lunes, 23 de enero de 2023

Los juegos del hambre

Como ya todos sabéis, Los juegos del hambre es mi saga preferida. Este fin de semana he tenido la oportunidad de volver a ver las películas (tengo pendiente volver a leer los libros, ya sería la cuarta vez) y, a pesar del miedo que tenía de perder el gusto por la saga, al contrario, me ha parecido igual de brillante que al principio, con el añadido de darme cuenta de cosas que no había visto anteriormente.

Quiero comenzar con una reflexión que leí en Twitter, y es que es una saga que han categorizado como literatura juvenil porque la protagonista es una chica adolescente. Es el único motivo. Pero tanto el tema como la profundidad de los personajes no tienen nada que envidiar a mucha de la literatura adulta.

En general, la obra me cautiva porque pienso que tiene muchas lecturas. Tiene una lectura romántica, muy básica, una lectura emocional/psicológica y una lectura política, y las tres se entrelazan entre sí.

Por un lado, la lectura romántica es muy básica, muy simple... y aún la han simplificado más en las películas, en relación con como salen en los libros. En las películas, chica adolescente con dos intereses amorosos que no sabe por quién decidirse. En los libros, como de costumbre, esta historia tiene muchos más matices: es una chica adolescente, sí, con dos chicos que le hacen gracia, pero también atada por las circunstancias en que vive: la obligación de mantener a su familia (madre y hermana) y la firme convicción de que no tendrá hijos porque no quiere verlos morir en un espectáculo televisado. Estas dos circunstancias la alejan de cualquier posibilidad de involucrarse con ningún chico, lo cual, además, no está ni en su lista de prioridades.

La lectura psicológica es un poco más oscura. El libro nos hace acompañar a los protagonistas por un montón de situaciones límite, durísimas, de las cuales salen como pueden. Verse separados de sus familias, enviados a morir o matar a unos juegos televisados en nombre de la paz y la estabilidad política, darte cuenta de que el resto de tu vida estará hipotecado por estos juegos, y ser utilizados tanto por el gobierno como por la oposición en el conflicto político y la guerra que se desencadena. Tanto Katniss y Peeta como los demás tributos muestran maneras diferentes de enfrentarse a estas situaciones.

Leí en Twitter que realmente Los juegos del hambre es un tratado sobre el síndrome de estrés postraumático y pienso que tiene mucha razón. Sé poco de psicología y menos aún de estrés postraumático (más allá de lo que he vivido), pero pienso que la manera en que el libro te transmite la ansiedad y el miedo está muy conseguida. Ya no solo la manera en que la vive Katniss, que —recordemos— es quien narra la historia, sino por lo que cuenta sobre los demás personajes.

En tercer lugar, la lectura política quizá no me satisface tanto como la psicológica, pero también es muy jugosa. Estado totalitario que se sostiene en la explotación de una gran parte de la población para mantener los estándares de vida de una minoría. Esa mayoría se rebela y se subleva, pero los líderes de la rebelión solo la usa para sus intereses. El mensaje final del libro, desvelado en la conversación entre Katniss y Snow y el enfrentamiento final con Gale, no sé si lo veo más anarca o primitivista: tanto el gobierno como el movimiento que intenta derrocarlo están igual de podridos y tienen el mismo poco respeto por la vida.

Un amigo comentó en Goodreads que el final le parecía deprimente. (Por suerte, es el único spoiler que me comí, así que hasta que no acabé el libro no sabía a qué se refería, solo sabía que había algo deprimente, jaja). No puedo estar de acuerdo, o quizá porque no contemplo que pueda haber otro final, al menos en cuanto a desarrollo del personaje. Está claro que los acontecimientos son dramáticos. El hilo que empuja a Katniss durante toda la novela, que es el bienestar de su hermana Prim, se desvanece casi al final. ¿Podría no haber pasado? Claro, pero la autora lo decidió así. Y teniendo en cuenta eso, es normal que ella acabe loca y desquiciada. Que acabe en una relación con Peeta, que ya se había vuelto loco antes por culpa del Capitolio, era una consecuencia lógica; sin duda, lo que no podía pasar era que acabara con Gale, que -probablemente- era en parte responsable de la muerte de Prim. Y que estuviera sola habría sido mucho más deprimente: no creo que hubiera durado viva mucho más tiempo.

Con todo, ver las cuatro películas me ha dejado con ganas de volver a leer los tres libros, que tienen muchos más detalles y la historia es mucho más profunda que en las películas. Ahora me toca elegir en qué idioma los quiero leer (¡ya los he encontrado en serbocroata, pero aún no tengo nivel para leerlos!).

lunes, 22 de agosto de 2022

Perdido y desesperado

Veo que no he escrito aquí en todo el año. Y si alguien sigue por aquí, me disculpo, aunque hace tiempo que este blog no pretende divertir ni divulgar sino servir de rincón de desahogo, y ya me va bien así.

El motivo para no escribir no es otro que la dejadez, pero no motivada por buenos acontecimientos. Ya todos sabéis que me contrataron en Granollers el año pasado y me mudé temporalmente a Lliçà de Vall, a la espera de aclarar cuál sería mi futuro laboral.

Estamos acabando el verano y, aunque ha habido novedades, mi vida en esencial no ha cambiado y lo que esperaba que fuera temporal, cuestión de un par de meses, se está alargando mucho más de lo que me gustaría. En el trabajo me han hecho indefinido, pero sin la subida salarial que prometieron ni perspectivas de cambiar de puesto a algo que encaje más con mi preparación. Con el sueldo que tengo tampoco puedo alquilar nada por mi cuenta, y vivir en un sitio compartido y con miles de reglas la verdad es que me está limitando mucho.

El resultado está siendo desastroso para mi salud mental, aunque hago lo posible para salir a flote, como ir al gimnasio (que es, básicamente, la única actividad que hago durante los días laborables, aparte de trabajar y hacer la compra). Los fines de semana, por suerte, los paso con Pau, al que tengo que agradecer que sigo vivo y cuerdo.

El pensamiento recurrente hace unos meses era que me equivoqué eligiendo venir, aceptar este trabajo y mudarme, dejando toda mi vida en Sevilla y alejándome de mi familia, para acabar en un pozo donde mi vida ha perdido casi todo el interés.

Hoy no pienso eso, he hecho un ejercicio de análisis nietzscheano y he asumido que no pude haber tomado otra decisión porque estar en Sevilla y sin trabajo me agobiaba. Era feliz yendo a clase y disfrutando de mi ciudad, pero por desgracia eso no iba a durar para siempre, y las oportunidades laborales en la zona no abundan. No está claro que me hubiera salido algo allí.

Una vez asumida la decisión y sus consecuencias, ahora lo que pienso es que de este pozo me va a costar salir (si es que salgo). Hasta que no me contraten en otro lugar, la cosa no va a mejorar, y a saber si eso ocurre y cuándo. He hecho alguna entrevista, pero cada día que pasa sin saber de ellas es un día más que pierdo la esperanza de que algún día la vida sea mejor.

Dicho esto, al menos espero que os hagáis una idea de por qué no escribo mucho más por aquí. Deseame suerte y a ver si la cosa mejora pronto, para poder volver a hacer posts menos serios y más divertidos. Besis. 

viernes, 31 de diciembre de 2021

En 2021...

¡¡Es la hora de mi esperadísimo resumen de 2021!!

  • La noticia principal, la más importante de 2021, es que conseguí acabar mi grado. Por fin soy Graduado en Ingeniería Química, después de una dura defensa del Trabajo Fin de Grado.
  • Empecé el Máster en Ingeniería Química, fui tres días a clase y anulé matrícula. No por nada, sino porque no iba a poder ir a clase.
  • Lo mismo con la Escuela Oficial de Idiomas, quise retomar el alemán y no pude.
  • Estas dos cosas se dieron porque me contrataron en una empresa de Granollers. No como ingeniero sino como operario, pero por algo hay que empezar.
  • A raíz de esto, obviamente, tuve que mudarme a vivir a Catalunya, aunque a día de hoy sigo sin haber encontrado un piso decente en Granollers y vivo en una urbanización de mala muerte donde no hay ni una sola tienda.
  • Tuve que despedirme de mis amigos sevillanos, a los que no sé cuándo volveré a ver y que echo mucho de menos.
  • En este año no hubo quedada de les cirques, pero vino Aitor a visitarme en julio. Además, Fede me visitó en agosto y Luis en octubre.
  • En cuanto a viajes que hice yo, hice excursiones con Aitor (a Cádiz, Gibraltar, Ronda y Carmona) y Fede (a Huelva y Faro). También visité a Nando en Huelva.
  • También fui a Folsom Europe, que se volvió a celebrar. Allí conocí a Luis, con quien pasé tres días geniales, y estuve con Dani y los otros lederones. A la vuelta desvirtualicé a Pau.
  • En lo laboral, empecé el año con el despido pactado de Atis, así que pasé a estar en el paro, en el que he permanecido hasta octubre.
  • Y como he dicho, me han contratado de operario en una empresa de Granollers, pero con un contrato temporal. Así que ya son dos tres motivos para encontrar un trabajo diferente y mejor.
  • En lo sentimental he pasado un año bastante movido. Después de un desengaño fuerte en primavera, del cual me costó mucho recuperarme, pasé un verano más o menos bueno en el que pasaba de este tema, y en el otoño empecé a salir con Pau, que me ha acompañado estos dos últimos meses y al que espero conocer mucho mejor. :)
  • Estando como estamos, una de las noticias principales es que he esquivado la covid durante 12 meses, así que bien por mí.
  • Si seguimos con la salud, ha sido el año en el que me operé de las vías lagrimales, porque el ojo derecho no paraba de llorarme, así que en abril me hicieron una dacriocistorrinostomía en el ojo derecho. A día de hoy me vuelve a llorar, pero no tanto como antes de operarme.
  • Empecé un régimen bastante duro de dieta y entrenamiento y conseguí verme bastante bien, pero estos dos últimos meses lo he echado a perder y vuelvo a estar gordo y flojo. Espero solucionar esto en cuanto tenga un alojamiento mejor aquí en Catalunya.

lunes, 25 de octubre de 2021

Te echaré de menos, Sevilla

Trece años (y tres meses). Se dice pronto, pero trece años de treinta y siete son más de una tercera parte. Trece años son los que he pasado en Sevilla. Prácticamente toda mi vida adulta.

Llegué a esta ciudad un 19 de julio de 2008, un sábado. Me mudé ese día, era la primera vez que iba tan lejos con mi coche, un Kia Picanto de segunda mano; solo tenía cinco meses de carnet y me preocupaba hacer un camino tan largo. Dicho camino acabó cuando vi aparecer, desde la carretera, mi puente favorito, que me avisaba de que ya estaba aquí; de que, como a una Violet Sanford de la vida, la gran ciudad me esperaba.

Tenía la tierna edad de 23 años, venía a Sevilla para mi primer contrato laboral y, la verdad, los primeros meses se me hicieron duros. No conocía a nadie, salvo a mi pareja, Fernando. No encajaba bien en el trabajo, donde me pasaba todo el día. Así que pasaba la semana deseando que llegara el fin de semana para, o bien estar con mi pareja, o bien volver a Cádiz con mi familia.

El tiempo fue pasando, y lo que al principio me resultaba un lugar hostil, acabó por convertirse en mi casa. Hasta el punto de que fue el lugar donde retomé mis estudios y los acabé; donde encontré amigos de los buenos, de los que son para siempre.

No se me olvida la primera vez que me describieron como sevillano. Fue en 2011, estaba trabajando en Toulouse y habíamos salido unos cuantos de excursión, a Rocamadour. Nos cruzamos con unos españoles que preguntaron de dónde éramos, y mi compañera Sonia dijo, «somos de Sevilla». Que lo haría por generalizar y porque en una respuesta genérica no pega decir «pues trabajamos en Sevilla pero hay gente de Cádiz, de Córdoba, de Málaga...» no, no pega. Pero la cuestión es que me sentí englobado en los sevillanos y mira, me gustó. Y empecé a asumir que ya era un poco sevillano.

Han pasado diez años y ahora yo mismo me considero parte de esta ciudad, y no puedo negar que esta ciudad forma parte de mí, ha moldeado bastante mi forma de ser, mi personalidad, mis experiencias (incluso mi acento). Y aunque juego a menudo la carta de «yo puedo decir que esta ciudad es preciosa, porque no soy de aquí», realmente estoy mintiendo un poquito, porque sí que lo soy.

A la izquierda, junio de 2008, justo antes de mudarme.
A la derecha, octubre de 2021, mi último mes en la ciudad.


 

Pero, sin esperarlo, esta etapa ha llegado a su final. Cuando más enraizado me sentía, cuando estaba ya empezando el máster e incluso planteándome comprar alguna casa en la ciudad o alrededores en cuanto tuviera trabajo, el mundo laboral me envía fuera, en este caso a Catalunya. Y a pesar del cariño que le tengo a esta ciudad y a todos los amigos que tengo aquí, incluso al hecho de tener a mi familia a una hora de coche, no tengo más motivos para quedarme cuando el trabajo me hace irme.

Se me está haciendo duro, muy duro, recoger todo lo que tengo aquí y pensar que me voy a ir, sobre todo porque no sé si volveré. De visita, claro que sí, siempre puedo, pero no sé si volveré a vivir aquí. Y eso me duele un poquito.

Pero por mucho que duela, hay que aceptar la vida y hay que intentar pensar en positivo. Espero que Catalunya me trate bien.

domingo, 3 de octubre de 2021

Treinta y siete

Llega otro tres de octubre, otro cumpleaños. Otro comienzo de curso, otra nueva vida. Quizá el más incierto de los que he vivido, o al menos de los últimos años.

A los treinta y seis no les pedí nada. Y me han traído un despido y el desempleo, pero también me han traído un título universitario y la esperanza de un cambio laboral a mejor, que ya veremos en qué se traduce.

Por favor, que los 37 se porten bien y me dejen progresar. 

jueves, 29 de julio de 2021

Admitido... y renunciado

Cariños, mi último drama viene porque soy un poco quieroynopuedo. Aunque ya me conocéis y me queréis así.

Y es que en cuanto terminé el grado, eché la preinscripción para hacer un máster. Aunque mi primera idea es ponerme a trabajar, si no me saliera trabajo no quiero estar ocioso, así que me preinscribí. Aquí en Andalucía se gestiona mediante el Distrito Único Andaluz (cuya adjudicación debe salir durante el día de hoy): una preinscripción única para todas las universidades públicas andaluzas.

También se me ocurrió echar la preinscripción para un máster que me parecía interesante en la Universitat Politècnica de València (UPV). Ya había visto el precio, que era más caro, pero la idea de vivir y estudiar en València me parecía atractiva. Igualmente, no me tenía que preocupar mucho porque no entregué carta de motivación y mi carrera no era preferente para el acceso, así que probablemente no me admitirían.

Un carajo pa mí. El lunes me enviaron un mail diciendo que estaba admitido, y que tenía que formalizar la matrícula entre el martes a las 13:00 y la noche del miércoles.

Ahí comienza la rallada. No tengo tiempo para pensarlo. ¿Debo inscribirme y largarme a estudiar a València, o dejar pasar la oportunidad de irme a un lugar donde me apetece estar?

Así que después de pensarlo durante la noche y toda la mañana del martes, decidí dejarlo pasar. El máster en València es más caro, tendría que organizar una mudanza, buscar piso, y a fin de cuentas irme a vivir allí sin perspectiva de ingresos. Estaría igual que aquí pero gastando más dinero. Y el único punto a favor es la ilusión que me haría irme.

Ha sido una de esas decisiones que duelen. Pero creo que ha sido lo más razonable.

Seguiré intentando irme, pero me iré con algún trabajo ya conseguido, con las cosas bien hechas.

lunes, 21 de junio de 2021

Carrera finalizada

Pues acabo de defender el Trabajo Fin de Grado. Esto solo significa una cosa: ya soy, oficialmente, ingeniero químico.

Han pasado casi 21 años desde que el 2 de octubre de 2000 entrara en mi primera clase universitaria, la clase de Química Física que nos daba el Dr. Jesús Ayuso, un hombre fascinante porque daba su clase completa, incluidas las demostraciones, con solo media cuartilla de papel.

Aquello fue en Puerto Real, y fue una aventura universitaria gaditana que duró hasta 2007, cuando me examiné de mi última asignatura y me quedé pendiente de hacer el Proyecto Fin de Carrera mientras buscaba prácticas.

Gran error porque ya sabéis el resultado: me metí en las prácticas, luego encontré un trabajo, y el PFC fue abandonado poco a poco hasta morir en el olvido.

Esto, que en otros lugares del mundo no sería un problema, aquí es un escollo laboral insalvable: si no tienes tu título es como si no hubieras estudiado nada. En ninguna oferta me consideraban por no tenerlo. En algunas me lo dijeron expresamente: esta oferta es solo para titulados.

No sabía qué sería de mi vida, y pensé que me iba a quedar siempre en esa situación, hasta que en 2017 dos compañeros de trabajo me hicieron pararme a pensar. ¿Y si la intento acabar? Es una locura, pero no es imposible. Pensaba que solo podría hacer algo a distancia, pero uno de ellos, de hecho, estaba estudiando una carrera nueva (ya tenía dos), y lo hacía yendo a clases presenciales, simultaneando con el trabajo.

El camino iba a estar lleno de piedras. La primera, el acceso. No puedes hacer un traslado de expediente, primero tienes que acceder a una plaza. No te puedes presentar por la vía de mayores de 25 porque ya tienes la selectividad hecha. ¿Tu nota? Un 8,71 sobre 10. Las notas de ahora son sobre 14. ¿Y no te la ponderan? No. Tienes un 8,71 sobre 14. Pagas la certificación oficial de la selectividad y presentas la preinscripción.

Suerte que la nota de corte se quedó en 8,5 y entraste en segunda adjudicación, porque en primera te quedaste fuera (el 7º en la lista de espera). Vale, ya estás dentro. Ahora tienes que matricularte y hacer traslado de expediente. Y solicitar la convalidación el reconocimiento (ahora se llama así) de las asignaturas que has hecho. Porque querrás que todo lo que hiciste en su momento te sirva de algo, ¿no?

Vale, haces la matrícula, pagas la matrícula. Pagas el traslado de expediente, pides a la UCA los programas de las asignaturas que aprobaste, rellenas la solicitud a la US, presentas la solicitud con los programas por duplicado o triplicado... te gastas 20 euros en copias impresas y presentas el tocho en la secretaría. Que ya te responderán en 3-4 meses, dicen. Mientras tanto, ve a clase. Tú vas a clase de las dos que seguro que tendrás que hacer porque no existían en Cádiz (Electrónica e Informática) y rezas al universo para que te acepten los reconocimientos.

3-4 meses después te dicen que el 60% de la carrera lo tienes reconocido. El 40% restante tienes que cursarlo, examinarte y aprobarlo. Tus planes de sacarte la carrera en un solo año se van al carajo.

Así que ese año se convierte en cuatro. Cuatro años intentando compaginar ir a clase, ir a prácticas, con tu trabajo a jornada completa. Y no se da mal, a cuatro-cinco asignaturas por año, pero lo vas sacando. Con el paréntesis del cuatrimestre que pasaste en Hamburgo, poco a poco va saliendo todo. Incluso con una pandemia de por medio que te vino genial: dejaste de tener que ir a trabajar y pudiste dedicarte a ir a clase de manera virtual.

Así llegamos a 2021, ese deseado año en que apruebas las últimas asignaturas que te quedan y te enfrentas al temido Trabajo Fin de Grado. Tienes miedo de volver a fracasar en el mismo punto. Pero con mucha más constancia que en 2007, y con todo lo que has aprendido en estos años, te marcas objetivos pequeños y los vas cumpliendo y superando.

Te preparas la defensa de una manera brutal. Te pasas una semana haciendo el powerpoint, los dos últimos días ensayas sin parar, te acaba doliendo la garganta. Haces modificaciones hasta el último momento porque siempre te pasas de los 20 minutos.

Te presentas a la defensa, haces tu exposición bien, no te pones demasiado nervioso, explicas todo de manera tranquila y natural, como tú eres, porque te puedes aprender datos de memoria, pero no discursos. Pero el último momento no iba a ser fácil. Un tribunal de tres miembros, dos de ellos amigables, pero uno extremadamente hostil que lo critica todo de tu trabajo y te hace preguntas a mala idea para intentar arrinconarte. No lo consigue porque, como dice tu tutor, se te nota la honestidad. Por otro lado, tienes 36 años, llevas 13 peleándote con alimañas en el trabajo y 6 organizando asambleas. Y, además, los otros dos miembros del tribunal salen a defender tu trabajo.

Y en palabras de tu tutor, «tienes un 9 muy peleado. Con otro tribunal habrías tenido un 10 sin pelear». Pero oye, que estás aprobado, ya va bien, es suficiente. Ya has acabado. Fin.

Enhorabuena, veintiún años después, pero ya eres ingeniero químico.

domingo, 25 de abril de 2021

El artista digital

Entró fuerte y salió fuerte. Arrancà de cavall, parà de burro (gracias Aitor por enseñarme esta expresión).

Culpa mía por haberme creído que alguien podía tener un interés real tan fuerte. Al final fue un espejismo.

Que ahora me hace debatirme entre mis dos vertientes, mis dos yoes.

El primero me dice que no era para mí y que, en cualquier caso, he esquivado una bala.

El segundo me dice que no estuve a la altura, que es un tío genial y que pudo haber algo maravilloso que eché a perder.

Quizá los dos tengan un poco de razón.

Igual que me creí la ilusión inicial, también me creí las palabras finales. Que no era el momento, que le encantaría pero más adelante. Y ahí me ves un mes después, esperando a que fuera más adelante, mientras él ya tenía a otro.

Que obviamente sabía que la opción correcta no era quedarme esperando. Pero tampoco podía hacer otra cosa cuando no era capaz de pensar en otro tío.

No quiero volver a pasar por esto, con nadie. Y me conozco y sé que volveré a hacerlo en cuanto alguien que me guste me preste un poco de atención.

En mi defensa diré que fue él el que empujó e insistió. Pero fue culpa mía caer en eso.

Estoy cansado.

lunes, 22 de febrero de 2021

Aprende inglés, que es más útil

Había escrito esto para un hilo de Twitter pero no tengo claro si lo publicaré. Así que mientras tanto lo dejo por aquí:

 

Cada vez que alguien viene diciendo que lo importante es aprender inglés y no otras lenguas porque te puedes comunicar con tropocientos quintillones de personas, como si fuera un factor determinante, no sé si me da risa, lástima o vergüenza.

Hablo inglés de manera fluida y por supuesto que me ha resultado útil. Pero no me ha servido para hablar con TANTA GENTE. Me ha servido para hablar con algunas personas, y en su mayoría, no por gusto sino por necesidad. Sobre todo en el trabajo.

¿Sabéis cuál me ha sido útil para hablar con personas? El valenciano. A una gran parte de mis mejores amigos los he conocido en valenciano y gracias a saber hablar y entender esta lengua.

¿Que mis amigos también hablaban el castellano? Pues en su mayoría sí. Pero no llegas a alguien igual cuando se puede expresar en su lengua que cuando tiene que cambiar a otra para hablar contigo. ¿O ustedes os sentís igual de cómodos hablando en inglés? Porque yo no.

Así que me tengo que reír cuando me venden esa mierda de la cantidad de gente con la que puedes hablar en inglés, francés o suahili. Que obviamente eso está muy bien y tiene su utilidad. Pero la utilidad en abstracto no existe, solo existe relacionada con un objetivo.

Si voy a viajar a menudo a los Países Bajos, el inglés me resultará mucho menos útil que el neerlandés. Y eso que allí todo el mundo habla inglés. Pero nunca vas a entender el lugar y su cultura del mismo modo en una lengua extraña que en la propia.

El mandarín lo hablan muchas más personas que el inglés. Pero si voy a relacionarme con gente de Inglaterra no me servirá de mucho el mandarín. ¿De qué me sirve un idioma que me permite hablar con 1.500 millones de personas si la gente con la que voy a hablar no lo conoce?

En definitiva, que cuando juzgáis la utilidad de un idioma que habla otra persona, estáis haciendo el ridículo, así que dejad de hacerlo. Todos los idiomas son útiles y enriquecen.

jueves, 31 de diciembre de 2020

En 2020...

 Vamos a ver mi esperadísimo (por mí) resumen de 2020:

  • Empezando, como siempre, por lo personal, en este año me he conocido mejor (siempre digo lo mismo, pero es así). He aceptado cosas de mí mismo y las he vivido de una manera más natural y correcta.
  • Me he dado cuenta de que me estoy haciendo mayor (BASTANTE mayor), pero que si me cuido puedo llevarlo con dignidad. De hecho, hubo un momento en que me di cuenta que me he convertido en la clase de hombre que me gustaba hace veinte años. Y eso puede parecer estúpido, pero lo considero un logro.
  • Y bueno, estoy haciendo las paces con mi cuerpo. Sigo teniendo que perder unos kilos, pero creo que no estoy mal y mientras siga entrenando de manera regular puedo mantenerme resultón.
  • En este año he ido a terapia de manera regular para arreglar algunos comportamientos destructivos. Y aunque no los he eliminado, he encontrado las causas y puedo mantenerlos a raya, por ahora. Tendré que volver para otras cosas, pero por ahora voy bien así.
  • En cuanto a lo sentimental, he «vuelto al mercado». No he tenido ningún tipo de relación con nadie, pero volví a hacer lo de siempre: conocer un tío, encapricharme y que pase de mi cara. Al fin y al cabo, una vez payaso, para siempre payaso. Pero al final he pasado página de manera satisfactoria.
  • Sobre la amistad, he hecho muy buenas migas con Aarón y su novio Javi y la verdad es que los veo muy a menudo.
  • Y sobre los amigos que no están tan cerca, pasé unas vacaciones de escándalo en València-Fanzara-Calp-Alacant. Me reencontré con Fede, con mis cirques del solell (Aitor, Rafa, Miquel, Fran, Víctor y Marc) y conocí en persona a Eloy y a Adrián. Los quiero un montón y estoy muy contento de haberme cruzado con ellos en la vida.
  • Y fuera de esas vacaciones, también desvirtualicé a Juan, a quien llevaba muchos años queriendo conocer, y a Juan y Luisma, amigos más recientes pero igualmente de valor incalculable.
  • También me reencontré varias veces con Nando (en Sevilla y en Huelva, y esos días maravillosos de playa) y con Ger. Los quiero un montón a los dos.
  • Me atreví a acercarme al ILBS y así vivir con un poco más de naturalidad mi faceta leather, y allí conocí a Rubén; también a Valentín en febrero. Sin embargo, no pude ir a Folsom porque no sé si os sonará que se desató una pandemia tremenda.
  • Vamos, no he querido hablar de la pandemia porque, aunque haya influido en mi año, no ha sido lo más destacado. No me ha jodido la vida, no me ha afectado en lo personal. Me ha cambiado algunas cosas, por supuesto, pero no me ha impedido pasar un buen año.
  • Y con eso paso a lo laboral. Con el estallido de la pandemia en marzo, pasé a un ERTE y no he vuelto a trabajar hasta el día de hoy, que vuelvo a estar en nómina pero con futuro incierto. El mes que viene me debo reincorporar y ya veremos qué me reservan.
  • Bueno, mi empresa hizo un ERE y a raíz de eso estuve diez días de piquete. Al final echaron a 32 compañerxs. Yo contaba con que me echaran pero no, me he quedado.
  • Gracias a eso me he dado cuenta de que, aunque no odio mi trabajo, sí que me siento completamente fuera de lugar en mi empresa. Cuando vuelva sé que estaré a disgusto, porque no confío en nadie de los que se han quedado, no quiero trabajar con ellos ni para ellos. Pero no me voy a ir porque oye, tengo que comer y pagar facturas.
  • Paso a lo académico: gracias al confinamiento fui capaz de aprobar todos los exámenes en junio. Saqué la nota más alta de la clase en las cuatro asignaturas que tenía (aunque ninguna matrícula de honor), y por fin me he matriculado de las cuatro que me quedan. Ahora mismo ando algo agobiado con ellas, pero ya solo queda el último empujón.
  • Viajes hice pocos, por la situación sanitaria, pero sí que me acerqué un par de veces a Huelva y pasé unos días en el País Valenciano (como he comentado antes) que me dieron la vida.
  • Y eso es todo. No ha habido Eurovisión, no ha habido otros acontecimientos importantes. Ni relaciones, ni rupturas, ni operaciones. Pero el balance global es positivo: 2020 ha ido mejor que 2019. Esperemos que 2021 sea mejor aún.

martes, 20 de octubre de 2020

El amor propio mal entendido

Hablaba con un amigo por Twitter y me ha venido una reflexión a la cabeza, sobre la manera hegemónica que tenemos para considerar las relaciones interpersonales, que me parece sumamente tóxica. Esa manera tan fea que tenemos de entender el «amor propio» o la «dignidad» y que tiene más de orgullo que de dignidad, y que a fin de cuentas no tiene nada que ver con el amor, ni propio ni ajeno.

A raíz de mi reciente experiencia en el terreno amoroso (de cortejo y rechazo, o de jugar y perder, según se prefiera el símil) he tenido oportunidad de hablar varias veces con mi amigo Aarón y su novio Javi acerca del tema. Y la manera de enfocarlo de Javi suele estar muy orientada a esta línea que comento; no lo culpo a él, sino a la hegemonía de esa manera de pensar. Me refiero a comentarios del tipo «no le propongas nada porque suena desesperado», o «no le digas algo bonito porque es arrastrarse».

Creo que ver las relaciones interpersonales de esta manera, sobre todo la seducción y el cortejo, es tóxico (aunque esta cuestión de orgullos también se da en otras relaciones como la amistad, la familia o la pareja). Esta manera de pensar enfoca las relaciones como una lucha de egos donde lo importante es quedar por encima.

En la gran mayoría de los casos no sabes lo que puede estar pasando alguien, las circunstancias que lo envuelven, para no querer quedar contigo, no llamarte (o no coger tus llamadas), en definitiva, para «pasar de ti». A lo mejor no es que no le intereses o que no te quiera, sino que en ese momento tiene la cabeza en otra parte.

Así que si meses después te busca para preguntarte qué tal estás o para hablar o quedar contigo, responderle con evasivas (o rechazarlo directamente) o tomar la actitud de «pues ahora no quiero yo» es, cuanto menos, infantil, y además no aporta nada, ni a esa persona ni a ti. Por lo pronto, es desagradable, y puede que os haga daño a los dos.

Que esa persona no haya podido o querido quedar contigo en el pasado, en la mayoría de los casos, ni es un desprecio ni una afrenta personal y puede deberse a mil causas que no conoces o que no son asunto tuyo para conocer o para juzgar. Por eso, cuando esa persona acude a ti (por motivos no materiales, se entiende), y te pregunta cómo estás, o se interesa por tu vida o quiere verte, puedes comportarte como una diva despechada y rechazarla, o ser una persona adulta y constructiva y aceptar que no siempre estamos en el momento adecuado y que nuestras circunstancias cambian.

A lo mejor esa persona con quien querías quedar y que «pasaba de ti» estaba gravemente deprimida por cuestiones personales o emocionales, o tenía problemas con el trabajo, con el dinero, con la familia. Cada uno sabe por lo que está pasando (el que la lleva, la entiende) y tampoco somos nadie para recriminarle a alguien haberse aislado en un mal momento. No es asunto nuestro decirle a alguien cómo tiene que enfrentarse a sus problemas, ni mucho menos enfadarnos porque no los hayan afrontado como nosotros creemos que debieron hacerlo.

A lo mejor, esa persona ahora ha acudido a ti porque ha superado esos problemas, o sabe cómo vivir con ellos, o antes no tenía tiempo para ti y ahora sí, o simplemente ha querido cambiar su manera de enfocar la vida y las relaciones.

Claro está que todo esto lo digo desde el respeto a uno mismo. Una persona que te hace daño repetidamente y no demuestra el más mínimo respeto por ti, está bien que la dejes fuera de tu vida. Pero no todos los rechazos son desprecios ni faltas de respeto, e incluso los que sí lo son, pueden haber sido motivados por las circunstancias o simples errores.

Errores cometemos todos y a todos nos gusta que nos los perdonen.

«Pero Dani, ¿cómo dices eso ahora si eres una persona tan rencorosa?»

Porque no soy rencoroso por elección. Yo no elijo acordarme de las cosas que me pasan o me hacen. Pero sí elijo no comportarme como un niño acerca de ellas. Y elijo no ser una persona orgullosa y despechada.

Tampoco es mi intención decirle a nadie cómo tiene que vivir su vida ni sus relaciones personales. Pero creo que si enfocáramos las situaciones con un poco más de constructividad viviríamos mejor.

Demasiadas cosas me he perdido por entender mal el amor propio. Pero muchas más he evitado perderme por ser más comprensivo que orgulloso.

sábado, 17 de octubre de 2020

Está bien pero no mucho

Me vais a dejar que sea un dramático aquí, que apenas entra nadie a leer, y hasta me alegro porque así me siento un poquito más libre para soltar mi drama. Hasta en la candado de Twitter me lee más gente.

Hablando con dos amigos el otro día llegaba a la conclusión de que, bueno, una parte de conocerse a sí mismo es ser consciente de las fortalezas y debilidades. Un análisis DAFO (o SWOT), como dicen ahora en los círculos modernos empresariales, de esos estudios modernos que se hacen para poder competir en el mercado y tener mucho éxito.

Y llega el momento en que el resultado de ese análisis es que no tienes fortalezas. Debilidades hay, y un puñado, pero fortalezas no. Porque lo haces todo de manera aceptable, pero no destacas en nada. Eres un 6 en casi todo, pero un 10 en nada.

Como me enseñó Miquel, mi amigo de Terrassa, «puedo hablar cinco minutos sobre cualquier tema pero diez sobre ninguno», y en ese momento pensaba que era algo bueno.

(Claro que en su caso era mentira, porque él es experto en su campo, la musicología). En fin, no me desvío del tema.

Eres agradable, pero sin pasarte, porque al cabo de cierto tiempo sueltas alguna bordería o subes el tono. Eres resultón, pero no guapo. De cuerpo estás demasiado gordo para los que buscan atléticos, y demasiado delgado para los que buscan osos. Eres cariñoso, pero a los quince minutos estás pidiendo aire. Eres inteligente, pero a un nivel normal. Chapurreas un par de idiomas, pero no hablas bien ninguno. Sabes hacerte de comer, pero no sabes cocinar.

Te doy tres estrellas, muy merecidas
 

Sobrevives, pero no vives.

Bueno, ágil no eres. Eres torpe de cojones. Un borracho de 60 años tiene mejor coordinación psicomotriz que tú.

Ah, oye, y ahora además estás en paro, así que tampoco puedes aportar estabilidad.

Así que no, no eres buen candidato. Encima te vas a quejar.

Solo es cuestión de aceptar que eres así y hay poco más que hacer. Así que o dejas de fijarte en gente a la que no tienes nada que aportarle, o te quedas solo y bien contento, que peor sería estar con alguien tóxico.

Sí Dani, que eres un dramático, que para un tío que no ha querido quedar contigo ya estás montando un pollo. Pues oye, sí. Y como he dicho otras veces, que soy plenamente consciente de que no se me acaba el mundo y que de todo se sale. Pero oye, un poquito sí que duele. Y llevaba dos años sin que me gustara nadie.

Ahora lo que toca es pasar del género humano y centrarme en el técnico, para seguir sacando seises también ahí.

sábado, 3 de octubre de 2020

Treinta y seis

 (En honor a la verdad, he de decir que esta entrada la he escrito dos semanas después de mi cumpleaños.)

El año pasado, en la entrada que escribí para mi cumpleaños, se puede leer lo siguiente, como conclusión:

Así que de los 35 espero que me permitan estar bien. Con eso me basta.

Yo no sé qué clase de humor tiene el universo pero si rememoramos el año, en Hamburgo las cosas fueron a peor, he vivido un confinamiento y una pandemia y me han hecho un ERTE. Aparte, mi vida sexual y emocional está más muerta que nunca.

¿Los 35 me han traído cosas buenas? Pues tengo que pensarlas mucho, pero bueno, alguna sí que hubo. Los viajes a Portugal con Aarón y Javi, los días de playa con Nando y Juan. Las visitas a la familia, los reencuentros con gente como Pedro.

A los 36 no les pido nada, visto lo del año pasado.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Oh, the irony

Tiene gracia (o más bien no) que, después de escribir lo que escribí el día 13, ahora la vida me diga «pues no mi ciela, ahora te vas a adaptar tú».


Y va a tocar eso, a pesar de que mi mente sea un hervidero de «tenía que haber hecho ...» / «tenía que haber dicho ...» / «debí haber evitado ...».

Ya no sirve para nada. Ahora solo se puede buscar una salida.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Sorpresas te da la vida

Anda todo el mundo hablando de «cuando todo esto pase», de «cuando volvamos a la normalidad», «cuando ya se pueda ir sin mascarilla»...

El otro día le decía a mi hermana que odio que hablen de nueva normalidad. Se ha puesto de moda hablar de la nueva normalidad, y no solo no me gusta, sino que me parece engañoso.

Cuando nos empeñamos en hablar de nueva normalidad parece que no dejemos de poner un ojo en el pasado, en la vieja normalidad. No dejamos de recordar ese tiempo en que podíamos salir sin mascarilla y respirarle a la gente en la nuca en el autobús masificado, en la Semana Santa o en la Feria.

Pero ese tiempo se ha acabado, ha pasado y no volverá. Y si vuelve algo parecido, algún tiempo en que no se necesite la mascarilla para salir y en que se puedan volver a producir aglomeraciones, no será como el tiempo que pasó, porque habremos pasado por circunstancias como la actual. Habrá diferencias. No será la misma vieja normalidad.

Es igual, el mismo caso, que cuando se adoptó el euro y se abandonó la peseta. ¿Cuánto tiempo se pasó la gente «traduciendo» los precios a pesetas? «Es que así me entero de lo que valen las cosas», esa frase que a principios de 2002 aún tenía algún sentido pero que la gente seguía usando cinco años después, ignorando que la inflación existe.

(Aún hoy, los más cuñaos siguen enviando memes con precios actuales comparados a las pesetas y afirmando que el euro ha sido un timo porque nos ha subido los precios de todo. Por favor, un cursito rápido de macroeconomía para ellos).

La cuestión es que no solo ese pasado no volverá, sino que nadie podía haber previsto que en 2020 nos iba a llegar una pandemia que nos iba a cambiar la vida «por completo» (o eso dicen, porque lo que ha cambiado son pequeños detalles). Y pensamos mucho en este hecho, pero es que eso nos lleva pasando toda la vida.

Nadie previó la pandemia de Covid-19, igual que nadie previó que conoceríamos a aquella persona, que tendríamos ese accidente o que nos echarían del trabajo.

La vida es lo que hacemos para sobrevenir todas estas cosas que nos pasan, y al final uno acaba viviendo con lo que se encuentra. La certeza absoluta no existe, para bien o para mal, pero siempre tenemos que acabar adaptándonos.

Por esto me carga muchísimo que la gente siga intentando anclarse a un pasado que ya no va a volver, siga hablando de él o siga esperando que vuelva. No va a volver la peseta; si nos vamos del euro, vendrá otra moneda que no será la peseta. Del mismo modo, no va a venir la normalidad que conocíamos. Porque nada vuelve a ser como antes.

Y no nos hace ningún bien seguir pensando que sí.

martes, 26 de mayo de 2020

Hace un año

Querido Dani de mayo de 2019:

Estás ahogado entre exámenes ahora pero no te imaginas lo que te viene por delante. 

Sigue estudiando, vas a hacer un junio del carajo. Una matrícula de honor y dos sobresalientes. Pero Mecánica de fluidos te va a quedar para el año que viene. No te agobies que ya saldrá.

Tu jefe se va a cargar tu departamento como represalia a que los compañeros os llevéis bien y estéis unidos. Os van a poner un responsable en lugar del que tienes ahora que va a ser muy gilipollas y con el cual te vas a pelear varias veces.

Pero no pasa nada, en julio te van a pedir por favor que te vayas de misión a Bremen y allí te van a pedir que te quedes en Hamburgo hasta final de año. Aprenderás mucho en el trabajo, pero lo vas a pasar fatal fuera de él y vas a estar deseando volver. Y además vas a perder el primer cuatrimestre porque no vas a estudiar nada. Ya te conoces.

Ahora mismo estás hecho mierda sentimentalmente, pero acabarás saliendo. Vas a ir a ver a una terapeuta que te ayudará a hacer las paces contigo mismo. Y verás que el destrozo que te hizo el gilipollas de tu ex no será para tanto.

De todos modos va a venir una pandemia global que te va a obligar a quedarte en casa. Bueno, a ti y a todos. Y por eso te van a mandar al paro temporalmente. Al principio vas a hundirte pero luego lo llevarás bien, sobre todo porque vas a poder estudiar y porque no ir al trabajo te da la vida.
 
Y sobre todo, no te preocupes porque siempre hay salida. Siempre podrás salir adelante.

domingo, 17 de mayo de 2020

Por qué odio los grados sexagesimales

Es hora de decirlo públicamente, odio los grados sexagesimales.

A todos os encantan los grados sexagesimales. Lo decís todo en grados, ponéis la calculadora en grados. Pero solo es así porque habéis crecido con ellos. Os pensáis que es natural que un ángulo recto tenga 90 grados o un ángulo llano tenga 180.

Pero es tan natural como pensar que el agua se congela a 32 grados Fahrenheit o que una pechuga de pollo pesa media libra. Es decir, nada en absoluto.

Todos los sistemas de unidades son arbitrarios, cierto. ¿Por qué medimos nuestra estatura en metros y no en palmos o en pies, por ejemplo? Porque lo hemos convenido así.

Y así hemos convenido que una circunferencia mide 360 grados sexagesimales. Que tienen una historia muy chula que se remonta a Mesopotamia, pero ahí se queda, porque no sirve para nada más. Los grados sexagesimales son caprichosos como ellos solos.

Sin embargo, hace tres siglos ya definimos una unidad angular que surge de su propia naturaleza, que nace en la circunferencia y que no necesita números caprichosos para definirla. Es el radián.

El radián es el resultado de medir un ángulo por la relación entre su arco y su radio. Un radián es aquel ángulo que hace que el arco que comprende sea igual de largo que el radio de la circunferencia del que surge dicho arco. Fue descrito por Roger Cotes en 1714.

¿Cuánto mide la longitud de una circunferencia? 2π por su radio. Precisamente 2π radianes es el ángulo de una circunferencia completa. π es un ángulo llano, π/2 uno recto. Por lo tanto, un arco siempre va a ser el producto del ángulo (en radianes) y su radio.

Por esto, la unidad de ángulo en el Sistema Internacional de unidades es el radián. No el grado sexagesimal ni ninguna otra. Pero por algún motivo, y no conozco otro que no sea la resistencia al cambio, en la educación no termina de cuajar hacer los cálculos con radianes. Te acaban enseñando lo que es un radián, pero luego no lo usas nunca. Es esa unidad que estorba y no queremos entender.

Yo por tanto reivindico el radián como la mejor unidad de medida de ángulos.


miércoles, 13 de mayo de 2020

Sueños

Esta noche he soñado que estaba trabajando en Hamburgo de nuevo y que una de mis compañeras era Barei (la que fue a Eurovisión por España en 2016). Obviamente pasaban más cosas en el sueño, pero son las 11 de la mañana y me suelo despertar sobre las 7 así que no puedo recordar mucho más. Sé que recogíamos firmas para algo.

Hace poco un amigo me pasó un artículo explicando por qué estamos soñando más durante la cuarentena. Resulta que estamos más estresados o más presionados, o algo así. Yo me noto más estresado y más presionado, pero tampoco tengo sueños de estos para recordar.

Que supongo que nos pasará a todos, pero tengo varios temas recurrentes en sueños. Peleas con mi familia, sobre todo con mi madre, y escenas varias que se desarrollan en el trabajo.

(Este texto se quedó inconcluso, lo encontré en borradores en marzo de 2023 y decidí publicarlo)

domingo, 26 de abril de 2020

Retoma de contacto

Bien, mi querido Aitor me ha recordado que hace tiempo que no escribo en el blog y le tengo que dar la razón. Y de hecho, hace tanto tiempo, que he entrado en Blogger e incluso habían cambiado la interfaz. Ahora sí que parece otro servicio de Google.

También me ha dicho que no tengo que limitarme a volcar frustraciones porque acabo muy viciado. Pero en este momento es lo único que me viene a la mente.

Hace cuánto, ¿cuarenta días? que estoy encerrado en casa y los efectos no están siendo devastadores, pero los siento como pasos atrás.

Para hacer una verdadera retoma de contacto os tengo que actualizar. Por fin de año volví de Hamburgo y lo hice decidido a dejar atrás los hábitos destructivos que había adquirido en el último año. Decidí visitar una terapeuta, con quien hice algunos progresos. Entre otros, me ayudó a pasar página de lo que pasó con Juanjo, identificando lo que había estado mal en esa relación, y me dijo que en mi vida faltaban gravemente las recompensas, por eso las acababa buscando donde no tocaba.

Estaba empezando a salir más, a quedar más con gente con quien normalmente no me atrevía, cuando nos sobrevino la pandemia esta, i ahora estoy encerrado en casa sin hacer nada excepto salir a hacer la compra. Exactamente como era mi vida en el año 2005, un año para olvidar. Cuarenta días después lo que siento es que no me veo capaz de hacer nada, de tirar adelante. Por un lado, quiero que las cosas sean como antes; sin embargo, por otro, no quiero verme en la situación de tener que enfrentarme a la vida.

Tengo un trabajo adonde no quiero volver porque el ambiente se ha vuelto imposible, y en algún momento el ERTE se acabará.

Tengo una carrera que estoy dejando abandonada porque no soy capaz de ponerme a estudiar y el tiempo se me va: estamos acabando abril, han pasado tres meses de cuatrimestre y no he estudiado nada. Me he hecho un calendario de estudio que ni siquiera estoy cumpliendo. Verás qué risa el mes de junio.

La vida afectiva no existe, pero ahora mismo tengo excusa para que no exista. Cuando levanten el confinamiento no tendré y no me podré quejar de que nadie me quiere porque no estaré poniendo remedio. Hablar por Whatsapp o por Twitter es muy cómodo, pero cuando haya que quedar en persona volverán las inseguridades. Por Internet somos todos fantásticos, y si alguien no lo piensa, nos da igual porque podemos pasar de él.

Ya me he viciado de nuevo. Pero prometo que el próximo texto no será tan frustrante.

martes, 31 de diciembre de 2019

En 2019...

Estoy empezando a escribir esto el día de Navidad, aunque lo publicaré en fin de año, como debe ser. Sin embargo, me apetece empezar a recopilar ideas porque, total, tampoco tengo mucho más que hacer. Eso sí, he programado la publicación para que salga mientras estoy volando a casa :)

Así que, en este año que acaba, 2019...

  • Normalmente empiezo contando lo personal, sigo por lo laboral, lo académico y lo más trivial. Pues en lo personal ha sido un año de mierda. Ha sido el año en que me he venido abajo. En que me he dado cuenta de que no sé cómo continuar. Y al mismo tiempo, en que noto que el tiempo se me va.
  • Así que en lo sentimental no tengo nada que deciros. Por ahora, estoy incapacitado. El año próximo ya veremos.
  • Pero no todo iba a ser malo, ¿no? Tengo una familia con la que puedo contar y unos amigos maravillosos.
  • En septiembre me reencontré con mis queridos hunters, con Aitor, Rafa, Miqui, Víctor y Fran. Desvirtualicé a Marc, por fin, después de tres años.
  • En este mismo viaje también quedé con Fede, a quien hacía dos años que no veía, y volví a visitar València.
  • También en el episodio de amigos queridos, vi un par de veces a Nando, dos en Sevilla y otra en Huelva, y lo pasamos genial; y una vez a Almu.
  • He conocido a gente que aporta, como Aarón (en Sevilla) y Pedro (en Hamburgo).
  • Volví a ir a Folsom. Esta vez fue un viaje muy corto, aunque me lo pasé muy bien. Y visitar Berlín siempre, siempre es una gran experiencia. Allí volví a ver a Dani, a Jose y a sus amigos de allí de Barcelona.
  • El trabajo quizá sí que ha sido lo más llamativo del año. En julio me propusieron irme tres semanas a Bremen, acepté, y estando allí me ofrecieron quedarme hasta final de año en Hamburgo, oferta que también acepté.
  • Por eso he pasado cinco meses y medio viviendo en Alemania. Una etapa con luces y sombras. Realmente, con pocas luces y muchas sombras, pero a la cual le sacaré el lado positivo.
  • Y siguiendo con el trabajo, hice huelga dos veces.
  • En cuanto a lo académico, me tomé la carrera con un poco más de tranquilidad, pero estudié bastante y obtuve muy buenos resultados. Un notable, dos sobresalientes y, destacadamente, una matrícula de honor en una de las asignaturas fuertes de la carrera. (Y comparando con el resumen de 2018: al final va a resultar que el estrés no me lo daban los exámenes...). Sin embargo, en junio me dejé una asignatura porque no podía con tantas, y por culpa de mi estancia en Alemania no he podido hacerla en septiembre ni en diciembre, así que tengo una segunda matrícula por primera vez.
  • Esto lo pongo al final pero es bastante importante: decidí operarme de la vista. Y fue una de las mejores decisiones de mi vida, me he olvidado de usar gafas y lentillas, al menos por ahora. Eso sí, ahora tengo los ojos muy secos, jajaja.
  • En cuanto a viajes, ya los he mencionado todos: Bremen, Hamburgo, Berlín, la excursión a Huelva, las vacaciones en València-Calp-Benidorm, y aunque fueran solo unas horas en cada sitio, Lisboa y Madrid.