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viernes, 9 de junio de 2023

De los errores que jamás superas

Hay cosas que son demasiado personales, incluso para ponerlas por aquí, que al fin y al cabo es un sitio abierto y cualquiera sabe quién puede venir a leer.

¿Pero cómo superas el mayor error de tu vida? ¿Cómo aprendes a vivir con tu mayor equivocación, sabiendo el mal que hiciste a otras personas y el que te hiciste a ti mismo, que en ese momento no veías?

¿Cómo puedes aprender a no desear volver atrás? ¿A asumir de una vez que 2016 no va a volver a ocurrir y no tienes manera de deshacer lo que hiciste?

¿Y cómo dejas de pasar los días leyendo y mirando cosas de 2016 con lágrimas en los ojos?

Bueno, yo estoy en ello.

jueves, 20 de abril de 2023

Una breve mirada al pasado

Una de mis peores costumbres es que guardo muchas, muchísimas capturas de pantalla. Cada vez que quiero enseñar a mis amigos algo que he visto online, hago capturas de pantalla; hasta aquí es normal porque lo hacemos todos. Pero también hago capturas de pantalla cuando veo cosas que me hacen ilusión, y las hago para tenerlas yo y encontrármelas más adelante. Y también he hecho capturas de pantalla menos agradables.

Los que me conocéis ya sabéis que en 2018 pasé por una relación muy desagradable con una persona que no me trató de la mejor manera. La dinámica que había entre los dos hacía que bastante a menudo tuviera que hacer capturas de pantalla de nuestras conversaciones o de comentarios en redes sociales porque a menudo borraba mensajes, negaba haberlos escrito o incluso aseguraba haber dicho lo contrario de lo que decía en ellos.

Como Google me está diciendo que se me está acabando el espacio en mi almacenamiento, he entrado en Google Fotos y he encontrado, archivadas, un montón de capturas de pantalla de 2018. Me las he ido encontrado por orden cronológico, del principio al final, y he vivido a cámara rápida el torbellino de emociones que fue aquella relación: de la ilusión y la incertidumbre, primero a la seguridad, después a la manipulación y finalmente a su ira cuando dejé de permitirle manipularme, la cual no acabó con el fin de la relación, sino que se prolongó unos meses más.

Al principio miraba las capturas por encima, con un poco de repelús incluso con las más "agradables", las primeras. Pero conforme iba avanzando y el tono se iba poniendo peor, he dejado de leer. Solo veía su nombre arriba del todo y pulsaba borrar. Y me alegro de haberlas borrado y no poder leerlas más, porque aunque haya superado el maltrato, no puedo superar haberme permitido pasar por eso, haberme metido donde me metí y haber dejado que me tratara como me trató.

Hay cosas que es mejor que no estén en tu vida. Ni en capturas, ni siquiera en recuerdos. 2018 es un año de mi vida que deseo que no hubiera existido. Si bien hay quien dice que de todas las experiencias se aprende y de todas podemos sacar cosas buenas, sinceramente yo desearía no haber pasado por eso, no creo que me haya aportado (casi) nada y no creo que haya aprendido nada que compense lo mal que lo pasé.

Y de esta persona solo espero que haya dejado de hacer daño a los demás.

domingo, 24 de diciembre de 2017

El puente del Centenario

Llevo casi diez años viviendo en Sevilla, y nunca había subido a los Sagrados Corazones. Es un sitio emblemático y que todo sevillano conoce; yo quería ir pero hasta hoy no me ha dado por hacerlo. Si no lo conocéis os comento; los Sagrados Corazones es un cerro con una iglesia que está en San Juan de Aznalfarache. A mí la iglesia ya os podéis imaginar que no es lo que me interesa, sino las vistas; se ve Sevilla de una manera espectacular.

Quise hacer fotos, pero la luz no me acompañaba nada. Aquí os dejo una que he subido a Instagram.

En los Sagrados Corazones, esta tarde de nochebuena

Aparte de la bonita capa de contaminación que cubre Sevilla, se ve al fondo el puente del Centenario. Sevilla, surcada por la dársena del Guadalquivir, está cosida por nueve puentes (el Centenario, las Delicias, los Remedios, San Telmo, Triana, el Cachorro, la pasarela de la Cartuja, la Barqueta y el Alamillo) y de todos ellos este es mi favorito.

¿Por qué me gusta tanto este puente? Me podréis decir, y con toda la razón, que lo construyeron mal, porque se ha quedado pequeño, porque cuando introdujeron el carril reversible dejaron los demás tan estrechos que ahora hay que ir a 60... y tenéis toda la razón. Y si me recordáis que está siempre atascado, estaréis en lo correcto (aunque eso no es culpa del puente, pobrecillo).

La foto es de junio de 2015, por eso estoy tan cambiado. Y vale que el puente se ve poco, pero está ahí detrás, es el testigo mudo de todo lo que pasa en la ciudad


Me gusta por su estética, porque es grande, es majestuoso. Pero sobre todo, porque para un gaditano, el puente del Centenario es la puerta de entrada a Sevilla. Os contaré una historia.

Sábado 19 de julio de 2008. Dani es un chaval de 23 años, cañaílla, que ha dejado sus prácticas en el Puerto de Santa María porque le han hecho un contrato de verdad en una empresa de verdad, pero en Sevilla. Así que se ha hecho dos maletas, las ha metido en su Kia Picanto de segunda mano y se ha echado a la carretera, a hacer el camino más largo que había hecho hasta ahora (solo tiene cinco meses de carné de conducir).

Una hora y media después aparece él por el horizonte.
La foto es de Google.

Y él me anuncia que he llegado. Que he llegado a la gran ciudad, a mi nueva vida.

Recuerdo que esos días tenía mucha ilusión por el cambio, pero me daba miedo, me daba vértigo. Temía que las cosas salieran mal. Pero tenía que hacerlo, tenía que buscarme a mí mismo y crecer. Y eso fue lo que hice.

Una de mis películas favoritas fue siempre El bar Coyote. Una película muy criticada, por simplona, por superficial, o por lo que queráis. Me da igual. Me encantaba la historia de Violet Sanford, que decide abandonar South Amboy para irse a la gran ciudad a perseguir su sueño. Y lo pasa mal. Le pasa de todo. Pero acaba siendo ella misma y consiguiendo su sueño.

Yo no tenía un sueño determinado cuando me vine a Sevilla, pero me vine a ser yo mismo, y lo acabé siendo. Y así estoy.

Esta foto también es de Google. El puente visto desde la avenida de la Raza.
Pues este puente simboliza eso para mí. Simboliza a esta ciudad, mucho más que la Giralda, mucho más que la Torre del Oro. Para mí, Sevilla es el puente del Centenario. Y por eso me encanta.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Reflexión personal sobre Un monstruo viene a verme

El pasado fin de semana vi la película Un monstruo viene a verme. Ya la había visto, pero un amigo la quería ver así que lo acompañé al cine.

He de decir que esta segunda vez lloré más que la primera, no puedo adivinar por qué, aun sabiendo lo que iba a pasar.

No voy a decir que sea un peliculón, porque hay partes que me parecen mejorables, pero el final es muy bueno, y a mí personalmente se me hace algo doloroso.

No leas a partir de aquí si no has visto la película, porque te la voy a destripar.

Y parecerá estúpido que me afecte personalmente, pero hay cuestiones personales que, aun habiéndolas superado hasta el punto de que no me afecten en mi vida cotidiana, nunca pueden terminar de cerrarse.

Hablo de Conor y la muerte de su madre. Salvando las distancias por la edad, yo viví una situación parecida hace casi cinco años. Aunque por suerte tengo cuatro hermanas que me quieren mucho, siempre estuve muy unido a mi madre. Vivía a 130 km, pero la llamaba cada día, la visitaba varias veces al mes, consultaba con ella todas mis dudas. Era una parte fundamental de mi vida, aun siendo yo un adulto independiente.

Murió un día de año nuevo, tras meses con un estado de salud que no paraba de empeorar. Tenía yo 27 años (ahora tengo 32).

Por eso esta película me hace revivir todas las sensaciones dolorosas que tuve en aquella época. Por un lado la angustia de ver cómo se encontraba cada día peor, sobre todo los dos últimos días, y el deseo egoísta de querer que todo ese sufrimiento se acabara ya. Por otro, el dolor porque se iba, y porque no quería que se fuera, porque uno nunca está preparado para que se vaya alguien tan importante. Y, por último, el miedo. El miedo a afrontar la vida solo. Y esos meses posteriores de sentirme en la más absoluta desorientación, de no saber qué hacía ni adónde iba, de no pensar lo que haría la semana siguiente porque no me encontraba preparado para vivirla.

Esto pasó hace casi cinco años. Me acuerdo cada día de ella y sueño con ella a menudo. Miento si digo que no me duele que ya no esté. Pero no me paraliza. Y quizá películas como esta me ayudan a valorar lo que tuve, y a no dejar que el dolor me haga olvidar lo que merece ser recordado.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Libros y sus índices

Crecí en una casa en la que, si algo no faltaba, eran libros. Había toda clase de obras literarias y de referencia. Mi madre leía mucho (mi padre supongo que también, pero no tengo recuerdos de eso) y mis hermanas también lo hacían.

De chico mis libros favoritos eran los de referencia, me pasaba el día mirando atlas y leyendo enciclopedias. Recuerdo que los teníamos de muchos tipos; en concreto recuerdo que todos los atlas llevaban las fronteras anteriores a 1990 salvo dos, e incluso en estos dos seguía sin aparecer Checoslovaquia dividida o Eritrea independiente.

El más antiguo que teníamos había sido impreso a principios de los 70 (¿1974 puede ser?) y me resultaba muy exótico, por cuanto muchos de los países tenían nombres diferentes. Yibuti no era Yibuti, era el Territorio francés de Afars e Issas. Egipto aparecía con el nombre de República Árabe Unida, que sólo de mayor me enteré de que había sido un proyecto fallido de federación entre Egipto y Siria.

(Por cierto, que la Guerra Fría me parece un periodo histórico apasionante. Recuerdo haber visto en la tele la caída del Muro de Berlín y los acontecimientos que acabaron por desmembrar la URSS y, por supuesto, no era consciente de la importancia que tenía. Hoy cuando leo sobre eso no puedo más que imaginarme lo inquietante que debía resultar.)

Divago, pero con esto me quiero referir a que crecí en una familia donde se daba mucha importancia a la cultura, en este caso, reflejada en la letra. Y es que las ocasiones en las que abría un libro con alguien de mi familia, ya fuera una enciclopedia, un atlas o cualquier otro, eran bastante frecuentes.

Siempre pienso que debido a eso soy muy curioso y me gusta saber más, leer más, informarme de todo lo que me interesa, buscar la respuesta a cada duda que me surge. Aún hoy algo que me caracteriza es que cuando me interesa un tema me paso días leyendo todo lo que puedo para enterarme de todo.

Y no olvidaré una vez que cogí un libro para buscar algo (no puedo recordar el qué), pero al abrirlo y mirar las primeras páginas, no encontraba el índice. No tenía.

Cuando expresé mi malestar porque no podía encontrar lo que buscaba, mi madre me respondió. «Busca el índice al final». Gracias a ella, descubrí que los libros más antiguos solían llevar el índice en la última página y no en las primeras.

Por eso recuerdo ese día cada vez que abro un libro y su índice está al final. Recuerdo ese día, recuerdo a mi madre, y agradezco la educación que recibí en casa.