lunes, 13 de julio de 2026

Todo es lo mismo, solo él no está

Aprender un idioma no es solo aprender la gramática y el vocabulario. Inevitablemente es aprender la cultura, o las culturas, que van asociadas a ese idioma. Esto es especialmente así en lenguas bastante localizadas, como el caso del serbocroata.

Y aunque la cultura local es una cosa vastísima, que ni en un millón de años llegas a conocer en su totalidad, por algún sitio hay que empezar. A mí me hace gracia pensar que el primer paso para conocer la cultura yugoslava es la canción Sve je isto, samo njega nema de Tijana Dapčević, cuyo título se traduce por «Todo es lo mismo, solo él no está». ¿Quién es él? Pues Josip Broz «Tito», una figura de la que, si queréis, hablamos en otra ocasión.

Para los que vayan un poco más desubicados, Tito murió en 1980, dejando descabezada la Liga de los Comunistas de Yugoslavia. Once años después cada república decidiría irse por su lado, matando a la mayor cantidad posible de vecinos, de paso.

La canción es de 2005, así que tiene ya sus veinte años, pero el mensaje en general es igual de válido.


El vídeo es, básicamente, Tijana Dapčević como si presentara un noticiario de aire socialista. Cada estrofa representa una de las seis repúblicas y está cantada en el dialecto o idioma propio de cada una; además, detrás de ella aparece el escudo que cada república tenía en la etapa socialista.

Primera estrofa: Bosnia y Hercegovina

(Escribo Hercegovina con c por elección personal. En serbocroata se escribe con c. Y en castellano, que pronunciamos igual la c y la z, escribirlo con z es una alemanada innecesaria. La RAE recomienda escribir Bosnia-Herzegovina, además con un guion, así que son dos errores que cometen en lugar de uno.)

E, sjećam se kad smo svi bili Valter Eh, recuerdo cuando todos éramos Valter
i mješali malter za Brčko-Banović prugu. y mezclábamos mortero para el ferrocarril Brčko-Banović.
Al' sad kad i jaran može nosit' brusalter Y ahora que hasta un compañero puede llevar sujetador
vidim da nam ova demokratija veo que esta democracia
baš i ne ide od ruku. no se nos da bien.
A, jesmo ba ispali papci svi od reda. Ah, hemos resultado ser unos paletos.

Valter es el protagonista de la película Valter brani Sarajevo (Valter defiende Sarajevo), un luchador antifascista de la Segunda Guerra Mundial. El ferrocarril Brčko-Banović fue una de las primeras grandes obras públicas de la Yugoslavia socialista. Es clave en esta estrofa, porque Bosnia era el corazón de Yugoslavia: era la república en la que convivían más mezclados musulmanes, croatas y serbios (por eso, entre otros motivos, fue la más afectada por la guerra, y es la que hoy en día peor se encuentra).

La gente de Bosnia y Hercegovina carga con el estereotipo de ser ruda y rural, y además, los hombres bosnios son arquetipo de masculinidad tradicional. Por eso, con esta democracia, hasta un compañero puede llevar sujetador, y no tienen muy claro cómo asimilarlo.

La estrofa cierra utilizando el estereotipo del bosnio como pueblerino inocente, lamentando todo lo que ocurrió.

Segunda estrofa: Croacia

Čujem u Beogradu se gleda Vila Marija. Oigo que en Belgrado se ve Vila Marija.
Jedino ne kužim zakaj svi je zovu jastreb među ujkama. Lo único que no entiendo es por qué todos la llaman el halcón entre los Ustachas.
A našu lipu svaki dan za Evropu udaju. Y a nuestra bella cada día la casan con Europa,
A na svakoj žurci, ka da smo Turci, y en todas las fiestas, como si fuéramos turcos,
ajme, narodnjaci furaju. venga, tocan música folk.

Vila Marija fue la primera telenovela croata... se estrenó media hora antes en Serbia y fue un éxito de audiencia allí. Y, además, uno de sus protagonistas, Žarko Radić, es de origen serbio y protagonizó años antes una serie en la que encarnaba a un héroe partisano apodado «el halcón».

El resto de la estrofa (toda llena de localismos) es el quieroynopuedo del nacionalismo croata. Croacia es elevada y refinada, es centroeuropea (o eso se empeñan en demostrar los croatas). Su gran aspiración está en Europa central, no en los Balcanes, por eso cada día se casa con Europa (cuando se escribió la canción, aún no había entrado en la UE, pero era la obsesión nacional). Pero la realidad del pueblo es diferente: en fiestas la gente toca, canta y baila turbo-folk balcánico, una música considerada de clase baja y de gente inculta, como si fuéramos turcos (algo que se toma como insulto en toda la región, pero más en Croacia).

El estribillo

Sve je isto, samo njega nema, Todo es lo mismo, solo él no está,
opet Dugme okupio Brega. otra vez Brega reunió a Dugme. 
Leto vrelo, zima puna snega, El verano caluroso, el invierno lleno de nieve, 
sve je isto, samo njega nema. todo es lo mismo, solo él no está. 

El estribillo expresa la idea principal de la canción, que ya veíamos en el título: todo es lo mismo, solo que él, Tito, ya no está. Obviamente es una idea muy matizable, pero la premisa es la que hemos visto tantas veces en la historia: todo ha cambiado, pero sigue siendo lo mismo. El ejemplo aquí es que en 2005 Brega, el cantautor Goran Bregović, volvió a reunir a los miembros de su antiguo grupo Bijelo Dugme, que fue muy grande en los últimos años de Yugoslavia.

Tercera estrofa: Montenegro

A, što zna' ja, a da znam podijelio bih Ah, yo qué sé, y si supiera, dividiría
ovu moju državu na šest republika, este país mío en seis repúblicas,
ali tako da Podgorica bude glavni grad. pero de manera que Podgorica fuera la capital.
I da svaki dan bude neradni Y todos los días serían no laborables
osim petka kad bi radili excepto el viernes, que trabajaríamos
na pripremi odmora za vikend. para preparar el descanso del fin de semana.

En esta estrofa, recitada con la tranquila cadencia montenegrina, se mezclan: por un lado, el mayor estereotipo humorístico de los montenegrinos, es decir, que viven cansados y que son unos vagos (como andaluz, me siento identificado), y por el otro, la imagen que tenían en la antigua Yugoslavia, en la que se comentaba que los montenegrinos ocupaban muy a menudo puestos directivos en el gobierno federal (para ser tan poca población). Y dividiremos Montenegro en otras seis repúblicas, pero que Podgorica sea la capital.

En mi opinión, a Montenegro se le podía haber sacado más jugo, en lugar de redundar tanto en su estereotipo perezoso, pero otro día hablamos más de Montenegro :)

Cuarta estrofa: Macedonia

Сите си го сакавме Todos lo queríamos
на крајот сите плачевме, y al final todos llorábamos.
на секој зид со слики уште по кафаниEn las paredes de los cafés hay fotos de él
ние си го чуваме. que aún conservamos.
Сите се откажаа Todos renegaron de él
а Скопје се секјаваше y Skopje lo recordaba.
сега сите други би сакале да дојде Ahora todos los demás querrían que volviera
Е, више нема, ќе причекаме pero ya no está, esperaremos.

Tijana Dapčević es macedonia, y esta estrofa (cantada en macedonio) es la más sentida de la canción: aun siendo Tito esloveno-croata, Macedonia es la república que mejor recuerdo guarda. Tito fue el primero que dio estatus de república a Macedonia y reconoció su idioma, y después de su muerte y de la guerra sigue habiendo retratos suyos por todo el país.

Quinta estrofa: Eslovenia

Nam je bilo v redu takrat in zdaj, Nos iba bien por entonces y ahora,
nam je vedno u redu. siempre nos va bien.
Za Novo leto pridemo v Beograd, Para Año Nuevo vamos a Belgrado,
gremo na sprehod v Hiše cvetja, hacemos una visita a la Casa de las Flores,
popijemo kavico v Mercatorju, tomamos un café en Mercator,
vsem je kakor da smo pri nas doma todo es como si estuviéramos en casa
e, tovariš stari bil si frajer in pol. eh, viejo camarada, fuiste un gran tío.

Eslovenia es la hermana centroeuropea (de verdad, no como Croacia), la rica, la calmada y ordenada, la que no pierde los papeles. A los eslovenos les iba bien estando en Yugoslavia, y les va bien ahora (ya cuando se escribió la canción eran parte de la UE). Así que para Año Nuevo se bajan a Belgrado para pasarlo bien, para tener la fiesta que no tienen en Ljubljana, hacer un poco de turismo (la Casa de las Flores es el mausoleo de Tito, así también cumplen su cuota yugonostálgica)... y toman algo en Mercator que, al fin y al cabo, es un hipermercado esloveno que ha conquistado casi todas las demás repúblicas.

Sexta estrofa: Serbia

A mogli smo do Tokija, Podíamos ir hasta Tokio,
nos k'o u Pinokija. nariz como la de Pinocho.
Lagali nas tako svi do mile volje Todo el mundo nos mentía como quería
al' on lagao je najbolje. pero él fue el que mejor mentía.
Pesme smo mu pevali, Le cantamos canciones,
iz Afrike ga čekali. esperamos que volviera de África.
Imali smo more i šta bi da nam nije, Teníamos el mar, y qué sería de nosotros si no tuviéramos
e, bar Ade Ciganlije. e, al menos Ada Ciganlija.

En 1991, en el auge del nacionalismo que llevaría a las guerras yugoslavas, el Estrella Roja ganó la final de la copa intercontinental de fútbol en Tokio, el mayor hito que había ocurrido en el fútbol yugoslavo, lo cual sirvió para que los hinchas (ese nido de nacionalismo) acuñaran la frase Srbija do Tokija (Serbia hasta Tokio) con la intención de restregárselo a los nacionalistas de las demás repúblicas. Sin embargo, aquí Tijana deja claro que todo fue una gran mentira, que los nacionalistas se encargaron de crear ese relato de superioridad serbia que no tenía nada de real, y que puestos a mentir, Tito lo hacía mejor. Y cierra con el principal argumento de la Yugonostalgia serbia (entre los no nacionalistas): que eran un país grande e importante, y ahora son uno pequeño e insignificante. Esto se refleja en la salida al mar, antes podían ir a la playa en Croacia y Montenegro, y ahora... se conforman con Ada Ciganlija, una playa artificial en el río Sava. Si nos quedamos sin costa, nos montamos una playa.

Pues esto es todo. Es una frivolidad, pero creo que es una puerta de entrada divertida y bastante sarcástica a la idiosincrasia de mis queridos pueblos yugoslavos.

jueves, 2 de julio de 2026

Entregarse al sistema

Una película que me encanta es Good bye, Lenin. Probablemente, no por los motivos que hubiera querido el director, pero me gusta mucho, y hay partes que me han hecho llorar.

No tengo muy claro si la película es anticomunista o no lo es. A mí me reafirma en mi comunismo, pero creo que la historia de Christiane Kerner pretende ser una crítica al sistema socialista.

Os voy a hacer spoiler, pero la película tiene ya 23 años y habéis tenido tiempo de verla. Si la vais a ver, no sigáis leyendo.

La trama argumental de la película consiste en que Christiane Kerner es una ciudadana comprometida de la República Democrática Alemana a la que le da un patatús cuando, una noche de 1989, ve a su hijo siendo detenido por la policía por manifestarse contra el gobierno. Se pasa meses en coma y, cuando despierta, el médico recomienda que no le den disgustos, así que el hijo decide montar todo un teatrillo para ocultar que han desmantelado la RDA y están en proceso de anexión por parte de la Alemania capitalista.

Hacia el final de la película, se descubre que Christiane no fue siempre esa comprometida ciudadana, sino que en los años 60 había planeado huir con su marido, un médico, al lado capitalista. Esto era el pan de cada día en la RDA: la guerra económica a la que la sometía el lado capitalista. Aunque los obreros manuales tenían mucho mejores condiciones y salarios en la RDA, los profesionales liberales (médicos, abogados, ingenieros) recibían mucho mejores salarios en el oeste, por lo cual se veían tentados a emigrar. En la película, el señor Kerner aprovecha un permiso para asistir a una conferencia en Berlín Oeste para pedir asilo y quedarse allí; la idea era que su mujer se reuniera con él, pero tras el no retorno de él, la agencia de seguridad empieza a seguirla de cerca, impidiendo así que ella se fuera. Es la frustración de ella por no haber podido marcharse la que la empuja a entregarse al sistema socialista y colaborar con él activamente, por lo cual empieza a recibir reconocimientos y medallas.

¿Por qué pienso en esta historia? Porque yo vivo en una frustración constante con el sistema capitalista y con el trabajo. Vivo y trabajo cada día con la esperanza de un día no tener que hacerlo más, pero la frustración va en progresivo aumento, entre otras cosas porque lo único que me podría permitir eso sería una lotería cuyas probabilidades son ínfimas. Sería más sencillo venir contento a trabajar y a que me explotaran, pero mi historia no es la de Christiane Kerner y yo, por desgracia, no tengo la opción de colaborar con un sistema que realmente me favorece.

¿A estas alturas, a estas edades, puede uno cambiar el chip y entregarse al trabajo asalariado, a la extracción de plusvalía como si fuera algo natural y enriquecedor?

lunes, 15 de junio de 2026

Libro: HappyHead

La semana pasada, gracias a un vídeo de TikTok, descubrí a Josh Silver, un escritor inglés que pertenece a nuestro colectivo. El vídeo hablaba de cinco libros queer y, aunque lo mentaron por su último libro Fruit fly, busqué sobre él y vi que había publicado hace un par de años un libro llamado HappyHead, que las sinopsis y reseñas describían como libro queer y como distopía, dos elementos que me interesan en un libro.

Así que ese mismo día empecé a leerlo, y en total he tardado tres días en terminarlo. Os hablaré un poco de él.

La acción transcurre en el presente, en el que nuestro protagonista, Seb, recibe una carta en la que se le invita a tomar parte en un proyecto llamado HappyHead. Este proyecto promete permitir a sus participantes alcanzar la felicidad duradera mediante trece días de actividades en grupo. Durante esos trece días, los participantes no tendrán contacto con el exterior, pero estarán acompañados constantemente por personal con formación psicológica y médica.

Seb es un chaval que acaba de cumplir 17 años, que salió del armario sin querer y cuya relación con su familia no es la mejor. No encaja con sus compañeros de clase y sus notas han bajado a niveles preocupantes, así que ve este proyecto como una actividad en la que podría tener buenos resultados.

Ahora vienen los spoilers.

👁️ Haz clic aquí para ver el spoiler...

Tengo muchos pensamientos sobre este libro (los que he tenido mientras leía y los posteriores) y no sé cómo estructurarlos.

Por un lado, no es verdad que sea una distopía. Tiene elementos que podrían pertenecer a una distopía, pero la acción ocurre en el presente y no tengo claro que fuera completamente imposible que algo así ocurriera.

Por otro, en cuanto al tema del libro, me parece una genialidad enlazar las adolescencias queer, la búsqueda de la salud mental y la manipulación política fascista, además de la homofobia que siempre nos acecha, incluso en las obras de ficción.

(Esto es una de las cosas que echo en falta del libro, pero es por mis expectativas, no es culpa del autor. Me encantaría leer ficción en la que no solo no existiera la homofobia, sino en la que lo queer fuera la norma. A lo mejor algún día encuentro algún libro así.)

Me he pasado buena parte del libro deseando que Seb reaccionara de otra manera, pero es que el personaje es ese, y no el que yo quería. Todo el rato estaba pensando ¿pero por qué no se rebela? ¿por qué no se queja? Suerte que aparece Finn.

El libro no resuelve, te deja pendiente de la segunda parte. Y la verdad es que me ha inquietado tanto que, aunque tengo la segunda parte preparada para leerla, voy a dejar pasar unos días. Necesito leer algo más tranquilo antes de volver a este libro.

Así que, por ahora, seguiré con Ana Karénina (que estaba leyendo en serbocroata pero me he pasado a la versión en castellano).

lunes, 8 de junio de 2026

Me encanta leer en electrónico

Ayer fui al gimnasio y, después de empezar los ejercicios de la rutina que me tocaban, noté que la espalda estaba a punto de lesionárseme así que preferí no forzarla, y dejé el primer ejercicio a la mitad. Me fui a la elíptica a hacer media hora y, por suerte, me había llevado el lector electrónico.

Mi primer lector electrónico me lo regaló Fede, mi ex, para el día que cumplí 29 años, en 2013. Era un Kindle de 4ª generación, no era táctil, tenía unos botones en el inferior y los laterales que servían para desplazarse por la pantalla.

(No sé por qué hablo en pasado, si aún lo tengo. De hecho, lo tengo encima de la mesita de noche aunque ya no lo use.)

Hacía tiempo que quería un lector electrónico, pero no me había atrevido a comprarlo. Me parecía un gasto innecesario y frívolo y no me permitía a mí mismo ese tipo de gastos. Por eso, agradecí mucho que me lo regalara Fede, además con una funda de cuero negro muy chula.

La cuestión es que, desde que tuve ese lector electrónico, me pasó lo que me habían dicho algunos compañeros y amigos que les había pasado a ellos: empecé a leer mucho más.

Y es que me gusta mucho más leer en electrónico. Tiene diversas ventajas que, para mí, han sido clave para que lea en electrónico y lo haga más que en papel.

El mayor factor es la comodidad. Sujetar el lector electrónico es mucho más sencillo que sujetar el libro en papel, sobre todo si es de una cierta extensión (un libro gordo). Además, en este tipo de libros, para leer bien las páginas centrales tienes que abrirlos bastante, lo cual acaba dañando el lomo. Esto es lo normal del uso, pero no deja de darme pena. Además, no tienes que preocuparte de marcar la página con un marcapáginas u otros métodos.

Otro aspecto cómodo del libro electrónico, pero que para mí no tiene mucha importancia, es que puedes ajustar la letra al tamaño que necesites (yo, por ahora, aún leo bien los tamaños pequeños, pero esto no durará mucho). También hay gente que valora que en el libro electrónico, si lees en público, no se ve qué estás leyendo, aunque las opiniones están bastante divididas en este aspecto (hay gente a la que le gusta que se vea lo que leen).

Otro factor de comodidad es que en el mismo dispositivo puedes llevar varios libros. Ya no tienes que elegir qué libro llevarte para leer en un viaje o trayecto, puedes llevar varios y cambiar si te aburres o si quieres ir alternando.

Y lo de no tener una biblioteca gigante de libros en papel que alguna vez leíste es algo que agradeces cuando tienes que hacer una mudanza.

Además, está el factor coste: los libros electrónicos nuevos son más baratos que en papel, y los clásicos (cuyos derechos ya han prescrito) son gratuitos.

Ayer, leyendo a la salida del gimnasio. La tinta electrónica se ve perfectamente en un día soleado, no necesitas subir el brillo como le pasa al móvil.

Después están factores menores como el poder hacer una búsqueda en el texto. Es muy útil cuando un libro tiene muchos personajes y no eres capaz de recordarlos todos por su nombre.

En fin, por todo esto, apenas leo en papel. Aún tengo y de vez en cuando compro libros en papel, pero solo cuando son referencias (diccionarios, gramáticas) o libros de texto. Estos libros que no se leen de una vez de principio a final es más cómodo tenerlos en papel.

Hoy en día ya no uso aquel primer lector electrónico, que aún tengo: la batería le duraba cada vez menos y los botones empezaban a fallarle. El que uso ahora es otro Kindle que me regaló Pau por reyes en 2024, aunque estoy mirando de cambiarme el lector para no usar uno de Amazon, que tiene muchas limitaciones.

Entiendo y no critico a aquellos cuyo argumento para rechazar leer en electrónico es que les encanta el olor o el tacto del papel. No lo comparto, pero no seré yo el que lo critique, cada uno elige qué factores le pesan más.

viernes, 15 de mayo de 2026

Mayo

Buenos días, amiguis,

hace unos meses que no me paso por aquí a contar nada, supongo que porque la vida me tiene sumido en una espiral rutinaria donde nada pasa, salvo el tiempo, y nada cambia, salvo yo, que me hago viejo y gordo.

De hecho, la rutina ha pasado a un nuevo nivel porque en condiciones normales, a estas alturas de mayo yo estaría inmerso en mi espiral eurovisiva, y este año no lo estoy siguiendo (por primera vez desde 1995). Mi querido Aitor asegura que son necesarios los acontecimientos temporales para la salud mental y probablemente tenga razón.

El otro día escribí un texto un poco sombrío para mi blog en serbio donde hablaba sobre el tempus fugit y mis vacaciones. Porque recientemente (la semana pasada) he estado visitando a mi familia, y aunque el desasosiego de pensar qué estoy haciendo con mi vida no me ha dado tan fuerte como en julio del año pasado, sí que es verdad que lo he vivido con otra perspectiva.

Por lo demás, poco más os puedo contar. Vendrán tiempos mejores. O ningunos en absoluto, que también está bien.

lunes, 23 de febrero de 2026

El negocio de los datos

Querides amigues, hace un mes tomé la decisión de ir mudando mis servicios de Google a Proton.

Siempre he sido bastante descuidado con mis datos online. Y no me refiero a darle mi dirección a cualquiera con el que hable, obviamente, sino a las empresas. No he sido descuidado hasta el punto de ser temerario, o eso creo, pero hasta hace poco no me importaba que las empresas tecnológicas tuvieran mis datos. Lo asumía como parte de la experiencia de estar en línea: sabía que por usar un servicio u otro, iba a perder privacidad, porque así funciona Internet desde hace unos años, desde que empezaron a funcionar las redes sociales.

Cuando empezaron Facebook y MySpace (recuerdo que fueron sobre la misma época, pero no recuerdo cuál fue primero), me parecían sitios fabulosos para compartir aficiones con amigos. Me parecían la evolución de los foros, aunque todo en un mismo sitio, centralizado en una página con tu identidad, no separado por temáticas. Eso era, por un lado cómodo, porque estaba todo en el mismo sitio y no tenías que visitar diez webs para ver las novedades; por el otro, inconveniente por no poder segmentar públicos (a lo mejor a tu tía segunda no le interesa leer tu top 5 de videoclips de Lady Gaga). Pero bueno, nos acostumbramos y fuimos haciendo. Ni que decir tiene que así murieron los foros.

Por esa época, una de mis series favoritas, The IT Crowd, sacó un capítulo donde parodiaban las redes sociales. El capítulo se llama «Friendface» y en él los protagonistas se dan de alta en una nueva red social, a cambio de que (lo dicen expresamente) sus datos ahora pertenezcan a Friendface y puedan hacer lo que quieran con ellos. Conforme avanza el capítulo, los protagonistas se enganchan a estúpidos juegos que los hacen estar despiertos hasta altas horas de la madrugada y caen víctimas de la publicidad invasiva (¿nos suena?).

A mí en esa época, el capítulo me pareció divertido, por supuesto, pero también consideré que era una grotesca caricatura, demasiado exagerada. No le di más importancia.

Con el tiempo se fueron destapando prácticas no muy limpias (o directamente ilegales) en las que Facebook había incurrido. Venta de datos, censura, promoción de contenido de ultraderecha, permisividad con el discurso de odio... Digamos que Facebook fue la primera, pero poco a poco estos escándalos iban a ir salpicando a casi todas las demás redes sociales.

También con la edad uno empieza a comportarse de manera diferente en Internet, haciendo vida online de manera diferente. Por un lado, el ir haciéndose viejo, y por el otro, enterarse de todo lo que hacen las redes sociales a tus espaldas, hace que uno comparta menos información o lo haga de manera diferente.

Sin embargo, asumía que era normal que Google tuviera casi todos mis datos, porque al fin y al cabo, mi teléfono usa un sistema operativo de Google, utilizo un montón de servicios de Google, y simplemente por llevar mi móvil encima saben dónde estoy y qué hago. Todos nos hemos dado cuenta en algún momento de que el teléfono nos oye, que si hablamos de algo en presencia del teléfono, un par de días después nos muestra publicidad relacionada con eso. Mi razonamiento, quizá para no darle más vueltas, era «bueno, no pasa nada porque me conozcan, ¿qué van a hacer? ¿Ponerme publicidad que me interese?»

El giro del mundo a la ultraderecha en 2024-25 y la manera en que todas las grandes tecnológicas están encantadísimas de colaborar con Trump y su régimen fascista me ha hecho replantearme mi presencia online. No voy a renunciar a relacionarme con gente por Internet, porque es la manera en que hago vida social. No obstante, creo que es buena idea tomar ciertas medidas. Por un lado, dejar de depender de Google para todo. Por otro, usar más servicios de empresas europeas. Y si hay que pagar por estos servicios, pues habrá que pagar. Ya sabemos que si no pagas, el producto eres tú (y tus datos).

Por todo esto, estoy empezando a mudarme a Proton, que es una empresa que asegura que la privacidad de tus datos no se verá comprometida (ninguna es perfecta, pero las hay mejores y peores, claro), situada en Suiza. Poco a poco estoy cambiando mi dirección de correo en todas las empresas donde lo he dado, ya he movido mis fotos y los archivos que tengo en la nube.

No voy a poder prescindir del todo de Google y de otras empresas grandes, pero todo paso que podamos dar para quitarles poder, bien dado estará.

jueves, 29 de enero de 2026

Los libros que leí en 2025

Copio esta idea de mi querido Aitor. Aunque yo no leo tanto como él, al menos os comento los títulos que me ha regalado el año 2025, ya muerto y enterrado.

Enunciaré los títulos de los libros en el idioma en el que los he leído.

1. Лето када сам научила да летим (El verano que aprendí a volar), de Jasminka Petrović. Es el primer libro escrito originalmente en serbocroata que he leído completo. La protagonista es una niña preadolescente de Belgrado a la que sus padres mandan a regañadientes a veranear con su abuela al pueblo de esta, un idílico pueblecillo en una isla de la costa de Croacia, donde la vida es más auténtica. Aunque se nutre de un puñado de lugares comunes, me resultó muy interesante por todo el contexto cultural: el choque cultural entre Serbia y Croacia, rencillas familiares, rencores por la guerra... No le di las cinco estrellas en Goodreads porque la protagonista es irritante y protestona hasta niveles inaguantables. No sé cómo no la tiraron al Adriático.

2. El matí de la sega (traducido al castellano como Amanecer en la cosecha), de Suzanne Collins. El quinto libro (segunda precuela) de la saga Los juegos del hambre. Cuando empecé este libro, no había acabado el cuarto, lo tenía un poco en suspenso. Sin embargo, me lo leí en una semana y media. Me ha encantado, me parece igual de enganchante que la trilogía original, con el refrescante ingrediente de que el narrador es Haymitch Abernathy de adolescente. Le di 5 estrellas y en realidad estoy deseando volver a leerlo. Este año estrenan la película, probablemente me lo leeré para esa época.

3. Spice Girls Revisited (Las Spice Girls revisadas), de David Sinclair. Sabéis que en mi época adolescente fui fan de las Spice Girls y que aún a día de hoy me gustan, me parecen un grupo imprescindible y que rompió muchos moldes no solo en el pop sino en la sociedad. Este libro ha sido muy ilustrador acerca de todo el fenómeno Spice Girls. Me ha hecho recordar muchas cosas, me ha arrojado luz sobre el contexto social en el que se desarrollaron (que con 13-14 años y sin Internet no tuve manera de conocer), y me ha hecho valorar más lo que hicieron y lo que pasaron. Además, el autor ha hecho una enorme labor de documentación, recopilando testimonios de un montón de gente que trabajó con ellas.

4. Balkanski špijun (El espía balcánico), de Dušan Kovačević. Una obra de teatro no muy larga, escrita en serbio y publicada en 1983, ambientada en la Yugoslavia socialista. Una familia serbia, que alquila una habitación a un inquilino francés de origen serbio, empieza a sospechar que el inquilino es un espía que intenta hacer caer al gobierno. No me gustó demasiado el libro, especialmente por el final que tiene, aunque al menos me sirvió para practicar la lectura en serbocroata, con un montón de coloquialismos.

5. Maricas malas: construir un futuro colectivo desde la disidencia, de Christo Casas. Este potente ensayo reflexiona sobre la situación actual de nuestro colectivo LGTBIQ+, sobre los esfuerzos del sistema por asimilarnos y desactivarnos, y defiende la necesidad de no ser cómplices de ese mismo sistema y de luchar por mejoras para todos. Me encantó.

6. Who I am: my story (Quién soy: mi historia), de Melanie Chisholm. Siguiendo con el tema Spice Girls, esta vez tocaron las memorias de Melanie C. Me resultó bastante interesante conocer su infancia, su juventud, cómo llegó a las Spice, cómo vivió la fama y el apagado del grupo, su carrera en solitario, y cómo sufrió y superó sus problemas de salud y alimentarios. Después de haber leído el libro de David Sinclair, fue interesante leer sobre los mismos hechos pero vividos desde dentro.

7. Balada d'ocells i serps (traducido al castellano como Balada de pájaros cantores y serpientes), de Suzanne Collins. Empecé a leer este libro cuando salió en 2020, y no ha sido hasta el año pasado que me lo terminé, porque me forcé a leerlo. Sinceramente, me parece el más flojo de los cinco. Aunque está bien para comprender el personaje de Coriolanus Snow, realmente es una tan mala persona viviendo unos tiempos tan desagradables que oír sus pensamientos no se hace ameno ni divertido. Me alegré de acabarlo (y del final).

8. The Story of ABBA: Melancholy undercover (traducido al castellano como Melancolía encubierta: el libro de ABBA), de Jan Gradvall. Un libro interesante, sobre la historia de ABBA, y atípico, porque no sigue un orden cronológico, sino que cada capítulo está dedicado a un tema diferente, que bien puede ser de antes del grupo, de después, de durante, o centrado en alguno de los cuatro miembros o en sus allegados. Me resultó interesante, sobre todo, conocer el contexto cultural de ABBA en la Suecia de los años 60 y 70, mucho más desfavorable de lo que podríamos imaginar hoy, que se les considera un grupo mítico.

9. Cveće za Aldžernona (traducido al castellano como Flores para Algernon), de Daniel Keyes. El protagonista del libro es Charlie Gordon, un hombre de 30 años con una discapacidad psíquica al que ofrecen ser parte de un experimento cuyo objetivo es comprobar si pueden aumentar su inteligencia. La premisa es muy interesante, aunque la ejecución no tanto. Me molestó sobre todo que los personajes femeninos fueran tan planos y estereotípicos: todas las mujeres son o malas, o tontas, o putas (entendedlo como "disfrutan del sexo y el autor las culpa por ello"), salvo una, que es la buena de la historia (tampoco os haré spoilers). Lo único interesante es el estilo en el que está escrito, pues está narrado en primera persona y el autor escribe de acuerdo al nivel de inteligencia del protagonista. Como curiosidad, este libro fue parodiado en el capítulo de los Simpson en el que Homer tiene un lápiz en el cerebro (y yo me he enterado más de 20 años después).