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jueves, 2 de julio de 2026

Entregarse al sistema

Una película que me encanta es Good bye, Lenin. Probablemente, no por los motivos que hubiera querido el director, pero me gusta mucho, y hay partes que me han hecho llorar.

No tengo muy claro si la película es anticomunista o no lo es. A mí me reafirma en mi comunismo, pero creo que la historia de Christiane Kerner pretende ser una crítica al sistema socialista.

Os voy a hacer spoiler, pero la película tiene ya 23 años y habéis tenido tiempo de verla. Si la vais a ver, no sigáis leyendo.

La trama argumental de la película consiste en que Christiane Kerner es una ciudadana comprometida de la República Democrática Alemana a la que le da un patatús cuando, una noche de 1989, ve a su hijo siendo detenido por la policía por manifestarse contra el gobierno. Se pasa meses en coma y, cuando despierta, el médico recomienda que no le den disgustos, así que el hijo decide montar todo un teatrillo para ocultar que han desmantelado la RDA y están en proceso de anexión por parte de la Alemania capitalista.

Hacia el final de la película, se descubre que Christiane no fue siempre esa comprometida ciudadana, sino que en los años 60 había planeado huir con su marido, un médico, al lado capitalista. Esto era el pan de cada día en la RDA: la guerra económica a la que la sometía el lado capitalista. Aunque los obreros manuales tenían mucho mejores condiciones y salarios en la RDA, los profesionales liberales (médicos, abogados, ingenieros) recibían mucho mejores salarios en el oeste, por lo cual se veían tentados a emigrar. En la película, el señor Kerner aprovecha un permiso para asistir a una conferencia en Berlín Oeste para pedir asilo y quedarse allí; la idea era que su mujer se reuniera con él, pero tras el no retorno de él, la agencia de seguridad empieza a seguirla de cerca, impidiendo así que ella se fuera. Es la frustración de ella por no haber podido marcharse la que la empuja a entregarse al sistema socialista y colaborar con él activamente, por lo cual empieza a recibir reconocimientos y medallas.

¿Por qué pienso en esta historia? Porque yo vivo en una frustración constante con el sistema capitalista y con el trabajo. Vivo y trabajo cada día con la esperanza de un día no tener que hacerlo más, pero la frustración va en progresivo aumento, entre otras cosas porque lo único que me podría permitir eso sería una lotería cuyas probabilidades son ínfimas. Sería más sencillo venir contento a trabajar y a que me explotaran, pero mi historia no es la de Christiane Kerner y yo, por desgracia, no tengo la opción de colaborar con un sistema que realmente me favorece.

¿A estas alturas, a estas edades, puede uno cambiar el chip y entregarse al trabajo asalariado, a la extracción de plusvalía como si fuera algo natural y enriquecedor?

domingo, 26 de abril de 2020

Retoma de contacto

Bien, mi querido Aitor me ha recordado que hace tiempo que no escribo en el blog y le tengo que dar la razón. Y de hecho, hace tanto tiempo, que he entrado en Blogger e incluso habían cambiado la interfaz. Ahora sí que parece otro servicio de Google.

También me ha dicho que no tengo que limitarme a volcar frustraciones porque acabo muy viciado. Pero en este momento es lo único que me viene a la mente.

Hace cuánto, ¿cuarenta días? que estoy encerrado en casa y los efectos no están siendo devastadores, pero los siento como pasos atrás.

Para hacer una verdadera retoma de contacto os tengo que actualizar. Por fin de año volví de Hamburgo y lo hice decidido a dejar atrás los hábitos destructivos que había adquirido en el último año. Decidí visitar una terapeuta, con quien hice algunos progresos. Entre otros, me ayudó a pasar página de lo que pasó con Juanjo, identificando lo que había estado mal en esa relación, y me dijo que en mi vida faltaban gravemente las recompensas, por eso las acababa buscando donde no tocaba.

Estaba empezando a salir más, a quedar más con gente con quien normalmente no me atrevía, cuando nos sobrevino la pandemia esta, i ahora estoy encerrado en casa sin hacer nada excepto salir a hacer la compra. Exactamente como era mi vida en el año 2005, un año para olvidar. Cuarenta días después lo que siento es que no me veo capaz de hacer nada, de tirar adelante. Por un lado, quiero que las cosas sean como antes; sin embargo, por otro, no quiero verme en la situación de tener que enfrentarme a la vida.

Tengo un trabajo adonde no quiero volver porque el ambiente se ha vuelto imposible, y en algún momento el ERTE se acabará.

Tengo una carrera que estoy dejando abandonada porque no soy capaz de ponerme a estudiar y el tiempo se me va: estamos acabando abril, han pasado tres meses de cuatrimestre y no he estudiado nada. Me he hecho un calendario de estudio que ni siquiera estoy cumpliendo. Verás qué risa el mes de junio.

La vida afectiva no existe, pero ahora mismo tengo excusa para que no exista. Cuando levanten el confinamiento no tendré y no me podré quejar de que nadie me quiere porque no estaré poniendo remedio. Hablar por Whatsapp o por Twitter es muy cómodo, pero cuando haya que quedar en persona volverán las inseguridades. Por Internet somos todos fantásticos, y si alguien no lo piensa, nos da igual porque podemos pasar de él.

Ya me he viciado de nuevo. Pero prometo que el próximo texto no será tan frustrante.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Se nada der certo, continue fazendo nada

La libertad de saber que no te lee nadie, incluso menos gente que en la candado de Twitter.

Es domingo por la tarde. Bueno, son las 14.28, que para los alemanes ya es por la tarde, porque la hora de comer ya fue hace unas dos horas. ¿Y qué estoy haciendo? Estoy en el gimnasio.

La vista desde la bici en la que estoy. Llueve. Como todos los días en Hamburgo.

No sería nada extraño si no fuera por el motivo por el que me he venido. Y es que he decidido venirme porque tenía tal ansiedad que he abierto dos veces el frigorífico buscando comida.

Claro, "busca algo que hacer, lee, estudia, ve series". No sirve de nada si no te puedes concentrar, porque a los dos minutos de haber empezado lo quito buscando alguna otra estimulación. Y las mías son de las que te hacen sentir mal después de acabar como, por ejemplo, comer. Así que al menos en el gimnasio no puedo hacer ninguna de ellas y además me ejercito, aunque me aburra como una ostra.

Pero es que claro, mi salud mental es este meme.

This is fine.

Me obligo a pensar que todo está bien y que todo podría ser peor. Y es que es verdad, mis problemas son una gilipollez comparados con los problemas de la gente.

Estoy en Hamburgo. No me gusta vivir aquí, pero sé que se acabará dentro de tres meses. A lo tonto ya llevo aquí mes y medio.

Pero es que cuando vuelva, lo que me espera es peor. Un trabajo donde el ambiente ya estaba mal antes de venirme y donde estará peor cuando vuelva.

No puedo buscar otro trabajo porque sin estar titulado no me consideran en ningún sitio.

Pero no me puedo titular hasta que no acabe lo que me queda de la carrera.

Y no puedo dedicarme a estudiar si no trabajo, porque necesito comer. Y si dejo el trabajo, no tengo prestación por desempleo. Pero en mi empresa ya han insinuado que no van a despedirme, que si me quiero ir, debo firmar la baja voluntaria.

Todo esto sin considerar el pequeño detalle de que no creo que haya ningún trabajo para el que realmente sirva.

Desde el punto de vista social, aquí en Hamburgo estoy completamente solo. Y no me gusta. Pero tampoco quiero ver a nadie, porque me provoca una tensión que no me apetece soportar. Me vienen a la mente pensamientos que intento evitar. Siento que mis amigos y familia se limitan a tolerarme, pero que realmente soy poco más que una carga. Luego, racionalmente, pienso que no es así y que no tengo motivos para pensarlo. Pero así lo siento y esto me hace comportarme de una manera aún más rara. Hola, círculo vicioso. He vuelto a mis 14 años.

Y del emocional, ¿qué os voy a contar? Me siento atado de pies y manos. ¿Por qué, Dani? Deja ya de ser un drama. Pues mira, porque estoy convencido de que no voy a conocer a nadie que me entienda o a quien le interese. Sé que está todo relacionado con lo del párrafo anterior. Pero tampoco sé cómo llegar a conocer a nadie a quien le pueda interesar. Además de que a mí me gusta poca gente para más de un rato.

Y esto me lleva a una espiral destructiva, a querer aprovechar el tiempo que estoy aquí pero no tener ganas de hacer nada. A querer aprovechar las tardes después del trabajo pero llegar a casa tan cansado y desganado que lo que hago es comer dulces y sentirme mal. 

Así que me fuerzo a decir This is fine mientras todo arde, porque si hubiera visto alguna salida ya la habría cogido.

Y por eso estoy aquí en el gimnasio ahora.

Si nada sale bien, continúa haciendo nada, porque salió bien

domingo, 11 de agosto de 2019

En lugar hostil


Te despiertas en una habitación de hotel de mala muerte. Has dormido algo más de cinco horas porque llevas tres semanas trabajando de noche y aún tienes el ritmo cambiado. Y no has podido seguir durmiendo porque se oye todo lo que pasa en las habitaciones de al lado y los portazos de los otros huéspedes al salir de su habitación para entrar en el váter compartido por toda la planta, que tienes justo enfrente de tu puerta.

Te preguntas si es el peor sitio en el que hayas dormido jamás y te das cuenta de que probablemente sí, a porfía con ese mugriento hotel en Coimbra en el que pasaste una noche en un viaje escolar en el año 2000, la primera vez que dormiste fuera de casa. Este al menos no está sucio, pero vives con el miedo de que, en cualquier momento, alguien aporree tu puerta gritando cosas que no entiendes.

Estás en el centro de Hamburgo, junto a la estación central de ferrocarril. Sabes cómo has llegado hasta aquí, eres capaz de reconstruir todos los sucesos que te han traído hasta donde estás, pero no sabes qué demonios estabas pensando cuando aceptaste sucesivamente todas esas proposiciones que te han llevado lejos de casa y de aquello que te gusta.

Te quejabas de que no estabas bien, pero ahora miras esta habitación con ducha y un lavabo que no traga, tan pequeña que si abres la maleta no puedes abrir la puerta, y te preguntas si la solución a tus problemas era huir a un sitio hostil, a un trabajo que no conoces, y del que ya te han avisado que va a ser desagradable.

Echas de menos tu casa, tu cama, tu ciudad, tu coche, tu moto, incluso tu verano, ese del que tanto te quejabas. Y aun así no puedes permitirte pensar en esas cosas. Reprimes la nostalgia porque recuerdas que necesitas encontrar piso en esta ciudad antes de que acabe la semana, sabiendo que no vas a encontrar nada por menos de la mitad de tu sueldo mientras estés aquí, porque la ciudad es cara y ninguno de esos propietarios de casas en las que no viven quiere alquilarle un piso a un tío que solo viene para cuatro meses. Vuelves a sentir asco por el capitalismo, pero te ves obligado a jugar con sus reglas, así que ya es otro sentimiento que reprimes.

Hace un mes estabas en Sevilla y no tenías ni idea de que te iban a enmarronar yendo a Bremen primero y a Hamburgo después. Tú no querías esto, tú lo que querías era dejar el trabajo y terminar tu carrera. Ahora sigues atado en la misma empresa pero con un plus añadido de supervivencia, y por otro lado, lo único que te llenaba, tus estudios, los has dejado aparcados un cuatrimestre por esta mierda de idea de la que apenas sacarás quinientos euros al mes.

Y encima te quedas colgado de un compañero de curro al que solo conoces de tres semanas y que no volverás a ver pero, aunque lo hagas, no tienes claro si es hetero o si tiene novio, solo tienes claro que tus posibilidades son cero y que, probablemente, aunque las tuvieras, no te conviene.

Quieres pensar que has tocado fondo, pero en ese instante te recuerdas que eres un dramático, que «por lo menos tienes trabajo», y esa malintencionada conciencia que te introdujeron en tus años de crianza y aprendizaje te hace sentir mal por no estar bien, por no sentir los sentimientos correctos, los que se esperan de ti.

Feliz domingo Dani, disfruta de tu vida.

Actualizo: el mismo día que escribí esto, por la noche, encontré chinches en mi cama. Me habían picado. No, la habitación no estaba limpia como yo me pensaba.

domingo, 19 de marzo de 2017

¿El valor para marcharse?

Os lo cuento por aquí: en mi empresa han sacado cuatro de puestos fuera de la ciudad. No para misiones temporales, sino como destinos de larga duración.

Habiéndome planteado mi situación actual, a saber, en mayo hago cinco años en la empresa y, como digo yo, han sido cinco años sin moverme de la silla, creo que lo correcto es aprovechar esta oportunidad y presentar la candidatura a estos puestos.

(A ver, que tampoco está mal, porque mi puesto es el que más me gusta dentro de la empresa, pero a veces se agradece que cuenten con uno para tareas diferentes).

Por supuesto, ya he entrado en modo pánico ante la posibilidad de:
  • hacer una mudanza otra vez
  • tener que tirar un montón de trastos para viajar ligero
  • no tener una residencia fija
  • vivir en un sitio donde los alquileres son desorbitados
y, por último pero no menos importante, abandonar Sevilla.

Llevo casi nueve años aquí y la siento como mi ciudad. No me hace gracia marcharme y que deje de ser mi sitio. Pero hay oportunidades que no se pueden dejar pasar, sobre todo cuando tenemos una edad.

Os iré contando las novedades.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cambio de ciclo

Bueno chicos, hace mucho, mucho que no escribo nada por aquí, así que voy a actualizaros así rápidamente.

Y sobre todo porque hay dos actualizaciones importantes, aunque los que me sigáis en Facebook estaréis bastante informados.

¡La primera de las dos es que tengo coche nuevo! Después de un desafortunado incidente con mi Kia Picanto, decidí que era hora de cambiar de coche. Y tras estudiar diversas posibilidades (Renault Clio, Peugeot 207, Toyota Yaris, Volkswagen Polo) decidí irme al coche que había sido mi favorito desde que aprendí a conducir. Así que desde el 15 de marzo soy feliz propietario de un Seat Ibiza negro, precioso. Que, además, consume poquísimo.

Y la segunda es que el próximo día 23 de mayo abandono MP Aeronáutica. La primera empresa en la que he trabajado y en la que ya era indefinido, pero cuyas condiciones laborales y el pésimo trato al empleado han hecho que valore más cambiar de empresa que seguir con la "estabilidad" que me ofrecían. En ella he conocido a gente muy, muy valiosa, y no sólo como trabajadores sino también como personas. No voy a echar de menos a la empresa, ni la manera en que racanean los pluses en la nómina, ni la manera en que obligan a la gente a trabajar horas extras sin pagárselas, o a hacer viajes pagando dietas por debajo de convenio, pero sí echaré de menos a los que han sido mis compañeros, y espero que les vaya muy bien a todos.

Son dos importantes cambios que han venido muy seguidos, y que tienen muchas cosas en común. Compré el Kia en 2008, empecé en MP también en 2008. ¿Habrá algo más que haya empezado en 2008 que vaya a cambiar este año?

domingo, 31 de julio de 2011

Freier Fall

Si dijera que esta ha sido una de mis peores semanas, estaría mintiendo. Sobre todo, porque es una de esas semanas de 14 días, una semana en la que casi todos los días son miércoles, salvo porque uno de esos días cierran todas las tiendas - y, además, porque mi gimnasio cierra.

Aún me quedan cinco días para que llegue el fin de semana... y a veces lo dudo.

Mañana me ponen a formar a un compañero en mi trabajo. Mal momento.

lunes, 14 de marzo de 2011

À Toulouse, de nouveau

De nuevo en Toulouse. He llegado hoy tras una jornada muy sobresaltada, incluyendo levantarme muy temprano, pillar un taxi que me cobró un suplemento de un modo más bien errático, un AVE puntual a Madrid, un taxi a Barajas bastante irregular, un retraso de dos horas con Easyjet, un vuelo muy desagradable (inestable y lleno de adolescentes ruidosas), dos viajes en coche sin saber bien por dónde íbamos, y una semi-jornada laboral en un trastero.

Y, por supuesto, una insistente sensación de que no debería estar aquí.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Turno de noche

Los que me tenéis en Facebook o habláis conmigo a menudo ya sabréis que esta semana trabajo en turno de noche, de 23:00 a 7:00.

Hoy es mi tercer día y, la verdad, no es que me esté gustando mucho. No se va a acabar mi vida, pero preferiría estar de mañana o de tarde (lo cual no es ninguna novedad, a todo el mundo le pasa, creo).

El sueño ya lo sobrellevo bien, pero lo que no llevo tan bien es el aburrimiento. Hay poco trabajo (no sé si sería peor que hubiera mucho) y si no fuera por mi tarjeta de memoria donde traigo unos pocos de libros, creo que ya me habría cortado las venas.

De hecho, acabo de probar a ponerme a escuchar la radio. No he visto cosa más penosa. Sin duda el mejor momento para oír la radio es la tarde, porque los programas matinales dan algo de pena, pero es que los nocturnos son peores - eso en los canales que tienen "programa", porque la mayoría simplemente tienen puesta música aleatoria.

Por motivos obvios, los foros están más muertos que nunca a estas horas, así que lo más que se puede hacer es mirar hilos que habías ignorado antes y esperar que sean interesantes.

Y las tres de la mañana tampoco son horas para llamar a nadie y preguntarle cómo está.

En fin, que me queda la mitad de la semana. Al menos puedo decir que aprovecho las tardes.

jueves, 29 de julio de 2010

Vacaciones

Hoy mismo me han confirmado mis vacaciones, tendré casi un mes seguido (inaudito, los dos años anteriores no lo llegué a tener). Las empiezo dentro de dos semanas.

Pero nada decidido. De las ideas que tengo, ninguna me convence, o bien por demasiado cara, o bien por demasiado improvisada.

Ya veremos dónde acabamos, pero seguramente en algún sitio emocionante.

viernes, 9 de julio de 2010

Contrariado

Si pienso que sólo me queda por pasar aquí un fin de semana, me pongo contento, porque ya dentro de nada me voy.

Pero si abro los ojos y veo que queda una semana entera, porque no llego a Andalucía hasta el viernes, me desespero un poco por dentro.

Y digo un poco, porque desde hace unos días he puesto el piloto automático para no encontrarme ni bien ni mal, porque si no, la situación iba a acabar conmigo.

Todo el mundo me dice que disfrute de la situación, pero pasando taaaanto tiempo en el trabajo se me hace un poco difícil.

En fin, espero y deseo que llegue ya el día 16, que además, vuelvo a mi país en un día que es festivo en mi ciudad.

lunes, 28 de junio de 2010

12 horas

12 horas llevo en la ciudad occitana de Tolosa de Languedoc, más comúnmente conocida por su nombre francés, Toulouse. Y aunque gran parte de ese tiempo lo he pasado durmiendo, ya he salido a la calle y tengo algunas primeras impresiones que compartir.

Lo primero es que es una ciudad excesivamente húmeda. Este calor húmedo es del que te hace sudar. Después de dos años viviendo en Sevilla, donde te da el sol y sólo te agobia pero no sudas, porque no hay humedad, y toda una vida en Cádiz, donde el calor es húmedo pero el incesante viento lo alivia, esta sensación se me hace un tanto incómoda. A este paso voy a acabar sudando todas las camisetas antes de lo previsto.

Las panaderías-pastelerías (más centradas en pan y bocadillos que en dulces) están por todas partes. No he probado todavía nada de lo que venden, pero lo haré pronto.

Siempre pensé que París era caro, pero no me imaginaba que Francia entera lo era. Lo es, ciertamente. Esta mañana he ido a Carrefour (siempre nos quedará Carrefour), donde los productos Carrefour tienen un precio razonable pero los de marcas conocidas son MUY, MUY caros. La diferencia es abismal, más del doble y a veces del triple.

No he paseado mucho, mañana me acercaré al centro y eso; hoy sólo he estado por una avenida que me recuerda a la Ronda Histórica de Sevilla, pero con árboles grandes. Es de destacar que la gente tiene la costumbre de cruzar por los pasos de cebra, sí, pero cuando están en rojo para los peatones, en lugar de esperar el verde. En un par de ocasiones me he sentido gilipollas esperando el verde cuando toda la gente que llegaba a mi lado cruzaba como si no hubiera un mañana.

Hay más cosas que destacar, como lo moderna que va vestida la gente (sobre todo de 50 años en adelante), pero ya lo dejaré en alguna otra entrada.

lunes, 14 de junio de 2010

Novedades

Hace tiempo que tenía que haber escrito, pero no lo he hecho. Disculpadme.

Podía haber hablado de que al final ganó Eurovisión mi favorita, Alemania. Fue increíble, en mis 16 años de seguidor de Eurovisión nunca había ganado mi favorita. Además es Alemania. Fue una gran alegría.

Podía haber hablado de que el día 5 hice un año con el hombre al que más quiero, es mucho más de lo que había durado con nadie, y con vistas a seguir adelante.

Podía haber hablado también de la Feria de Alcalá, que fue la semana pasada.

Hoy actualizo para deciros que a finales de mes me mandan dos semanas a Toulouse.

Y aunque sólo son dos semanas y todo el mundo me dice que no es nada, yo lo veo ahora mismo como el fin de mi vida. Allí no sólo voy a estar solo y sin saber el idioma, sino que además voy a pasarme entre 52 y 64 horas a la semana en un trabajo que aborrezco. Además en una época que quería pasar en Andalucía.

Ya estoy deseando que llegue el 11 de julio para estar de vuelta.

lunes, 15 de marzo de 2010

¿Lunes?

Creo que lo ÚNICO bueno de trabajar el fin de semana es que desaparece el sentimiento de lunes. Vivo en un eterno miércoles: ni recuerdo mi último día libre, ni veo cerca el próximo.

Pero sé que el jueves me espera un fin de semana de tres días después de haber trabajado once seguidos, cambiando de turno tres veces.

A ver si así mi economía se recupera un poco, que por el domingo me pagarán especial.

Por supuesto sigo soñando con una vida mejor en otro lugar (es decir, trabajo), pero por ahora sólo son sueños. Eso sí, sueños que pronto tocaré con las manos.

Del fin de semana sábado y el domingo mejor ni hablo. Hubo eventos y alternes, pero nadie me quita haber perdido las mañanas.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Harto

Muy harto. Ya, siempre lo estoy, lo sé, siempre me estoy quejando. Pero para eso está mi blog, ¿no? que aquí sólo me lee el que me quiere leer y me responde el que me quiere responder. Básicamente porque ya me harta no poder quejarme de mi trabajo, porque toooodo el mundo me responde que "al menos tengo trabajo". Genial. Así que aquí vengo a quejarme. Y me quejo porque a partir del viernes volvemos a trabajar a triple turno (incluidas noches), a no saber si trabajamos el fin de semana hasta el propio viernes (con la imposibilidad de hacer planes que conlleva),... y con el añadido de que ahora mi empresa no nos pagará los fines de semana como horas extras, sino como la mitad de horas normales y un día de vacaciones. Y digo yo, ¿para qué quiero más días de vacaciones si no voy a tener dinero para irme a ningún sitio porque no me pagan las horas extras?

Pues es la maldición que me ha caído, consecuencias de haber hecho las cosas mal hace tiempo.

Además está el hecho de que en julio me cumple el contrato y en mi empresa están echando a gente, así que es posible que en julio me vaya al paro.

Por supuesto sigo echando currículos, a ver si en alguna empresa les llamo la atención y puedo pasar a algo mejor, que creo que ya me va tocando.

jueves, 4 de febrero de 2010

Reconocimiento

Resulta que ayer tuve que pasar un reconocimiento médico. Ya lo pasé cuando entré en la empresa, pero al parecer caducan y ayer me tocó volver a pasarlo.

Siempre es una ocasión para poner a prueba al personal sanitario (médicos y enfermeros), que siempre la catean (xDDD). No es por desmerecer a los médicos y enfermeros en general, pero podría hacer un acúmulo de reacciones distintas cuando les digo que tengo una hemoglobinopatía.

La de ayer fue muy fabulosa. Una enfermera rellenando un cuestionario con mis datos:

Enfermera: ¿Y padece usted alguna enfermedad o trastorno?
Daniel: Enfermedad no, pero tengo una hemoglobinopatía.
Enfermera: Bien. ¿Y se la controla?
Daniel: [no sé si echarme a reír, pero creo que mejor no] mmm... bueno, es que es algo que está ahí, es heredado y no cambia.
Enfermera: ¿Pero se hace análisis regularmente para controlársela?
Daniel: [sí, vivo con el miedo de que mis glóbulos rojos monten una fiesta] no, verá, es que no hay que controlar nada, no cambia con el tiempo.

En fin, yo comprendo que una hemoglobinopatía no es algo que tenga todo el mundo, pero tampoco es taaaan rara. Entre eso, la de veces que me tuvieron que poner las chuponas para el electrocardiograma porque no daban señal, y la publicidad descarada para que usara sus servicios dentales, la Policlínica Los Remedios se cubrió de gloria.

Música: Erica Magdaleno - Soul survivor. Lo sé, no es ninguna joya de la música, pero me trae recuerdos eurocajoneros.

viernes, 29 de enero de 2010

Cool

(Este post originalmente se quedó en borradores porque no me gustaba. En febrero de 2016 lo releí y decidí publicarlo.)

Lo primero, alguien me ha aconsejado, y tiene razón, que impida a los anónimos escribir comentarios. Lo siento porque es darle demasiada importancia al infeliz que vino ayer a mi blog a criticarme por lo que yo había escrito en otro lugar, en lugar de responder allí. En fin. Por lo pronto, ahora para comentar habrá que estar registrado en Google o en OpenID.

Y como bien sabe mi querido amigo Quique, las Girls Aloud son muy sabias y conocen la vida como nadie. Ya cantaban en Deadlines and diets ese verso tan real, I'm cool until reality hits me in the face. Y es que la realidad tiene que pegarte en la cara de vez en cuando porque si no, el universo no está equilibrado. La cuestión es estar cool el resto del tiempo.

Claro que todo es cuestión de resignación, pero si anteayer no quería pensar con más de diez días de antelación, hoy no quiero pensar en mañana. Será por eso que aún no me he ido a dormir.

Para dar alguna buena noticia, hoy he firmado la prórroga de mi contrato por seis meses más. Tiene gracia que esto sea una buena noticia.

Y me he comprado un móvil pijísimo, que me encanta pero no necesito. Así luego van diciéndome que de comunista tengo poco. Pero no soy responsable de que la gente no tenga ni idea de lo que dice.

lunes, 25 de enero de 2010

Asustado

Bueno, que el futuro me asusta es algo que todos sabéis. Me pasa sobre todo cuando las cosas van bien. Pero algunas veces tengo más motivos que otras para tener miedo. Y es que la incertidumbre es muy puñetera, querida audiencia.

Porque en todos los ámbitos se avecinan tiempos negros, muy negros; en el personal y en el laboral. Y por eso hace como una semana que no quiero mirar a más allá de diez días por delante. Que venga lo que sea, que prefiero no enterarme hasta que me llame a la puerta y me pegue en la cara.

Por lo demás, aunque no os escriba mucho, que sepáis que no me he olvidado de ustedes. Simplemente, no hay mucha novedad y la que hay no me apetece comentarla por algún motivo u otro. Pero no me he ido, que os quede claro.

Ahora me voy a dormir con mi hipopótamo de punto.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Caaaaambio de turno, otra vez.

Si en algo son expertos en mi trabajo, es en cambiarme el turno inesperadamente. Justamente después de la noche que describí aquí mismo, me llamaron al día siguiente para decirme que volvía a la mañana. Vuelvo a ser una Teresa Campos de la vida. Salvo con más glamour, claro, como una Barbie Fashionista cualquiera.

Y no quiero hablar muy rápido, que es mi especialidad, pero hacía semanas que no me sentía tan bien como me he sentido hoy. Que dure, que dure.

A destacar negativamente: los gays buscando carnaza en el baño de la estación de Plaza de Armas. Por favor, buscaos otro sitio, que el que necesita mear no puede concentrarse si le miráis el rabo.

martes, 24 de noviembre de 2009

Turno de noche

Gran error: tomarse una Coca-Cola a las 7 de la mañana para evitar quedarse dormido al volante. Porque evitas quedarte dormido al volante, al llegar, al acostarte y evitas dormirte un buen rato después. XD

Sí, hoy (¿ayer?) ha sido mi primer día de turno de noche y ha sido bastante... extraño, por decirlo de algún modo.

Entras a las 23, te pones a trabajar fresco como una lechuga, y a partir de la 1 empieza a entrarte el bajón. Sigues bajando hasta que a las 3 paras para comer algo, pero cuando vuelves es aún peor. Vamos, que de 5.30 a 6.30 apenas he rendido, era imposible. Ahora son las 8 y por culpa de la Coca-Cola que me tomé antes de salir del trabajo, no tengo sueño.

Lo mejor es cómo se trastocan los ritmos, me levanté esta mañana ayer a las 7.30 y sólo pude dormir dos horas de siesta de 17.30 a 19.30. Con las comidas es aún peor, el único plato caliente que he comido en más de 36 horas ha sido arroz con salchichas que comí hace un rato anoche.

A destacar, la extraña sensación de no notar que cambias de día. Que hoy es martes pero para mí sigue siendo lunes. Además del curioso ambiente de trabajo que se vive por la noche, es un tanto extravagante y más familiar. Y no porque fuéramos pocos, precisamente.

Creo que intentaré dormir ahora, después de mirar Facebook y mis foros. Y a ver a qué hora me levanto. Espero que después de las 15.

PD: Otro error: escuchar The winner takes it all de ABBA en según qué circunstancias.