Querides amigues, hoy os vengo a hablar del apellido.
El apellido es esa cosa que nos identifica como miembros de una familia, y digo cosa porque hay quien lo considera sustantivo y quien lo considera adjetivo.
En mi familia, el apellido ha sido un punto de fricción. Mis padres se separaron en 1993, cuando yo tenía 8 años, después de un episodio de fin de romance muy mal gestionado por parte de mi padre (quien estuvo unos meses intentando hacer lo que era normal en los 90, mantener el matrimonio con mi madre mientras pasaba el tiempo libre con su amante).
Mi madre, que 25 años después seguía enamorada de mi padre, sufrió lo indecible y mis hermanas mayores, que salvo la última tenían ya alrededor de 20 años, fueron conscientes de todo. Así que decidieron invertirse los apellidos, para llevar primero el de mi madre, y luego el de mi padre, como un símbolo de lealtad a mi madre y de rechazo a mi padre y a sus acciones. Mi cuarta hermana y yo éramos menores de edad, así que continuamos con nuestro nombre intacto. En 1999 ella cumplió los 18 y una de las primeras gestiones que hizo fue invertirse los apellidos también.
Cuando llegó 2002 y yo cumplí los 18, sin embargo, no me invertí los apellidos, y esto fue un pequeño drama en casa. Expliqué que para mí ese apellido no me unía a mi padre, porque no tenía contacto con él, no sabía nada de él. Sin embargo, me sentía identificado con mi apellido. Cuando oía mi apellido, pensaba en mí, no en mi padre ni en nadie más. También es porque, bastante a menudo, en el colegio y en el instituto me habían llamado por mi apellido porque mi nombre era bastante usual. En 8º de EGB, por ejemplo, fue el caso más extremo: éramos cinco Danis en clase (dos de ellos incluso compartían el primer apellido y tenían que distinguirse por el segundo).
A mi madre esa explicación no le gustó, por motivos bastante evidentes. Para mí, mi apellido me designaba a mí, pero para ella era el apellido de mi padre. No obstante, no me insistió. Fue mi decisión y ahí se quedó. No le gustaba, pero tampoco podía hacer más. Creo que por dentro confiaba en que más adelante decidiría cambiarlo.
Mi madre murió en 2012 y mi padre en 2018, así que ese tema ya no es de actualidad. No interesa ya a nadie. En mi familia todos hemos aceptado que mis hermanas y yo tenemos apellidos diferentes. Y más allá de explicárselo a las pocas personas que se llegan a enterar, no se menciona.
Una historia diferente es la de mi nombre, pero esa os la contaré otro día.