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jueves, 29 de diciembre de 2016

Outside

Como ya sabréis, el pasado domingo murió el cantante británico George Michael, vocalista del grupo de los 80 Wham! y luego artista en solitario. Lo recordaréis de canciones míticas como Last Christmas, Wake me up before you go-go (con Wham!), Faith o Freedom (en solitario).

Faith

Nunca fui fan de George Michael. Cuando estuvo de moda yo era muy joven, así que nunca me llamó la atención, aunque a mis hermanas mayores les gustaba. Y posteriormente, en la época en que me empezó a interesar la música, las canciones de este señor no iban conmigo; probablemente, porque eran de un estilo que nunca me gustó (me vienen a la mente As e If I told you that, a ambas puedo encontrarles el gusto hoy, pero hace dieciséis años no).

Si nunca fui su fan, ¿a qué viene que hable ahora de él? Porque lo merece. Os cuento.

Pongo en antecedentes para quien no conozca a este señor. George Michael era homosexual, aunque él no lo declaró públicamente, ni en la época de Wham! ni al principio de su carrera en solitario. En abril de 1998, sin embargo, fue arrestado por acto obsceno en Beverly Hills, California. El acto obsceno fue enseñarle el rabo a otro señor mientras hacía cruising. El problema es que este otro señor era un policía de paisano que le había tendido una trampa.

Lo épico fue la reacción de George Michael. Se negó a declararse inocente en el juicio (nolo contendere) y fue condenado a una multa de 810 dólares y 80 horas de servicio comunitario. Por hacer cruising en un baño público.

Si ya esto es suficiente motivo para estar orgulloso de este hombre (recordemos, un personaje público, famoso), la cosa no queda ahí. En octubre de ese mismo año, y como primer single de su disco recopilatorio, lanza la canción Outside (que se traduce como «fuera, en la calle») donde satiriza todo este acontecimiento. El vídeo es una verdadera parodia de la represión sexual de las leyes estadounidenses, y en la letra habla abiertamente de sus preferencias sexuales: la letra no decía que le gustaran los hombres, eso ya había quedado claro en el escándalo; Outside habla de no recluir tu sexualidad a la intimidad de tu casa. Quería dejar claro que no se arrepentía de su episodio de cruising.

Outside

Esta canción llegó muy, muy adelantada a su tiempo. Si hoy en día cualquier leve demostración de sexo en público escandaliza, podéis imaginar qué se pensaba del cruising en 1998. Pero es que su autor ya estaba adelantado a su tiempo, y con esto no hizo más que gritar contra la asquerosa represión social, contra la homofobia que, si bien ahora es asfixiante, en los años 90 lo era mucho más.

No puedo decir que el gesto de este señor me influyera porque lo vi desde mucha distancia y sin enterarme de lo que pasaba. Yo en 1998 estaba pasando mi pequeño drama particular de sospechar y luego darme cuenta de que era gay, y posteriormente de estar aterrado de que cualquier persona llegara a saberlo (las cosas que pasan cuando uno está en el armario con 13-14 años). Sin embargo, me puedo imaginar que fue de gran ayuda para muchas otras personas que estaban dentro del armario y asustadas por la homofobia de la sociedad en la que vivían. Me lo ha confirmado Owen Jones en su artículo del lunes pasado en The Guardian.

No quiero dejar de enlazar aquí un tuit suyo que resume todo esto.


A George Michael no solo hay que agradecerle eso, nunca tuvo miedo de dar la cara por aquello en que creía. Criticaba duramente la imagen azucarada y sexualmente inofensiva que daban los medios sobre el colectivo gay. Nunca negó ser votante de los laboristas (a pesar de que los defensores de Thatcher se arrogaran a Wham!), e hizo conciertos en favor de los mineros en huelga contra Thatcher (1984) y en favor de las enfermeras del servicio público de salud (2006). Se posicionó públicamente en contra del gobierno de Blair tras su implicación en la guerra de Iraq, lanzando una canción (Shoot the dog) que provocó muchas críticas.

Así que comprenderéis por qué escribo este texto. Aunque no fuera seguidor de su música, tengo claro que fue una persona digna de admiración. Creo que el mundo está peor sin él, y lamento que no haya más gente que aproveche su posición de fama para alzar la voz sobre causas necesarias.

Que descanse.

domingo, 18 de diciembre de 2016

A todo el mundo hay que darle su sitio

En mi casa había conciencia de clase, aunque no habláramos de ella. Desde chico, mis hermanas y mi madre (y mi padre en los pocos años que conviví con él) me enseñaron que hay que respetar y valorar el trabajo de todo el mundo.

Claro que todo esto era mucho más fácil de enseñar cuando mi madre cocinaba y limpiaba en casas ajenas y en restaurantes, y mis hermanas eran camareras, cocineras o secretarias. Después llegaban a casa y compartían todo lo que les pasaba en el trabajo, los problemas con sus jefes o con los clientes (en cada caso).

Cuando tuve mi primer trabajo, muchas de estas cosas me quedaban muy atrás. Había pasado unos cuantos años en la universidad (con el adoctrinamiento elitista que esto conlleva) y, aunque nunca olvidé lo que había aprendido en casa, había detalles en los que no reparaba.

En este trabajo, todos mis compañeros, o la gran mayoría, eran como yo, chavales de veintipocos años, recién egresados y sin experiencia laboral, así que estábamos todos igual de verdes. Excepto uno, con quien me llevaba muy bien. Tenía diez años más que nosotros, había trabajado en sitios muy variopintos y era un tío muy observador, decía cosas muy interesantes. Así que hablaba mucho con él.

Una de las cosas que me dijo un día es que «a todo el mundo hay que darle su sitio», y me puso el ejemplo de que cuando entró en la empresa, el primer día se paró a hablar con el portero y le dijo que desde entonces iba a trabajar ahí. En ese momento no lo entendí. El portero era un señor que trabajaba en la puerta del aparcamiento y con el que nadie se paraba a hablar porque entrábamos en coche y ni siquiera venía de camino hablar con él; si querías hacerlo, tenías que ir expresamente.

Han pasado ocho años desde entonces y ahora puedo entender mucho mejor a lo que se refería. Estamos inmersos en una sociedad de valores clasistas, donde damos más importancia a unas personas que a otras según su relación social, su puesto de trabajo, su poder adquisitivo... y al final nos encontramos con un puñado de gente que desprecia a porteros, recepcionistas, camareros, secretarios, cajeros, limpiadores, y en general a toda la gente que se encuentra trabajando cara al público. La asquerosa máxima liberal de que el cliente siempre tiene la razón ha hecho mucho daño, porque además es mentira. A veces el cliente es, simplemente, gilipollas.

Por simple respeto, es importante valorar y agradecer el trabajo de todas las personas. También por empatía, porque seguro que a todos nos gustaría que nos valoraran y agradecieran nuestro trabajo. Pero es que además tiene un lado provechoso. Cuando las personas sienten su trabajo valorado, seguramente lo hagan mejor y con más ganas, y el resultado será más satisfactorio para nosotros si vamos a ser los receptores de ese trabajo, o si somos sus clientes.

Seguramente, ese portero al que mi compañero fue a presentarse el primer día, lo recordará posteriormente y podrá ayudarlo cuando lo necesite. Si facilitas el trabajo de las personas que limpian, seguro que disfrutarás de lugares más aseados. Si tratas con educación y amabilidad al camarero, puedes estar seguro de que estará más receptivo si tienes alguna petición que hacerle o si hubiera algún problema con la comida. Lo mismo con los secretarios, recepcionistas, y demás personas cuyo trabajo consista en atenderte. Y, desde luego, si eres amable, no se irán a casa pensando en el imbécil que llegó hablándoles con malos modos.

Y, por último, recuerda que por muy cliente que seas y por mucho dinero que tengas, si esa persona no te atendiera, no podrías tener lo que has ido a buscar. Sin su trabajo, tu dinero no vale para nada.

Por todo esto, recuerda dar a cada uno su sitio. Un buenos días, un por favor, unas gracias y una sonrisa, son gratis y pueden marcar una gran diferencia.

(Ya otro día si queréis os cuento la anécdota de cuando me peleé con un señor pijo en una estación de tren a cuenta de su comportamiento con la limpiadora. Ya sabéis que tiendo a ser algo bronquista).

miércoles, 23 de abril de 2014

No es el sur, se llama Andalucía

Algo se muere en el alma... pero en la mía, cada vez que oigo a alguien referirse a mi país como el sur.

Y mucha gente me ha preguntado a qué se debe esto, porque no ven nada malo llamar a Andalucía el sur.

El sur es un punto cardinal. No es ningún sitio concreto. Andalucía tiene norte y tiene sur. Sevilla tiene norte y tiene sur. Cádiz tiene norte y tiene sur. Por lo tanto, si llamas a Andalucía el sur, es porque la estás considerando parte de algo mayor. La referencia, por lo tanto, está fuera, de manera implícita.

Lo cual nos lleva a la siguiente pregunta. ¿Andalucía es el sur de qué, exactamente? Sí, es el sur de la Península Ibérica. Aunque también lo son Murcia y el Algarve. Cuando alguien va a alguno de estos dos lugares... ¿también dice que va al sur? Todos sabemos la respuesta.

(Por otro lado, ¿alguien dice que va al oeste o al poniente cuando viaja a Portugal?)

También hay quien me ha dicho que dicen que van al sur cuando van a Andalucía porque Andalucía se encuentra al sur de su ubicación actual. Me lo ha dicho gente de Madrid o de Castilla la Vieja. Y digo yo... ¿cuando van a Toledo, también dicen que van al sur?

No, cuando la gente (la mayoría, claro, que hay casos para todo) llama a Andalucía el sur no está pensando en la Península Ibérica ni en una posición relativa a su ubicación actual. Está pensando en España. El problema no es sólo que esto impacte de frente con mis convicciones andalucistas -que, al fin y al cabo, son mi responsabilidad, así que no me quejaré de eso- sino que supone, primero, un ejercicio de ignorancia. El sur de España, si nos ponemos estrictos, no es Andalucía: son las Islas Canarias. Ceuta y Melilla también se encuentran más al sur que Andalucía. Así que no, Andalucía no es el sur de España.

También hay quien me ha dicho que Andalucía es el sur de Europa. Es cierto que Andalucía está en el sur de Europa, pero esta zona es tan amplia que Malta, que se encuentra a tres horas de avión, también está en el sur de Europa. Del mismo modo podríamos definir a Creta, que se encuentra más lejos. Además, el marco de relaciones internacionales históricas de Andalucía no es Europa; es el mar Mediterráneo, en el cual Andalucía ocupa una posición occidental, no meridional. Hasta hace muy poco tiempo, Andalucía siempre ha tenido más relación con el Rif que con el País Vasco, por ejemplo. Y mirando desde el Rif, estamos al norte.

Andalucía tiene un nombre, y este es Andalucía. No hace falta referirse a ningún marco de referencia externo para definirla. Por ese mismo motivo, hacerlo es despersonalizarla. Si no hace falta referirse a nada externo, ¿para qué hacerlo? Para evitar referirse a su entidad propia.

Esta estrategia de despersonalización es un viejo clásico del Estado español que, como casi todas las malas costumbres jacobinas, aprendió de Francia, donde es algo común y muy extendido: no es extraño oír cómo a las diferentes naciones o regiones, en algunos casos con una historia propia extensísima, las llaman sólo por su punto cardinal o incluso por su número de departamento. De hecho en Toulouse oí bastante a menudo cómo decían que allí tenían l’accent du Midi: el acento del sur.

Además, siguiendo con la misma estrategia, es curioso cómo sólo se utiliza el sur cuando se quiere hablar de algún aspecto folclórico. Nunca oirás que en el sur hay mucha industria aeronáutica, o mucha investigación en biotecnología. Pero en el sur se come muy bien. En el sur se divierten mucho y tienen muy buena vida. En el sur hay unas playas muy buenas. Ay, qué veranos pasamos en el sur.

Andalucía es mucho más que las borracheras que te cogiste en la playa o en la feria, o que aquel día que comiste tapitas en una de nuestras ciudades. Andalucía es la tierra que nos dio a Góngora, a Bécquer, a Velázquez, a Picasso y a García Lorca. Es la tierra del Parque Tecnológico de Málaga o del nodo aeronáutico de Sevilla. Es la tierra que destaca por su producción de energía solar y en trasplantes de órganos.

Así que, por favor, no nos llames el sur. No nos quites nuestro nombre. Llámanos Andalucía. O, si quieres, llámanos Cádiz, Málaga, Sevilla, Granada, Huelva, Córdoba, Jaén o Almería... que no son el sur de nada.

jueves, 29 de agosto de 2013

Sobre la situación normativa del andaluz

Los que me conocéis de hace tiempo sabéis que siempre he defendido que el andaluz era una lengua.

Por suerte, esto es un blog, un medio escrito, así que puedo seguir explicándome sin que me interrumpáis para criticar lo que acabo de decir. El 95% de ustedes ya lo habría hecho. El 5% restante esperaría a ver por qué digo eso.

¿Que por qué digo eso? Tomás Gutier lo explica brillantemente en su libro “Sin ánimo de ofender”. Yo, resumiendo, diré simplemente que Andalucía fue la zona más romanizada de la Península, que en la Guerra Civil del siglo VIII entró el árabe pero nunca fue el idioma del pueblo, que siguió hablando un idioma hispanorromano (os suena el mozárabe, ¿verdad?), y que la conquista castellana no supuso una expulsión inmediata de la población existente, que sólo fue expulsada cuando le convino al gobierno, y que mientras tanto estuvo en continuo contacto con el pequeño número de nuevos colonos. Por todo esto, nuestra lengua jamás pudo venir del norte de la Península (una zona escasamente romanizada); si acaso, recibió una determinada influencia de ella. Para más detalles, vuelvo a remitir al libro que he mentado o a cualquier tratado de historia de Al-Ándalus.

¿Es actualmente una lengua diferente del castellano? Es un tema discutible. La influencia mutua ha sido demasiado fuerte como para entender que la lengua de Castilla y la de Andalucía formen sistemas lingüísticos totalmente diferentes.

(Claro que también tenemos que relativizar esto; no dejan de ser idiomas romances, así que siempre compartirán el 90% de la gramática… el castellano y el portugués, siendo idiomas diferentes, son casi idénticos si se comparan con idiomas no indoeuropeos como el húngaro).

Sin embargo, aún le queda mucho al andaluz para que vea reconocida su verdadera identidad. Básicamente, porque ha sido muy poco estudiado. Sí, algún que otro filólogo hispánico ha hecho algún estudio superficial del andaluz, pero siempre desde un punto de vista castellano. Si siempre se estudia el andaluz como una “desviación” del “modelo” castellano, las conclusiones siempre estarán sesgadas. Lo correcto sería estudiar el andaluz por sí mismo, y quizá comparándolo con el original latín, y luego cotejar sus semejanzas con la lengua de Castilla, pero también sus diferencias.

Una vez hecho eso, al andaluz se le empezaría a ver en su verdadera dimensión: un idioma, dialecto o habla (la elección de cualquiera de estos términos es política más que lingüística, como bien nos recuerda D. Juan Carlos Moreno Cabrera) con una entidad propia y que forma parte de un sistema multicéntrico junto con el castellano. El mismo caso del flamenco con el neerlandés, del croata con el serbio, el bosnio y el montenegrino, y del valenciano con el catalán.

Y el caso del valenciano y el catalán lo he dicho el último para enlazar con mi siguiente razonamiento. Estoy viviendo de cerca el problema identitario actual en el País Valenciano, un problema por cuanto se utiliza la lengua como arma arrojadiza, muchas veces inventando rasgos o saltándose todas las normas de la lingüística para modelar un supuesto idioma valenciano diferenciado que no es más que el intento de dignificación (entiéndase sin sentido despectivo) de coloquialismos erráticos. Esto desde un punto de vista lingüístico serio es absurdo y sólo se entiende desde el trasfondo político que tienen los blaveros.

Precisamente por este problema político, no puedo defender la supuesta lengua valenciana independiente que los blaveros postulan. Primero, porque su diferenciación no resiste ninguna mínima argumentación científica seria. Y segundo, porque su intención es política. Su intención es diferenciarse al máximo de los catalanes, a pesar de que hablen la misma lengua. De hecho, hoy el periódico Las Provincias, vocero de la ultraderecha valenciana españolista reaccionaria y blavera, presenta como un escándalo el hecho de que las instituciones con autoridad en la lengua catalana integren las peculiaridades lingüísticas valencianas en su estándar… porque eso significaría dejarlos sin argumentos para defender su secesión lingüística.

Con esto, lo que pretenden conseguir (y cada vez, por suerte, parece que les cuesta más) es la minorización del valenciano en primer lugar (porque, al inhibir los estímulos positivos de fuera, queda sólo en sus manos y lo pueden relegar a lengua familiar e inculta, haciendo que desaparezca en pocas generaciones), y del catalán en segundo lugar (la unión hace la fuerza, y quitándoles tres millones de hablantes parece que haya menos motivos para defender la lengua). Todo esto es inaceptable desde cualquier punto de vista sensato, por la pérdida de cultura que supone.

¿Qué tiene todo esto que ver con el andaluz? Lingüísticamente es un caso parecido, aunque sociolingüística y políticamente no tiene nada que ver. El castellano no es un idioma minorizado como lo es el catalán (o al menos en ningún sitio de España; lo es en Puerto Rico). Una secesión lingüística del andaluz no haría ningún daño al castellano y, para que tuviera éxito, requeriría de un importante apoyo por parte de la población y del gobierno andaluz (apoyo que, seamos realistas, sería muy difícil que se diera; no olvidemos que la gran mayoría de los andaluces siguen pensando que el andaluz es una manera de hablar mal el castellano).

Además, la secesión lingüística del andaluz provocaría algún que otro contrasentido en la dialectología. Los dialectos/hablas/idiomas (recordemos, término político) de Canarias y de América Latina, ¿en qué sistema los englobaríamos? ¿En el andaluz o en el castellano? No soy ningún experto en estas hablas pero, hasta donde sé, en general tienen algunos rasgos comunes con el andaluz y otros con el castellano (unas, como las hablas argentinas o colombianas atlánticas, tienen más en común con el andaluz, y otros, como las mexicanas o las peruanas, más con el castellano).

Por todo lo que he expuesto, creo que haciendo un ejercicio de coherencia, no las tengo todas conmigo para reivindicar el andaluz como una lengua independiente.

Sin embargo, creo que la posición más provechosa es la reclamación de una mayor visibilidad y reconocimiento de las peculiaridades lingüísticas andaluzas en la normativa castellana (igual que se hace con las valencianas en la normativa catalana, totalmente multicéntrica).

Por mi parte, ya hace tiempo que no me corto en escribir utilizando los rasgos morfosintácticos de mi dialecto nativo, a pesar de que ciertos órganos normativos no lo consideren aceptable para el lenguaje escrito. Para mí, lo natural es “ustedes coméis”, y no veo ningún motivo para sustituirlo por “ustedes comen” o por el horroroso “vosotros coméis”, forma a todas luces extranjera al oído andaluz occidental.

Hay cuestiones que habrá que ir estudiando más a fondo para ver cómo pueden encajar en nuestro sistema normativo actual (hasta ahora, basado sólo en el castellano) y cuál sería el mejor modo de representarlas. Pero creo que este es el camino que más lejos nos puede llevar.

martes, 31 de julio de 2012

El andaluz (2)

Bueno, lo prometido es deuda, así que aquí estoy de nuevo para explicar lo que pienso sobre el andaluz.

Ya expliqué que me molestaba bastante la actitud que se tiene acerca del andaluz, no sólo fuera de Andalucía, sino también dentro. Y todo esto no tiene más que un motivo: el desconocimiento, la ignorancia sobre nuestra lengua, sobre lo que hablamos.

Y digo nuestra lengua y digo bien, porque sencillamente, decir nuestra lengua no quiere decir nada de que sea una lengua exclusiva o no lo sea. Leí hace tiempo, en el prólogo de un libro de gramática castellana, que un cierto escritor, cuyo nombre no conozco, hablaba de que escribía en lengua cubana. Y lo hacía correctamente, porque al fin y al cabo, escribía en la lengua que hablan los cubanos. Querer imponer un nombre único para una lengua es un poco imperialista, ¿no creéis?

Si quiero decir que hablo andaluz estoy en mi derecho, porque lo que hablo es la lengua que aprendí donde me crié, en Andalucía. Por lo tanto, hablo andaluz.

¿Es la misma lengua que el castellano?

Mi respuesta es: sí y no.

Y he de decir bien claro, NO, porque todos los motivos que nos dan siempre para defender la unidad de la lengua, nuestra pertenencia a la lengua castellana, son en su mayoría falsos. Todo el mundo sabe que Andalucía no quedó despoblada después de la guerra santa castellana (conquista militar, llamadlo como queráis, lo de Reconquista es incorrecto). Existen escritos sobre este tema, y si se hubiera despoblado, no tendría sentido una expulsión de los moriscos en 1609. Entonces, una Andalucía llena de andalusíes (podemos llamarlos andaluces, ¿no?) y que se intentó repoblar con dudoso éxito (como reconocen los historiadores), no creo que haya cogido la lengua de los castellanos tan fácilmente. Al contrario, la lengua de aljamía (el mozárabe) se mantuvo muy viva. De este mozárabe desciende lo que hablamos hoy los andaluces, con ciertas influencias externas, claro.

Ahora, también he respondido que sí. Es un sí con reservas, sin embargo. Sí, porque los más de cinco siglos de ocupación y aculturación castellana en Andalucía han hecho que ambas variedades hayan convergido, se hayan acercado en lugar de alejarse. El castellano ha aprendido palabras andaluzas, y el andaluz ha cogido muchas palabras castellanas. El sí es con reservas, porque mientras que nosotros entendemos y aceptamos los usos localistas castellanos, las estructuras y particularidades gramaticales que son exclusivas de allí (como el leísmo), ellos no hacen lo mismo con las nuestras. La normativización y normalización del tan celebrado castellano (ahora rebautizado a español para gloria del nacionalismo rojo y amarillo) se han hecho completamente de espaldas al andaluz, ignorándolo y minorizándolo. Diciéndonos que hablamos mal, que sólo hablamos ‘un dialecto’, y que somos unos incultos por utilizar estas estructuras gramaticales que, por un motivo u otro, no han llegado a cuajar en Castilla o no han querido aprender los castellanos.

Hablamos ‘un dialecto’, sí… ‘un dialecto’ que los castellanos olvidan que fue el habla de prestigio en el siglo XVI. En esa época, hablar castellano era de campesinos; la gente importante, con dinero, hablaba andaluz. Y sólo hace falta mirar a América para ver una demostración. La primera colonización americana se hizo en andaluz. Cuando el castellano pasó a ser el dialecto de prestigio, este cambio sólo afectó a los lugares más en contacto con Castilla: las capitales de los virreinatos, los alrededores de la Ciudad de Méjico y de Lima, principalmente, que son los lugares que más ‘castellano’ hablan. Los lugares más alejados, con menos contacto, hablan aún hoy una lengua que más podríamos llamar ‘andaluza’ que ‘castellana’… lo podemos oír en Santiago, en Buenos Aires, en Sucre, en Cartagena de Indias…

Y respondido eso, paso al segundo tema que mencioné en mi anterior artículo, ¿creo que el andaluz debería escribirse con la ortografía castellana, o necesitamos una nueva?

No vería ningún problema en escribir el andaluz con la ortografía castellana… si no nos estuvieran siempre negando nuestras características. Si la ortografía tuviera más en cuenta nuestras particularidades gramaticales y no sólo las castellanas, no habría problema en seguirla. Por ejemplo, si nos dejaran enseñar a nuestros niños que las s finales no se pronuncian, que s y c/z suenan exactamente igual, que la h no siempre es muda, que la d entre vocales es correcto enmudecerla… nuestra lengua (la andaluza) se parece lingüísticamente mucho al francés en su evolución, y tomando esta medida, la correspondencia ortografía-pronunciación sería como la del francés: una escritura fácil de descodificar, aunque difícil de codificar.

¿Valdría la pena? Se puede debatir mucho tiempo sobre este tema. Tiene ventajas e inconvenientes. Como ventajas, veo el acceso al gran catálogo de literatura ya existente en castellano y la que se pueda escribir en un futuro; del mismo modo, no habría que volver a reescribir (traducir) las obras castellanas y andaluzas escritas hasta este momento. Desventajas… lo que ya he dicho, que la ortografía y la pronunciación no tendrían una equivalencia fonética, y eso haría más difícil escribir correctamente. Sin embargo, eso ya ocurre. Los niños andaluces tienen una dificultad mayor que los castellanos para escribir, por la falta de equivalencia fonética. Lo que cambiaría sería que al menos no los veríamos vacilar respecto a cómo hablar.

Lo que sucede hoy en día no es eso, no obstante. Los andaluces seguimos en esta situación en la que nuestra lengua no se respeta y se nos sigue ridiculizando. Y esta situación nos mueve a querer definir nuestra lengua de manera independiente a la castellana. Si ellos no nos aceptan como somos, tendremos que hacer nuestro camino. Y eso quiere decir una nueva ortografía, propia nuestra, sin tener que consensuar nada con quien no nos ha querido reconocer.

Me alegro de que la Sociedad para el Estudio del Andaluz esté trabajando tanto en este tema… quizá en veinte años tengamos nuestra lengua bien normativizada y estandarizada, como para luchar por un reconocimiento completo.

jueves, 26 de julio de 2012

El andaluz (1)

Como andaluz interesado por mi país y como aficionado a los idiomas, una de mis pasiones es el estudio del andaluz, entendido andaluz como lo que hablamos los andaluces. No me corto en llamarlo lengua andaluza, porque lo es. Lo que hablamos los andaluces tiene que ser una lengua, ¿no? Todo el mundo habla alguna lengua. Que sea o no sea la misma que el castellano, ya eso da para discutir mucho.

Y estos días me ha dado por leer más sobre nuestra lengua, aunque no haya mucho escrito sobre ella. Los estudios que se han hecho del andaluz son pocos, superficiales y llenos de tópicos y errores. Errores causados casi siempre por el mismo motivo: la falta de referente interior para nuestra lengua. Parece que todo lo hiciéramos mirando a Castilla, reflejándonos en cómo lo hacen en Castilla. Y eso, en el tema lingüístico, es un gran fallo. 

No nos hace falta mirar cómo hablan en Castilla para definir cómo hablamos nosotros; si esto o aquello lo decimos igual o diferente que ellos. Primero, porque nosotros ya hablábamos una lengua latina cuando en Castilla todavía hablaban íbero o celtíbero. Tendremos más razones que ellos para organizar nuestra lengua latina independientemente, digo yo. Y segundo, porque es un derecho de los hablantes de todas las lenguas; cualquier lengua puede describirse a sí misma sin necesitar guiarse por otra. 

Como bien dice el señor Moreno Cabrera, catedrático de lingüística en la UAM, es una equivocación pensar en las lenguas habladas como si fueran variedades de las escritas. Más bien funciona al revés: la lengua escrita es una adaptación a la escritura de una determinada variedad de la lengua hablada. Y si pensáis en eso, es natural: la lengua hablada nunca ha dejado de evolucionar; la escrita se ha codificado en un momento del pasado y hace falta ir actualizándola. La lengua hablada está viva, la escrita está fija. Y por este motivo, la escritura siempre irá por detrás del habla.

Es una lástima que tanta gente andaluza se haya creído lo que nos han hecho creer desde Castilla. La gente se ha ido creyendo que nosotros hablamos mal, o de manera diferente por lo menos, el castellano original, es decir, el escrito. No tiene sentido. Si recordáis cuando erais pequeños y aprendisteis a hablar lo entenderéis, no hemos aprendido a hablar con un libro. No nos han puesto la frase escrita por delante y hemos empezado a pronunciarla ‘a nuestra manera’. Hemos aprendido a hablar de nuestros padres, abuelos y vecinos. Ellos hablaban así porque así lo aprendieron de sus padres, abuelos y vecinos, y sucesivamente. La lengua escrita, como mucho, puede ser un modelo al que –quien quiera- puede acercarse, pero nunca un modelo original del que nos hemos alejado. 

Volviendo a lo que quería comentar, estoy leyendo mucho sobre el andaluz –bueno, mucho relativamente a lo que hay escrito y disponible online, que no es mucho-. Me parece que tenemos una lengua muy interesante, incluso fascinante, de la que todavía se ha estudiado muy poco. No he visto aún, por ejemplo, a ningún autor comentar que tenemos la costumbre de pronunciar las –n finales de palabra con un punto de articulación velar. No he visto tampoco que ningún autor hable del parecido con el francés por la desaparición de los morfemas de número en andaluz occidental (en el oriental se da un fenómeno genial de modificación vocálica), o por la nivelación de las formas verbales de las tres primeras personas, que empieza a hacer necesaria la utilización del pronombre en sitios como Cádiz.

Me ha gustado mucho saber que la Sociedad para el Estudio del Andaluz (ZEA) sigue funcionando y haciendo las jornadas bieniales sobre el andaluz. He leído textos de los principales impulsores de esta Sociedad y me gusta que hagan un trabajo tan minucioso y riguroso. Ya seguiré leyendo y viendo qué cosas nuevas descubro de mi lengua.

Y acordaos, no os avergoncéis nunca de lo que habláis. Todas las lenguas y variedades lingüísticas son interesantes y singulares… por muy vulgares que os quieran decir que son.

En la siguiente entrada hablaré de si creo que el andaluz se debería escribir con la escritura castellana, y si creo que son la misma lengua. Bueno, eso si no cambio de opinión de aquí a que la escriba, jajaja.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Escondidos... y cobardes

A veces, tenemos nuestra realidad tan bien formada, que en cuanto encontramos algo que no encaja en ella no terminamos de comprenderlo por más que nos esforcemos.

Como sabéis, tengo 25 años. Salí del armario a los 15 para mi familia y a los 16 para el resto del mundo (sí, voy al revés que los demás). Desde entonces vivo abiertamente mi sexualidad y defiendo la igualdad de derechos (que no la asimilación, conste). No voy proclamando por todas las esquinas que soy gay pero sí es cierto que no lo oculto, entre otras cosas porque no tengo ningún motivo para hacerlo.

Esto genera situaciones algo inesperadas... y normalmente, no explícitamente resueltas.

Situación 1:
Compañero: ¿quién es esta de la foto?
Daniel: ah sí, es Isa, la becaria.
C: ¿y está buena?
D: pues no sé.
C: ¿no lo sabes?
D: no, nunca me he fijado.
-C pone cara de no entender-

Situación 2:
Compañero (hablando con otros compañeros): ...con mi amiga X, ah por cierto, que es de Cádiz. Dani, ¿quieres su número?
Daniel: jajajaj, no, gracias.
C: pero está buena, ¿eh?
D: ¿y a mí qué más me da? xDD
C: ¿tienes novia?
D: no, precisamente novia no tengo.
-C deja el tema-

Sin contar las veces que paso mi móvil a mis compañeros y cuando cuelgan se encuentran la foto de mi novio de fondo.

Soy consciente de que soy afortunado por haber vivido en una época y un lugar que me permiten vivirlo así y no tener que esconderme. Y me alegra que los que son más jovenes que yo puedan ser abiertos sobre su sexualidad en ambientes tan hostiles como, por ejemplo, el instituto. Precisamente por la época que estamos viviendo, no entiendo que muchos, en general, se escondan (y mucho menos, que finjan ser lo que no son - esto incluye a los que se casan con mujeres). Cuidado, cada persona es un mundo y hay gente que es comprensible que sigan en el armario por circunstancias personales. Pero no es el caso de la mayoría, que lo hacen por cobardía o por comodidad. Porque es más fácil seguir como estamos que arriesgarnos a ser honestos.

No lo entiendo, no lo comparto y, en los casos en que las razones son ésas dos (ya digo que cuando hay otros motivos me callo), no lo respeto lo más mínimo. Más que nada, porque si todos hiciéramos eso, jamás avanzaríamos.

Trabajo en una empresa donde todo o casi todo el equipo directivo pertenece al Opus Dei. La gente del Opus Dei es tan buena y altruista, que sé que si descubren que soy gay no se pararían dos veces y decidirían no renovarme el contrato o incluso rescindírmelo (estoy por obra y servicio). Sin embargo, y aunque existe ese riesgo, creo que es más necesario para mí y para los demás que sea honesto, no mienta y sea consecuente. Hoy, mientras iba de la mano con mi novio, me he cruzado a un compañero de trabajo y he esperado a que se diera cuenta para soltarle la mano a mi novio y saludarlo. Haberlo hecho de otro modo sería falso por mi parte -después de 10 años fuera del armario no voy a meterme ahora-, además de mezquino y cobarde.

Por eso animo a todos los que me leéis a ser abiertos, honestos con ustedes, con los demás y con el resto del colectivo. Por favor, no os escondáis. Porque la visibilidad es tarea de todos... y beneficio para todos.

lunes, 19 de enero de 2009

Inmovilismos

¿Cuántas veces no has hecho algo por temor a lo que dirán, o simplemente no temor, sino por pereza, porque no te apetece oír ciertos comentarios o críticas?

Parece que todos tenemos que seguir el camino y hacer lo que se espera de nosotros. Y este camino normalmente es marcado en parte por nosotros y en parte por los demás.

En cuanto te sales un poco, siempre va a haber gente que va a empezar a cuestionar, criticar o mirar mal lo que haces. Aunque no esté mal, pero simplemente lo hacen porque no te pega hacerlo o porque no se espera de ti.

Un grupo importante que hace esto a menudo es la familia. Cuidado, que no se malinterprete mi comentario, no soy ningún despegado y valoro a mi familia (la cercana, claro), pero también por la cercanía y el contacto que tienen contigo, también son los primeros en juzgar todo lo que haces que no se ajusta a lo esperado.

Yo desde hace unos años me propuse pasar de lo que se dijera, de las críticas gratuitas que pudieran hacerse, y considerar primero mi propio juicio sobre mis actos. Claro que no siempre lo consigo y que para algunas cosas la opinión de los demás sigue importando mucho, pero es importante relativizar y discernir en qué aspectos debe serlo y en cuáles no.

Y sin embargo, sigue molestándome oír de mi madre un "pues qué feo está eso" o un "hay que ver lo X que te has vuelto desde que Y". Pero es algo con lo que hay que vivir.

Por mi parte, os animo a todos a que seáis como queráis ser y hagáis lo que queráis hacer si no hace daño a nadie.

PD: Por supuesto, este post viene motivado por acontecimientos recientes xDD

viernes, 31 de octubre de 2008

¿Para esto te pagamos?

Empezaré por decir que normalmente, ante la pregunta de si quiero una república para España, siempre suelo responder que me da igual lo que haga España, porque lo que quiero es una república para Andalucía.

Eso sí, con los pies en la tierra, lo cierto es que soy ciudadano del Estado español y como tal le pago los impuestos, aunque no me guste.

Estos impuestos sirven para diversos fines. Algunos con los que estoy muy de acuerdo y por los que me parece inmoral la gente que hace fraude, como construir infraestructuras que todos disfrutamos (calles, escuelas, hospitales, ferrocarriles, carreteras). Otros de ellos me parecen lamentables, y uno de ellos es el sostenimiento económico de la Familia Real.

¿Por qué? Pues porque yo trabajo 40 horas a la semana para tener con qué comer y poder pagar mi habitación en un piso compartido, mientras que ellos no trabajan, de hecho no hacen nada (siendo capitalistas por un momento, ni siquiera contribuyen al crecimiento económico) y tienen un poder adquisitivo mucho mayor que el mío. ¿Envidia? Véanlo como quieran, yo no me considero envidioso, sino simplemente ávido de justicia e igualdad, que precisamente con estos personajes no hay.

Porque ni siquiera tienen nuestros derechos, la ley los protege especialmente (aunque no estoy seguro, apuesto lo que sea a que quemar una foto mía no es delito).

Y así enlazo con la motivación de escribir esto. Todos habréis oído las declaraciones de la reina consorte (recalquemos lo de consorte) en las que humilla al colectivo homosexual e intenta perpetuar patrones de discriminación que llevamos años intentando quitarnos de encima.

Ahora los más fachillas saltan con que tiene libertad de expresión como cualquier otra persona, que es su derecho de opinar así, etcétera. Pues precisamente en eso no estoy de acuerdo, no, no debería tener libertad de expresión. Como persona pública con tantos privilegios y derechos especiales, de la cual todos pagamos su estilo de vida, debería tener unos ciertos deberes. Entre ellos debería estar el no poner en entredicho ninguna decisión del parlamento democráticamente elegido. ¿A ti quién te eligió, Sofía? Si es vox populi el tipo de relación que tienes con tu marido.

Y ahora te lanzo otra pregunta. ¿Para esto te pagamos? A ver, piensa en la cantidad de dinero nuestro que estás malgastando para ahora despreciarnos de este modo. Un poco de miramiento, Sofía. Que, siendo ahora un poco xenófobos, te recuerdo que ni siquiera eres española. Y yo estoy totalmente a favor de la inmigración constructiva, pero los inmigrantes que roban no me gustan. Y tú eres inmigrante, no trabajas y además nos robas nuestros impuestos. Vergüenza te debería dar.

sábado, 28 de junio de 2008

Orgulloso.

Orgulloso.

Orgulloso de no avergonzarme.
Orgulloso de no tener miedo a no ser como los demás.
Orgulloso de no dejarme herir por comentarios ajenos.
Orgulloso de ir de la mano con mi novio si me apetece.
Orgulloso de darle un beso en la calle si me da la gana.
Orgulloso de llevar la cabeza alta ante quien se ríe.
Orgulloso de no ocultar lo que soy.
Orgulloso de no intentar actuar como los demás a toda costa. Ni soy como ellos ni quiero.
Orgulloso de saber que por hacer esto, se lo hago más fácil a los que vengan después.

Todo esto es lo que representa el orgullo gay. Si eres de los que van por ahí diciendo «pues qué tontería, yo no estoy orgulloso de ser hetero» mejor chapa la puta boca porque eres imbécil.

Feliz 28 de junio a todos :)))

PD: He pasado el 28 de junio con mi novio :)

viernes, 23 de septiembre de 2005

Otra

Bueno, los que me conozcáis un poquito sabréis que ese invento que llaman España no es para nada santo de mi devoción. Sin embargo, estos días me he sacado de la biblioteca un libro que se llama "Otra historia de España", de Fernando Díaz Plaja.

No conozco nada del autor, ni de sus ideas políticas, ni de su vida. Pero hojeé el libro en la biblioteca y leí un par de párrafos que me gustaron. Es otra visión de la historia que siempre nos han contado, una visión un poco peculiar y que te comenta cosas que (al menos yo) jamás me planteé, contradicciones o medias verdades que nos han hecho tragar (sobre todo en la historia de esa una grande y libre que tenemos todos que adorar como borregos).

En fin, que os lo recomiendo.

jueves, 14 de abril de 2005

Elecciones municipales

Tal día como hoy hace 74 años se celebraron unas elecciones municipales entre tal revuelo que el Rey no tuvo más remedio que marcharse despavorido del país. Tras ello, se proclamó la Segunda República en España, la que más ha durado hasta ahora, un régimen muy adelantado a su tiempo en el cual se comenzó a descentralizar el Estado.

Sí, es cierto que algunos alucinados no pudieron soportar tal progreso y tuvieron que joderlo todo con un golpe de estado. Pero eso no quiere decir que España deba tener un Rey; simplemente hay que mantener a raya al Ejército, cómplice y culpable de la sublevación de 1936, que sólo está (o debería estar) para defender, y no para atacar (ni para hacer apología del fascismo, ni para destrozar el mobiliario urbano, ni para molestar a los viajeros del transporte urbano, como hacen en mi ciudad).

Yo también estoy en contra de la monarquía. Sin embargo, la bandera tricolor no es la mía; aunque sería una mejoría con respecto al estado actual, Andalucía no creo que mejorara su situación. Y hacer tal cambio para quedarnos como estamos... no sé yo si merecería la pena.

Sí, a veces se me va la bola y hablo de cosas inesperadas en el blog.

"Hace tiempo busco una señal que me lleve a ti; sacaré mi orgullo a pasear, si te veo cruzo sin mirar" (Belén Arjona - O te mueves o caducas)