que Aleks nos escribió por si queríamos ir a tomar algo con él. Estuvimos por la zona de Zaokret hasta que dieron más o menos las 19.30, ya que él había quedado con un amigo y nosotros con mi profe, Nemanja. Así que anduvimos hasta donde habíamos quedado con Nemanja, en la fuente de Terazije, junto al hotel Moskva. Poco antes de llegar me caí de boca, suerte que puse las manos y solo me hice un raspón en la palma de la mano izquierda.

Con Nemanja tuvimos una animada conversación, hablamos de todo un poco, como siempre, aunque más que nada del examen. Además, tuvo un detalle muy tierno, me regaló una bolsa con chocolates, un paquete de café doméstico (que será para Pau) y un libro que había sido suyo para que lo leyera (Kruna od perja, de Singer). Al acabar, nos volvimos al hotel y a dormir.

El viernes, petak

El viernes nos despertamos temprano (bueno, como todos los días), aunque esta vez pudimos dormir cómodamente. Fuimos al desayuno, aunque tampoco mucho tiempo porque habíamos quedado a las 9. ¿Y con quién? Con un vendedor con el que estuve en contacto el día anterior para comprar el mítico diccionario serbocroata de 6 tomos, elaborado durante los años 60. De él he hablado en mi blog en valenciano; es el más completo que hay sobre la lengua serbocroata. La edición que compré es la reimpresa en 1990 y, aunque se ve antigua, no tiene marcas de uso; el vendedor dijo que creía que nadie la había usado.

Rečnik srpskohrvatskoga književnog jezika, diccionario de la lengua literaria serbocroata

Cuando acabamos, llevamos los seis tomos al hotel, descansamos un poco (yo repasé algo de gramática) y salimos en dirección al examen. Yo llevaba mis plumas de casa (las de escribir, no las de gay, que esas las llevo siempre) pero pensé que sería buena idea comprar un bolígrafo, lápiz y goma por si se me acababan las plumas. Tres plumas, bolígrafo, lápiz y goma, porque yo no soy neurótico. Pues comprar el lápiz y la goma fue la mejor decisión de mi vida, dado que me permitió hacer anotaciones a lápiz en el examen.

Llegamos a la Facultad de Filología, donde se celebraba el examen; los chicos que bloqueaban la puerta me preguntaron, les di los buenos días y les dije que iba al Centro de Serbio como Lengua Extranjera, así que me dejaron pasar. Todo esto y el examen lo cuento en mi publicación sobre el examen, así que no me repetiré aquí. Solo diré que la facultad estaba llena de mensajes llamando a la resistencia, contra la corrupción y por la solidaridad con los estudiantes.

Un tablón de anuncios con carteles sobre las actividades en lengua catalana. Encuentras más actividades en catalán en Belgrado que en Sevilla, vergonzosamente.

Justo al salir me encontré en la puerta a Nemanja, así que se vino a comer con Pau y conmigo, mientras le contaba cómo había sido la parte escrita del examen. Después de comer nos fuimos al hotel a descansar, hasta la tarde: a las 5 salían las notas, así que a eso de las cinco y media volvimos a la facultad (esta vez Pau entró conmigo) para ver los resultados. Como ya os conté, aprobado, así que volvimos al hotel a descansar. Fuimos a cenar algo al restaurante chino de debajo del hotel y después me fui a tomar algo con Vlada, Pau se quedó descansando. Estuvimos tomando algo en un pequeño bar junto a Cvetni trg y a eso de las 23 volví al hotel.

Seguiré en la segunda parte.

sábado, 25 de noviembre de 2023

Crónica del viaje a Belgrado (final)

El miércoles fue el día que nos despedíamos. Nos levantamos temprano (bueno, como siempre), fuimos a desayunar, y luego habíamos quedado con Aleks en una cafetería cerca de Crveni krst para despedirnos. De allí fuimos al centro, porque en el último momento decidí comprar el libraco gordo, y fuimos al hotel a terminar de hacer las maletas y hacer el check-out.

Una vez hecho el check-out, nos dirigimos a Mercator para comprar las cosas que nos queríamos llevar a casa: dulces, una mermelada de ciruela muy rica (pekmez) y Pau quería comprar rakija para su padre, pero no vimos allí ninguna que mereciera la pena, todo eran botellas grandes (y muy caras). Como ese día nos habíamos sacado el bono diario del autobús, a la vuelta nos paramos delante del Palacio de Serbia, un bonito edificio socialista donde estaba el Consejo Ejecutivo Federal de Yugoslavia, antes de proseguir el camino al hotel.

Otras letras de pueblo, pero estas dicen Ја волим Србију, que significa "me gusta Serbia" o "quiero a Serbia".

Dejamos nuestras compras en el hotel y buscamos algún sitio de comer en el centro. Nos decidimos por un lugar llamado Mihailo, que parecía bastante orientado a turistas, aunque todo lo orientado a turistas que puede estar en una ciudad que apenas tiene turistas. Comimos de nuevo comida tradicional, aunque esta vez no nos llenamos tanto; después de la comida fuimos a comprar unas bolas de masa rellenas, llamadas gomboc (también llamadas knedle) que nos había recomendado Aleks, y que hay de diferentes sabores, aunque la tradicional es la de ciruela.

Los gomboc: los dos de arriba son los dos tradicionales de ciruela; los de abajo son uno de pistacho y el otro de chocolate y cereza.

Poco más quedaba por hacer; al final no fuimos a cambiar dinero, porque apenas llegábamos a 5 euros en dinares y contamos con volver, así que los gastaremos. Dado que los autobuses de línea iban abarrotados al aeropuerto, decidimos ir en VTC, lo cual nos salió a un precio bastante razonable (no llegó a 18 euros), incluso pasando por un atasco a la salida de la ciudad.

El vuelo de vuelta, con Wizz Air, no tuvo nada reseñable, salvo que se cargaron mi maleta y aún estoy esperando respuesta a la reclamación que les puse.

En definitiva, espero que os haya gustado tanto la crónica como a nosotros el viaje. Vratićemo se!

Волимо Србију!


viernes, 24 de noviembre de 2023

Crónica del viaje a Belgrado (4ª parte)

El martes por la mañana el plan era cruzar el río. Así que desayunamos, como todos los días, y después de visitar una librería anticuaria que había junto al hotel, cruzamos a pie el puente de Branko para pasar a Novi Beograd.

Novi Beograd es una extensa parte de la ciudad que fue construida durante la época socialista. Se nota mucho en su arquitectura, típica socialista de grandes bloques residenciales, mientras que en el centro de la ciudad y aledaños los bloques son más pequeños y bajos; además, el urbanismo de Novi Beograd es con trazado en damero. Una vez allí pasamos por el Štark Arena, donde se celebró Eurovisión en 2008 (aunque por entonces se llamaba Beogradska Arena), y nuestro destino final fue el centro comercial Mercator.

El Štark Arena, donde se celebró Eurovisión en 2008. Welcome to the Belgrade!

Otro bonito edificio socialista, el Departamento de Extranjería (Управа за странце).

Que dirás tú, ¿para qué vas a un centro comercial? La cuestión es que tanto a Pau como a mí nos gusta ir a centros comerciales para ver los diferentes productos que hay, las cosas que no encuentras en casa... y fue interesante, sobre todo el pasillo de los dulces, el de los refrescos o el de los embutidos. También es de reseñar que nada más subir la escalera mecánica nos encontramos a un señor en un stand promocionando unas viviendas de superlujo no recuerdo muy bien dónde, pero claramente orientadas a gente con mucho más dinero que el común de los mortales.

La canción Nobl de Konstrakta dice "desde mi terraza veo la Torre Genex, cuando la veo me da miedo caerme de ella; desde mi terraza también veo una iglesia, con cúpula, cupulita y dos cruces doradas".

Desde ahí cogimos el autobús para ir a Zemun, un pueblecito muy típico que hoy pertenece a Belgrado pero que siempre ha tenido una personalidad propia. Eso sí, lo vimos todo cerrado y en internet encontramos que ese día era el día de Sveti Petar Cetinjski y suponemos que celebraban algún tipo de festivo. Vimos por fuera la Torre Gardoš, una torre memorial construida por los húngaros en el siglo XIX para conmemorar cien años de presencia húngara. Dimos un paseo por la orilla del Danubio, vimos cisnes en libertad, y acabamos almorzando en un restaurante de comida serbia llamado Ćiri bu ćiri ba allí mismo, en Zemun. La comida estaba espectacular, y la atención fue estupenda; nos pedimos una sopa y una ćorba para empezar, y luego una tabla de quesos serbios, una ración de chucrut y una parrillada de plato principal. Aunque la parrillada era para una persona, acabamos muy llenos.

Vista de Zemun y del Danubio desde el promontorio donde está la Torre Gardoš. Al fondo, Belgrado.

La Torre Gardoš, que por un lado es redonda y por el otro cuadrada.

El Danubio de los cisnes o algo así era.

Los quesos, el chucrut y la parrillada para una persona.

Después de la comida no teníamos muchas más ganas de seguir siendo adultos funcionales sino solo de hacer la digestión, así que volvimos al hotel. Descansamos un poco, dimos luego un paseo corto por la calle Makedonska, y teníamos de nuevo hora para el spa. Cenamos en el mismo asiático del lunes, y planeamos el último día antes de irnos a dormir.

Sigue en la última parte.

jueves, 23 de noviembre de 2023

Crónica del viaje a Belgrado (3ª parte)

El lunes, como cada día, nos levantamos y nos fuimos al buffet de desayuno del hotel, del cual no he dicho nada, pero era bastante bueno: variado y delicioso. La única pega es que tanto el lunes como el martes tenían puesto un hilo de canciones bachata/cumbia de calidad bastante dudosa. Tras el desayuno, fuimos a la zona de Zvezdara, donde habíamos quedado con Nemanja, mi profesor online de serbio.

Por cierto, si estáis aprendiendo serbio (o croata, o bosnio), os lo recomiendo. Por aquí os dejo su web. Sigo con la crónica.

El problema principal era el transporte público. Belgrado es una ciudad que no tiene metro; está proyectado, pero aún no ha comenzado su construcción. El transporte público consiste en autobuses, trolebuses y tranvías, que cubren toda la ciudad y además son muy baratos (un viaje sencillo 50 dinares = 0,43 €, el billete de un día completo 120 dinares = 1,03 €), pero no se caracterizan por su puntualidad: el tiempo de espera que indica la aplicación en tiempo real puede multiplicarse por dos o por tres. De hecho, el tranvía que queríamos coger se fue cuando llegábamos a la parada y para el siguiente quedaban unos 20 minutos, así que tuvimos que improvisar una ruta alternativa y aun así llegar tarde.

Llegamos a la zona de Zvezdara, donde Nemanja nos esperaba. Con él dimos un paseo hasta el cerro donde está el observatorio; llegamos a entrar en el observatorio, de lo cual no estábamos muy seguros, pero él nos dijo que no había ningún problema, ya que conocía a gente que trabajaba allí y se lo había confirmado (las ventajas de tener contactos). Además, estando allí vimos a más gente que entraba de visita, así que nos tranquilizamos. Al salir, nos paramos a tomar algo en un chiringuito de por allí; probamos la Cockta (una bebida de cola con gusto herbal, muy rica) y tuvimos una interesante conversación también sobre la cultura y la política local.

Bonita vista sobre el Danubio desde Zvezdara.

Sobre las 13h Nemanja nos tuvo que dejar para ir a hacer sus cosas y nosotros caminamos. La idea era ir al Museo de Nikola Tesla, pero cuando llegamos había una cola bastante larga y el chico que había guardando la puerta nos dijo que volviéramos más tarde si no queríamos esperar la cola, que podían ser tres cuartos de hora o una hora. Al final nos fuimos y no volvimos, pero lo tenemos pendiente para la siguiente visita. Comimos por allí en un pequeño bistro, donde pudimos probar algunas especialidades serbias como la sarma, y nos volvimos en tranvía al hotel, pasando antes por una librería donde yo había encargado unos libros (de los cuales devolví uno porque me equivoqué al pedirlo, y tuve una comedia con los dependientes intentando hacer la devolución en serbio).

Esto es lo que comimos, pero no me pidas que te diga cómo se llama cada cosa porque solo recuerdo la sarma (arriba a la izquierda), que es col rellena.

Por la tarde, aunque anocheció muy temprano (sobre las 16.30) debido a la latitud y al cambio de hora, salimos en primer lugar a Correos, para enviar cuatro postales a amigos que nos habían pedido una postal. Fuimos primero a la oficina de Correos de Zeleni venac, que estaba muy cerca del hotel, pero muy escondida; entrar allí fue como retroceder unos 50 años en el tiempo, había dos empleadas para toda la oficina (aunque solo una atendía al público) y unas ventanillas con mampara de cristal que bien podrían haber estado ahí desde 1970. La mayoría de los clientes iban para recargar el móvil o pagar facturas, de modo que cuando nos tocó a nosotros y pedí (¡en serbio!) sellos para postales, nos dijeron que no les quedaban, así que nos emplazaron a ir a la oficina del centro, junto a Knez Mihailova. Suerte que estaba cerca; llegamos, pedimos los sellos, los pegamos y echamos las postales en un buzón que había en la puerta, del cual teníamos dudas de que estuviera en funcionamiento. Por suerte, un par de semanas después, los destinatarios nos confirmaron que habían recibido las postales (la paradoja de la era digital).

Ya que estábamos en el centro, hicimos un pequeño tour por las librerías (que hay muchas) buscando algo que quería traerme de Belgrado: un diccionario serbio monolingüe, de nivel básico o escolar, de esos que aquí se ven tanto para lengua castellana o catalana. No veíamos nada. En una librería donde preguntamos no entendían ni el concepto y nos preguntaron cuál era nuestra lengua nativa para ofrecernos un bilingüe. La última adonde fuimos, una pequeña librería junto al Studentski park, estaba atendida por una simpática librera que nos dio la clave: no existen los diccionarios monolingües básicos porque los niños en el colegio no usan diccionarios para la clase de lengua serbia (cosa que también me ha confirmado posteriormente Nemanja, mi tutor). Nos preguntó un Da li čitate ćirilicu? (¿lee usted cirílico?), porque supongo que no contaba con que un extranjero lo supiera leer, y entonces lo que nos pudo ofrecer es un diccionario de tres kilos y medio y más de mil páginas, un diccionario oficial, donde viene todo lo que es normativo, por 5000 dinares (42,74 €), un precio bastante bajo para la clase de diccionario que es.

El libraco de tres kilos y medio.

Personalmente, me recuerda al diccionario de la RAE de tapa dura que usaban en Cifras y letras.

Nos fuimos de allí sin el diccionario (lo compramos el miércoles, como ya os contaré) y volvimos al hotel, al menos con la tranquilidad de saber que no teníamos que seguir buscando algo que no existía. Teníamos hora reservada en el spa, al que no habíamos ido aunque nos correspondía una hora diaria en el precio del alojamiento, así que estuvimos allí y luego cenamos en un asiático que había junto al hotel, que era de lo poco que había abierto tan tarde. Viendo que estaban recogiendo mientras esperábamos la comida, preferimos decirles que lo pusieran para llevar y cenamos en la habitación.

Lo que hicimos el martes, en la cuarta parte.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Crónica del viaje a Belgrado (2ª parte)

Después de la visita a la Feria del Libro, volvimos caminando al centro, descansamos un poco en el hotel, y quedamos con mi amigo Aleks (al que conocía de Twitter e Instagram y desvirtualicé ese día) y su novio Đole. Primero estuvimos tomando algo en un pub de ambiente que daba la casualidad de que estaba frente al hotel, y allí nos propusieron si queríamos ir a una fiesta de Halloween en una sala cerca del río, a lo cual aceptamos. La música de la fiesta no era ninguna maravilla, mucha que yo no conocía y alguna de Rihanna, Christina Aguilera y artistas del momento. Posteriormente, Đole se fue a casa y Aleks nos llevó a una discoteca gay donde ponían turbofolk y música de Eurovisión y del PZE. Aquí sí que disfruté con la música, de la cual por cierto conocía mucho más que en la otra :D Angellina, Sara Jo, Filip Baloš... y la artista del momento, Jelena Karleuša. Nos gustó mucho el ambiente en la discoteca, no veías a gente muy borracha ni muy pasada y en general había muy buen rollo. Después de un rato allí, nos volvimos al hotel y fuimos a dormir, eran ya casi las 3 (que serían las 2, porque esa noche cambiaban la hora) y ya era demasiado para nosotros.

El domingo empezamos la visita turística por Knez Mihailova y el Kalemegdan, una zona verde bastante grande en un promontorio junto al río. Allí encontramos varios monumentos, como la fortaleza de la ciudad, y unas vistas impresionantes sobre los dos ríos que cruzan Belgrado.

La fortaleza detrás de unos dinosaurios, que suponemos que son parte de la fauna local de Belgrado

En primer término el río Sava, y de fondo el Danubio. Esa masa verde es la Gran Isla de la Guerra (Veliko ratno ostrvo).

Vista de Novi Beograd desde el Kalemegdan.

Desde ahí dimos un paseo por la parte vieja de la ciudad. Pasamos por delante de la Asamblea Nacional (Narodna skupština) y de un edificio grande de Correos, y luego fuimos a la Iglesia de San Marcos, junto al antiguo edificio de la RTS, bombardeado por la OTAN con 17 trabajadores dentro a los que asesinaron. A ellos los recuerda un memorial que hay al lado, una placa de mármol con sus nombres y coronada por la palabra ЗАШТО? (¿por qué?).

La Asamblea Nacional. Народна скупштина.

El edificio central de Correos. Главна пошта Србије.

El edificio de la RTS bombardeado por la OTAN en 1999.

El memorial con los nombres de los trabajadores asesinados por la OTAN con la palabra ЗАШТО? (¿Por qué?)

Después pasamos por Slavija, una gran plaza con una glorieta en su centro donde no hay nada turístico pero todos los residentes pasan por ahí a menudo; por algún desconocido motivo, el ayuntamiento ha colocado ahí (y no en otro lugar más turístico) las famosas letras de pueblo que ahora hay en todos los lugares para que los turistas se hagan fotos. Para nosotros era lugar de paso antes de llegar a la Catedral de San Sava. Es un templo enorme y muy bonito; muy lujoso por dentro (como suele ocurrir en las iglesias). Era mi primera vez en un templo ortodoxo y me sorprendió que no hubiera bancos, con lo cual las misas tienen que oírse de pie. En el centro de la sala había un puestecillo donde la gente hacía cola para rezar.

Las letras de pueblo en Slavija.

El exterior de la Catedral de San Sava.

El interior de la Catedral de San Sava.

Junto a la Catedral de San Sava se encuentra la Biblioteca Nacional, que me hubiera gustado visitar pero era domingo y estaba cerrada, así que será en otra ocasión. De allí hicimos marcha a la Casa de las Flores (Kuća cveća), donde está enterrado Tito, y junto al cual se encuentra el Museo de Yugoslavia. Este museo consta de dos edificios: el mausoleo de Tito, donde se encuentran enterrados él y su mujer, Jovanka, y a cuyos lados se encuentran dos salas con exposiciones temporales, y otro edificio largo donde se encuentra la exposición permanente. Me fue inevitable comparar este museo con el de la RDA en Berlín que visité en 2016, y aunque son museos con exposiciones bastante diferentes, el museo de Yugoslavia no parodia la vida en la época socialista, como sí hace el de la RDA. Me hubiera gustado que fuera un poco más decidido en su defensa de aquel tiempo, pero al menos no lo trata como una atracción de feria.

Aquí, visitando al compañero Tito.

Después de eso nos volvimos al centro y almorzamos en un restaurante en Skadarlija, donde pedimos comida serbia, aunque esta vez no en plan comida rápida. El restaurante se llamaba Šešir moj (Mi sombrero) y quizá la comida fue demasiado copiosa, aunque es de destacar que fuimos a una hora un poco tardía para el almuerzo (sobre las 4 de la tarde) y aquello tenía unas cuantas mesas de serbios que llegaron a la vez que nosotros, es decir, que no éramos los turistas desubicados con los horarios.

Descansamos un poco en el hotel y, por la noche, Aleks y Đole nos sugirieron de dar una vuelta con ellos por el centro, nos enseñaron Kalemegdan de noche y nos pedimos un helado, un plan estupendo, aderezado con una interesante conversación sobre política serbia.

Sigue en la tercera parte.

martes, 21 de noviembre de 2023

Crónica del viaje a Belgrado (1ª parte)

Bueno, aquí está mi esperadísima crónica del viaje a Belgrado.

Salimos el sábado por la mañana, para aprovechar desde el primer día de vacaciones. El vuelo era directo, Barcelona-Belgrado, comprado con Air Serbia, pero operado por Dan Air, es decir, que la tripulación ni hablaba castellano, ni catalán, ni tampoco serbio; solo inglés y rumano. La sorpresa es que nos dieron una botella de agua y un bocadillito sin coste, como hacía Iberia antiguamente, cuando era una compañía decente.

El bocadillo de pechuga de pollo y el agua, cortesía de Air Serbia.

Llegamos con retraso porque habíamos salido de Barcelona con retraso, poco menos de una hora. El cielo en Belgrado estaba encapotado, pero no llovía ni hacía frío; bajamos y el aeropuerto de Nikola Tesla tenía muy buena cara, entiendo que lo han renovado recientemente.

El aeropuerto Nikola Tesla de Belgrado y su reciente reforma.

Una vez en el aeropuerto, primero fuimos a comprar una tarjeta para el móvil, para tener internet mientras que estábamos allí. El puesto de la operadora móvil estaba en la misma zona de llegadas, junto a las cintas, así que fue muy conveniente, no hubo ni que buscarla. Fue nuestro primer contacto con serbios y fue una agradable sorpresa, la chica fue muy simpática y dicharachera y, aunque no pude hablarle en serbio porque rápidamente me respondió en un inglés buenísimo, la interacción fue positiva. No lo fue tanto la interacción con la señora de la agencia de cambio (menjačnica) que fue bastante más seca y que nos redondeó a la baja la cantidad de dinares que nos tenía que dar. Menos mal que íbamos con la lección leída y solo cambiamos lo estrictamente necesario para coger el autobús al centro, porque los tipos de cambio en el aeropuerto son realmente desfavorables.

El autobús al centro fue realmente una experiencia (no especialmente agradable, por suerte fue corta). El autobús, realmente un minibús de unas 10 plazas, iba tripulado por una conductora que solo hablaba serbio (y tampoco estoy seguro de eso) y que no parecía estar del todo allí, y una acompañante que le daba conversación y que hablaba algo de inglés por si acaso. Después de un viaje de unos 30 minutos en los que la conductora fue fumando todo el rato, el autobús nos dejó en Ekonomski fakultet, donde supuestamente no había una parada, pero nos bajaron a todos allí. A nosotros ya nos fue bien porque estaba mucho más cerca de nuestro hotel que la parada reglamentaria.

Tras un paseo cortito, de unos 15 minutos, a través de un par de calles empinadas (porque Belgrado tiene relieve) y de lo que parecía una redada policial en un supermercado, llegamos al hotel Amsterdam, donde hicimos check-in sin problemas. La chica de la recepción fue un amor y accedió a hablarnos en serbio y no en inglés, a pesar de mi falta de fluidez. Subimos a la habitación y descansamos un poco antes de salir a descubrir mundo.

Del hotel nos sorprendió su buena ubicación. Al no conocer la ciudad, elegimos el hotel un poco aleatoriamente, parecía estar relativamente cerca del centro y tenía buenas instalaciones. Lo que no sabíamos es que estaría en tan buen sitio: a cinco minutos caminando de Trg Republike y de Knez Mihailova, y justamente en Zeleni venac, un gran intercambiador de autobuses con un mercado enfrente, que quisimos visitar, pero al final no tuvimos la oportunidad.

Paseamos un poco por Knez Mihailova, donde nos sorprendió la cantidad de gente que había paseando por la calle, y que a pesar de haber pocos turistas, la gente no se sorprendía nada de vernos por allí y de oírnos hablar en un idioma forastero. Visitamos unas cuantas librerías que había por allí, y fuimos a cambiar el resto del dinero en efectivo: nos sorprendió que toda la ciudad (y, por lo que hemos visto en la tele, todo el país) está llena de oficinas de cambio, porque al parecer, aunque el dinar es la única moneda de curso legal y está prohibido comprar o vender en otra moneda, la gente suele utilizar mucho los euros, para grandes transacciones o guardar sus ahorros. Y los tipos de cambio que ofrecen estas oficinas es bastante bueno (sobre todo si sales de las calles más concurridas), diría que incluso mejor que el que nos daba Revolut, que ya era bueno. A la vuelta nos paramos a comer en un puesto de comida rápida y la comida acabó siendo un poco más pesada de lo que esperábamos, pero estaba muy buena.

Nos pedimos una ración de ćevapi cada uno, con sus papitas y su bebida.

Después de esto decidimos ir a ver la Feria del Libro de Belgrado (Sajam knjiga), que daba la casualidad de que se celebraba esa semana. Fuimos caminando: fue una media hora de camino, en la cual paseamos por la zona donde están las embajadas, ministerios y un edificio bombardeado por la OTAN que ahora está cubierto de un mural de propaganda incitando a los jóvenes a alistarse en el ejército serbio.

El hotel Moscú, muy conocido por su singular arquitectura.

El viejo edificio Generalštaba (Stara zgrada Generalštaba) y un mural propagandístico (al que le falta la parte izquierda).

Llegamos a la feria, un lugar enorme, con dos edificios y diferentes plantas con sus puestecitos y sus libros en exposición. Los libros estaban muy baratos, la mayoría por menos de 1000 dinares (8,5 €) y tampoco es que la feria estuviera precisamente vacía. Al final, cuando parecía que nos íbamos a ir sin comprar nada, a la salida pasamos por la Feria de la Educación que estaba en el pabellón contiguo y donde no había casi ningún visitante ya, y vimos un libro sobre verbos serbios que parecía interesante, por solo 800 dinares.

Mi nuevo libro de verbos serbios.

Enlace a la segunda parte.

domingo, 19 de marzo de 2017

¿El valor para marcharse?

Os lo cuento por aquí: en mi empresa han sacado cuatro de puestos fuera de la ciudad. No para misiones temporales, sino como destinos de larga duración.

Habiéndome planteado mi situación actual, a saber, en mayo hago cinco años en la empresa y, como digo yo, han sido cinco años sin moverme de la silla, creo que lo correcto es aprovechar esta oportunidad y presentar la candidatura a estos puestos.

(A ver, que tampoco está mal, porque mi puesto es el que más me gusta dentro de la empresa, pero a veces se agradece que cuenten con uno para tareas diferentes).

Por supuesto, ya he entrado en modo pánico ante la posibilidad de:
  • hacer una mudanza otra vez
  • tener que tirar un montón de trastos para viajar ligero
  • no tener una residencia fija
  • vivir en un sitio donde los alquileres son desorbitados
y, por último pero no menos importante, abandonar Sevilla.

Llevo casi nueve años aquí y la siento como mi ciudad. No me hace gracia marcharme y que deje de ser mi sitio. Pero hay oportunidades que no se pueden dejar pasar, sobre todo cuando tenemos una edad.

Os iré contando las novedades.

viernes, 22 de marzo de 2013

De nuevo aquí... pero lejos de casa

Iba a escribir aquí ayer, el mismo día en que volvía de uno de mis últimamente frecuentes viajes a Valencia. Se me pasó y no lo hice, y lo que siento ahora es diferente a lo que sentía ayer.

Precisamente mientras volvía en el tren no me sentía triste. Me sentía extrañamente tranquilo. Mientras el tren salía de Valencia para dirigirse al oeste, tenía la sensación de aquel que sale de casa y sabe que volverá pronto, y no la sensación de volver de unos días de vacaciones, que es a lo que se supone que había ido.

Casi cuatro horas de viaje para bajar del tren en Sevilla, de nuevo en la capital de mi país. Un sitio que conozco bastante bien (no como un sevillano, pero bien de todos modos), donde llevo cinco años viviendo y donde no me resulta difícil saber cómo desplazarme, porque pocos rincones tiene que no me suenen al menos ligeramente. Un lugar donde al hablar no llamo la atención porque todos hablan (casi) como yo.

Y sin embargo, bajaba del tren con la sensación de llegar a una ciudad bonita, impresionante,... pero vacía.

Esta vez han sido cinco días y seis noches en Valencia, pero con suficientes experiencias como para haberme hecho sentir parte de ella.

Quizá por eso hoy me sienta increíblemente agotado en el trabajo, incluso cuando sólo llevo media jornada de hoy y me quedan dos jornadas maratonianas más, de diez horas cada una, por delante. Quizá por eso sienta que este ya no es mi sitio... y se me haga tan dura la espera.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Viaje a Granada

Ya, sé que os he tenido totalmente abandonados durante algo más de dos meses. En este tiempo he querido escribir varias veces, pero nunca lo hacía, por la presión de no escribir posts sin sentido o demasiado vacíos. Pero pensándolo bien, es mi blog, y pondré lo que piensa o sienta, ¿no? Cuando me lo crea, lo haré, jajaja.

Bueno, el tema que nos ocupa es que por fin, este fin de semana, he conocido Granada. Allí me he reencontrado con gente que hacía mucho que no veía, como Laura, a quien no veía desde 2008, o Antonio, desde 2009.

Y lo peor es que ha sido demasiado corto. Claro, llegando el sábado por la mañana y volviendo el domingo a primera hora de la tarde tampoco da para mucho, deja con la miel en los labios.

Pero me quedo con que ha sido un viaje espectacular, que lo hemos pasado genial y que nos hemos vuelto a ver. Y que he conocido una ciudad grandiosa, gracias también a Jose, que nos hizo de guía.

A destacar:
- "Esto es como Montjuïc". (Marc y Jordi)
- "Mira qué bandera de España, hazte una foto con ella". (Laura)
- "Hoy las escaleras automáticas están estropeadas". (Señor lugareño, mientras subíamos al Mirador de San Miguel).
- "Pero las croquetas son vigoréxicas, ¿no?" (Marc)

martes, 8 de marzo de 2011

Grandes frases de la quedada barcelonesa

El fin de semana pasado volví a pasarme por mi querida Barcelona, adonde hacía algo más de año y medio que no iba.

Recuerdo perfectamente que aquel viaje me dejó un sabor agridulce, quizá me centré demasiado en los aspectos negativos. A la vuelta de éste no puedo decir más que cosas positivas. Vale, como dije por entonces, Barcelona sigue siendo una ciudad muy cara y frenética, pero es agradable, está bien comunicada y siempre tiene cosas que hacer.

Igual que la vez anterior, me ha encantado reencontrarme con mis amigos, lo he pasado genial con ellos y me han recordado por qué son tan especiales.

Tampoco hay que pasar por alto los lugares nuevos como Sant Gervasi y los momentos entrañables como la simpatiquísima vendedora de calcetines del Mercat de Sant Antoni. Y el carnaval de Sitges, que no conocía. No deja de ser un carnaval más, pero la compañía lo hizo especial e inolvidable.

Queja: por favor, la calle Tallers no es ni la sombra de lo que fue. No encontré nada interesante.

Aquí dejo una lista de frases célebres recordatorias del fin de semana.

- Mira, ése va de dragón (chaval aleatorio, sobre el disfraz de Paco)
- Me da miedo el follamigo de mi hermano (Marc, sobre el amigo de Jordi)
- El otro día en Arena me entró una hetero y me dijo que las bolleras eran muy buenas (Una chica llamada Bárbara, a Marc y a mí, en Sitges)
- Mi billete no hace turrututú (Marc)
- No me gusta calentorro (Marc, refiriéndose a un vodka con naranja que aún estaba frío)
- ¡Fran y Joel han ligado! (Yo) - ¡Con dos pechugonas! (Marc)
- Tú eres canario, ¿verdad? (hombre aleatorio, a mí, en la cola del baño)
- Amanda no era mala, sólo que no se involucraba (Yo) - ¿Pero tú cuántos años tienes? (Paco)

Por lo pronto, este lunes me voy a Toulouse de nuevo... pero a ver qué próximo viaje nos espera.

martes, 13 de octubre de 2009

Fin de semana accidentado.

No os asustéis, no es que haya tenido ningún accidente, no mentemos ruinas. Simplemente que este fin de semana de tres días empezó con una serie de planes el viernes y ha dado un resultado diametralmente opuesto.

Y es que tenía pensado pasar el fin de semana con mi novio en la Isla, con mi familia, y llevarlo a hacer algo de turismo por la comarca. Un acontecimiento inesperado el sábado cambió el rumbo del fin de semana y tuvimos que cambiar los planes, volver a Sevilla y pasar aquí el resto de los días.

Al principio fue un golpe duro para ambos, por la ilusión que nos hacía el fin de semana, pero una vez terminado el lunes y visto en perspectiva, creo que no estuvo mal. Porque, al fin y al cabo, hemos pasado juntos casi todo el tiempo, hemos cumplido donde había que cumplir, e incluso hemos hecho una excursión, a Carmona, una ciudad muy bonita. Y además, pasar el fin de semana en Cádiz lo podemos hacer en otra ocasión, aunque sean dos días en lugar de tres.

Ahora lo único que espero es que pronto haya algún fin de semana que tengamos libre los dos, lo cual no es tan fácil.

lunes, 6 de julio de 2009

De vuelta de Barcelona

Ayer por la noche, con el regreso a Sevilla, puse fin a mi viaje de 4 días y 3 noches a Barcelona. Un viaje que, aunque con luces y sombras, me ha permitido reencontrarme con esa ciudad que un día me fascinó.

No iba con la intención de visitar monumentos ni otros hitos porque conozco la ciudad, pero he conocido lugares en los que no había estado antes, como Gràcia o Sarrià, o el Parc Catalunya de Sabadell.

Y además me ha servido para recordar cosas que me gustaban; me sigue encantando el ambiente que se respira en esa ciudad, la diversidad social y (viva los frikis) el sistema de transportes.

No menos importante ha sido la función desidealizadora del viaje: después de cuatro años sin ir, había olvidado lo que no me gusta. Es una ciudad muy, muy cara y frenética.

Sabéis que hace un par de años consideré seriamente irme allí a vivir y trabajar. Ahora no me lo planteo. No sólo porque tengo en Sevilla a alguien a quien quiero, sino porque he venido con la impresión de que no encajaría allí o me costaría demasiado. Sé que son tonterías, pero es lo que me da en la nariz.

Eso sí, me traigo de Barcelona el reencuentro con mis amigos, que siempre merece la pena.

Tras la crisis económica que me ha provocado este viaje, posiblemente no haya otro en mucho tiempo, seguramente hasta el año que viene. Habrá que ir pensando qué otra ciudad será mi próxima víctima.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Gibraltar

Mientras venía en el coche oí una canción en mi CD que hacía tiempo que no oía y que me recordó a esto de lo que os hablaré a continuación.

Concretamente, a Gibraltar.

Gibraltar es una pequeña ciudad de 30.000 habitantes situada en la Punta de Europa.



Yo sólo he ido una vez, hace cuatro años y medio. Fue una ocasión muy singular, porque celebraban el tercer centenario de su situación política actual y estaba adornado con banderas británicas y gibraltareñas por todos lados.

Y simplemente puedo decir que es una ciudad que me encanta, es única. Vale, todas lo son, pero ésta me parece especial. Por su situación, su historia y su singularidad. Por su fusión de culturas e influencias. Y porque los sentí tan cercanos, tan parecidos, y a la vez jugando en otra liga.

En ese viaje terminé de decidir mi opinión sobre Gibraltar, y por mí, que sean lo que quieran. No opino como otros andalucistas que ése es "territorio andaluz ocupado", porque no, si estás allí e intentas pensar sin prejuicios, no, de andaluz tiene poco. Es como estar en el Reino Unido, pero aquí. Y personalmente, el argumento que ponen los españoles incoherentes de que no serán tan británicos cuando hablan como en Algeciras me parece una soberana estupidez. No sólo porque una lengua no es lo único que decide la cultura o la identidad, sino porque igual que hablan andaluz hablan un inglés perfecto.

Y como yo no tengo mala fe, si voy al Reino Unido hablo inglés, y es lo que hice en Gibraltar. No sólo eso, sino que si tengo una ocasión para practicar otro idioma, ¿para qué hablar el mío? XD

Mi amigo Antonio, con el que fui en ese viaje, me dijo que Gibraltar es interesante porque es un parque temático. Y sí, es como un parque temático. A diferencia de que es un parque temático vivo, a esa gente no le pagan por enseñar lo que nos muestran.

Para concluir, os dejo la canción que me inspiró este post. Del grupo gibraltareño (tristemente disuelto) Melon Diesel, precisamente sobre el tema de la soberanía.



No hay patria ni bandera en este lugar
hoy que la Reina no desea reinar
Mensajes en botellas lanzamos al mar
y la marea no trae respuesta de la ciudad

El gobierno ha perdido jugando al bridge
un trozo de la Patria que no es de aquí,
que no es de allí.

Náufrago en el Peñón, mirando al sur,
midiendo la distancia.
Náufrago en el Peñón, como tú,
yo mido la distancia si hablamos de la Patria.

Se mueven las fronteras como agua de mar,
la misma mierda otra vez cambiándole el disfraz.
Sabemos quiénes somos y no queremos cambiar,
nos dicen qué ropas son las que debemos usar.

El gobierno ha perdido jugando al bridge
un trozo de la Patria que no es de aquí,
que no es de allí.

Náufrago en el Peñón, mirando al sur,
midiendo la distancia.
Náufrago en el Peñón, como tú,
yo mido la distancia si hablamos de la Patria.

Llorando está mi tierra hoy,
sin rumbo con mi gente voy.
La Reina se aburrió de tenernos a sus pies.
Yo no soy su bufón,
no soy de aquí, no soy de allí.

Náufrago en el Peñón, mirando al sur,
midiendo la distancia.
Náufrago en el Peñón, como tú,
yo mido la distancia si hablamos de la Patria.