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jueves, 5 de octubre de 2023

¿De dónde eres?

Es una pregunta muy sencilla, o al menos para mucha gente.

¿De dónde eres?

Para otras personas no lo es tanto.

Yo me incluyo en este último grupo. No quiero hablar por boca de todos los emigrantes, aunque me consta que muchos están en la misma situación que yo. Hablaré solo por mí y por mi experiencia.

No tengo problemas en considerarme emigrante (o inmigrante). Lo soy desde que aquella tarde de verano de 2008 cogí mi maleta y mi coche y me fui a Sevilla a trabajar. Estaba a hora y media de casa (o de la que había sido mi casa hasta entonces), pero era un lugar nuevo, con diferencias en los usos, costumbres, en el acento...

Al principio ni me lo pensaba. ¿De dónde eres? De Cádiz, o de San Fernando (Cádiz), depende del nivel de detalle que quisiera dar. No había más vueltas.

Con el tiempo, sin embargo, la situación cambia. Desarrollas tu vida en una ciudad, estableces vínculos con la gente y con los lugares que visitas. Y no solo me refiero a tu casa y al trabajo, sino a las avenidas, las calles, el río, los paseos, las tiendas, los restaurantes.

En 2011 fue la primera vez que empecé a dejar de tener clara la respuesta. Estaba pasando unas semanas por trabajo en Toulouse, y surgió la idea de hacer una pequeña excursión de un día a Rocamadour con una compañera y su novio. Estando allí nos cruzamos con una gente que hablaba castellano y nos preguntaron de dónde éramos. Mi compañera no se lo pensó y respondió por los tres: de Sevilla.

Yo sí que me quedé pensando. Porque hasta entonces siempre había sido de Cádiz sin planteármelo. Mi compañera no había dudado de que los tres fuéramos de Sevilla. Mi vida estaba en Sevilla, mi casa, mi trabajo, mi pareja. Ahí empecé a abrazar la idea de que yo también era de Sevilla. Aún tenía mucho que aprender de la ciudad y de su cultura, pero ni yo era un extraño en la ciudad ni la ciudad lo era para mí.

Fremde Erde ist nur Fremd, wenn der Fremde sie nicht kennt
(la tierra extraña solo es extraña cuando el extraño no la conoce)

Sí, es un verso de la traducción alemana de Colores en el viento, la canción de Pocahontas. Pero ese verso me parece increíblemente certero (más que el original en inglés).

(Inciso: también en 2011, cuando estuve colaborando con el Partido Andalucista local, en alguna conversación dije de manera natural que era inmigrante y los compañeros me corrigieron como si me hubiera insultado a mí mismo. Ahí es donde uno ve los prejuicios de los demás. Pero yo seguía siendo inmigrante.)

2012 significó para mí el comienzo de mi relación de cuatro años con Fede. Fede no solo era de València, sino también valencianista (políticamente, no del club de fútbol) y valencianohablante. Aunque nunca llegué a vivir en València, las experiencias con Fede, con su entorno y sus amistades me resultaron tan acogedoras y hospitalarias que me interesé mucho por su lengua y su cultura. Yo ya sabía hablar valenciano, pero mi nivel era poco más que aceptable y mi acento era de Barcelona. En esta época abracé la cultura valenciana, perfeccioné la lengua y adquirí el acento de València. Esa relación se acabó en 2016, pero las relaciones que había hecho con gente valenciana no se acabaron y duran hasta hoy. No he vivido en València pero he pasado allí más de 200 días, me he relacionado con la sociedad valenciana (no he estado de vacaciones en un resort) y, por lo tanto, considero que tengo parte de valenciano. Llamadlo apropiación cultural, novelería o como queráis. Sin embargo, no iba por ahí diciendo que era de València. La respuesta a la pregunta "¿de dónde eres?" seguía siendo la misma. De Cádiz, de Sevilla, según la situación respondía una u otra, o soy de Cádiz pero vivo en Sevilla.

En 2021 encontré trabajo en Granollers (Barcelona) y me mudé medio a la prisa. En una semana tuve que empaquetar todo, vaciar un piso y recorrer casi 1000 km. El primer día de trabajo me choqué de bruces con la misma pregunta, y más veces en ese día que en toda mi vida.

¿De dónde eres?

Ahí se me había roto el esquema que tenía tan asentado. Mi primera respuesta iba a ser la que había sido hasta entonces: de Sevilla. Pero sentía que si respondía eso estaría mintiendo. ¿Por qué? Seguía siendo sevillano. De hecho, sigo siendo sevillano. Sigo sintiendo que Sevilla es mi casa. Conozco mejor Sevilla que bastantes sevillanos. Pero mi casa ya no está allí. Si voy a Sevilla no tengo dónde quedarme, salvo que pague una habitación. (Sí, tengo amigos y me pueden acoger, pero eso no invalida mi argumento).

Soy nacido en Cádiz y criado en San Fernando, viví allí hasta los 23 años. En mis documentos de identidad soy gaditano y lo seré para siempre. Había vivido 13 años en Sevilla, pero ya no tenía un domicilio allí. Responder que era de Sevilla hubiera sido mucho más complicado por las subsiguientes preguntas (¿ah eres de Sevilla? ¿De la capital, o de un pueblo? He estado en Lantejuela / Pruna / La Algaba, ¿lo conoces? ¿Has estado? ¿Te gusta?), así que volví a la respuesta original... de Cádiz.

Y reconozco que aquí, en Barcelona, más de una vez he recurrido a decir que soc de València o que he viscut a València, aunque no haya sido del todo cierto, pero es una explicación corta y sencilla que funciona en situaciones necesarias (como cuando alguien ha preguntado si entendía el catalán o quería que cambiara al castellano, por ejemplo - este es un melón que no voy a abrir aquí).

Voy a cumplir dos años aquí y, aunque no me siento de Barcelona como sí me sentía de Sevilla (supongo que aún es pronto), tampoco me resulta extraña. Legalmente ya soy catalán (estoy empadronado, voto aquí, tengo mi tarjeta sanitaria...). El tiempo dirá si acabo respondiendo que soy de aquí.

lunes, 25 de octubre de 2021

Te echaré de menos, Sevilla

Trece años (y tres meses). Se dice pronto, pero trece años de treinta y siete son más de una tercera parte. Trece años son los que he pasado en Sevilla. Prácticamente toda mi vida adulta.

Llegué a esta ciudad un 19 de julio de 2008, un sábado. Me mudé ese día, era la primera vez que iba tan lejos con mi coche, un Kia Picanto de segunda mano; solo tenía cinco meses de carnet y me preocupaba hacer un camino tan largo. Dicho camino acabó cuando vi aparecer, desde la carretera, mi puente favorito, que me avisaba de que ya estaba aquí; de que, como a una Violet Sanford de la vida, la gran ciudad me esperaba.

Tenía la tierna edad de 23 años, venía a Sevilla para mi primer contrato laboral y, la verdad, los primeros meses se me hicieron duros. No conocía a nadie, salvo a mi pareja, Fernando. No encajaba bien en el trabajo, donde me pasaba todo el día. Así que pasaba la semana deseando que llegara el fin de semana para, o bien estar con mi pareja, o bien volver a Cádiz con mi familia.

El tiempo fue pasando, y lo que al principio me resultaba un lugar hostil, acabó por convertirse en mi casa. Hasta el punto de que fue el lugar donde retomé mis estudios y los acabé; donde encontré amigos de los buenos, de los que son para siempre.

No se me olvida la primera vez que me describieron como sevillano. Fue en 2011, estaba trabajando en Toulouse y habíamos salido unos cuantos de excursión, a Rocamadour. Nos cruzamos con unos españoles que preguntaron de dónde éramos, y mi compañera Sonia dijo, «somos de Sevilla». Que lo haría por generalizar y porque en una respuesta genérica no pega decir «pues trabajamos en Sevilla pero hay gente de Cádiz, de Córdoba, de Málaga...» no, no pega. Pero la cuestión es que me sentí englobado en los sevillanos y mira, me gustó. Y empecé a asumir que ya era un poco sevillano.

Han pasado diez años y ahora yo mismo me considero parte de esta ciudad, y no puedo negar que esta ciudad forma parte de mí, ha moldeado bastante mi forma de ser, mi personalidad, mis experiencias (incluso mi acento). Y aunque juego a menudo la carta de «yo puedo decir que esta ciudad es preciosa, porque no soy de aquí», realmente estoy mintiendo un poquito, porque sí que lo soy.

A la izquierda, junio de 2008, justo antes de mudarme.
A la derecha, octubre de 2021, mi último mes en la ciudad.


 

Pero, sin esperarlo, esta etapa ha llegado a su final. Cuando más enraizado me sentía, cuando estaba ya empezando el máster e incluso planteándome comprar alguna casa en la ciudad o alrededores en cuanto tuviera trabajo, el mundo laboral me envía fuera, en este caso a Catalunya. Y a pesar del cariño que le tengo a esta ciudad y a todos los amigos que tengo aquí, incluso al hecho de tener a mi familia a una hora de coche, no tengo más motivos para quedarme cuando el trabajo me hace irme.

Se me está haciendo duro, muy duro, recoger todo lo que tengo aquí y pensar que me voy a ir, sobre todo porque no sé si volveré. De visita, claro que sí, siempre puedo, pero no sé si volveré a vivir aquí. Y eso me duele un poquito.

Pero por mucho que duela, hay que aceptar la vida y hay que intentar pensar en positivo. Espero que Catalunya me trate bien.

domingo, 24 de diciembre de 2017

El puente del Centenario

Llevo casi diez años viviendo en Sevilla, y nunca había subido a los Sagrados Corazones. Es un sitio emblemático y que todo sevillano conoce; yo quería ir pero hasta hoy no me ha dado por hacerlo. Si no lo conocéis os comento; los Sagrados Corazones es un cerro con una iglesia que está en San Juan de Aznalfarache. A mí la iglesia ya os podéis imaginar que no es lo que me interesa, sino las vistas; se ve Sevilla de una manera espectacular.

Quise hacer fotos, pero la luz no me acompañaba nada. Aquí os dejo una que he subido a Instagram.

En los Sagrados Corazones, esta tarde de nochebuena

Aparte de la bonita capa de contaminación que cubre Sevilla, se ve al fondo el puente del Centenario. Sevilla, surcada por la dársena del Guadalquivir, está cosida por nueve puentes (el Centenario, las Delicias, los Remedios, San Telmo, Triana, el Cachorro, la pasarela de la Cartuja, la Barqueta y el Alamillo) y de todos ellos este es mi favorito.

¿Por qué me gusta tanto este puente? Me podréis decir, y con toda la razón, que lo construyeron mal, porque se ha quedado pequeño, porque cuando introdujeron el carril reversible dejaron los demás tan estrechos que ahora hay que ir a 60... y tenéis toda la razón. Y si me recordáis que está siempre atascado, estaréis en lo correcto (aunque eso no es culpa del puente, pobrecillo).

La foto es de junio de 2015, por eso estoy tan cambiado. Y vale que el puente se ve poco, pero está ahí detrás, es el testigo mudo de todo lo que pasa en la ciudad


Me gusta por su estética, porque es grande, es majestuoso. Pero sobre todo, porque para un gaditano, el puente del Centenario es la puerta de entrada a Sevilla. Os contaré una historia.

Sábado 19 de julio de 2008. Dani es un chaval de 23 años, cañaílla, que ha dejado sus prácticas en el Puerto de Santa María porque le han hecho un contrato de verdad en una empresa de verdad, pero en Sevilla. Así que se ha hecho dos maletas, las ha metido en su Kia Picanto de segunda mano y se ha echado a la carretera, a hacer el camino más largo que había hecho hasta ahora (solo tiene cinco meses de carné de conducir).

Una hora y media después aparece él por el horizonte.
La foto es de Google.

Y él me anuncia que he llegado. Que he llegado a la gran ciudad, a mi nueva vida.

Recuerdo que esos días tenía mucha ilusión por el cambio, pero me daba miedo, me daba vértigo. Temía que las cosas salieran mal. Pero tenía que hacerlo, tenía que buscarme a mí mismo y crecer. Y eso fue lo que hice.

Una de mis películas favoritas fue siempre El bar Coyote. Una película muy criticada, por simplona, por superficial, o por lo que queráis. Me da igual. Me encantaba la historia de Violet Sanford, que decide abandonar South Amboy para irse a la gran ciudad a perseguir su sueño. Y lo pasa mal. Le pasa de todo. Pero acaba siendo ella misma y consiguiendo su sueño.

Yo no tenía un sueño determinado cuando me vine a Sevilla, pero me vine a ser yo mismo, y lo acabé siendo. Y así estoy.

Esta foto también es de Google. El puente visto desde la avenida de la Raza.
Pues este puente simboliza eso para mí. Simboliza a esta ciudad, mucho más que la Giralda, mucho más que la Torre del Oro. Para mí, Sevilla es el puente del Centenario. Y por eso me encanta.

domingo, 22 de enero de 2017

¿Cuánta Sevilla...?

Estos últimos días que he estado saliendo más y haciendo cosas diferentes, fuera de mi zona de confort, me ha venido varias veces a la mente una pregunta, que curiosamente es el eslogan de la web de Sevilla21, en cuyo foro entraba hace años.

¿Cuánta Sevilla me estoy perdiendo?

Me temo que mucha, y no me gusta, porque cuanto más conozco esta ciudad más la quiero. A ver si este año 2017 hago por conocerla mejor.

miércoles, 28 de abril de 2010

Mudanza

O incluso mudá, que es como le dice mi jefe a las mudanzas.

Y es que en este tiempo que no he escrito ha habido un par de novedades.

La más importante es que este fin de semana me mudo a un piso distinto, sin compartir, y en Alcalá de Guadaíra. Estaba muy decidido y contento hasta esta mañana, que me ha entrado el pánico escénico y no me veo capaz de mudarme, tengo demasiadas cosas y no me veo capaz de llevármelas todas.

En fin, espero que sea un atasco temporal.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El espacio-tiempo en Sevilla

Cuando llevas un cierto tiempo en Sevilla y tienes que coger el coche a menudo, te das cuenta de que la estructura del entramado espacio-tiempo en esta ciudad es muy curiosa e inquietante. Cualquier físico relativista podría venir a hacer un estudio aquí.

Y es que resulta que vayas donde vayas, siempre tardarás lo mismo. Al menos desde mi casa.

A ver, vivo cerca de Blas Infante y tengo que ir a mi trabajo en Airbus San Pablo. Tengo varias opciones:
- Coger por la Cartuja y la Ronda Urbana Norte, luego la A-4. 23 km. Tardo unos 30 minutos.
- Coger la ronda supernorte. 25 km. Tardo unos 30 minutos.
- Coger la SE-30 por el puente del Centenario. 30 km. Tardo unos 30 minutos.
- Por Virgen de Luján, Menéndez y Pelayo, Pueblo Saharaui, Kansas City. 20 km. Tardo unos 30 minutos.

Para ir a casa de mi novio en Alcalá de Guadaíra, tengo otras tres opciones:
- Por la SE-30, enlace de Hipercor y luego la A-92. 27 km. Tardo unos 30 minutos.
- Por la A-8028. 25 km. Tardo unos 30 minutos.
- Por Montequinto. 25 km. Tardo unos 30 minutos.

Cuando trabajaba en Calonge, tenía dos opciones:
- Por Virgen de Luján, Menéndez y Pelayo, Pueblo Saharaui. 8 km. Tardaba unos 30 minutos.
- Por la Cartuja y la Ronda Urbana Norte. 10 km. Tardaba unos 30 minutos.

Un sábado por la tarde fui en coche a recoger a alguien al Corte Inglés de Nervión desde mi casa y tardé, sorprendentemente, unos 30 minutos.

¿Alguien me explica qué pasa en Sevilla?

NOTA: esto sólo pasa cuando voy en coche.

viernes, 2 de octubre de 2009

Acentos

Últimamente cambio más de puesto de trabajo que de calzoncillos, y todo sin moverme de empresa ni nada. Mi última jefa, que a diferencia de la anterior parece muy cálida en lo personal, me dijo ayer que tengo un acento gaditano muy marcado. Y yo, como decimos en Cádiz, me puse to gordo.

Porque al fin y al cabo me hace gracia que me digan eso. Como le indiqué posteriormente, yo obviamente no me doy cuenta, porque siempre he hablado así y así he oído siempre a la gente.

Eso no quita que me dé cuenta de cómo Sevilla me ha transformado el habla ligeramente. No mucho, porque llevo poco tiempo aquí y me relaciono con mucha gente que no es sevillana, pero a veces se me escapa hablar de que me puse tal o cual chaleco o de que soy muy mijita (aunque llamar botines a los tenis es algo que aún me sobrepasa). Por no hablar de que se me cuelan eses intrusas, cuando yo, como ceceante, jamás las he pronunciado.

Por eso me hace gracia, y hasta cierto punto ilusión, que me digan que mi acento gaditano es marcado.

Otro día hablaremos del humor.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Harto de bloguear desde el móvil

Cuando ves pasar todas las horas de la madrugada en el reloj te das cuenta de lo poco que aprovechamos la noche. También da para pensar muchas otras cosas y hacer balance.

Estos días está volviendo a hacer calor, lo cual puede ser bueno en Noruega, pero en Sevilla es un infierno.

En el trabajo me han destinado a un nuevo puesto. No es nada espectacular, pero al menos es un cambio que me ha venido bien. Eso sí, cuento los días hasta el próximo puente aunque al final no haga nada especial.

Y por lo demás, cada día es una buena oportunidad para enmendar errores y aprender a evitarlos.

jueves, 16 de julio de 2009

Nostalgia

No voy a hablar ni del blog de mi querido amigo Pablo (Mi cuota de nostalgia) ni de la canción croata del 95.

Y es que en fechas como las actuales hace un año que me vine a vivir aquí a Sevilla. Además hoy es el día del Carmen, fiesta local de la Isla, que ahora mismo se encuentra celebrando la Feria.

Y como todos me dicen, al fin y al cabo yo tampoco me pasaba toda la semana en la feria, pero era mi feria y me gustaba pasearme por allí aunque fuera algún rato. Este año seguramente no vaya a visitarla.

Esto sólo es un factor que se une a la semana reflexiva. Porque haciendo valoración, creo que este año no he avanzado. Ni he crecido como persona, como siempre se dice en plan consuelo, ni he aprendido nada. O quizá sí, pero no soy capaz de verlo.

Las expectativas tampoco son gran cosa, pero quiero pensar que algún día todo mejorará.

Por eso hago mío el dicho catalán de que "qui dia passa, any empeny" (quien día pasa, año empuja).

Y como soy Libra, no puedo ser tan injusto y dejar esto así, no todo es negativo después de este año.. Mi ilusión tiene nombre y apellidos y eclipsa todo lo anteriormente expuesto. :)

Os dejo, que os escribo desde la calle y ya he llegado al gimnasio.

domingo, 7 de junio de 2009

Amor callejero

Como todos los que me conocéis o los que leéis este blog sabréis, cojo frecuentemente la línea 43 de los autobuses de Sevilla porque es la única que llega cerca de mi casa, y viene desde el mismo centro, de la Plaza de la Magdalena.

El 43 hace un sinuoso recorrido por las calles de Triana a la vuelta, y una de esas calles es la calle Coruña.

Hace tiempo descubrí un par de detalles en esta calle que hacen que me encante coger esta línea de autobús. Existe un muro vacío en esta calle periférica que, obviamente, es un reclamo para hacer pintadas. Dos de estas pintadas me encantan.

Son dos pintadas que me hacen pensar en que la bondad humana existe y está en lo más inesperado. Son vulgares, sin estilo y además son vandalismo urbano, pero si por mí fuera nunca las deberían borrar.

De No es nada extraño

Alguien que escribe en un muro sevillano te quiero en tres dialectos del catalán debe de querer de verdad.

De No es nada extraño

Mi favorita de las dos, el texto habla por sí solo.

Es uno más de los detalles que me encantan de esta ciudad.

viernes, 5 de junio de 2009

Tierra mojada

Estoy blogueando desde el móvil XD y es que he salido a la calle a hacer unas compras y, sorprendentemente, está lloviendo. Aunque la lluvia es un tostón y más en junio, el olor a césped mojado me recuerda a mis días alemanes y me pone muy nostálgico.

Por otro lado, me parece fatal la iniciativa de tussam de poner música clásica en los autobuses. Es nueva y sólo la tienen algunas líneas (como la 43, en la que voy ahora), y además de que no me gusta esta música, la llevan altísima.

Os dejo, que ya llega el bus a su destino.

PD: hoy he oído "volverás" de sergio y estíbaliz en el mp3 y me ha emocionado. Pero yo no voy a volver. Aún quedan batallas que ganar.

jueves, 2 de abril de 2009

Después de 30 años.

31 años hace que empezaron las obras del Metro de Sevilla. 26 que se abandonaron por miedo a que se cayeran los monumentos.

Todo este tiempo ha estado una ciudad como Sevilla, de 700.000 habitantes en el municipio y 1,3 millones en el área metropolitana, sin un medio de transporte tan ágil como éste.

Tras unas obras que se preveía hacer en tres años y que han durado seis, hoy inauguramos la primera línea del Metro de Sevilla, el primero de nuestro país y al que seguirán el de Málaga y el de Granada.



Hoy es un día grande para Sevilla y para Andalucía.

¡Enhorabuena!

(Luego haré más fotos! jijiji).

lunes, 29 de diciembre de 2008

Encuentros casuales

No estoy pasando por aquí mucho últimamente, ni siquiera por mis foros, en los que entro todos los días. Es porque estoy de quedada, pero pronto volveré y os contaré todo; mañana o el miércoles haré el post resumen del año. O a lo mejor incluso lo hago después de fin de año, quién sabe, que ya nos conocemos.

Dejo este post para denotar que ayer mientras caminaba por Luis Montoto me crucé con un chaval que había sido profesor mío de alemán en la EOI. A pesar de que como profesor no fuera mi favorito (y dejémoslo ahí), me hizo ilusión encontrármelo (y no sólo porque me pusiera, jajaja!); además me pareció muy impactante encontrármelo por sorpresa en Sevilla, una ciudad de 700.000 habitantes (que no son pocos!) donde no suelo ir fijándome en la gente porque no conozco a (casi) nadie aquí.

También es verdad que, para la poca gente que conozco en Sevilla, me he encontrado a menudo con los pocos que conozco. Seis veces con diversos compañeros de trabajo y dos con mi compañero de piso, que es comprensible porque vivimos cerca.

Y esto es mucho, mucho, comparado con las veces que me cruzaba con alguien conocido en San Fernando, aun cuando he pasado allí 23 años de mi vida.

No deja de parecerme curioso, no sé. A lo mejor es una tontería.

lunes, 6 de octubre de 2008

Sobre ruedas, o no

Chicos, ayer me saqué el abono semanal de Sevici.

Para los que no lo sepáis, Sevici es un servicio del Ayuntamiento de Sevilla, en el cual pagas una determinada tasa, y a cambio puedes usar un servicio de bicicletas públicas. Estas bicicletas están ancladas en estaciones por toda la ciudad, y cuando te hace falta, pones tus datos de usuario y te llevas una. Cuando has terminado de usarla (tienen un máximo de 30 minutos de utilización) la anclas en otra estación, y listo. Muy cómodo.

Si no fuera por lo torpe que soy, claro... aprendí a montar en bici con 19 años y precisamente hacía 4 años que no montaba. Al menos sé mantener el equilibrio y recorrer distancias cortas en línea recta sin ningún problema, pero girar me da miedo y cruzarme con otros ciclistas también, porque el carril bici es muy estrecho y yo no controlo la dirección todavía. Necesito más fuerza en los brazos y mejorar mi equilibrio.

Además está el hecho de que aprendí a montar con una bici alemana y las de aquí son distintas, allí se frena echando los pedales en sentido contrario, mientras que aquí sólo puedes frenar desde el manillar y si esperas frenar haciendo lo de los pedales te la pegas. Parece una diferencia tonta, pero tiene su miga.

No sé si mejoraré, más que nada porque no sé si me atreveré de nuevo a ir en bici a algún sitio xDD pero qué frustrante, vamos.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Pequeña reflexión de lunes

Es curioso, muy curioso, cómo el mismo sitio, el mismo lugar, te puede parecer muy agradable cuando te van bien las cosas, y muy hostil cuando las cosas van mal. Sin embargo, es el mismo sitio. Un día está muy bien, te alegras de estar ahí y apenas te acuerdas de lo que dejaste atrás. En cuanto algo va mal, lo odias todo, y ese sitio que te encantaba se convierte en un lugar inhóspito y evitable del que sólo deseas salir para volver a casa.

Mentiría si dijera que sólo es una reflexión no ligada a la realidad. Tampoco es que me sienta así todo el rato, claro. Sólo es algo que me ha venido a la mente ahora.

O a lo mejor está aquí escrito porque no es nada extraño.

jueves, 26 de junio de 2008

Verano recién estrenado

Bueno, o no tan recién estrenado, que ya lleva cinco días. Pero está haciendo un calor de morirse. Yo es que no soy especialmente fan del calor, y menos últimamente, que me paso media vida en Sevilla donde hace AÚN más calor xDDD

En las dos últimas semanas he hecho algunas cosas nuevas, copio un poco el estilo del último post de mi querida Almu aunque lo adapto a mi modo.

Por ejemplo, hace dos fines de semana cené en un bar de tapas. Algo inaudito porque todos sabéis que lo de ir de tapas nunca había sido lo mío, las cosas que nocontroloperodebería me ponen muy nervioso y ésta es una de ellas, porque a la hora de pedir no sé cuánto pedir porque no sé la cantidad de comida de la que se trata xDD Pero mi niño me llevó a uno y tuve que hacer frente a la situación y no salió nada mal, oyes, incluso me gustó xDD Las papas ali-oli estuvieron geniales.

Otra cosa nueva que he hecho es ir al jardín botánico de San Fernando (es lo que tiene salir con un biólogo xDD). Tampoco es nada del otro mundo pero mira, para algo que se han currao en mi ciudad, habrá que reconocérselo. Y también es una mala época, que con todo este calor muchas plantas estaban medio muertas.

Y por cierto, el sábado pasado conocí a Antoonio en Sevilla, ¡¡un gran descubrimiento!! Lo pasamos bien, y también hice algo que no había hecho nunca, subir a la Giralda xDD Porque a él le apetecía, claro, así que Nando y yo aprovechamos y subimos los tres juntos. Ese día comimos en una tasca megacutre donde me tocó pedir la comida y la camarera era una megaborde listilla que me dejó la cara colorá un par de veces xDD

Y creo que esto es todo, pero espero contar más cosas pronto, ¡¡besos para todos!!