martes, 28 de marzo de 2017

Lo natural siempre es mejor

Lo natural siempre es mejor. ¿A que lo habéis oído alguna vez? ¿A que últimamente has recibido este mensaje, de una forma u otra, por varias vías y de varias personas diferentes? Se ha convertido en un verdadero bombardeo esta obsesión con las bondades de lo natural y de lo malos que son los procesos y los aditivos. Y me refiero sobre todo a la comida, pero no exclusivamente.

Os podría hablar, para empezar, de la gilipollez de los cinco venenos blancos (sal, azúcar blanco, harina refinada, arroz blanco y leche pasteurizada) que a tanto iluminado le ha dado por difundir. Según este estúpido mito, al parecer, el azúcar blanco es malo porque está refinado (pero el azúcar moreno, que tiene prácticamente la misma composición química, no es malo). Todo en orden.

Esta moda absurda es la que nos ha llevado a mirar mal el hecho de que la comida lleve conservantes. «Sin conservantes» es un reclamo típico. ¿Pues sabes qué? Yo quiero que mi comida lleve conservantes. Desde luego, prefiero eso a que se pudra, se infecte o le salga moho.

Los aditivos nos han facilitado la vida de una manera inimaginable. Si no fuera por los aditivos, solo podríamos comer lo que se hubiera recolectado o sacrificado pocas horas antes a poca distancia de nuestra casa. Sin aditivos no existiría la comida preparada o semipreparada, que a muchos os parecerá una abominación, pero hay gente que la necesita para poder tener el trabajo que tiene, por ejemplo. Sin aditivos no existirían las galletas envasadas, no existiría la bollería; no existiría la comida para bebés. Ni siquiera existirían los embutidos. El pan sería ázimo, porque ¿sabes lo que es la levadura? Exacto, un aditivo.

La modificación genética, tan denostada ahora por el asunto de los transgénicos, es la que nos ha permitido tener frutas comestibles, carnosas, con pocas semillas o con buen sabor. Ni el tomate, ni el plátano, ni la sandía, ni el maíz se encuentran en la naturaleza tal y como los conocemos. Por favor, ni siquiera la naranja es un fruto natural. Te invito a que pruebes un día una zanahoria salvaje, a ver si eres capaz de comértela.

Estamos comiendo cada día productos de la agricultura, productos genéticamente modificados durante siglos mediante cruces e injertos; pero rechazamos que se pueda cultivar trigo sin gluten, que permitiría hacer pan para celíacos de una manera mucho más barata… porque es transgénico. Mejor dejarse llevar por bulos y leyendas urbanas que facilitarles la vida a los celíacos.

Dejemos ya de idealizar «lo natural»: no todo lo natural es bueno ni beneficioso, y no todo lo creado por el ser humano es malo ni perjudicial. Cocinar no es natural. Vestirse no es natural. Utilizar la electricidad no es natural, ni la mecánica.

¿Sabes lo que es natural? Natural es hacerse una herida y dejar que se gangrene. Natural es morir de polio a los 10 años. La tuberculosis es natural, el cáncer es natural. ¿La quimioterapia? No, la quimioterapia no es natural. Y no te recomiendo que intentes curarte de cáncer por métodos «naturales», porque todos los que lo han intentado están en el hoyo, desgraciadamente.

Abramos los ojos de una vez. Sí, en la sociedad hay problemas de salud graves, problemas que podríamos y deberíamos solucionar para mejorar. Pero nos encontramos ante la sociedad más sana y más longeva de la historia… ¿seguro que no ha tenido nada que ver que nos hayamos alejado de «lo natural»?

Aceptemos que nuestra sociedad no es «natural», pero es que tampoco le hace falta serlo. Y en vez de dejarnos llevar por el primer iluminado, por el primer blog que nos encontremos alertando de los peligros de cualquier alimento, recurramos a la ciencia y oigamos lo que nos tiene que decir. No, la harina de trigo no es mala. No, el azúcar blanco no es ningún veneno. Ni el glutamato, ni los colorantes, ni la sacarina. Ni, desde luego, la leche (salvo para los intolerantes a la lactosa o los alérgicos a la proteína de leche de vaca).

No hemos llegado hasta aquí creyéndonos a charlatanes sino aplicando el método científico. Sigamos avanzando.

Lectura recomendada: «Los productos naturales, ¡vaya timo!», de José Miguel Mulet. 

domingo, 19 de marzo de 2017

¿El valor para marcharse?

Os lo cuento por aquí: en mi empresa han sacado cuatro de puestos fuera de la ciudad. No para misiones temporales, sino como destinos de larga duración.

Habiéndome planteado mi situación actual, a saber, en mayo hago cinco años en la empresa y, como digo yo, han sido cinco años sin moverme de la silla, creo que lo correcto es aprovechar esta oportunidad y presentar la candidatura a estos puestos.

(A ver, que tampoco está mal, porque mi puesto es el que más me gusta dentro de la empresa, pero a veces se agradece que cuenten con uno para tareas diferentes).

Por supuesto, ya he entrado en modo pánico ante la posibilidad de:
  • hacer una mudanza otra vez
  • tener que tirar un montón de trastos para viajar ligero
  • no tener una residencia fija
  • vivir en un sitio donde los alquileres son desorbitados
y, por último pero no menos importante, abandonar Sevilla.

Llevo casi nueve años aquí y la siento como mi ciudad. No me hace gracia marcharme y que deje de ser mi sitio. Pero hay oportunidades que no se pueden dejar pasar, sobre todo cuando tenemos una edad.

Os iré contando las novedades.

domingo, 12 de marzo de 2017

Why do I always get it wrong


No more sad songs on lonely nights,
no more seeking the wrongs or rights of it.
No more playing the fool for you,
you can do what you wanna do now.

No more sad songs for me to sing,
no more heartaches, no more heartaches,
so now you can't hurt me.

Sometimes I wish that we had never met
'cause you're my weakness, you're my weakness,
you're my one and only regret.

I am running, running, running where you won't find me.
Don't wanna play the fool for you,
so go on your way, do what you gotta do.

domingo, 19 de febrero de 2017

Superatontado

Querida audiencia, vengo a hablar de un tema del que no he hablado nunca por aquí, y del que no suelo hablar en público. Es una cuestión que he llevado en secreto todo lo que he podido.

Os cuento sin más dilación, de chico fui lo que ahora viene en llamarse un niño de altas capacidades intelectuales. Por entonces nos llamaban superdotados o, los más chapados a la antigua, niños prodigio (que hoy suena muy duro, pero estamos hablando de una época en la que a las personas con movilidad reducida se les llamaba «inválidos»).

¿Por qué cuento esto? He leído un hilo en Twitter (enlazo aquí, su autora es Violet, @daintyataraxi) que habla de los mitos alrededor de las personas con este problema (y elijo bien la palabra, problema, porque para mí lo ha sido). Me ha agradado mucho encontrarme el hilo porque me he sentido completamente identificado y, además, reconforta ver que hay gente que ha pasado por lo mismo.

Voy a comentar algunos de los mitos que menciona el hilo pero centrándome en mi experiencia.

«La gente con alta capacidad intelectual lo hace todo bien». Obviamente es falso. Empezando porque la alta capacidad intelectual es exactamente eso, intelectual. Ya de chico, una psicóloga que me trató le dijo a mi madre señora, su hijo es muy inteligente, pero torpe como él solo (dramatización). Mi psicomotricidad aún hoy es decepcionante, y ahora que estoy con las prácticas de moto, puedo asegurar que con 32 años no es nada buena.

Y por otro lado, alta capacidad intelectual no significa infalibilidad. Claro que nos equivocamos, ¡vaya si nos equivocamos!

«La gente con alta capacidad intelectual siempre saca buenas notas». Pues no. He de decir que a mí me dieron un trato especial en el colegio y pude evitar el fracaso escolar, que he leído que se da mucho entre niños con AACC. Pero no, no sacaba siempre buenas notas. La alta capacidad no vale de nada por sí sola: si te faltan otros factores (hola, motivación), no pones interés, no aprendes y no rindes en un examen.

El propio hilo habla de las deficiencias del sistema educativo en este sentido. Nuestro sistema educativo se basa en memorizar y repetir. A mí me costaba la vida aprender cosas de memoria. Primera y fundamentalmente, porque no me interesaba lo más mínimo. ¿Qué ganaba yo aprendiendo datos como un papagayo? No me proporcionaba ninguna satisfacción, así que no lo hacía. Que podréis pensar que uno no estudia por satisfacción, pero si a una persona que tiene curiosidad y que disfruta aprendiendo le dices que, en lugar de aprender, tiene que memorizar, la frustras (sobre todo a un niño, que no sabe gestionar sus emociones). Esto es así.

He dicho que me dieron un trato especial en el colegio, dentro de sus limitadas posibilidades, dado que no existía ningún programa previsto para niños superdotados. En mi caso, el equipo docente se implicó mucho y resolvió que me meterían en clases de dos cursos por delante (hice 4º de EGB con 7 años). Esto provocó diversos problemas, tanto burocráticos como de desarrollo personal. Los burocráticos ya no importan, y los de desarrollo personal los mencionaré ahora.

«La gente con alta capacidad intelectual no necesita ayuda en nada». Otro error. Claro que necesitamos ayuda. Como bien dice Violet, puede que académicamente necesitemos menos ayuda, pero la necesitamos de otro tipo. Ella comenta la ayuda emocional y yo no podría estar más de acuerdo.

No miento a nadie si os digo que crecí con una cierta sensación de soledad. De ser incomprendido, de no encajar, y todo por culpa de esta característica. Los niños con los que estudiaba me veían como algo raro, porque era dos años menor que ellos (a eso sumamos los que no llevaban bien que sacara buenas notas siendo más chico). Con la mayoría me llevaba bien, pero la relación se acababa a la hora que sonaba la sirena, así que crecí sin demasiadas relaciones de amistad (por no decir ninguna).

Y aunque mi familia siempre me quiso mucho, y siempre tuvieron muy buena intención, en este tema muchas veces no resultaron de mucha ayuda. Porque el estigma que tenía en el colegio continuaba en casa. Frases como «no me preguntes, eres tú el superdotado» no me ayudaban en ningún sentido. U otras como «más que superdotado, eres superatontado». (Bonito juego de palabras, a sumar al de «niño podrido» que me hacían los niños del colegio).

«La gente con alta capacidad intelectual no se relaciona». Sé, me consta, que es mentira, que no es una generalidad… pero en mi caso se cumple. Claro que yo encuentro la explicación en mi infancia. Mi característica era mi carta de presentación, así que todos los prejuicios asociados se manifestaban desde el minuto 1. El 80% de las veces que alguien me conocía por primera vez, me ponía a prueba. Me acabé cansando de que cualquier desconocido me preguntara cuánto era la suma de dos números, por dónde pasaba cualquier río, o cualquier otra pregunta que se le ocurriera (cuya respuesta a veces sabía y a veces no). Creo que se puede entender que, con estas experiencias, acabara evitando activamente conocer gente nueva.

A esto hay que sumar, además, la falta de intereses comunes entre otros niños y yo, pues a mí me apasionaban todos estos temas intelectuales, pero las actividades más comunes de niños (jugar a la pelota, a las canicas, etc.) no me interesaban, y además se me daban mal. Por todo esto, no desarrollé de chico las habilidades sociales que, aún hoy, me faltan.

Y voy con el último mito que menciona Violet: «tener alta capacidad es guay». No sé si reírme o llorar. Hoy en día puedo decir que estoy un poco más en paz conmigo mismo, que he aprendido a vivir con esto y con todo lo que me ha conllevado, y por eso he sido capaz de escribir este texto. Pero durante casi toda mi vida, si me hubieran dado a elegir, habría elegido no tener alta capacidad, no tener ese problema que los demás no tenían, y que me trataran como trataban a los demás.

Porque, además, una de las peores consecuencias que ha tenido para mí es la dificultad para aceptar mis limitaciones. La baja tolerancia al fracaso. Crecí oyendo de todo el mundo que lo que hacía no era suficiente, que podía hacerlo mejor. Yo a casa podía llevar algún notable (si el resto eran sobresalientes), pero si eran dos o tres era porque no me había esforzado. Y no niego que en algunos casos era cierto, que podía haberme esforzado más, pero como digo arriba, a nadie le importaba la motivación. Empezando por los docentes, que en muchos casos también me acababan diciendo que tenía que esforzarme más, pero no hacían nada para que quisiera hacerlo.

¿Esto en qué se traduce? En que uno acaba interiorizando que no puede fallar y acaba convirtiendo cualquier error en un drama y en una crisis emocional. ¿Ejemplo? Tener 24 años, ir en coche con alguien a quien no quería decepcionar, pasarme la salida de la autovía e hincharme a llorar por eso. Así eran las cosas.

Para ir terminando, creo que esto os ha podido dar una idea de por qué he llevado en secreto esta cuestión. Me había perseguido durante tantos años, que para mí fue una liberación impresionante conocer gente sin que supieran que tengo/tenía altas capacidades intelectuales. No tener que demostrar nada cuando conozco a alguien, no tener que dar explicaciones (o no más de las necesarias) cuando algo me sale mal. No vivir con el miedo de decepcionar a la gente.

(También, por eso, me cabreaba cuando alguien hablaba de mí y le contaba a otra persona esto. Era una pesadilla que no acababa.)

Hoy soy un tío de 32 años, puedo estar mejor o peor, mis problemas pueden afectarme más o menos, pero las consecuencias de haber sido un niño podrido sé sobrellevarlas. No digo que las haya superado, sino que sé vivir con ellas. Por esto hago esta «salida del armario» con la que no pretendo conseguir nada, sino simplemente desahogarme un poco y dar mi testimonio sobre algo de lo que intentaba no hablar... además de hacer ver que no es oro todo lo que reluce.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Con culpa

En algún momento tenía que pasar, y ha sido hoy. Con casi nueve años de carné, ha sido la primera vez que causo un accidente. Con terceros y con culpa.

He ido a girar a la izquierda sin ceder a los que venían de frente. Ni siquiera vi que existían coches que venían de frente. Hasta que he tenido a la señora encima de mí.

Por suerte no ha sido grave, aunque ahora estoy sin coche. No ha habido ningún daño físico, ni mío ni de la otra señora. Pero por un lado, no sé cómo voy a ir a trabajar, y por otro, tengo un susto que no lo aguanto.

Cada vez que cierro los ojos veo el Nissan azul que viene en mi dirección. Los airbags saltando y el claxon sonando. Y huelo ese asqueroso olor a quemado (¿nitruro de sodio?) que venía con los airbags.

Que estoy exagerando, lo sé. No ha sido nada. De hecho tuve un choque más gordo en 2009, incluso con contractura muscular. Pero este es el primero que es por mi culpa, y este ha sido de frente (el otro fue por alcance). Este lo he visto venir, solo que demasiado tarde. Y, por otro lado, a alguien que hace 60 km cada día lo más normal es que le pase alguna vez algo de este tipo.

Y por supuesto, esto deja en suspenso mis clases de moto. No he parado de pensar que si me hubiera pasado en moto, me habría comido el suelo de mala manera.

Tengo que tener más cuidado y hacer las cosas mejor.

sábado, 28 de enero de 2017

De rupturas y olvidos

Como os he comentado, recientemente lo dejé con mi pareja, con quien había pasado cuatro años.

Ya sabemos que la vida de hoy está expuesta a las redes sociales. Vale, la de todo el mundo no, pero yo hablo por mí. Depende de en qué red social hablo más o menos de mi vida personal. En Facebook la expongo bastante, porque con mis contactos de Facebook tengo un trato bastante personal.

Un par de semanas después de esta última ruptura decidí cambiar mi estado sentimental en Facebook. Me daba algo de miedo, dado que lo que menos me apetecía era que le apareciera a todo el mundo en las noticias «Dani está ahora soltero», y que todo el mundo viniera a preguntar. Por suerte, parece que en Facebook han tenido unos cuantos años para aprender que eso no debe aparecer en las noticias, y así lo hacen. Ese cambio de estado no destaca.

Lo que me sorprendió era que, al cambiar mi estado sentimental, Facebook me ofrecía «darme un respiro», con varias opciones, entre las que estaban dejar de mostrar las actualizaciones de mi ex, ocultar los recuerdos que tenemos en común (fotos y otras publicaciones) o incluso eliminarlo de la lista de amigos.

Yo elegí no hacer nada de eso y dejarlo todo como estaba. Por suerte, la ruptura con mi ex fue amistosa y seguimos teniendo una muy buena relación.

Y afortunadamente, no siento que tenga que ocultar nada de estos cuatro años pasados. Igual que no oculto nada de los dos y medio que pasé con mi pareja anterior. Ha sido un tiempo del que no me arrepiento. Y aunque a veces me dé pena recordar cosas de esos años, no quiero olvidarlas, no quiero hacer como si ese tiempo no hubiera existido. Y eso es algo que mis parejas futuras, si las hubiera, deberán aceptar.

Tuve una pareja con quien pasé seis meses, pero el periodo posterior a la ruptura no fue tan amistoso (éramos mucho más jóvenes e inmaduros, al menos yo) y dos meses después de romper nos dejamos de hablar y acabé por borrar las fotos que teníamos en común en las redes. ¿Sabéis qué? Han pasado ocho años de eso y hoy en día me llevo genial con él. Por suerte, volvimos a hablar, reconocí mis errores, y poco a poco volvimos a establecer una amistad. Hoy lo considero casi imprescindible en mi vida, y si me arrepiento de algo es de no haber mantenido la cabeza más fría en su momento y de haber pretendido borrar el tiempo que pasamos juntos.

Me enorgullezco de decir que todas las parejas serias que he tenido me han hecho crecer, madurar y aprender, de un modo u otro, y hoy tengo claro que el tiempo que pasé con ellos no es un tiempo perdido sino ganado. Aquí les dejo mi reconocimiento.

domingo, 22 de enero de 2017

¿Cuánta Sevilla...?

Estos últimos días que he estado saliendo más y haciendo cosas diferentes, fuera de mi zona de confort, me ha venido varias veces a la mente una pregunta, que curiosamente es el eslogan de la web de Sevilla21, en cuyo foro entraba hace años.

¿Cuánta Sevilla me estoy perdiendo?

Me temo que mucha, y no me gusta, porque cuanto más conozco esta ciudad más la quiero. A ver si este año 2017 hago por conocerla mejor.

lunes, 16 de enero de 2017

El duelo y el rechazo

Queridos amigos, habéis vivido conmigo el amor, el frenesí y el golpe. Ahora vamos a vivir juntos el duelo.

Hoy vengo a hablaros de que soy como un puñetero perro de Pavlov. Condicionamiento clásico.

Soy una persona de naturaleza curiosa. Cuando me interesa algo, quiero saberlo todo. Por ejemplo, cuando en 2010 empecé en el mundo de la musculación, estuve meses leyendo foros, libros, viendo vídeos. Lo mismo con cualquier otro tema que me pueda interesar. Después la obsesión se me pasa y olvido muchos de los detalles que he aprendido, pero me queda un poso, y en algunos casos, el tema del que me «obsesioné» pasa a formar parte de mi vida cotidiana.

(Entre otros motivos, creo que por eso la gente me dice que sé muchas cosas: porque en algún momento me ha podido interesar un tema y he aprendido mucho sobre él, así que retengo algunos conocimientos).

Pues cuando me gusta una persona, me pasa lo mismo. Intento saber mucho sobre ella, conocerla al máximo. ¿Cuál es el problema? Que hago asociaciones mentales bastante fuertes. Y si todo va bien no hay problema, pero si hay algún desengaño o alguna experiencia negativa, todas estas asociaciones me causan un rechazo igual de fuerte. Ejemplo, en 2008 un tipo estuvo engatusándome para luego pasar de mí, así que luego estuve meses sin pisar el Corte Inglés, porque era su tienda favorita y había ido allí con él. No era despecho, simplemente repulsión, no me apetecía estar allí, se me hacía incómodo. No sé si me explico.

En mi desengaño reciente he hecho algunas asociaciones claras. Tal grupo de música cuya discografía me bajé para ponerla en el pen del coche, por si venía a visitarme. Aquella canción que le encanta. Este producto del desayuno que le gusta y por el cual nos picábamos. Hasta ahí bien, son cosas sin las que puedo vivir. El problema es cuando el rechazo me lo provocan elementos menos evitables como, por ejemplo, su ciudad. No me apetece pisarla ni oír hablar de ella, lo cual es bastante ingrato por mi parte, dado que tengo muy buenos amigos allí.

No me gusta ser así, no me gusta funcionar de esta manera tan irracional. No me gusta coger aversión a cosas que no tienen por qué desagradarme, solo porque una persona me haya herido. Al fin y al cabo también tengo buenos recuerdos y son los que deberían primar, incluso al recordar a esta persona, con quien pasé muy buenos momentos.

Y por supuesto, odio ser así de visceral, así de simple, en definitiva. Vivo con eso, porque me ha pasado siempre; solo espero que esta vez no sea por mucho tiempo. A ver si se notan los años y todo mejora rápido ;)

jueves, 5 de enero de 2017

Demasiado lejos, demasiado difícil

Lo siento por ustedes, mis lectores, que habéis estado meses leyendo mis altibajos emocionales. Lo de hoy es un bajo, pero que espero que sea el último en este tema.

Bueno, reconozco que la culpa es mía. Quise jugar a un juego que sabía que casi seguro iba a perder. Y para jugar tuve que arriesgar. Puse en juego esfuerzo, sacrificio, una cantidad económica (que no voy a decir porque soy un caballero pero que no me duele, y que me volvería a gastar) y, lo más doloroso, una relación de cuatro años.

(Este tema, el de la relación, lo trataré en otro momento, si es que reúno el valor. Desde que lo dejamos en septiembre no he sido capaz. Y sé que, al no haber dicho nada aquí, parece que no me ha afectado. Ya escribiré algo).

Que las posibilidades de ganar eran bajas lo sabía. Pero quise ser optimista, porque así soy yo. Cuando me gusta alguien voy con todo... y él me gustaba mucho. Mucho más de lo que me puedo permitir. Pero ay, problema, que para que surja algo, también tengo que gustar yo. Y eso es lo que no funcionó. Yo era consciente de las debilidades de mi oferta, pero por mucho que supiera que lo tenía difícil, si no me presentaba, era seguro que no podía ganar. Y así estamos.

No voy a reprocharle que jugara conmigo. Y no lo haré porque yo sabía que lo estaba haciendo. Cuando alguien solo te cuenta lo que conviene pero calla lo demás, eso no es sinceridad. Y a lo mejor otro no, pero yo me doy cuenta de eso. Mi hermana dice que soy un manipulador, y a un manipulador es difícil engañarlo. Como dice la frase popular, ¿vas a venir a robar a la cárcel?

¿Es mejor así? ¿Es mejor que no haya funcionado? Puede ser. Como una vez dijo sobre mí un ex (al que quiero mucho y al que vi el mes pasado), massa lluny, massa difícil. Demasiado lejos, demasiado difícil. Y esto, si hubiera salido bien, iba a ser difícil. Es que lo fácil no me gusta.

Soy la clase de persona que guarda este tipo de recuerdos. Ahora toca buscarles una caja y esconderlos donde no duelan.
Que duele, sí. Que no se me acaba el mundo, lo tengo clarísimo. Ahora... que no sé cómo me ha dado tan fuerte, y que tardaré en encontrar un tío que me guste así, también lo tengo muy presente. Al fin y al cabo ya me lo dijo mi hermana... «no te había visto así por un tío desde el instituto». Eso son las flechas de Cupido.

Ahora sí empieza la soltería. Y me vais a permitir que la empiece pasando la tarde de Reyes tirado en la cama.

martes, 3 de enero de 2017

Lo que viene en 2017

Hace ya unos cuantos años que no me hago propósitos. Es normal, después la sensación de haberme decepcionado no la soporto. Pero por lo menos, después de 32 años conmigo mismo, ya me conozco y estas cosas ya las sé.

Mi propósito para 2017 es parecerme más a lo que he soñado (y sueño) de mí mismo. Ser más auténtico, como diría la Agrado. En el terreno político, en el físico y en el emocional.

Y eso incluye luchar más por las cosas en las que creo y por las personas con quien quiero estar (y que quieren estar conmigo, detalle importante que en 2016 no siempre recordé).

Sospecho que el 31 de diciembre de 2017 —si sigo vivo— estaré en la misma ciudad, en el mismo trabajo, con las mismas personas, y a grandes líneas igual que ahora, pero seré una persona más completa.

sábado, 31 de diciembre de 2016

En 2016...

Cuenta la leyenda que cada 31 de diciembre yo hacía un resumen de mi año aquí en mi blog. Acabo de comprobar, sin embargo, que la última vez que lo hice fue en 2013, y lo hice tarde.

(Lo que nunca cuento es que esto es plagiado de Almu, pero bueno).

Va siendo hora de retomar las buenas costumbres. Aquí está mi esperadísimo resumen del año.

En este año que acaba, 2016...
  • Conocí Peníscola. Vale, no es que haya viajado poco, es que solo he ido a sitios que ya conocía. Salvo Peníscola.
  • Entablé una amistad más cercana con mis compañeros de curro, sobre todo con Miguel y Jose.
  • Me sacaron una muela del juicio, el primer diente que me quitan. Ahora solo me quedan 31.
  • Terminé de pagar mi coche (¡un año antes de lo previsto!).
  • Me compré una regla de cálculo porque soy así de friki.
  • Voté en unas elecciones generales... tapándome la nariz.
  • Me mudé a Sevilla capital y empecé a compartir piso con mi hermana.
  • En relación con eso, me cambié de gimnasio y ahora estoy en uno chico y lleno de ciclados con morritos. Bueno, como todos.
  • Hice mi primera venta en eBay. Tampoco gran cosa, que saqué 12 euros.
  • Escribí un libro sobre política y marxismo para mi sobrina y lo publiqué en Amazon. Ya he vendido 11 copias, más las que he regalado.
  • Volví a visitar una de mis ciudades favoritas, Berlín, y me arrepentí de no haberme ido allí a vivir hace años.
  • Quise donar sangre y me dijeron que no podía. Maldito rasgo drepanocítico.
  • Mi relación de cuatro años con mi pareja llegó a su fin, la más larga que he tenido hasta ahora.
  • Conocí a alguien que me fascinó y estuve unos meses a pico y pala. Pero vi que el interés no era mutuo, así que me retiré por donde vine (aunque lo siga teniendo presente).
  • Aparte de eso, desvirtualicé a más gente de Twitter a la que le tengo mucho cariño, como Cristòfol, Fran y Vic.
  • Además, volví a ver a amigos de toda la vida a quienes quiero un montón, como Almu, Laura, Iván y Juan (en Madrid), Fran, Nando y Antonio (en Sevilla).
  • Intenté reactivar mi vida sexual, pero solo estuve con dos tíos y uno me pegó ladillas. No me lo ha reconocido.
  • Cumplí 32 años, es decir, que en base binaria ya tengo seis cifras (100000).
  • Fui reelegido delegado de personal en unas elecciones sindicales algo decepcionantes.
  • Decidí no renovar la tarjeta de descuento del cine. Total, estando soltero no voy.
  • Me apunté a la autoescuela para sacarme el permiso de moto.
Y eso es todo lo reseñable. Aunque últimamente estoy más bien decaído, el año no ha sido taaaan malo. Eso sí, espero que 2017 sea mejor. Y gracias a todxs por haber estado conmigo.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Outside

Como ya sabréis, el pasado domingo murió el cantante británico George Michael, vocalista del grupo de los 80 Wham! y luego artista en solitario. Lo recordaréis de canciones míticas como Last Christmas, Wake me up before you go-go (con Wham!), Faith o Freedom (en solitario).

Faith

Nunca fui fan de George Michael. Cuando estuvo de moda yo era muy joven, así que nunca me llamó la atención, aunque a mis hermanas mayores les gustaba. Y posteriormente, en la época en que me empezó a interesar la música, las canciones de este señor no iban conmigo; probablemente, porque eran de un estilo que nunca me gustó (me vienen a la mente As e If I told you that, a ambas puedo encontrarles el gusto hoy, pero hace dieciséis años no).

Si nunca fui su fan, ¿a qué viene que hable ahora de él? Porque lo merece. Os cuento.

Pongo en antecedentes para quien no conozca a este señor. George Michael era homosexual, aunque él no lo declaró públicamente, ni en la época de Wham! ni al principio de su carrera en solitario. En abril de 1998, sin embargo, fue arrestado por acto obsceno en Beverly Hills, California. El acto obsceno fue enseñarle el rabo a otro señor mientras hacía cruising. El problema es que este otro señor era un policía de paisano que le había tendido una trampa.

Lo épico fue la reacción de George Michael. Se negó a declararse inocente en el juicio (nolo contendere) y fue condenado a una multa de 810 dólares y 80 horas de servicio comunitario. Por hacer cruising en un baño público.

Si ya esto es suficiente motivo para estar orgulloso de este hombre (recordemos, un personaje público, famoso), la cosa no queda ahí. En octubre de ese mismo año, y como primer single de su disco recopilatorio, lanza la canción Outside (que se traduce como «fuera, en la calle») donde satiriza todo este acontecimiento. El vídeo es una verdadera parodia de la represión sexual de las leyes estadounidenses, y en la letra habla abiertamente de sus preferencias sexuales: la letra no decía que le gustaran los hombres, eso ya había quedado claro en el escándalo; Outside habla de no recluir tu sexualidad a la intimidad de tu casa. Quería dejar claro que no se arrepentía de su episodio de cruising.

Outside

Esta canción llegó muy, muy adelantada a su tiempo. Si hoy en día cualquier leve demostración de sexo en público escandaliza, podéis imaginar qué se pensaba del cruising en 1998. Pero es que su autor ya estaba adelantado a su tiempo, y con esto no hizo más que gritar contra la asquerosa represión social, contra la homofobia que, si bien ahora es asfixiante, en los años 90 lo era mucho más.

No puedo decir que el gesto de este señor me influyera porque lo vi desde mucha distancia y sin enterarme de lo que pasaba. Yo en 1998 estaba pasando mi pequeño drama particular de sospechar y luego darme cuenta de que era gay, y posteriormente de estar aterrado de que cualquier persona llegara a saberlo (las cosas que pasan cuando uno está en el armario con 13-14 años). Sin embargo, me puedo imaginar que fue de gran ayuda para muchas otras personas que estaban dentro del armario y asustadas por la homofobia de la sociedad en la que vivían. Me lo ha confirmado Owen Jones en su artículo del lunes pasado en The Guardian.

No quiero dejar de enlazar aquí un tuit suyo que resume todo esto.


A George Michael no solo hay que agradecerle eso, nunca tuvo miedo de dar la cara por aquello en que creía. Criticaba duramente la imagen azucarada y sexualmente inofensiva que daban los medios sobre el colectivo gay. Nunca negó ser votante de los laboristas (a pesar de que los defensores de Thatcher se arrogaran a Wham!), e hizo conciertos en favor de los mineros en huelga contra Thatcher (1984) y en favor de las enfermeras del servicio público de salud (2006). Se posicionó públicamente en contra del gobierno de Blair tras su implicación en la guerra de Iraq, lanzando una canción (Shoot the dog) que provocó muchas críticas.

Así que comprenderéis por qué escribo este texto. Aunque no fuera seguidor de su música, tengo claro que fue una persona digna de admiración. Creo que el mundo está peor sin él, y lamento que no haya más gente que aproveche su posición de fama para alzar la voz sobre causas necesarias.

Que descanse.

domingo, 18 de diciembre de 2016

A todo el mundo hay que darle su sitio

En mi casa había conciencia de clase, aunque no habláramos de ella. Desde chico, mis hermanas y mi madre (y mi padre en los pocos años que conviví con él) me enseñaron que hay que respetar y valorar el trabajo de todo el mundo.

Claro que todo esto era mucho más fácil de enseñar cuando mi madre cocinaba y limpiaba en casas ajenas y en restaurantes, y mis hermanas eran camareras, cocineras o secretarias. Después llegaban a casa y compartían todo lo que les pasaba en el trabajo, los problemas con sus jefes o con los clientes (en cada caso).

Cuando tuve mi primer trabajo, muchas de estas cosas me quedaban muy atrás. Había pasado unos cuantos años en la universidad (con el adoctrinamiento elitista que esto conlleva) y, aunque nunca olvidé lo que había aprendido en casa, había detalles en los que no reparaba.

En este trabajo, todos mis compañeros, o la gran mayoría, eran como yo, chavales de veintipocos años, recién egresados y sin experiencia laboral, así que estábamos todos igual de verdes. Excepto uno, con quien me llevaba muy bien. Tenía diez años más que nosotros, había trabajado en sitios muy variopintos y era un tío muy observador, decía cosas muy interesantes. Así que hablaba mucho con él.

Una de las cosas que me dijo un día es que «a todo el mundo hay que darle su sitio», y me puso el ejemplo de que cuando entró en la empresa, el primer día se paró a hablar con el portero y le dijo que desde entonces iba a trabajar ahí. En ese momento no lo entendí. El portero era un señor que trabajaba en la puerta del aparcamiento y con el que nadie se paraba a hablar porque entrábamos en coche y ni siquiera venía de camino hablar con él; si querías hacerlo, tenías que ir expresamente.

Han pasado ocho años desde entonces y ahora puedo entender mucho mejor a lo que se refería. Estamos inmersos en una sociedad de valores clasistas, donde damos más importancia a unas personas que a otras según su relación social, su puesto de trabajo, su poder adquisitivo... y al final nos encontramos con un puñado de gente que desprecia a porteros, recepcionistas, camareros, secretarios, cajeros, limpiadores, y en general a toda la gente que se encuentra trabajando cara al público. La asquerosa máxima liberal de que el cliente siempre tiene la razón ha hecho mucho daño, porque además es mentira. A veces el cliente es, simplemente, gilipollas.

Por simple respeto, es importante valorar y agradecer el trabajo de todas las personas. También por empatía, porque seguro que a todos nos gustaría que nos valoraran y agradecieran nuestro trabajo. Pero es que además tiene un lado provechoso. Cuando las personas sienten su trabajo valorado, seguramente lo hagan mejor y con más ganas, y el resultado será más satisfactorio para nosotros si vamos a ser los receptores de ese trabajo, o si somos sus clientes.

Seguramente, ese portero al que mi compañero fue a presentarse el primer día, lo recordará posteriormente y podrá ayudarlo cuando lo necesite. Si facilitas el trabajo de las personas que limpian, seguro que disfrutarás de lugares más aseados. Si tratas con educación y amabilidad al camarero, puedes estar seguro de que estará más receptivo si tienes alguna petición que hacerle o si hubiera algún problema con la comida. Lo mismo con los secretarios, recepcionistas, y demás personas cuyo trabajo consista en atenderte. Y, desde luego, si eres amable, no se irán a casa pensando en el imbécil que llegó hablándoles con malos modos.

Y, por último, recuerda que por muy cliente que seas y por mucho dinero que tengas, si esa persona no te atendiera, no podrías tener lo que has ido a buscar. Sin su trabajo, tu dinero no vale para nada.

Por todo esto, recuerda dar a cada uno su sitio. Un buenos días, un por favor, unas gracias y una sonrisa, son gratis y pueden marcar una gran diferencia.

(Ya otro día si queréis os cuento la anécdota de cuando me peleé con un señor pijo en una estación de tren a cuenta de su comportamiento con la limpiadora. Ya sabéis que tiendo a ser algo bronquista).

domingo, 11 de diciembre de 2016

¿Demasiado tarde para el «in corpore sano»?

Los que me conocéis sabéis que tengo una extraña relación de amor-odio con el gimnasio. Normalmente la parte de odio nunca la digo y la gente se cree que amo el gimnasio. Voy a explicarme un poco mejor.

Creo que lo expliqué hace años en algún texto de este mismo blog, pero lo explico de nuevo. Hasta los 23 años siempre fui gordo, y si no hubiera sido por un fallo médico, es posible que aún estuviera así. De hecho con casi 20 años, recién regresado de mi Erasmus, alcancé 100 kg, mi máximo. No es una cifra muy bonita para alguien que mide 1,73 m. Pero en fin, como digo, a los 23 adelgacé bastante.

La cuestión es que, cuando cumplí los 26 años, me entró una ligera crisis de identidad y decidí que quería tener un cuerpo más bonito, así que decidí meterme en la musculación en serio y empezar a comer de una manera más adecuada para ganar músculo. Los resultados el primer año fueron espectaculares, pero he de decir que requerían una disciplina que es muy difícil de seguir.

Con los años he ido perdiendo esa disciplina, he ganado peso y perdido forma. También porque, por supuesto, soy seis años más viejo y eso se nota. Pero bueno, al menos me mantengo de una manera medianamente decente. Sé que gracias a las pesas no me he hinchado como un sollo.

Estos motivos son los que dan la parte de «amor» a mi relación con el gimnasio. ¿Y el odio? Pues porque soy más flojo que el fango y me gusta menos moverme que a una pelusa detrás de un mueble. A esto, además, se le suma que en mi gimnasio actual no me encuentro del todo cómodo, como sí lo estaba en el anterior. Pero bueno, voy al gimnasio porque estoy mentalizado de que me hace falta.

Toda esta reflexión viene porque me estaba planteando si debería retomar el plan gimnasio disciplinado. Me debato entre el sí y el no. Por un lado, pienso que debería hacerlo, intentar recuperar una buena figura y ganar en salud y en fuerza. Además, ahora que estoy solo y, por lo que veo, sospecho que pasaré una larga temporada así, ganaré en seguridad si mejoro mi forma.

Y por el otro lado, pienso que por más que lo logre no me convertiré en uno de ellos. Con 32 años el cuerpo no es el mismo que con 26 y el nivel de esfuerzo que se requiere es bastante más alto. Estoy casi convencido de que no voy a perder mi flotador por más que me lo curre. La cuestión, ¿estoy dando excusas para ni siquiera intentarlo?

En fin, que estoy dándole vueltas y aún no he tomado una decisión. El objetivo es bonito y merece la pena, pero no puedo saber hasta qué punto es alcanzable. Lo mejor es que estoy pensando esto en los días previos a las fiestas de fin de año… parece que no tenía otro momento más adecuado. Pero en fin, si no hacemos nada especial en casa (y no creo que lo hagamos, más allá de la cena de fin de año), tampoco tiene por qué ser una fecha mala.

Ya os iré actualizando con los progresos.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Real o no real

Me despierto por la mañana, miro el móvil, consulto el correo. Entro en las redes sociales. Todo bien, lo de siempre. Me levanto, desayuno. Voy al gimnasio, vuelvo, me hago el almuerzo, me ducho, voy a trabajar. Me paso ocho horas oyendo a mi jefe, preparando órdenes de trabajo, resolviendo dudas sindicales. Vuelvo a casa, estoy un rato en el ordenador, me voy a la cama a dormir.

En el ordenador, entro repetidamente en webs de contactos, en chats, en aplicaciones, intento entablar conversaciones con desconocidos que en el mejor de los casos solo quieren compartir un par de horas en la cama.

Y todo esto, ¿para qué?

Intento engañarme a mí mismo, pero no lo consigo, sé que es todo una mentira. Quedo con personas que, como mucho, me parecen tolerables. Evito páginas web y redes sociales que puedan romper mi pequeña burbuja. Intento no quedarme ocioso en ningún momento.

Porque, ay, las horas en blanco son mis peores enemigas. Porque pensar me hace daño.

Porque si no mantengo la mente ocupada, me viene a la cabeza verte jugando al GTA. Me viene a la cabeza ese paseo después del cine que me permitió conocerte mejor. Me asaltan los recuerdos de llevar a Socs hasta el veterinario, o de cenar de japonés en casa viendo los Simpson.

Porque cuando llega la noche recuerdo acariciarte mientras te quedabas dormido, y apoyar la cabeza en tu pecho al despertar. Y ese momento en que me dijiste que te alegrabas de que estuviera allí contigo. Ese beso en el supermercado que por un momento me hizo olvidar todo lo demás.

Y por eso hago todo lo posible por no pensar y mantenerme en mi burbuja. Porque cuando te leo, cuando sé algo de ti, vuelvo a recordar que no lo conseguí, que no fui suficiente, que en algún momento perdí la oportunidad.

En mi pequeño mundo, en este plató del Show de Truman en el que estoy metido, quizá no sea feliz, pero no me siento desdichado. El problema es que sé que no es real, que es una ficción de bajo coste. Que, si soy sincero, el que me llena eres tú.

Entonces me pregunto por qué sigo buscando encerrarme en mi mundo y negar lo que siento en realidad. Pero lo hago para defenderme, para sobrevivir. El amor nunca se malgasta, cierto, pero darlo te puede dejar sin energía.

Y uno ya tiene una edad y sabe que esto se pasará. Que la vida continúa, que no sé dónde estaremos mañana, con quién nos cruzaremos o qué decisiones tomaremos. Que la gente va y viene, y solo se queda quien quiere… y que, más pronto que tarde, llegará el día en que estos tres meses solo me traigan buenos recuerdos, por la ilusión que me hiciste sentir.

sábado, 3 de diciembre de 2016

En analógico

Solo paso por aquí para deciros, a los millones de personas que me leéis, que voy a estar entrando menos en las redes sociales estos días. Creo que después de estos últimos cuatro meses de caos y drama necesito pararme a pensar adónde quiero llegar con mi vida, dejar de tomar decisiones erróneas y destructivas, y para eso estaré mejor si evito leer cosas que me puedan afectar negativamente o hacer daño.

Aún pasaré por Facebook y Twitter, solo que menos a menudo. Si queréis algo urgente, ya tenéis mi WhatsApp o mi Telegram. Y espero volver pronto y bien repuesto.

martes, 29 de noviembre de 2016

De sueños de nueve horas

¿No os pasa a veces, que tenéis un problema que no sabéis resolver y os atormenta, y de repente un día te despiertas y lo ves todo claro?

Pues hoy es uno de esos días. Gracias a un sueño de nueve horas (y a Twitter, jajaja) todo ha encajado en mi cabeza.

No os puedo dar detalles. Solo os diré lo que he aprendido: que no puedes empeñarte en entrar a cabezazos en la vida de alguien. No funciona así, esa persona tiene que darte permiso y querer que entres. Parece obvio —lo es—, pero a veces dejamos de ser racionales.

Y a ver, madurez ante todo, que de este patinazo el responsable soy solo yo. No se puede gustar a todo el mundo, y hay cosas que no se consiguen perseverando. O están para ti o no lo están. Probablemente sea una explicación más racional que ponerme a pensar en qué fallé.

Así que cabeza alta. Lo intenté, arriesgué, lo hice lo mejor que supe, no lo conseguí, y aquí paz y después gloria. Me sigue encantando él y sé que lo echaré de menos. Seguramente seguiré sonriendo como un imbécil al ver su foto. Y no voy a mentir, me duele no haberlo conseguido. Pero hay que mirar adelante, que queda mucha vida por vivir.

Os dejo con esta magistral letra de The Corrs.

There's only so much I can take, and I just gotta let it go.
And who knows? I might feel better if I don't try and I don't hope.

Maybe there's nothing more to say, and in a funny way I'm calm.
Because the power is not mine... I'm just gonna let it fly.


viernes, 25 de noviembre de 2016

Descentrado

Me pasa una cosa estos días, y es que quiero escribir, se me ocurren muchos temas de los que me gustaría hacer un textito. Pero cuando lo intento, no me salen más de tres frases. Quiero hablar de emociones, de amistades, de rupturas, del pasado y del futuro, de proyectos y de experiencias, e incluso de elecciones sindicales. Pero no soy capaz de elaborar nada.

Claro que hoy me he pasado 13 horas en la calle entre el curro y un atasco, y eso no ayuda en nada.

Estos días me encuentro descentrado, confundido, desorientado. Desde luego, no soy mi yo de siempre. Aunque prometo volver pronto a ser el borde insensible que conocéis.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Reflexión personal sobre Un monstruo viene a verme

El pasado fin de semana vi la película Un monstruo viene a verme. Ya la había visto, pero un amigo la quería ver así que lo acompañé al cine.

He de decir que esta segunda vez lloré más que la primera, no puedo adivinar por qué, aun sabiendo lo que iba a pasar.

No voy a decir que sea un peliculón, porque hay partes que me parecen mejorables, pero el final es muy bueno, y a mí personalmente se me hace algo doloroso.

No leas a partir de aquí si no has visto la película, porque te la voy a destripar.

Y parecerá estúpido que me afecte personalmente, pero hay cuestiones personales que, aun habiéndolas superado hasta el punto de que no me afecten en mi vida cotidiana, nunca pueden terminar de cerrarse.

Hablo de Conor y la muerte de su madre. Salvando las distancias por la edad, yo viví una situación parecida hace casi cinco años. Aunque por suerte tengo cuatro hermanas que me quieren mucho, siempre estuve muy unido a mi madre. Vivía a 130 km, pero la llamaba cada día, la visitaba varias veces al mes, consultaba con ella todas mis dudas. Era una parte fundamental de mi vida, aun siendo yo un adulto independiente.

Murió un día de año nuevo, tras meses con un estado de salud que no paraba de empeorar. Tenía yo 27 años (ahora tengo 32).

Por eso esta película me hace revivir todas las sensaciones dolorosas que tuve en aquella época. Por un lado la angustia de ver cómo se encontraba cada día peor, sobre todo los dos últimos días, y el deseo egoísta de querer que todo ese sufrimiento se acabara ya. Por otro, el dolor porque se iba, y porque no quería que se fuera, porque uno nunca está preparado para que se vaya alguien tan importante. Y, por último, el miedo. El miedo a afrontar la vida solo. Y esos meses posteriores de sentirme en la más absoluta desorientación, de no saber qué hacía ni adónde iba, de no pensar lo que haría la semana siguiente porque no me encontraba preparado para vivirla.

Esto pasó hace casi cinco años. Me acuerdo cada día de ella y sueño con ella a menudo. Miento si digo que no me duele que ya no esté. Pero no me paraliza. Y quizá películas como esta me ayudan a valorar lo que tuve, y a no dejar que el dolor me haga olvidar lo que merece ser recordado.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Del modo más cobarde

Hoy me he tirado a la piscina.

Pero lo he hecho del modo más cobarde. Le he dicho lo que sentía a quien me importaba, pero le he pedido que no me respondiera. Por un lado, no me atrevía a escuchar que la respuesta fuera negativa, como me imaginaba que sería. No sé si me faltan huevos o madurez emocional. Y por otro lado, si la respuesta no era negativa, igualmente no se merece que lo presione a decir algo que quizá no le apetecía.

(Bueno, hubiera sido más cobarde decirlo por WhatsApp. Pero no soy esa clase de hombre. Las cosas que importan hay que decirlas a la cara).

Ahora mismo tengo un lío de sensaciones contradictorias. Presumo de ser un tío racional, y racionalmente sé que he hecho lo correcto. Pero mi parte irracional me pregunta si no debía haberme callado y evitar la posibilidad de asustarlo, sobre todo con lo desagradable que he sido en la despedida.

Pase lo que pase a partir de ahora, quiero pensar que será para bien. Si no lo vuelvo a ver, al menos sé que ambos estaremos más tranquilos: él porque no lo molestaré, y yo porque me quedará claro que debo pasar página, sabiendo que lo puse todo de mi parte por un tío que merece la pena.

Y si nos volvemos a ver, que es lo que me gustaría, al menos tendré otra oportunidad de abrazarlo. (Sí, soy así de cursi).

Pero igualmente despedirse es de lo más duro. Ahora solo quiero dormir durante semanas.

Y lo más penoso es que, aun habiendo pensado durante días lo que quería decirle, al final ni siquiera he sido capaz de decirle lo más importante. Que no lo considero un juego, que no hay suplentes, no hay plan B, ni lo quiero buscar. Que apuesto por él. Si él quiere que lo haga.

Ahora solo me queda esperar a ver cómo pasan los días. Y confiar en que al final ocurrirá lo mejor.

martes, 15 de noviembre de 2016

Cuando te despiertas

- ¿No sabes qué hacer? Eso te lo resuelvo yo fácil. ¿Quién es la primera persona en quien piensas cuando te despiertas?
+ Mañana te lo digo.

(...)

+ Tenías razón. Es la primera persona en quien pienso al despertar.
- Pues haz lo posible por conseguir estar con él.

(Conversación que tuve con un buen amigo mientras hacíamos una tarta)

sábado, 12 de noviembre de 2016

A veces

A veces me gustaría abrazarte, decirte que todo saldrá bien y que de todo se sale. Aunque cueste, aunque duela.

Decirte que eres un tío fascinante y que estaré ahí para lo que necesites.

Incluso solo para estar a tu lado, aunque ni siquiera hablemos, y así sepas que no estás solo.

Porque verte contento me hace feliz.

Aunque no sea capaz de decírtelo. Aunque prefiera que no lo sepas.

jueves, 27 de octubre de 2016

Efímero

Y como vino, se fue.

El temido momento llegó. Se acabó y gracias por venir.

Al menos no se me podrá reprochar que no hiciera todo lo que estaba en mi mano. Pero no ha sido suficiente. Al fin y al cabo, no siempre se puede ganar.

Siempre me quedará el recuerdo de cuatro días muy grandes con una persona encantadora.

Habrá que mirar adelante. Aunque va a costar.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Equipaje

Si hay un motivo por el que me encanta la serie Cómo conocí a vuestra madre es porque me puedo sentir identificado con muchas de las escenas o de los planteamientos de la serie. Hay muchas de ellas que me recuerdan a épocas de mi vida, y otras que obviamente no he vivido, y que no sé si llegaré a vivir.

Por motivos que no puedo desvelar, llevo un par de días pensando en el equipaje. Me explico: esto del equipaje se refiere a las experiencias, traumas o costumbres que arrastras de tu pasado cuando comienzas una relación.

En la serie, el protagonista se preocupaba por el equipaje que llevaban las mujeres a las que iba conociendo y con las que pretendía establecer una relación seria. Sin embargo, se acaba dando cuenta de que él también llevaba equipaje y no era precisamente liviano.

En mi caso, me preocupo más por mi propio equipaje. Sé que voy cargado y, aunque con los años he podido desprenderme de bastante lastre, también he ido recogiendo otro tipo de peso. Cuando empecé con mi relación en 2009 llevaba una mochila pequeña pero pesada, y cuando empecé con la de 2012 notaba otras cargas. No sé cómo llegaré a la próxima (ni siquiera sé si la habrá), pero tengo claro que habrá que hacer todo lo posible por soltar las cargas más pesadas.

Una vez, hace nueve años, conocí a un chaval que me dijo que no quería conocer a personas con problemas (así en general), que las quería muy lejos de él. En su momento me chocó que me dijera eso, pero no sabía realmente por qué. Hoy en día creo que lo identifico, y es porque no existe la gente sin problemas. La gente viene en paquetes completos, con virtudes y defectos, con circunstancias positivas y negativas.

Y, sin embargo, no paro de pensar en que, cuando te gusta alguien, si de verdad te interesa, no ves su equipaje como un problema. Al revés, quieres hacer lo posible por conocerlo, y así poder ayudarlo a desprenderse de él, si fuera necesario.

Pues precisamente eso me pasa estos días. Sé que viene cargado, pero no me importa el equipaje que traiga. Sé que merece la pena.

martes, 4 de octubre de 2016

Anuncio. Desdoble de blog

Queridxs lectorxs:

he decidido desdoblar mi blog, porque me ha acabado chirriando demasiado la mezcla de temas.

Así que a partir de hoy, los artículos sobre política los he pasado a otro blog que os enlazo aquí.

Últimamente me apetece escribir cosas más personales y me he cortado para no mezclarlas con textos más serios y bien pensados.

Un saludo a todxs.

lunes, 3 de octubre de 2016

Treinta y dos

Un año más ha llegado el otoño, ha llegado octubre, y ha llegado el día 3, el día en que celebro mi cumpleaños. Una fecha como otra cualquiera, pero que por caer justo al final del verano, se junta con muchos otros cambios, comienzos y fines. De hecho, siempre he contado mis años por cursos académicos, día arriba día abajo.

Este año se cumplen treinta y dos. Tampoco es un número especial. Pero ninguno de los cumpleaños es como los anteriores. Son más años, más kilos, menos vitalidad, y más experiencia. Cada edad tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y hay que saber aprovechar las ventajas y minimizar los inconvenientes.

Los treinta y dos me llegan en un momento de incertidumbre, en el que no sé lo que me espera, no sé lo que voy a hacer, no sé adónde voy a acabar. Si bien esto es cierto durante toda la vida, porque el futuro es desconocido, este año es más cierto porque no tengo planes a más de dos semanas vista. Muchas ideas, muchos deseos, algún que otro proyecto de futuro, mis castillos en el aire (si no no sería yo), pero nada sobre el papel.

Sin embargo, a pesar de todo esto, me pilla en un momento positivo. Quizá sea por toda la gente que he conocido durante los treinta y uno, y que espero conocer más en los treinta y dos, pero confío en que este nuevo año será globalmente enriquecedor. No sé si en lo profesional, pero desde luego, sí en lo personal.

Por todo esto, bienvenidos sean los 32 y todo lo que van a traerme.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Calma

Aquí escribí el miércoles un texto sobre mi reciente viaje a Madrid.

Lo he ocultado porque fui muy rápido en sacar conclusiones. Calma y que las cosas fluyan, que ya veremos adónde van. Según acaben, lo volveré a poner visible o no.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Reencuentro con Berlín (Hauptstadt der DDR)

Ayer por la tarde volví de un viaje a Berlín de cinco días.

Ya conocía la ciudad, había estado allí tres semanas en 2007 con una beca del ministerio para hacer un curso de alemán. Por entonces hice poco turismo, solo el justo y necesario, me dediqué más a hacer una vida cotidiana, así que me faltó toda la parte turística de la ciudad.

En este viaje he suplido esa carencia, han sido cuatro días y cinco noches de no parar, aún me duelen los pies y las piernas de tanto caminar. Pero ha merecido la pena, eso lo tengo seguro. Esa ciudad se merece eso y mucho más.

Paso a haceros una breve reseña de mi experiencia como turista. Los ordeno por temas y cronológicamente. Obviamente no voy a hablar de los sitios donde no he estado.

(Descargo: Que nadie se lleve las manos a la cabeza si pongo algo incorrecto. No soy historiador, no tengo conocimientos de arte, y hablo desde el punto de vista de un usuario medio. Ah, y a diferencia de otros que se hacen pasar por neutrales, yo no niego mi sesgo político, pero qué os voy a contar que no sepáis).

Berliner Dom (Catedral de Berlín). Muy interesante. Es la primera catedral evangélica en la que entro y las diferencias con las catedrales andaluzas son claras. El interior es mucho más luminoso, y en algunas estancias puedes encontrarte obras de arte moderno que en una iglesia católica serían impensables (concretamente vi una sobre refugiados). Lo mejor, para mi gusto, fue la subida a la cúpula. Las vistas de Berlín desde allí son impresionantes, sobre todo de la zona de Alex y Hackescher Markt. Pero cuidado, que son casi 200 escalones.

Altes Museum (Museo viejo). Gran colección de obras de arte y restos griegos, romanos y etruscos: bustos, esculturas, mosaicos, monedas. Lo encontré muy interesante, las esculturas clásicas me llaman mucho la atención.

(Nota: En general, si quieres disfrutar de los museos de Berlín, tienes que abstraerte de la situación política e histórica. El 90% de los restos expuestos son de fuera de Alemania y son el resultado del expolio, saqueo o comercio privado con unas piezas de alta importancia histórica y cultural. Ya te digo, olvida eso si vas a visitar estos museos o saldrás muy cabreado/a).

Alte Nationalgalerie (Vieja galería nacional). Aquí se encuentra una extensa colección de pinturas del siglo XIX. Personalmente soy poco de cuadros así que no puedo entrar a valorarla, pero me llamaron la atención algunos cuadros realistas e impresionistas.

Neues Museum (Museo nuevo). Dedicado a prehistoria e historia antigua, hay restos de la edad de piedra, hierro y bronce, y de la civilización nórdica. Destaca la colección del antiguo Egipto, y de hecho publicitan como su máxima atracción el busto de Nefertiti.

Pergamonmuseum (Museo de Pérgamo). Dedicado principalmente a las culturas de oriente próximo, también hay una exposición de arquitectura de la Edad Antigua. Aquí es donde se encuentra el museo de arte islámico, con una sala dedicada a piezas de la Alhambra. También me pareció muy interesante, quizá por lo exótico.

Bode-Museum (Museo Bode): El que menos me llamó la atención de la Isla de los Museos y fue, obviamente, por mi falta de conocimientos. Sus exposiciones permanentes son sobre arte bizantino y sobre escultura y pintura de los siglos XIII a XVIII, además de una extensa exposición de monedas y medallas. Además este año había otra sobre arte abrahámico en Egipto (uno se acaba preguntando si han dejado algo en Egipto o está todo aquí).

Schwules Museum (Museo gay). No sé si es que vimos mal el museo y nos faltó todo (no creo), pero me pareció muy pobre y vacío, solo había una exposición sobre las corbatas en la historia. Entramos porque venía incluido en la tarjeta de los museos, pero la entrada cuesta 15 € y me parece un verdadero fraude.

Madame Tussauds. Igual que en el caso anterior, entramos porque venía en la tarjeta. Personalmente me parece una horterada visitar un museo de cera, pero bueno, entras y te haces fotos con los muñequitos y tiene su punto divertido. Nunca he estado en otro Madame Tussauds, así que supongo que serán todos parecidos, aunque este tiene la particularidad de que hay bastantes famosos alemanes (de hecho me hice una foto con Honecker, jajaja).

Sea Life Centre. Como acuario está curioso para quien le guste ver vida marina. El día que fuimos no funcionaba el AquaDom así que no sé lo que es ni puedo opinar.

Vamos con los sitios con connotación política. Cuidado porque son una gran arma de manipulación de la opinión.

Checkpoint Charlie. En este lugar se encontraba uno de los lugares de paso entre Berlín Oeste (sector estadounidense) y Berlín Este. La garita de seguridad se ha conservado y lo han convertido en un lugar teatralizado, con actores simulando ser militares estadounidenses, y con los que puedes hacerte una foto pagando 4 €. Bastante parodia todo, la verdad. En este lugar también se encuentra el Museo del Checkpoint Charlie, el cual no recomiendo. Es muy poco visual y el contenido es básicamente morralla y propaganda.

El Checkpoint Charlie, teatralizado. Detrás de la caseta se ve a los actores haciendo de militares yanquis. El soldado soviético solo está en foto, porque, ugh, qué actor iba a querer hacer de soviético

Ya que hablamos de propaganda, el DDR Museum (Museo de la RDA) es una visita obligada para aquellos a los que nos interesa esa parte de la historia alemana. Recomiendo ir leído e informado, porque todos los textos de allí están brutalmente sesgados en contra de la RDA (ya se sabe quién ganó la guerra fría); si entras en el museo conociendo un poco de qué va la historia y pasas de lo que te cuenta el régimen de la RFA, puedes disfrutarlo mucho. Se recrea materialmente la vida cotidiana de la república de obreros y campesinos.

Un Trabant, coche insignia de la RDA, en el museo de la RDA, equipado con un simulador diseñado para que pienses que el coche era una mierda.
El Berlin Wall Memorial (Memorial del muro de Berlín) es interesante porque se ve la estructura del muro de protección antifascista. Queda, asimismo, en pie una sección importante del muro, así que viene bien para hacerse una idea de lo que había allí.

East Side Gallery. Consiste en pedazos originales del muro que han dispuesto a lo largo de la Mühlenstraße y en los cuales pidieron a ciertos artistas que pintaran sus obras. La mayoría son muy hippies con su paz, su amor y su defensa del sistema burgués, pero hay algunas interesantes que denuncian racismo y homofobia.

No podía faltar la visita al Bundestag (la dieta federal, vamos, el parlamento). Es curiosa no solo por el edificio (la visita a la cúpula es imprescindible), sino también por las particularidades de su sistema político (recomiendo por ello la visita guiada, es gratis pero hay que registrarse y coger hora). Eso sí, indigna y duele ver que todo lo que fue RDA está convenientemente borrado de la historia. Hay una obra de arte que incluye los nombres de todos los diputados elegidos entre 1919 y 1999, donde se encuentra gente como Hitler, Göhring o Goebbels, pero los diputados de la Alemania socialista no tienen sitio ahí: es, cuanto menos, sintomático. Incluso la guía reconoce que el Palacio de la República (erigido por la RDA) fue demolido por revanchismo político (la guía, por cierto, siempre que hablaba de la época de la guerra fría decía "nuestro gobierno en Bonn..."). El momento más emotivo de la visita: pasar por los muros donde los soldados soviéticos escribieron su nombre y su ciudad cuando liberaron el edificio en 1945.

"Shpakov de Stalingrado estuvo aquí 3.5.45" y echó a los fascistas de tu ciudad.
Otros lugares de interés M-L:

Existen cuatro memoriales soviéticos, aunque yo solo visité tres. En primer lugar, en el Tiergarten, se encuentra un pequeño memorial soviético, construido para honrar a los soldados que liberaron la ciudad. Otro, mucho más grande, se encuentra en Treptower Park; incluye una gran estatua de un soldado soviético sosteniendo a un niño alemán, además de dieciséis sarcófagos de piedra con textos de Stalin y un portal con dos soldados arrodillados. El último de los tres, y el más emotivo, es el que se encuentra en Schönholz, y donde hay 13.200 soldados soviéticos enterrados, con sus nombres escritos en las paredes del recinto y en las tumbas.

Soldado soviético con niño alemán en Treptower Park
En la Karl-Liebknecht-Straße, la que va de la catedral hasta Alex, está el Marx-Engels-Forum, donde se encuentra un gran busto que rememora a Marx y a Engels. Y, por último, hay un pequeño busto de Karl Marx en Strausberger Platz. Es de destacar que en todos estos lugares nos hemos encontrado con ramos de flores recientes.

Y por último, para saborear lo que queda de la experiencia socialista, recomiendo montar en el S-Bahn y pasear por los barrios residenciales del este (yo lo hice por Lichtenberg), fijándose en el urbanismo y la arquitectura. Los grandes bloques de viviendas socialistas siguen intactos.

Mi experiencia personal (si no me lees a menudo o no me conoces, puedes dejar de leer aquí, gracias).

Berlín es una de mis ciudades favoritas, y este viaje de cinco días me ha recordado todo lo que me gusta de ella. Me he dedicado a conocer cosas que en 2007 o bien no sabía que existieran (como toda la parte socialista) o bien no me atrevía a descubrir (como el barrio gay). Además, mi alemán estaba en una salud sorprendentemente buena, a pesar de que nunca tengo ocasión de practicarlo con nadie. Mi punto álgido fue cuando fuimos al Curry 36 (junto al metro Mehringdamm, lo recomiendo) y pedí como un nativo, jajaja. (Bueno, como un nativo no, pero como un extranjero que lleva años allí sí. Ya me entendéis.)

Y este viaje también me ha recordado que me encantaría vivir allí. Es la misma sensación que tuve cuando me volví en octubre de 2007. Pero la vida nunca es tan fácil.

jueves, 4 de febrero de 2016

Limpia, fija, y... se mete donde no la llaman

Queridos amigos, después de unas cuantas entradas sobre política, hoy hablamos sobre Eurovisión y sobre idiomas, dos de mis grandes aficiones.

Resulta que el lunes se celebró la final de Objetivo Eurovisión, el programa de TVE que sirvió para elegir representante para el LXI Festival de Eurovisión. La preselección de 2016, vamos. Y la canción ganadora fue Say yay, de la cantante Barei. Aquí os la enlazo por si no la conocéis.


Y bueno, ha habido reacciones a favor y en contra, de gente a quien le gusta la canción y de gente que prefería otras candidatas. Hasta ahí, todo normal.

Y lo que lamentablemente también es algo usual, pero que no debería serlo, es la noticia de la Real Academia Española opinando sobre Eurovisión.

En serio. La Real Academia Española. Sobre el Festival de Eurovisión. Es muy absurdo. Explicaré por qué.

Empezaré por recordar que la Real Academia ya se quejó de que tuvieran partes en inglés las canciones de Ruth Lorenzo en 2014 o de Rosa López en 2002. Se ha convertido en una costumbre: cada vez que TVE elige una canción con algo que no está en castellano, la RAE se queja en los medios. Personalmente, me recuerda mucho a lo que pasaba en Turquía, pero al revés: después de que Sertab Erener ganara en 2003, todos los años que la TRT elegía una canción en turco, Sertab declaraba a los medios que "era una mala decisión" y que "había que llevar algo en inglés". En todas partes cuecen habas.

En España, sin embargo, la cuestión es diferente. En este caso, no estamos hablando de la opinión de ningún experto en Eurovisión, ni en música pop, ni en música siquiera. No estamos hablando de ninguna revista ni programa de televisión. No. Se trata de la Real Academia.

La Real Academia es un organismo fundado en 1713 a imagen y semejanza de la Académie Française. Sus miembros lo son por cooptación y, además, de manera vitalicia. Es decir, que básicamente se trata de un club de amiguetes con trescientos años de antigüedad. Pero, además, es el club que ha venido dictaminando cómo debemos hablar y escribir (afortunadamente están abandonando el tradicional prescriptivismo que propugnaban).

Pero es que, además, dejando aparte lo inadecuado de que una institución de tan rancio abolengo critique la elección de una canción pop, echando un ojo a los estatutos de la RAE encontramos lo siguiente:


Según los estatutos de la RAE, su misión es 'dirigir la evolución' de la lengua (pobres, no quieren reconocer que no pueden dirigir la lengua, sino solo la normativa que ellos mismos elaboran).

Un detalle: la canción de Barei está en inglés. ¿Qué tiene que decir la RAE, una academia cuya competencia exclusiva es la lengua española, sobre una canción en inglés? ¿No es muy obvio que esta cuestión escapa a su campo de trabajo?

Con lo cual, la conclusión es que el señor don José María Merino, el académico que ha expresado su queja en nombre de la RAE, ha meado fuera del tiesto por una cuestión pura y exclusivamente nacionalista. Y digo lo de meado fuera del tiesto porque este señor no ha escatimado en improperios: ha dicho que es «sorprendentemente estúpido» e «impresentable» que TVE lleve una canción en inglés.

Se entendería la postura agresiva del señor Merino y de la RAE si el español tuviera algún problema de vitalidad, si estuviera amenazado o si alguna otra lengua ejerciera presión sobre él. Pero es que no es el caso, y él mismo lo reconoce, es una lengua de 500 millones de hablantes que, además, no para de crecer.

Señor Merino, señores de la Academia: dedíquense a cumplir con la misión de la Academia, que no tiene nada que ver con esta canción. Dejen de intentar meter el español hasta en la sopa, que no necesita más promoción porque goza de buena salud, y sobre todo, respeten lo que los espectadores han elegido. Hagan su trabajo, que tienen bastante por hacer y por mejorar. Eurovisión no es su trabajo.

Posdata aclaratoria: que nadie se lleve a error. Apoyo a la Academia en parte de su trabajo. Por ejemplo, me parece horrible que a cuento de esto la gente se ponga a criticar las nuevas palabras del diccionario (una cuestión que me parece de las más acertadas de la Academia y que, por otro lado, la gran mayoría de la gente critica sin llegar a entender realmente cuál es la función de la Academia). Pero a cada uno lo suyo, y a la vez que critico lo que creo que hacen mal (como el excesivo castellanocentrismo y la marginación hacia las formas andaluzas), también creo que deberían dedicarse a mejorar esto y dejar de intentar hacer política nacionalista.

viernes, 30 de octubre de 2015

Pasivas que van de empotradores, según JPelirrojo

Me vais a perdonar por tratar hoy un tema mucho más mundano de los que suelo tratar últimamente por aquí.

Ayer por la mañana, ojeando Twitter, me encuentro que el famoso youtuber JPelirrojo (al cual solo conozco por haber estado en Los Juegos del Hambre con Elvisa, he de reconocer que no suelo ser muy de youtubers) se encuentra envuelto en una polémica por haber dado su opinión en contra del maquillaje.

No voy a entrar ni salir en eso del maquillaje. No he seguido el tema de cerca y, aunque opino que cada uno se ponga lo que quiera en la cara, tampoco creo que mi opinión esté tan bien fundamentada como para expresarla en ningún sitio. La cuestión es que uno de sus siguientes tuits fue este (enlace):
Personalmente, me parece una meada fuera del tiesto, no venía a cuento de nada, tampoco veo la relación entre este tema y el maquillaje. No sé si estaría buscando la polémica gratuita por medio de la ofensa fácil (como hacen otros youtubers, ¡hola, AuronPlay!) o estaba dando rienda suelta a su subconsciente.

Visto que hubo quien se ofendió por su tuit (lógicamente), respondió de una manera tan inocente como se ve a continuación (enlace):
Después de esto no ha hablado más de este tema. Solo ha respondido en la cuestión del maquillaje, quejándose de que la gente lo insulte y no le dé argumentos.

Te voy a dar argumentos, JPelirrojo. Vamos a ver cómo te explico qué hay de malo. Vamos por partes.

¿Nunca te has planteado por qué se dice pasiva? Si tienes tantos amigos gays y conoces tan bien la jerga del ambiente, ¿no te has dado cuenta nunca del tono con el que se dice que un hombre es pasiva? ¿Nunca te has dado cuenta de que no se utiliza ese tono para decir que alguno es activa? (Entre otras cosas, porque es muy raro oír activo en femenino).

Eso ya debería darte una idea, JPelirrojo. En el ambiente, con una frecuencia aplastante, describir a alguien como pasiva no es ningún cumplido. Al revés, casi siempre se usa para denostar a alguien. Como bien te indica @DaniVG96, es una expresión despectiva.

El mundo gay, por paradójico que pueda parecer, no está exento de los cánones patriarcales en los que hemos crecido todos. A pesar de lo mucho que podamos haber sufrido la exclusión en nuestra vida diaria, cuando nos encerramos en nuestros guetos de ambiente volvemos a reproducir los mismos patrones de conducta, los mismos valores morales. Y esos valores morales son los que nos dictan que ser activo es bueno, es un orgullo; ser pasivo es vergonzoso. Dicho así, parece demasiado simple, muchos te dirán que es falso, pero es un patrón que se repite demasiado a menudo. Sobre todo en ambientes de ciudades pequeñas.

Esto enlaza con el machismo preponderante en el mundo gay. Como has comprobado, el activo es activo, pero el pasivo es pasiva. En femenino, claro, porque tomar por el culo es un acto femenino, propio de mujeres. Y, por supuesto, los mismos gays que han hecho todo lo posible por no ser señalados como gays en su vida diaria para no ser marginados o excluidos, aplicarán esos comportamientos en el ambiente, así que todo lo femenino es deleznable y algo a evitar y despreciar, según esta perversa lógica.

No quiero desviarme en disquisiciones sociológicas. Simplemente hacerte ver que el simple hecho de que digas pasiva en vez de pasivo ya está dejando ver un cierto tufo a machismo.

Y hablando de machismo, volvemos a tu tuit original. Pasivas que van de empotradores. Parémonos a pensar qué significa.

Diciendo pasivas ya te has enmarcado en unas ciertas normas morales que te he comentado antes. Pero bueno, te quejas de las pasivas que van de empotradores (bonita manera de denominar a los activos; nótese el tono positivo de empotrador frente al negativo de pasiva).

Dado que, hasta donde sé, no eres gay, doy por hecho que no vas a las webs o a las discotecas buscando sexo y no vas preguntando a los hombres qué posición toman a la hora del acto sexual, como sí hacemos los gays cuando buscamos rollo. Y si no has ido preguntando estas cosas, entiendo que tu frase tiene mucho que ver con el comportamiento de cada uno.

Te he preguntado por Twitter pero no has respondido, me gustaría saber si por ser pasiva tengo que tener un comportamiento determinado, y me gustaría saber cuál es. No me gustaría estar comportándome como un empotrador y, por lo tanto, llevándote a confusión. A ti y a todos los que no os gustan las pasivas que van de empotradores.

Porque resulta que sí, soy pasivo, y desde que empecé a salir por el ambiente he estado viviendo todo este estigma que los pasivos arrastramos por culpa del machismo. Sé mejor que nadie lo que es que me consideren menos hombre (y por tanto menos digno, siguiendo su lógica, que no la mía) solo porque prefiero recibir antes que dar. Así que me gustaría saber si estoy cumpliendo correctamente con mi papel.

Al final de todo, y en resumen, creo que te equivocas, JPelirrojo, con esos juicios que nos haces. Encorsetarnos en un determinado rol de comportamiento solo por nuestro género o nuestra preferencia sexual es algo que deberíamos haber superado ya. Así que, por favor, piensa sobre este tema y antes de llamarnos pasivas (con tan poco acierto) o de decir de qué tenemos que ir, párate a pensar que a lo mejor no lo hacemos por confundir a nadie, sino porque realmente cada uno es como es y le gusta lo que le gusta. Y, desde luego, no creo que deba preocuparte.