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jueves, 8 de mayo de 2025

Deslocado

Ya es un poco un lugar común que escuche una canción sobre emigrantes y venga a deciros lo mucho que me identifico. En este caso, es la canción participante por Portugal en Eurovisión 2025. Para no repetirme, simplemente os dejo el enlace al vídeo y el texto.

Conto os dias para mim
Com a mala arrumada
Já quase não cabia
A saudade acumulada.
Cuento los días para mí
Con la maleta hecha
Ya casi no cabía
La nostalgia acumulada.
Do azul vejo o jardim
Mesmo por trás da asa
Mãe, olha à janela,
Que eu tou a chegar à casa.
Desde el cielo veo el jardín
Incluso por detrás del ala
Madre, mira por la ventana,
Que estoy llegando a casa.
Que eu tou a chegar à casa.
Que eu tou a chegar à casa.
Que eu tou a chegar à casa.
Que estoy llegando a casa.
Que estoy llegando a casa.
Que estoy llegando a casa.
Por mais que possa parecer
Eu nunca vou pertencer
Àquela cidade.
O mar de gente, o sol diferente,
O monte de betão,
Não me provoca nada,
Não me convoca casa.
Por más que pueda parecer
Yo nunca voy a pertenecer
A aquella ciudad.
El mar de gente, el sol diferente,
El monte de hormigón
No me provoca nada,
No me llama a casa.
Porque eu vim de longe
Eu vim do meio do mar.
No coração do oceano
Eu tenho a vida inteira.
Porque vine de lejos
Vine de mitad del mar.
En el corazón del océano
Tengo la vida entera.
O meu caminho eu faço a pensar
Em regressar à minha casa
Ilha, paz, Madeira.
Mi camino hago pensando
En regresar a mi casa
Isla, paz, Madeira.
Se eu te explicar palavra a palavra
Nunca vais entender
A dor que me cala
A solidão que assombra a hora da partida.
Si yo te explico palabra a palabra
Nunca vas a entender
El dolor que me calla
La soledad que ensombrece la hora de la partida.
Carrego o sossego de poder voltar
Mãe, olha à janela, que eu tou a chegar.
Cargo la tranquilidad de poder volver
Madre, mira por la ventana, que estoy llegando.
Por mais que possa parecer
Eu nunca vou pertencer
Àquela cidade.
O mar de gente, o sol diferente,
O monte de betão,
Não me provoca nada,
Não me convo...
Por más que pueda parecer
Yo nunca voy a pertenecer
A aquella ciudad.
El mar de gente, el sol diferente,
El monte de hormigón
No me provoca nada,
No me llama...
O mar de gente, o sol diferente,
O monte de betão,
Não me provoca nada,
Não me convoca casa.
El mar de gente, el sol diferente,
El monte de hormigón
No me provoca nada,
No me llama a casa.

miércoles, 13 de marzo de 2024

Dom, Hogar

Hoy vengo a comentaros una canción que ha participado en la preselección serbia para Eurovisión 2024 que, sin ser mi favorita, me ha tocado un poco la fibra. Se llama Dom, "Hogar", y la canta Iva Lorens. Os pongo aquí el vídeo para que la oigáis mientras leéis, si queréis.


Ljuljaj me nežno, prodaj mi san
Da bolje ću preko, negde daleko
Nije moj kraj
Gde mi je majka? Gde mi je dom?
Kuća je prazna, ovde sam sama
Gde mi je dom?
Љуљај ме нежно, продај ми сан
Да боље ћу преко, негде далеко
Није мој крај
Где ми је мајка? Где ми је дом?
Кућа је празна, овде сам сама
Где ми је дом?
Méceme suavemente, véndeme un sueño
Que estaré mejor al otro lado, en algún sitio lejano
No es mi región
¿Dónde está mi madre? ¿Dónde está mi hogar?
La casa está vacía, aquí estoy sola,
¿dónde está mi hogar?

La primera estrofa, lenta y misteriosa, nos introduce el tema de la canción. Estoy sola, la casa está vacía, véndeme un sueño de que estaré mejor en otro lado. La autora (que es la propia cantante) está lejos del hogar, en una casa vacía: ha emigrado. Y echa de menos su familia y su hogar.

Da l' je san il' java?
Kroz utehe ja haram
Nemam kome da se javljam (Ah, ah)
Samo brojim dane
Kažu zapni kada staneš
Nemam više snage (Ah, ah)
Да л' је сан ил' јава?
Кроз утехе ја харам
Немам коме да се јављам (Ах, ах)
Само бројим дане
Кажу запни када станеш
Немам више снаге (Ах, ах)
¿Es sueño o realidad?
Voy saqueando consuelos
No tengo a quién llamar (ah, ah)
Solo cuento los días
Dicen, sigue intentándolo cuando te pares
Ya no tengo fuerza (ah, ah)

Aquí cambia el ritmo, aunque la voz continúa siendo tenue y misteriosa, y empieza uno de los dos temas musicales que se repiten a lo largo de la canción. Cuando has emigrado y no estás a gusto (puede ser bastante frecuente) muchas veces acabas disociando, pensando que esta no es tu vida, que lo que estás viviendo no es real y que pronto volverás a ella; que esto es como un sueño. Y te agarras a cualquier cosa. Cuentas los días, sabes que tienes que seguir, hasta el día en que se acabe, pero a veces no sabes cómo lo harás porque no puedes más.

Utonula u san
Samoj sebi predaleko
Uklapam se ja
Premalo za sad
Утонула у сан
Самој себи предалеко
Уклапам се ја
Премало за сад
Caí en un sueño
Demasiado lejos de mí
Me adapto
Demasiado poco por ahora

Aquí se repite la idea de que no es la realidad, de que has caído en un sueño, pero en uno que está lejos de ti. No es tu realidad, esta no eres tú. Y aunque no sea tu realidad, intentas encajar, intentas adaptarte, intentas no ser el extranjero. Pero por más que lo intentes, es demasiado poco. No lo consigues.

Je l' ti tamo prija?
Evo, stižem i ja
(Uklapam se ja, premalo za sad)
Је л' ти тамо прија?
Ево, стижем и ја
(Уклапам се ја, премало за сад)
¿Te gusta estar allí?
Entonces yo también voy
(Me adapto, demasiado poco por ahora)

El segundo tema que se repite varias veces durante la canción es este. Y creo que tiene más de una interpretación, según quien sea que diga la frase. Y sea como sea, la cuestión es que es una conversación que se repite mucho cuando estás emigrado y hablas con la familia o los amigos. Ah, oye, si allí estás bien, yo también me voy. A veces lo dicen en serio, y otras (la mayoría) es algo que se dice sin más intención. Y a veces dices que estás bien aunque sea mentira, porque te ahorras explicaciones.
 
Utočište moje
Na pragu ove sobe
U domu gde sam sebe spoznala (Ah)
Nisu samo pare
Kola i separe
Mnogo više priča ima (Ah)
Уточиште моје
На прагу ове собе
У дому где сам себе спознала (Ах)
Нису само паре
Кола и сепаре
Много више прича има (Ах)
Mi refugio
En el umbral de esta habitación
En el hogar donde me conocí a mí misma
No solo es el dinero,
el coche y un reservado
Hay muchas más historias

Habla desde su habitación, su refugio en un mundo hostil, un lugar donde puede estar sola, donde no tiene que preocuparse por encajar. Y después da un dato importante: has emigrado y ahora vives en un sitio que te ofrece una vida con más lujos y comodidades que el lugar de donde venías. Pero no todo son los lujos, hay mucho más de lo que no sueles hablar.

Je l' ti tamo prija?
Evo, stižem i ja
Da ti pokažem šta ima
Је л' ти тамо прија?
Ево, стижем и ја
Да ти покажем шта има
¿Te gusta estar allí?
Entonces yo también voy
Para mostrarte lo que hay

La canción cierra mezclando la música de un tema con la letra del otro. Me vuelvo a casa, me vuelvo y te voy a contar todo lo que he vivido.

No es la primera vez que hablo de la emigración en mi blog. Más de una vez he hablado de la sensación de no ser de ninguna parte o de estar fuera de lugar. Pero no lo puedo evitar, con 23 años me fui de casa y no he vuelto, ser emigrado es parte de mi personalidad. Y no siempre he estado mal, cuidado. Sevilla fue mi casa, con todo el derecho. Pero también es cierto que el primer año que pasé allí no estuve bien, estaba fuera de lugar, me sentía extraño en una ciudad que no conocía y en un trabajo que odiaba. La pesada losa de la emigración la sentí mucho más en Hamburgo. Jamás estuve a gusto allí, jamás sentí que aquella pudiera ser mi casa y durante mucho tiempo me arrepentí de estar allí: a pesar de que ahorré lo más grande, contaba los días para volver y me evadía en cualquier cosa que me hiciera olvidar cuál era mi situación. Aquí en Catalunya no estoy mal, pero algunos días sí que me siento así, fuera de lugar y echando de menos mi hogar, aunque no esté del todo seguro de cuál es.

Por eso me he visto tan reflejado en esta canción y la he necesitado compartir con ustedes. Espero que os guste.

jueves, 5 de octubre de 2023

¿De dónde eres?

Es una pregunta muy sencilla, o al menos para mucha gente.

¿De dónde eres?

Para otras personas no lo es tanto.

Yo me incluyo en este último grupo. No quiero hablar por boca de todos los emigrantes, aunque me consta que muchos están en la misma situación que yo. Hablaré solo por mí y por mi experiencia.

No tengo problemas en considerarme emigrante (o inmigrante). Lo soy desde que aquella tarde de verano de 2008 cogí mi maleta y mi coche y me fui a Sevilla a trabajar. Estaba a hora y media de casa (o de la que había sido mi casa hasta entonces), pero era un lugar nuevo, con diferencias en los usos, costumbres, en el acento...

Al principio ni me lo pensaba. ¿De dónde eres? De Cádiz, o de San Fernando (Cádiz), depende del nivel de detalle que quisiera dar. No había más vueltas.

Con el tiempo, sin embargo, la situación cambia. Desarrollas tu vida en una ciudad, estableces vínculos con la gente y con los lugares que visitas. Y no solo me refiero a tu casa y al trabajo, sino a las avenidas, las calles, el río, los paseos, las tiendas, los restaurantes.

En 2011 fue la primera vez que empecé a dejar de tener clara la respuesta. Estaba pasando unas semanas por trabajo en Toulouse, y surgió la idea de hacer una pequeña excursión de un día a Rocamadour con una compañera y su novio. Estando allí nos cruzamos con una gente que hablaba castellano y nos preguntaron de dónde éramos. Mi compañera no se lo pensó y respondió por los tres: de Sevilla.

Yo sí que me quedé pensando. Porque hasta entonces siempre había sido de Cádiz sin planteármelo. Mi compañera no había dudado de que los tres fuéramos de Sevilla. Mi vida estaba en Sevilla, mi casa, mi trabajo, mi pareja. Ahí empecé a abrazar la idea de que yo también era de Sevilla. Aún tenía mucho que aprender de la ciudad y de su cultura, pero ni yo era un extraño en la ciudad ni la ciudad lo era para mí.

Fremde Erde ist nur Fremd, wenn der Fremde sie nicht kennt
(la tierra extraña solo es extraña cuando el extraño no la conoce)

Sí, es un verso de la traducción alemana de Colores en el viento, la canción de Pocahontas. Pero ese verso me parece increíblemente certero (más que el original en inglés).

(Inciso: también en 2011, cuando estuve colaborando con el Partido Andalucista local, en alguna conversación dije de manera natural que era inmigrante y los compañeros me corrigieron como si me hubiera insultado a mí mismo. Ahí es donde uno ve los prejuicios de los demás. Pero yo seguía siendo inmigrante.)

2012 significó para mí el comienzo de mi relación de cuatro años con Fede. Fede no solo era de València, sino también valencianista (políticamente, no del club de fútbol) y valencianohablante. Aunque nunca llegué a vivir en València, las experiencias con Fede, con su entorno y sus amistades me resultaron tan acogedoras y hospitalarias que me interesé mucho por su lengua y su cultura. Yo ya sabía hablar valenciano, pero mi nivel era poco más que aceptable y mi acento era de Barcelona. En esta época abracé la cultura valenciana, perfeccioné la lengua y adquirí el acento de València. Esa relación se acabó en 2016, pero las relaciones que había hecho con gente valenciana no se acabaron y duran hasta hoy. No he vivido en València pero he pasado allí más de 200 días, me he relacionado con la sociedad valenciana (no he estado de vacaciones en un resort) y, por lo tanto, considero que tengo parte de valenciano. Llamadlo apropiación cultural, novelería o como queráis. Sin embargo, no iba por ahí diciendo que era de València. La respuesta a la pregunta "¿de dónde eres?" seguía siendo la misma. De Cádiz, de Sevilla, según la situación respondía una u otra, o soy de Cádiz pero vivo en Sevilla.

En 2021 encontré trabajo en Granollers (Barcelona) y me mudé medio a la prisa. En una semana tuve que empaquetar todo, vaciar un piso y recorrer casi 1000 km. El primer día de trabajo me choqué de bruces con la misma pregunta, y más veces en ese día que en toda mi vida.

¿De dónde eres?

Ahí se me había roto el esquema que tenía tan asentado. Mi primera respuesta iba a ser la que había sido hasta entonces: de Sevilla. Pero sentía que si respondía eso estaría mintiendo. ¿Por qué? Seguía siendo sevillano. De hecho, sigo siendo sevillano. Sigo sintiendo que Sevilla es mi casa. Conozco mejor Sevilla que bastantes sevillanos. Pero mi casa ya no está allí. Si voy a Sevilla no tengo dónde quedarme, salvo que pague una habitación. (Sí, tengo amigos y me pueden acoger, pero eso no invalida mi argumento).

Soy nacido en Cádiz y criado en San Fernando, viví allí hasta los 23 años. En mis documentos de identidad soy gaditano y lo seré para siempre. Había vivido 13 años en Sevilla, pero ya no tenía un domicilio allí. Responder que era de Sevilla hubiera sido mucho más complicado por las subsiguientes preguntas (¿ah eres de Sevilla? ¿De la capital, o de un pueblo? He estado en Lantejuela / Pruna / La Algaba, ¿lo conoces? ¿Has estado? ¿Te gusta?), así que volví a la respuesta original... de Cádiz.

Y reconozco que aquí, en Barcelona, más de una vez he recurrido a decir que soc de València o que he viscut a València, aunque no haya sido del todo cierto, pero es una explicación corta y sencilla que funciona en situaciones necesarias (como cuando alguien ha preguntado si entendía el catalán o quería que cambiara al castellano, por ejemplo - este es un melón que no voy a abrir aquí).

Voy a cumplir dos años aquí y, aunque no me siento de Barcelona como sí me sentía de Sevilla (supongo que aún es pronto), tampoco me resulta extraña. Legalmente ya soy catalán (estoy empadronado, voto aquí, tengo mi tarjeta sanitaria...). El tiempo dirá si acabo respondiendo que soy de aquí.

lunes, 25 de octubre de 2021

Te echaré de menos, Sevilla

Trece años (y tres meses). Se dice pronto, pero trece años de treinta y siete son más de una tercera parte. Trece años son los que he pasado en Sevilla. Prácticamente toda mi vida adulta.

Llegué a esta ciudad un 19 de julio de 2008, un sábado. Me mudé ese día, era la primera vez que iba tan lejos con mi coche, un Kia Picanto de segunda mano; solo tenía cinco meses de carnet y me preocupaba hacer un camino tan largo. Dicho camino acabó cuando vi aparecer, desde la carretera, mi puente favorito, que me avisaba de que ya estaba aquí; de que, como a una Violet Sanford de la vida, la gran ciudad me esperaba.

Tenía la tierna edad de 23 años, venía a Sevilla para mi primer contrato laboral y, la verdad, los primeros meses se me hicieron duros. No conocía a nadie, salvo a mi pareja, Fernando. No encajaba bien en el trabajo, donde me pasaba todo el día. Así que pasaba la semana deseando que llegara el fin de semana para, o bien estar con mi pareja, o bien volver a Cádiz con mi familia.

El tiempo fue pasando, y lo que al principio me resultaba un lugar hostil, acabó por convertirse en mi casa. Hasta el punto de que fue el lugar donde retomé mis estudios y los acabé; donde encontré amigos de los buenos, de los que son para siempre.

No se me olvida la primera vez que me describieron como sevillano. Fue en 2011, estaba trabajando en Toulouse y habíamos salido unos cuantos de excursión, a Rocamadour. Nos cruzamos con unos españoles que preguntaron de dónde éramos, y mi compañera Sonia dijo, «somos de Sevilla». Que lo haría por generalizar y porque en una respuesta genérica no pega decir «pues trabajamos en Sevilla pero hay gente de Cádiz, de Córdoba, de Málaga...» no, no pega. Pero la cuestión es que me sentí englobado en los sevillanos y mira, me gustó. Y empecé a asumir que ya era un poco sevillano.

Han pasado diez años y ahora yo mismo me considero parte de esta ciudad, y no puedo negar que esta ciudad forma parte de mí, ha moldeado bastante mi forma de ser, mi personalidad, mis experiencias (incluso mi acento). Y aunque juego a menudo la carta de «yo puedo decir que esta ciudad es preciosa, porque no soy de aquí», realmente estoy mintiendo un poquito, porque sí que lo soy.

A la izquierda, junio de 2008, justo antes de mudarme.
A la derecha, octubre de 2021, mi último mes en la ciudad.


 

Pero, sin esperarlo, esta etapa ha llegado a su final. Cuando más enraizado me sentía, cuando estaba ya empezando el máster e incluso planteándome comprar alguna casa en la ciudad o alrededores en cuanto tuviera trabajo, el mundo laboral me envía fuera, en este caso a Catalunya. Y a pesar del cariño que le tengo a esta ciudad y a todos los amigos que tengo aquí, incluso al hecho de tener a mi familia a una hora de coche, no tengo más motivos para quedarme cuando el trabajo me hace irme.

Se me está haciendo duro, muy duro, recoger todo lo que tengo aquí y pensar que me voy a ir, sobre todo porque no sé si volveré. De visita, claro que sí, siempre puedo, pero no sé si volveré a vivir aquí. Y eso me duele un poquito.

Pero por mucho que duela, hay que aceptar la vida y hay que intentar pensar en positivo. Espero que Catalunya me trate bien.

viernes, 25 de octubre de 2013

Entero de ningún lado

(conversación con Fede, caminando por Barcelona)
+ Es por aquí. Hazme caso a mí, que soy medio barcelonés.
- Ah, ¿eres medio barcelonés?
+ Sí, ¿has visto que tengo muchas mitades? Soy medio sevillano, medio valenciano, medio barcelonés...
- Ya, pero no eres entero de ningún lado.
+ Es lo que le pasa a la gente que emigra.

viernes, 12 de junio de 2009

De ninguna parte

Estoy en "mi casa" en Cádiz y una conversación un tanto... crispante me ha hecho pensar en este tema.

Aquel que emigra pasa por determinadas etapas. Al principio simplemente eres distinto y sólo piensas en lo poco que encajas. Sin embargo, es lógico, porque estás acabado de llegar.

Pero luego eso se transforma en un sentimiento de deslocalización que es muy característico, que sólo conoce el emigrado. Un sentimiento de no ser de ninguna parte, de no sentirse en casa en ningún lugar. De que siempre falte algo.

Al cabo del tiempo, ves que el lugar de donde vienes ya no es el mismo que conocías, puesto que ha evolucionado, ha cambiado. Sin ti, por supuesto. Y ahí te das cuenta de algo muy obvio, pero que no es agradable de pensar, que no hacías falta, y que tu casa ya no es tu casa.

En el lugar adonde has llegado no conoces nada, eres el extranjero y el desinformado. Al principio es raro, pero una vez que te has convertido en extranjero también en el lugar que considerabas tu tierra, acabas acostumbrándote y resignándote. Enhorabuena, te has convertido en el eterno extranjero.

Yo soy uno más de esos eternos extranjeros, que no son de ninguna parte. Fui gaditano y siempre lo seré por dentro, pero San Fernando ya no es mi casa.

Y ante esta situación, para sobrevivir hay que adaptarse. Así que si hay que ser sevillano, pues ningún problema, manos a la obra.