sábado, 3 de octubre de 2020

Treinta y seis

 (En honor a la verdad, he de decir que esta entrada la he escrito dos semanas después de mi cumpleaños.)

El año pasado, en la entrada que escribí para mi cumpleaños, se puede leer lo siguiente, como conclusión:

Así que de los 35 espero que me permitan estar bien. Con eso me basta.

Yo no sé qué clase de humor tiene el universo pero si rememoramos el año, en Hamburgo las cosas fueron a peor, he vivido un confinamiento y una pandemia y me han hecho un ERTE. Aparte, mi vida sexual y emocional está más muerta que nunca.

¿Los 35 me han traído cosas buenas? Pues tengo que pensarlas mucho, pero bueno, alguna sí que hubo. Los viajes a Portugal con Aarón y Javi, los días de playa con Nando y Juan. Las visitas a la familia, los reencuentros con gente como Pedro.

A los 36 no les pido nada, visto lo del año pasado.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Oh, the irony

Tiene gracia (o más bien no) que, después de escribir lo que escribí el día 13, ahora la vida me diga «pues no mi ciela, ahora te vas a adaptar tú».


Y va a tocar eso, a pesar de que mi mente sea un hervidero de «tenía que haber hecho ...» / «tenía que haber dicho ...» / «debí haber evitado ...».

Ya no sirve para nada. Ahora solo se puede buscar una salida.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Sorpresas te da la vida

Anda todo el mundo hablando de «cuando todo esto pase», de «cuando volvamos a la normalidad», «cuando ya se pueda ir sin mascarilla»...

El otro día le decía a mi hermana que odio que hablen de nueva normalidad. Se ha puesto de moda hablar de la nueva normalidad, y no solo no me gusta, sino que me parece engañoso.

Cuando nos empeñamos en hablar de nueva normalidad parece que no dejemos de poner un ojo en el pasado, en la vieja normalidad. No dejamos de recordar ese tiempo en que podíamos salir sin mascarilla y respirarle a la gente en la nuca en el autobús masificado, en la Semana Santa o en la Feria.

Pero ese tiempo se ha acabado, ha pasado y no volverá. Y si vuelve algo parecido, algún tiempo en que no se necesite la mascarilla para salir y en que se puedan volver a producir aglomeraciones, no será como el tiempo que pasó, porque habremos pasado por circunstancias como la actual. Habrá diferencias. No será la misma vieja normalidad.

Es igual, el mismo caso, que cuando se adoptó el euro y se abandonó la peseta. ¿Cuánto tiempo se pasó la gente «traduciendo» los precios a pesetas? «Es que así me entero de lo que valen las cosas», esa frase que a principios de 2002 aún tenía algún sentido pero que la gente seguía usando cinco años después, ignorando que la inflación existe.

(Aún hoy, los más cuñaos siguen enviando memes con precios actuales comparados a las pesetas y afirmando que el euro ha sido un timo porque nos ha subido los precios de todo. Por favor, un cursito rápido de macroeconomía para ellos).

La cuestión es que no solo ese pasado no volverá, sino que nadie podía haber previsto que en 2020 nos iba a llegar una pandemia que nos iba a cambiar la vida «por completo» (o eso dicen, porque lo que ha cambiado son pequeños detalles). Y pensamos mucho en este hecho, pero es que eso nos lleva pasando toda la vida.

Nadie previó la pandemia de Covid-19, igual que nadie previó que conoceríamos a aquella persona, que tendríamos ese accidente o que nos echarían del trabajo.

La vida es lo que hacemos para sobrevenir todas estas cosas que nos pasan, y al final uno acaba viviendo con lo que se encuentra. La certeza absoluta no existe, para bien o para mal, pero siempre tenemos que acabar adaptándonos.

Por esto me carga muchísimo que la gente siga intentando anclarse a un pasado que ya no va a volver, siga hablando de él o siga esperando que vuelva. No va a volver la peseta; si nos vamos del euro, vendrá otra moneda que no será la peseta. Del mismo modo, no va a venir la normalidad que conocíamos. Porque nada vuelve a ser como antes.

Y no nos hace ningún bien seguir pensando que sí.

martes, 26 de mayo de 2020

Hace un año

Querido Dani de mayo de 2019:

Estás ahogado entre exámenes ahora pero no te imaginas lo que te viene por delante. 

Sigue estudiando, vas a hacer un junio del carajo. Una matrícula de honor y dos sobresalientes. Pero Mecánica de fluidos te va a quedar para el año que viene. No te agobies que ya saldrá.

Tu jefe se va a cargar tu departamento como represalia a que los compañeros os llevéis bien y estéis unidos. Os van a poner un responsable en lugar del que tienes ahora que va a ser muy gilipollas y con el cual te vas a pelear varias veces.

Pero no pasa nada, en julio te van a pedir por favor que te vayas de misión a Bremen y allí te van a pedir que te quedes en Hamburgo hasta final de año. Aprenderás mucho en el trabajo, pero lo vas a pasar fatal fuera de él y vas a estar deseando volver. Y además vas a perder el primer cuatrimestre porque no vas a estudiar nada. Ya te conoces.

Ahora mismo estás hecho mierda sentimentalmente, pero acabarás saliendo. Vas a ir a ver a una terapeuta que te ayudará a hacer las paces contigo mismo. Y verás que el destrozo que te hizo el gilipollas de tu ex no será para tanto.

De todos modos va a venir una pandemia global que te va a obligar a quedarte en casa. Bueno, a ti y a todos. Y por eso te van a mandar al paro temporalmente. Al principio vas a hundirte pero luego lo llevarás bien, sobre todo porque vas a poder estudiar y porque no ir al trabajo te da la vida.
 
Y sobre todo, no te preocupes porque siempre hay salida. Siempre podrás salir adelante.

domingo, 17 de mayo de 2020

Por qué odio los grados sexagesimales

Es hora de decirlo públicamente, odio los grados sexagesimales.

A todos os encantan los grados sexagesimales. Lo decís todo en grados, ponéis la calculadora en grados. Pero solo es así porque habéis crecido con ellos. Os pensáis que es natural que un ángulo recto tenga 90 grados o un ángulo llano tenga 180.

Pero es tan natural como pensar que el agua se congela a 32 grados Fahrenheit o que una pechuga de pollo pesa media libra. Es decir, nada en absoluto.

Todos los sistemas de unidades son arbitrarios, cierto. ¿Por qué medimos nuestra estatura en metros y no en palmos o en pies, por ejemplo? Porque lo hemos convenido así.

Y así hemos convenido que una circunferencia mide 360 grados sexagesimales. Que tienen una historia muy chula que se remonta a Mesopotamia, pero ahí se queda, porque no sirve para nada más. Los grados sexagesimales son caprichosos como ellos solos.

Sin embargo, hace tres siglos ya definimos una unidad angular que surge de su propia naturaleza, que nace en la circunferencia y que no necesita números caprichosos para definirla. Es el radián.

El radián es el resultado de medir un ángulo por la relación entre su arco y su radio. Un radián es aquel ángulo que hace que el arco que comprende sea igual de largo que el radio de la circunferencia del que surge dicho arco. Fue descrito por Roger Cotes en 1714.

¿Cuánto mide la longitud de una circunferencia? 2π por su radio. Precisamente 2π radianes es el ángulo de una circunferencia completa. π es un ángulo llano, π/2 uno recto. Por lo tanto, un arco siempre va a ser el producto del ángulo (en radianes) y su radio.

Por esto, la unidad de ángulo en el Sistema Internacional de unidades es el radián. No el grado sexagesimal ni ninguna otra. Pero por algún motivo, y no conozco otro que no sea la resistencia al cambio, en la educación no termina de cuajar hacer los cálculos con radianes. Te acaban enseñando lo que es un radián, pero luego no lo usas nunca. Es esa unidad que estorba y no queremos entender.

Yo por tanto reivindico el radián como la mejor unidad de medida de ángulos.


miércoles, 13 de mayo de 2020

Sueños

Esta noche he soñado que estaba trabajando en Hamburgo de nuevo y que una de mis compañeras era Barei (la que fue a Eurovisión por España en 2016). Obviamente pasaban más cosas en el sueño, pero son las 11 de la mañana y me suelo despertar sobre las 7 así que no puedo recordar mucho más. Sé que recogíamos firmas para algo.

Hace poco un amigo me pasó un artículo explicando por qué estamos soñando más durante la cuarentena. Resulta que estamos más estresados o más presionados, o algo así. Yo me noto más estresado y más presionado, pero tampoco tengo sueños de estos para recordar.

Que supongo que nos pasará a todos, pero tengo varios temas recurrentes en sueños. Peleas con mi familia, sobre todo con mi madre, y escenas varias que se desarrollan en el trabajo.

(Este texto se quedó inconcluso, lo encontré en borradores en marzo de 2023 y decidí publicarlo)

domingo, 26 de abril de 2020

Retoma de contacto

Bien, mi querido Aitor me ha recordado que hace tiempo que no escribo en el blog y le tengo que dar la razón. Y de hecho, hace tanto tiempo, que he entrado en Blogger e incluso habían cambiado la interfaz. Ahora sí que parece otro servicio de Google.

También me ha dicho que no tengo que limitarme a volcar frustraciones porque acabo muy viciado. Pero en este momento es lo único que me viene a la mente.

Hace cuánto, ¿cuarenta días? que estoy encerrado en casa y los efectos no están siendo devastadores, pero los siento como pasos atrás.

Para hacer una verdadera retoma de contacto os tengo que actualizar. Por fin de año volví de Hamburgo y lo hice decidido a dejar atrás los hábitos destructivos que había adquirido en el último año. Decidí visitar una terapeuta, con quien hice algunos progresos. Entre otros, me ayudó a pasar página de lo que pasó con Juanjo, identificando lo que había estado mal en esa relación, y me dijo que en mi vida faltaban gravemente las recompensas, por eso las acababa buscando donde no tocaba.

Estaba empezando a salir más, a quedar más con gente con quien normalmente no me atrevía, cuando nos sobrevino la pandemia esta, i ahora estoy encerrado en casa sin hacer nada excepto salir a hacer la compra. Exactamente como era mi vida en el año 2005, un año para olvidar. Cuarenta días después lo que siento es que no me veo capaz de hacer nada, de tirar adelante. Por un lado, quiero que las cosas sean como antes; sin embargo, por otro, no quiero verme en la situación de tener que enfrentarme a la vida.

Tengo un trabajo adonde no quiero volver porque el ambiente se ha vuelto imposible, y en algún momento el ERTE se acabará.

Tengo una carrera que estoy dejando abandonada porque no soy capaz de ponerme a estudiar y el tiempo se me va: estamos acabando abril, han pasado tres meses de cuatrimestre y no he estudiado nada. Me he hecho un calendario de estudio que ni siquiera estoy cumpliendo. Verás qué risa el mes de junio.

La vida afectiva no existe, pero ahora mismo tengo excusa para que no exista. Cuando levanten el confinamiento no tendré y no me podré quejar de que nadie me quiere porque no estaré poniendo remedio. Hablar por Whatsapp o por Twitter es muy cómodo, pero cuando haya que quedar en persona volverán las inseguridades. Por Internet somos todos fantásticos, y si alguien no lo piensa, nos da igual porque podemos pasar de él.

Ya me he viciado de nuevo. Pero prometo que el próximo texto no será tan frustrante.

martes, 31 de diciembre de 2019

En 2019...

Estoy empezando a escribir esto el día de Navidad, aunque lo publicaré en fin de año, como debe ser. Sin embargo, me apetece empezar a recopilar ideas porque, total, tampoco tengo mucho más que hacer. Eso sí, he programado la publicación para que salga mientras estoy volando a casa :)

Así que, en este año que acaba, 2019...

  • Normalmente empiezo contando lo personal, sigo por lo laboral, lo académico y lo más trivial. Pues en lo personal ha sido un año de mierda. Ha sido el año en que me he venido abajo. En que me he dado cuenta de que no sé cómo continuar. Y al mismo tiempo, en que noto que el tiempo se me va.
  • Así que en lo sentimental no tengo nada que deciros. Por ahora, estoy incapacitado. El año próximo ya veremos.
  • Pero no todo iba a ser malo, ¿no? Tengo una familia con la que puedo contar y unos amigos maravillosos.
  • En septiembre me reencontré con mis queridos hunters, con Aitor, Rafa, Miqui, Víctor y Fran. Desvirtualicé a Marc, por fin, después de tres años.
  • En este mismo viaje también quedé con Fede, a quien hacía dos años que no veía, y volví a visitar València.
  • También en el episodio de amigos queridos, vi un par de veces a Nando, dos en Sevilla y otra en Huelva, y lo pasamos genial; y una vez a Almu.
  • He conocido a gente que aporta, como Aarón (en Sevilla) y Pedro (en Hamburgo).
  • Volví a ir a Folsom. Esta vez fue un viaje muy corto, aunque me lo pasé muy bien. Y visitar Berlín siempre, siempre es una gran experiencia. Allí volví a ver a Dani, a Jose y a sus amigos de allí de Barcelona.
  • El trabajo quizá sí que ha sido lo más llamativo del año. En julio me propusieron irme tres semanas a Bremen, acepté, y estando allí me ofrecieron quedarme hasta final de año en Hamburgo, oferta que también acepté.
  • Por eso he pasado cinco meses y medio viviendo en Alemania. Una etapa con luces y sombras. Realmente, con pocas luces y muchas sombras, pero a la cual le sacaré el lado positivo.
  • Y siguiendo con el trabajo, hice huelga dos veces.
  • En cuanto a lo académico, me tomé la carrera con un poco más de tranquilidad, pero estudié bastante y obtuve muy buenos resultados. Un notable, dos sobresalientes y, destacadamente, una matrícula de honor en una de las asignaturas fuertes de la carrera. (Y comparando con el resumen de 2018: al final va a resultar que el estrés no me lo daban los exámenes...). Sin embargo, en junio me dejé una asignatura porque no podía con tantas, y por culpa de mi estancia en Alemania no he podido hacerla en septiembre ni en diciembre, así que tengo una segunda matrícula por primera vez.
  • Esto lo pongo al final pero es bastante importante: decidí operarme de la vista. Y fue una de las mejores decisiones de mi vida, me he olvidado de usar gafas y lentillas, al menos por ahora. Eso sí, ahora tengo los ojos muy secos, jajaja.
  • En cuanto a viajes, ya los he mencionado todos: Bremen, Hamburgo, Berlín, la excursión a Huelva, las vacaciones en València-Calp-Benidorm, y aunque fueran solo unas horas en cada sitio, Lisboa y Madrid.

jueves, 3 de octubre de 2019

Treinta y cinco

He visto que cuando cumplí 32 hice una entrada, cuando cumplí 33 lo mismo, y con los 34 no puse nada. Y no me extraña, visto en lo que estaba metido. Pero bueno, unos días después escribí una con lo de mi padre que —por desgracia— nos quitó el protagonismo a mí y a mi sobrina (que cumplimos casi a la vez, ella dentro de dos días).

Podría decir que es el cumpleaños que más solo he pasado, junto con el de 2007, que me encontraba en Berlín, donde tampoco conocía a nadie.

Así que despido los 34, un año que empezó mal, continuó para peor y que no se ha terminado de recuperar, aunque tengo esperanzas de que la cosa mejore en los 35. Sí, ya me leísteis hace unos días, mi vida está un poco en un hoyo, pero bueno, tendré que contar con que mejorará. Hamburgo se acabará en tres meses y luego viene la total incertidumbre, salvo que ocurra el increíble milagro de que encuentre otro trabajo.

No quiero ni pensar en lo que he aprendido de los 34, porque he aprendido bastantes cosas, pero me gustaría haberlas aprendido de maneras menos dolorosas. Pero bueno, la vida es eso, ¿no?

Así que de los 35 espero que me permitan estar bien. Con eso me basta.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Se nada der certo, continue fazendo nada

La libertad de saber que no te lee nadie, incluso menos gente que en la candado de Twitter.

Es domingo por la tarde. Bueno, son las 14.28, que para los alemanes ya es por la tarde, porque la hora de comer ya fue hace unas dos horas. ¿Y qué estoy haciendo? Estoy en el gimnasio.

La vista desde la bici en la que estoy. Llueve. Como todos los días en Hamburgo.

No sería nada extraño si no fuera por el motivo por el que me he venido. Y es que he decidido venirme porque tenía tal ansiedad que he abierto dos veces el frigorífico buscando comida.

Claro, "busca algo que hacer, lee, estudia, ve series". No sirve de nada si no te puedes concentrar, porque a los dos minutos de haber empezado lo quito buscando alguna otra estimulación. Y las mías son de las que te hacen sentir mal después de acabar como, por ejemplo, comer. Así que al menos en el gimnasio no puedo hacer ninguna de ellas y además me ejercito, aunque me aburra como una ostra.

Pero es que claro, mi salud mental es este meme.

This is fine.

Me obligo a pensar que todo está bien y que todo podría ser peor. Y es que es verdad, mis problemas son una gilipollez comparados con los problemas de la gente.

Estoy en Hamburgo. No me gusta vivir aquí, pero sé que se acabará dentro de tres meses. A lo tonto ya llevo aquí mes y medio.

Pero es que cuando vuelva, lo que me espera es peor. Un trabajo donde el ambiente ya estaba mal antes de venirme y donde estará peor cuando vuelva.

No puedo buscar otro trabajo porque sin estar titulado no me consideran en ningún sitio.

Pero no me puedo titular hasta que no acabe lo que me queda de la carrera.

Y no puedo dedicarme a estudiar si no trabajo, porque necesito comer. Y si dejo el trabajo, no tengo prestación por desempleo. Pero en mi empresa ya han insinuado que no van a despedirme, que si me quiero ir, debo firmar la baja voluntaria.

Todo esto sin considerar el pequeño detalle de que no creo que haya ningún trabajo para el que realmente sirva.

Desde el punto de vista social, aquí en Hamburgo estoy completamente solo. Y no me gusta. Pero tampoco quiero ver a nadie, porque me provoca una tensión que no me apetece soportar. Me vienen a la mente pensamientos que intento evitar. Siento que mis amigos y familia se limitan a tolerarme, pero que realmente soy poco más que una carga. Luego, racionalmente, pienso que no es así y que no tengo motivos para pensarlo. Pero así lo siento y esto me hace comportarme de una manera aún más rara. Hola, círculo vicioso. He vuelto a mis 14 años.

Y del emocional, ¿qué os voy a contar? Me siento atado de pies y manos. ¿Por qué, Dani? Deja ya de ser un drama. Pues mira, porque estoy convencido de que no voy a conocer a nadie que me entienda o a quien le interese. Sé que está todo relacionado con lo del párrafo anterior. Pero tampoco sé cómo llegar a conocer a nadie a quien le pueda interesar. Además de que a mí me gusta poca gente para más de un rato.

Y esto me lleva a una espiral destructiva, a querer aprovechar el tiempo que estoy aquí pero no tener ganas de hacer nada. A querer aprovechar las tardes después del trabajo pero llegar a casa tan cansado y desganado que lo que hago es comer dulces y sentirme mal. 

Así que me fuerzo a decir This is fine mientras todo arde, porque si hubiera visto alguna salida ya la habría cogido.

Y por eso estoy aquí en el gimnasio ahora.

Si nada sale bien, continúa haciendo nada, porque salió bien

viernes, 13 de septiembre de 2019

De gente que se acerca y que se aleja

Me apetece escribir sobre mis sentimientos, pero no los tengo en orden.

Por un lado, algún amigo que se había ido alejando de mí, recientemente ha decidido confirmarme lo que ya pensaba. Y después de tanto tiempo, da más pena que dolor. Pero oye, al fin y al cabo aceptas que la gente viene y va. Fuimos muy cercanos, fue muy importante en mi vida, pero hay caminos que se separan. Hace tiempo pensé y llegué a la conclusión de que todo el mundo evoluciona, sus vidas toman un itinerario que los hace coincidir con otras personas un tiempo, y la mayoría de las veces no es para siempre (por eso tampoco creo en el amor eterno).

Y por otro lado, me siento muy agradecido por haberme rodeado de gente especial y de que me acompañen cada día, aunque sea a miles de kilómetros. Gente que merece la pena y con la que puedo contar para lo que necesite. Y esto viene porque he pasado un fin de semana maravilloso con personas muy valiosas, que además nos llegamos a conocer casi por casualidad. Son mis AVL Hunters ❤️.

Ellos, junto con el "grupo principal", mis hey bitches, mi familia y alguno que otro desagrupado, me recuerdan cada día que vivir puede no estar tan mal, después de todo.

Os quiero. ❤️

domingo, 1 de septiembre de 2019

Iluminaciones

Cuando la vida requiere que hagas cosas ya, te pone problemas que necesitan toda tu atención y todo tu esfuerzo, todo lo que tiene menos importancia desaparece.

Me he dado cuenta de que el viaje a Bremen y la mudanza a Hamburgo me han servido para olvidarme de mi drama emocional. La necesidad de encontrar alojamiento, de adaptarme a un nuevo trabajo, de organizarme la vida de la manera menos perjudicial posible, han captado toda mi atención durante estas semanas.

Y no es que haya olvidado del todo a JJ, no lo he hecho. Y no creo que lo olvide nunca, porque por suerte o por desgracia, lo que pasó quedará para siempre. Pero si antes dolía, aunque fuera poco, ahora ya no duele. Esta frase de una de las canciones que más he oído estos meses atrás ya no es aplicable:

Si ya no queda nada de que hablar, si ya no queda nada que callar, ¿cómo puede ser que duela tanto? (Diciembre, La Oreja de Van Gogh)

También ha ayudado el hecho de no tener que estar enfrentándome todos los días a sitios y a acciones cotidianas que relacionaba con él de un modo u otro. Lo de cambiar de aires funciona.

Me sigue doliendo que se comportara así, y haberme enamorado de alguien que me respondió de esa manera. Pero esos aspectos tan concretos ya no los recuerdo a cada rato, a veces ni siquiera cada día. Por otro lado, estoy contento de empezar a volver a ser yo, porque en estos dos años no lo he sido. Había elegido dejar de serlo para gustarle a alguien que rechazaba los aspectos de mi vida que más me definían y más me gustaban.

No duele, pero afecta. Afecta porque traigo secuelas, porque donde antes confiaba ahora desconfío, porque donde antes me lanzaba ahora me retraigo, porque donde antes me enorgullecía ahora me avergüenzo. Y verme esas secuelas sí me duele, aunque esté intentando superarlas y sanarlas. Pero claro, cuando estás hablando con un amigo que te conoce de hace muchos años y de repente te dice... Dani, ¿por qué dices eso? Tú nunca has sido así... Sí, eso duele. Y no es su culpa, solo describe algo que es cierto. Soy, de nuevo, el gato escaldado, como en esta entrada de hace diez años.

Así que, bueno, de todo hay que sacar una lectura positiva. Aunque todavía estoy en las primeras etapas de la recuperación, he decidido no esconder las cosas que me gustan. Si eso significa que voy a estar solo, pues mira, como decía mi madre, a mí no me hace falta nadie. Es mentira, porque familia y amigos siempre hacen falta (y estoy muy orgulloso de los que tengo), pero no me hace falta una pareja, por mucho que eche de menos el cariño físico. O al menos, desde luego, no una que se limite a tolerarme y solo cuando está de buen humor. Yo vengo en un pack con todas mis características (¡incluido mi equipaje!), y no puedo ser personalizado a placer.

Por lo pronto, ahora toca pasar unos días en Sevilla, otros días con algunos de mis mejores amigos en Calp, y luego vuelta a la aventura alemana, por pocas ganas que tenga. Y, de ahí, aprovechar todo lo que pueda.

sábado, 17 de agosto de 2019

Alemania y sus sombras

Hace años, 15 concretamente, me volví de mi beca Erasmus en Erlangen completamente entusiasmado de lo que había vivido en Alemania, de sus costumbres, su civismo y su manera de hacer las cosas.

Era un chaval universitario de 19 años por entonces. Ahora soy un adulto de 34 que por motivos laborales se ha visto semi obligado a pasar en Alemania unos meses y veo las cosas de manera diferente.

Este país tiene muchas cosas buenas, ¡por supuesto! Pero dado que no lo estoy pasando bien, hoy voy a dedicarme a enumerar cosas que no me gustan.

Vamos con lo primero. El milagro económico alemán. Una de las primeras economías del mundo. Sede de grandes empresas, grandes industrias, uno de los centros mundiales de la tecnología, y primer país de Europa en riqueza. ¿Verdad?

Por eso hay tanta, tantísima gente sin hogar y tirada en la calle, gente que malvive con trabajos de pésimas condiciones y con sueldos que no dan ni para una habitación en un piso compartido. Por eso no solo los vagabundos rebuscan en la basura a ver qué pueden rescatar. Creo que he visto más gente durmiendo en la calle y rebuscando en la basura en Hamburgo que en Sevilla.

Los alemanes están súper concienciados con el medio ambiente. Pero solo cuando se refiere al consumidor. El consumidor debe separar los residuos, participar del sistema de devolución de envases, comprarse coches híbridos y usar el transporte público (estoy a favor de estas cuatro medidas, pero no de la manera en que son fomentadas). El consumidor pobre, claro. El rico puede hacer lo que le dé la gana, dado que todos los incentivos para ser ecológico son basados en el dinero. Si tienes dinero puedes contaminar todo lo que te apetezca. De ahí que las empresas puedan seguir generando residuos sin problema, porque la culpa del cambio climático es del pobre consumidor alemán que comparte piso, se ducha una vez a la semana y tiene un mini job.

(Lo de ducharse una vez a la semana no es una exageración. Hay bastantes alemanes que se duchan una o dos veces a la semana. Y si les dices que te duchas cada día te mirarán como un derrochador de recursos, a pesar de que hueles bien y ellos no).

Los alemanes, además, están muy preocupados con lo que comen. Por eso se preocupan de que todo sea de agricultura y ganadería biológica. Porque es muy importante no comer colorantes, conservantes, y otros aditivos que se han demostrado mil veces que no tienen ningún efecto negativo sobre la salud. Da igual, es muy importante que nuestra comida no los lleve. Sin embargo, es muy difícil encontrar productos sin azúcares añadidos. ¿Dulces sin azúcar? No existen. ¿Refrescos sin azúcar? Solo hay un par de ellos (la gama zero de Coca-Cola, el mezzo-mix zero de marca blanca y la gaseosa sin azúcar). ¿Edulcorante artificial, como la sacarina o el aspartamo? No se encuentra, no hay en los supermercados. Es artificial, ¡por favor! No quieren de eso. Prefieren tomar azúcar (sustancia que desde hace siglos se sabe que causa diabetes) antes que sacarina (que se ha demostrado inocua, pero es artificial).

Y vale, tan capitalista es Alemania como Andalucía. En ambos sitios no somos más que piezas que utilizan los burgueses para hacerse más ricos, dándonos uso como trabajadores (en nuestro tiempo de trabajo) y como consumidores (en nuestro tiempo libre). Pero aquí la sensación de impersonalidad me parece más fuerte. Quizá porque estoy trabajando en una fábrica con miles de personas y para llegar a ella tengo que coger un tren abarrotado, un autobús abarrotado y un barco abarrotado. Y durante todo el viaje no paras de ver publicidad. Está allá donde mires en las estaciones de transporte público, en el camino al trabajo, en las paradas de autobús. Aquí la cantidad de publicidad es el doble, y es bastante más llamativa, o a mí me lo resulta. Si a eso le sumamos que es difícil encontrar sitios para comer que no sean franquiciados, llegas a la conclusión de que la decadencia aquí está bastante más avanzada. Hasta las pastelerías son las mismas en todas las estaciones de la ciudad. Aquella pastelería tan mona que parecía única y que conocí en la estación de Altona, ya la he visto también en Hauptbahnhof y en Jungfernstieg...

Termino con un tema que me toca bastante la moral. Por desgracia he tenido que tratar con el mercado inmobiliario de la ciudad de Hamburgo. Y aquí hay mucha demanda y poca oferta de viviendas. ¿Eso en qué se traduce? En que los propietarios se creen semidioses con derecho a todo. De hecho, ponen anuncios de pisos en alquiler como mes y medio antes de que la casa se quede vacía, porque así pueden entrevistar a todos los posibles inquilinos y elegir al que más les gusta. No les basta con poseer un bien de primera necesidad y lucrarse de la necesidad de otras personas, sino que encima tienes que aguantar que te traten como basura irresponsable en tu cara. En una de las visitas a pisos tuve que soportar que la señora propietaria nos dijera lo que debíamos hacer para que no saliera moho en la pared de la casa porque si salía perdíamos la fianza. Todo esto sin saber aún si le íbamos a alquilar el piso. Panda de aprovechados.

Llevo una semana en Hamburgo y no sé si voy a aguantar mucho. Solo sé que no quiero estar aquí. Que este no es mi sitio. No sé si me equivocaré o me llegaré a adaptar, pero ahora mismo me siento fuera de lugar y quiero volver a mi vida.

domingo, 11 de agosto de 2019

En lugar hostil


Te despiertas en una habitación de hotel de mala muerte. Has dormido algo más de cinco horas porque llevas tres semanas trabajando de noche y aún tienes el ritmo cambiado. Y no has podido seguir durmiendo porque se oye todo lo que pasa en las habitaciones de al lado y los portazos de los otros huéspedes al salir de su habitación para entrar en el váter compartido por toda la planta, que tienes justo enfrente de tu puerta.

Te preguntas si es el peor sitio en el que hayas dormido jamás y te das cuenta de que probablemente sí, a porfía con ese mugriento hotel en Coimbra en el que pasaste una noche en un viaje escolar en el año 2000, la primera vez que dormiste fuera de casa. Este al menos no está sucio, pero vives con el miedo de que, en cualquier momento, alguien aporree tu puerta gritando cosas que no entiendes.

Estás en el centro de Hamburgo, junto a la estación central de ferrocarril. Sabes cómo has llegado hasta aquí, eres capaz de reconstruir todos los sucesos que te han traído hasta donde estás, pero no sabes qué demonios estabas pensando cuando aceptaste sucesivamente todas esas proposiciones que te han llevado lejos de casa y de aquello que te gusta.

Te quejabas de que no estabas bien, pero ahora miras esta habitación con ducha y un lavabo que no traga, tan pequeña que si abres la maleta no puedes abrir la puerta, y te preguntas si la solución a tus problemas era huir a un sitio hostil, a un trabajo que no conoces, y del que ya te han avisado que va a ser desagradable.

Echas de menos tu casa, tu cama, tu ciudad, tu coche, tu moto, incluso tu verano, ese del que tanto te quejabas. Y aun así no puedes permitirte pensar en esas cosas. Reprimes la nostalgia porque recuerdas que necesitas encontrar piso en esta ciudad antes de que acabe la semana, sabiendo que no vas a encontrar nada por menos de la mitad de tu sueldo mientras estés aquí, porque la ciudad es cara y ninguno de esos propietarios de casas en las que no viven quiere alquilarle un piso a un tío que solo viene para cuatro meses. Vuelves a sentir asco por el capitalismo, pero te ves obligado a jugar con sus reglas, así que ya es otro sentimiento que reprimes.

Hace un mes estabas en Sevilla y no tenías ni idea de que te iban a enmarronar yendo a Bremen primero y a Hamburgo después. Tú no querías esto, tú lo que querías era dejar el trabajo y terminar tu carrera. Ahora sigues atado en la misma empresa pero con un plus añadido de supervivencia, y por otro lado, lo único que te llenaba, tus estudios, los has dejado aparcados un cuatrimestre por esta mierda de idea de la que apenas sacarás quinientos euros al mes.

Y encima te quedas colgado de un compañero de curro al que solo conoces de tres semanas y que no volverás a ver pero, aunque lo hagas, no tienes claro si es hetero o si tiene novio, solo tienes claro que tus posibilidades son cero y que, probablemente, aunque las tuvieras, no te conviene.

Quieres pensar que has tocado fondo, pero en ese instante te recuerdas que eres un dramático, que «por lo menos tienes trabajo», y esa malintencionada conciencia que te introdujeron en tus años de crianza y aprendizaje te hace sentir mal por no estar bien, por no sentir los sentimientos correctos, los que se esperan de ti.

Feliz domingo Dani, disfruta de tu vida.

Actualizo: el mismo día que escribí esto, por la noche, encontré chinches en mi cama. Me habían picado. No, la habitación no estaba limpia como yo me pensaba.

martes, 25 de junio de 2019

El vacío post-exámenes

Querida audiencia,

esta mañana he terminado los exámenes de junio, con penas y glorias.

Penas porque he dejado Mecánica de Fluidos para septiembre, lo decidí el mismo día, media hora antes del examen. Y porque hoy he hecho Electrónica y he salido con una impresión tan mala que me siento un fraude. Bueno, entre eso y todos los demás motivos que ya tenía.

Glorias pero descafeinadas, por las que he aprobado. Sé que tanto Dibujo, como Prevención de Riesgos, como Operaciones Básicas con Sólidos y Fluidos están aprobadas, pero con notas muy cortitas, entre el 6 y el 7 las tres (aunque aún no sé qué resultado habrá tenido el examen de OBSF que hice para mejorar la nota, pero no me espero nada excelente de él).

Así que, de las cinco asignaturas que llevaba este año, he aprobado tres, una la he dejado, y la otra aún no sé qué resultado tendrá. Pero tres de cinco es bastante decepcionante, la verdad, sobre todo teniendo en cuenta lo que me queda. Y lo que más desanima es que solo llevaba cinco y he estado agobiado al máximo. De hecho han pasado cuatro meses desde febrero y ni me he dado cuenta porque no he tenido tiempo libre para pensar en ello.




Esta es la situación para terminar la carrera. Siete asignaturas en el mejor de los casos, diez en el peor. Y aún me pregunto cómo voy a arreglármelas. Veo que el año que viene no acabo.

Y ahora la peor parte: acabados los exámenes, que era mi meta personal más cercana, ahora no tengo nada que me distraiga y me puedo poner a pensar en lo mal que estoy en el trabajo.

Si es que el que está bien es porque quiere.

sábado, 11 de mayo de 2019

#DearMeTenYearsAgo

He visto este 'desafío' en Twitter y me ha gustado. ¿Qué le diría el Dani de hoy al Dani de hace diez años?

  1. No sabes nada de la vida. Es normal, te creerás muy maduro pero con 24 años eres un niñato.
  2. No estás bien, sé que no estás bien. Pero la vida mejorará, y llegará un momento en que no te arrepentirás de haberte mudado a Sevilla.
  3. Deja de ser dogmático. Infórmate de por qué defiendes lo que defiendes.
  4. Acércate a la gente inteligente. Deja de sentirte amenazado por ella.
  5. Aprende todo lo que puedas de quien puedas. Todo lo que aprendas te servirá.
  6. Valora tus buenas cualidades. Tienes muchas. Deja de centrarte en tus defectos, con la edad los pulirás.
  7. Has aceptado tu sexualidad, o eso te crees, pero no tu manera de ser. Sé como te guste ser. Haz lo que te gusta. Y, de una maldita vez, tener pluma no es malo, ni en ti ni en nadie. 
  8. El orgullo nunca ha dado de comer. Acércate a la gente a la que echas de menos. Pide perdón por tus errores y perdona a los demás.
  9. Todo el mundo es un compendio de buenas y malas cualidades. Deja de crucificar a la gente porque hayan hecho algo mal.
  10. Piensa bien antes de pensar mal. Intenta entender por qué los demás hacen lo que hacen, incluso cuando no te gusta lo que hacen.
  11. Piensa antes de reaccionar. Piensa antes de hablar. Te ahorrará pedir perdón luego y sentirte mal por haber hecho daño a la gente a la que quieres.
  12. No intentes cambiar a la gente. Si no te gusta el comportamiento de alguien, toléralo o aléjate, pero no te metas en su vida. Dale consejos si te los pide.
  13. No dejes que te cambien. No te dejes llevar por lo que 'deberías ser'. Encuentra tu propio camino y tu propia manera de ser feliz. La aprobación de los demás no te dará la felicidad.
  14. Di lo que quieres, busca lo que necesitas. No esperes que salga de los demás, porque a lo mejor no saben lo que necesitas. Y no tienen por qué saberlo, y no son peores por no leerte la mente.
  15. Trata bien a la gente buena, y estará ahí para siempre. Pero no te empeñes en soportar a quien no soportas. Solo también se está bien.
  16. Escucha a la razón antes que al corazón. Deja ir a quien ves que no te conviene, por enamorado que estés.
  17. No abandones a quien te quiere por quien te gusta. No merece la pena, lo pasarás mal.
  18. Afíliate a un sindicato ya. No te limites a pagar la cuota. Fórmate, infórmate y ayuda a tus compañeros.
  19. Termina tu maldito Proyecto Fin de Carrera.

La vista

Queridos, vengo a contaros mi historia con la miopía.

¿Cuándo descubristeis que veíais mal?

Yo lo descubrí nada más entrar en la universidad. En el instituto siempre había estado en clases pequeñas y, cuando pasé a aulas en grada y a sentarme bastante más atrás, veía peor la pizarra. Pero yo no sabía que era miope.

Lo curioso de la miopía es que uno da por hecho que es normal no ver bien las letras de lejos. Es normal, están lejos. Si quieres verlas, acércate.

Pues un día, hablando con una compañera en un cambio de hora, tenía ella sus gafas encima de la mesa y me dio por probar a verlas, lo que se hace siempre por la broma y la tontería. Cuál fue mi sorpresa, que al ponerme sus gafas leía perfectamente las letras de la pizarra, que se encontraría a una distancia como de unos 30 metros.

Mi miopía era lo bastante leve como para que no hubiera tenido repercusiones en mis estudios, pero agradecí el poder ver a partir de entonces. Tenía solo 1 dioptría en el ojo izquierdo y 0,75 en el derecho, pero era lo suficiente como para depender de las gafas en casi cualquier situación que no se desarrollara en casa (e incluso para ver la televisión me hacían falta si quería leer letreros como, por ejemplo, en las puntuaciones de Eurovisión).

Al año siguiente quise probar a llevar lentillas, animado también por compañeros de clase. Recuerdo que me gustó mucho la sensación de poder ver perfectamente sin tener nada apoyado en la nariz.

Así que he llevado gafas desde los 16 años y lentillas desde los 17. Tengo 34 años ahora, es decir, llevo con corrección óptica la mitad de mi vida.

Ayer, viernes 10 de mayo de 2019, me sometí a cirugía láser para corregir mi miopía. Ya no soy miope.

Los días antes de la operación estuve pensándomelo mucho e incluso arrepintiéndome. Es una operación arriesgada (realmente no tanto) y cara (realmente ya no tanto) para algo que no me resultaba tanto problema en mi vida diaria (realmente sí).

Ayer me operé por la mañana, estuve unas horas con los ojos irritados y con escozor, así que bastante reposo ocular y visual, y por la tarde pude salir a la calle. Más o menos, veía bien.

La gran sorpresa es la mañana siguiente. A mí ya me habían dicho que era una maravilla abrir los ojos y ver bien; pero a mí no me valía con eso porque yo veo bien de cerca. Para mí el choque ha sido al asomarme al balcón. Vivo en un quinto y puedo leer las matrículas de los coches aparcados junto a mi casa.

Ha sido un esfuerzo económico importante, pero estoy muy contento de como me encuentro ahora y de como veo. Me alegro de haberlo hecho y me gustaría que todo el mundo pudiera experimentarlo.

Ya no más ir a la óptica a probarme gafas, soportarlas sobre la nariz, limpiarlas porque se ensucian; ya no más meterme los dedos en los ojos para ponerme las lentillas y arriesgarme a conjuntivitis.

(Vale, dentro de unos años me vendrá la vista cansada, pero me queda algo de tiempo para disfrutar de esto).

Testimonio de un exmiope.

(Y felicidades a mí porque este es mi texto número 400 en el blog).

miércoles, 2 de enero de 2019

Pasando página

Por mucho que quieras algo, cuando no te hace bien, tienes que dejarlo ir. Antes de que te haga más daño, antes de que sea demasiado tarde.

Por mucho que cueste.

Y a mí me está costando muchísimo, pero si lo conseguí anteriormente, lo conseguiré ahora.

Me da miedo lo que hay por delante, también me da pereza, pena, y otras sensaciones más. Pero tengo que pensar en mí mismo y en estar bien el tiempo que me quede; y en aprender a ser emocionalmente saludable en mis próximas experiencias.

En 2018 quería ser más yo, y al final dejé de serlo para hundirme en una vida que no era la mía. A ver si en 2019 lo consigo.

lunes, 31 de diciembre de 2018

En 2018...

Mi esperadísimo resumen de 2018:

  • Finalmente fui a Eurovisión, uno de mis grandes sueños. Y no solo fui a Eurovisión, sino que lo hice a lo grande, me pasé una semana en Lisboa (una ciudad que me encanta en un país que siempre he amado), fui a seis galas, conocí a gente espectacular con quien llevaba años hablando... Fue una verdadera pasada. Y lo mejor es que tampoco gasté tanto.
  • Empecé y terminé una relación con una de las personas que más he querido en mi vida, y que sigo queriendo, a pesar de que tuviéramos demasiadas diferencias.
  • Dado que en diciembre de 2017 me saqué mi carnet de moto A2, en enero de este año me compré mi querida Kawasaki Z650, una moto que me encanta y que no utilizo lo suficiente, pero que espero usar más en el año que empieza.
  • Viajé muy poco... demasiado poco, pero bueno, estuve en Málaga un par de veces y volví a Lisboa.
  • Conocí sitios como Benahavís, San Nicolás del Puerto o Isla Cristina.
  • En cuanto a la carrera, aprobé las tres asignaturas de las que estaba matriculado; en dos de ellas saqué matrícula de honor. No es por presumir, pero oye, que me lo curré.
  • Y relacionado con lo anterior, tuve un episodio severo de estrés que se manifestó en fiebre y dolores de cabeza todos los días. Todos los días. No se lo deseo a nadie. A raíz de ahí decidí que me bastaba con aprobar, no necesitaba sacar nota.
  • Con esos resultados, la matrícula del nuevo curso me salió gratis.
  • He desvirtualizado a Josep, Bernabé y Antonio. Me reencontré con Cris y con Aitor.
  • Sin novedades en el trabajo, la empresa se va al garete pero yo (todavía) no estoy en peligro. Me sugirieron que me fuera a Alemania, pero no me postulé porque el año anterior ya me habían rechazado por ser sindicalista.
  • Murió mi padre, con quien no hablaba desde 1997. Decidí ir al responso y allí tuve un encuentro un poco violento con su familia posterior que me hizo ver las cosas de una manera diferente. Ya os lo comenté en octubre.
  • De nuevo intenté cambiar de gimnasio pero fue para nada; sigo en el mismo.
Y eso es todo. En el anterior resumen del año dije que 2017 fue malo, y viéndolo ahora lo recuerdo con mucho cariño. 2018 ha sido peor, pero 2019 será muchísimo mejor. Lo juro.

domingo, 7 de octubre de 2018

Cuando ya no hay nada que hacer

Los que seguís mi blog desde hace tiempo y los que me conocéis a fondo sabéis algunas cosas de mi vida de las que no hablo a menudo. Una de ellas es la relación que tenía con mi padre.

Os resumo, mis padres se separaron cuando yo tenía 8 años y estuve viéndolo dos horas a la semana unos cuatro años más; después perdí el contacto.

La cuestión es que, por un motivo u otro, he crecido sin padre, no he tenido un referente masculino. Y sin embargo, de él saco un montón de cosas, empezando por el parecido físico. Por la calle he llegado a oír «este es el hijo de Antonio» por parte de desconocidos, que obviamente conocían a mi padre pero yo de ellos no sabía nada. 

El pasado jueves por la tarde, el día después de mi cumpleaños, mis hermanas y yo nos enteramos de que mi padre había muerto.

Al principio no reaccioné porque total, llevaba 21 años sin saber de él, sin tener ningún tipo de contacto con él, así que mi vida no iba a cambiar por esto. Al menos en la cotidianeidad. O eso pensaba yo.

El palo vino al día siguiente, cuando empecé a pensar en todo lo que significaba esto.

Porque una cosa es no hablar con tu padre y otra saber que nunca lo podrás volver a hacer.

Porque he crecido sin saber explicar muchas de las cosas sobre mí, y sin darme cuenta de que tenía esa oportunidad para descubrirme y para descubrir a una persona a quien realmente no llegué a conocer, puesto que dejé de saber de él cuando tenía 12 años.

Porque todo lo que sabía sobre mi padre era lo que contaban mis hermanas (con mi madre, en general, no podía hablar mucho de él). Y, en palabras de mi hermana mayor, «lo que más te gusta de ti mismo, lo heredaste de tu padre». El sindicalismo, la cultura del trabajo, el intentar hacer las cosas bien hechas. Y en gran medida, el sentido del humor.

Pero no me acerqué a él en estos 21 años. Primero, por no disgustar a mi madre. Pero una vez que no estuvo, me faltó a mí el valor de llamar y preguntar. Llamémoslo miedo a ser rechazado.

Es cierto que se cometieron muchos errores por ambas partes. Pero yo solo puedo culparme de los míos. Es cierto que pude hacer y no hice. Pude enmendar y no enmendé. Y eso me lo tendré que llevar.

Porque si una cosa he aprendido en la vida es que la culpa no lo es todo, que el daño no siempre se hace con intención, y que los problemas siempre tienen dos puntos de vista y no siempre vemos los dos.

Pero eso ya no importa, porque ya no tiene solución.

Solo queda aprender que cuando quieres algo, no puedes esperar a que lo hagan los demás. Y cuando necesitas algo, no puedes patalear que los demás no lo hicieron, si tú no moviste un dedo. Y el orgullo nunca va a hacerte feliz.

Si quieres algo, búscalo. Si necesitas algo de alguien, díselo. Mañana puede que ya no esté.