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martes, 15 de septiembre de 2026

Revisitando Aidalai de Mecano

Amiguis, hoy me apetece comentar este disco.

Como sabéis, hace poco fue 7 de septiembre, y personalmente odio las canciones cuyo título es una fecha porque cuando llega esa fecha las redes sociales se inundan con la dichosa canción (como pasa con esta, con 20 de enero o con 20 de abril (del 90)).

No es que me guste la canción del 7 de septiembre, en realidad de las de Mecano me parece del montón. Pero Mecano forma parte de mi infancia, de la época en la que oía la música que elegían mis hermanas (el disco es de 1991, yo tenía 6-7 años, y mi hermana la mayor era muy fan de Mecano).

Como me pasó con toda la música que oía obligado en mi infancia (o con casi toda, porque con Mariah Carey no me pasó), Mecano desapareció de mi vida en cuanto pude elegir yo la música que quería escuchar. El reencuentro con Mecano vino en 2012, que me descargué los discos y me los estuve oyendo en el coche (por entonces tenía coche y conducía mucho). Y entonces me volvieron a la mente sobre todo Descanso dominical y Aidalai, que son los dos últimos discos del grupo y los que salieron en una época de la que ya tengo recuerdos.

Pues hace un par de días, a raíz del 7 de septiembre, volví a oír Aidalai y voy a criticarlo. He de decir que los miembros de Mecano no me caen nada bien, estamos en 2026 y con el tiempo se han ganado una reputación de fachas y rancios (que a lo mejor ya lo eran en los 80, pero como la movida madrileña tiene tantísima fama y criticarla es muy impopular, no se habla de su implicación política). De todos modos, mi crítica no va a ser motivada por lo mal que me caen ellos, voy a intentar ceñirme a letra y música, aunque por supuesto que habrá un componente político, porque además ellos son abiertamente políticos en este disco.

El disco empieza con El fallo positivo. Empieza fuerte, abre el disco una canción sobre el VIH compuesta y publicada en 1991, cuando el estigma era ENORME. Punto a favor por visibilizar el problema. Pero... ¿era necesario que una letra tan dura tuviera una música tan buenrollera? Sé que es una de las especialidades de Mecano (esto es algo que también hacían mucho LODVG), pero en esta canción me pone el vello de punta. La música muy buena, aunque claro, en general el disco tiene buena música.

Sigue con El uno, el dos, el tres que es un mensaje que le envía Jose a Nacho sobre lo efímero de la fama. Es una de las dos canciones que me gustan especialmente de este disco y tengo poco que criticarle. Quizá una cosa que me gusta y me da vergüenza ajena a la vez es el costumbrismo inesperado cuando dice: «hasta que la luz de este quinquel no sea lo que era / y se encienda solo para que se la vea desde fuera / como la de la nevera».

Bailando salsa no me gusta, y leo que es de Jose, aunque yo hubiera jurado que era de Nacho. Supongo que el jugo de la canción es que musicalmente les apetecía probar otros estilos y en este se adentran en la salsa. La letra es sencillamente terrible, el narrador es un completo cuñado y acaba con un montón de frases hiper misóginas. Nada extraño en 1991, por desgracia.

Viene El 7 de septiembre, que es la canción que ha motivado esta reseña. Como ya he dicho, no me gustan las canciones con nombre de fecha. Pero es que, además, en esta canción Nacho le cuenta a toda España y Latinoamérica que cada 7 de septiembre queda con su ex y que la sigue queriendo («y aunque empeñados en soplar / hay llamas que ni con el mar»). Musicalmente es curiosa porque tiene todas las estrofas al principio, acumula la tensión y cuando llega el estribillo repite el tema una y otra vez con distinta instrumentación. Aun así, como ya he dicho, no me gusta.

Naturaleza muerta es una de esas leyendas de Jose convertidas en canción (como Hijo de la luna, del disco anterior y que no voy a comentar). En este caso, la historia va de dos amantes, Miguel y Ana; Miguel es pescador y un día no vuelve porque el mar quiere a Ana y le tiene celos a Miguel. Así que Ana se queda esperando a Miguel en la playa y se convierte en roca. De nuevo, la mujer es un objeto por el cual se pelea un héroe con las fuerzas de la naturaleza. La ideología noventera se me hace bola y el estribillo se me hace un poco repetitivo.

Ahora viene 1917. Es una canción instrumental inspirada en ¿la revolución rusa? Por suerte, no tiene letra, porque no creo que dijera nada bueno, a juzgar por lo que dejan entrever sus demás canciones. La canción expresa tensión y drama, aunque acaba de manera tranquila, menos mal.

Una rosa es una rosa. Si con Bailando salsa ya suponía que querían probar con estilos diferentes como la salsa, ahora le toca al flamenco. Hay que contextualizar, a finales de los 80-principios de los 90 el folk-pop estaba MUY de moda. Aunque el flamenco de verdad seguía siendo una cosa bastante minoritaria, el flamenco fusión y géneros más de masas como las sevillanas salían en la tele continuamente. Me imagino que por eso Mecano se atrevieron a hacer algo que sonaba aflamencado. El resultado a mí me parece increíblemente postizo, aunque seguro que a eso ayuda el falso acento andaluz que Ana se empeña en poner en esta canción.

La siguiente es El lago artificial, que es una canción que también me gusta. Pero, como con El fallo positivo, la letra es muy dura para esta música, expone la adicción a las drogas contada en primera persona y hablándole a la propia sustancia. Es una canción sin estribillo (no me suelen gustar las canciones sin estribillo), pero me gusta mucho el juego de voces justo antes de resolver la estrofa (por ejemplo «ahogabas toda mi ansiedad en un inmenso lago artificial»). Me resulta increíblemente frívolo que la música sea inquietante (en tonalidad menor) cuando cuenta el problema de la adicción y se vuelva tranquila cuando la encuentra en los callejones de la ciudad.

es una canción de amor que no me dice mucho, supongo que tiene más valor poético que de otro tipo. Musicalmente tampoco me parece de lo más original, habiendo tantas otras en el disco que sí lo son. Quizá lo mejor es el interludio orquestal antes del último estribillo.

Viene quizá la canción que más odio del disco, que es Dalai lama. Estamos en los 90, la época en que volvió a estar de moda el orientalismo e idealizar el budismo y el sur de Asia (que se lo digan a Paloma la de Al salir de clase, que se va a la India para encontrarse a sí misma). Así que Mecano hace una canción alabando al Dalai Lama y criticando a los chinos por invadir el Tíbet (literalmente los llaman «avispero de amarillos que volaban hacia el suelo»), por liberar al pueblo de su religión y por «quemar tradiciones» (dejando más clara aún su tendencia política). Al menos aciertan en una cosa, si en el Tíbet hubiera petróleo ya habrían ido los gringos a salvarlo.

El peón del rey de negras pretende ser una canción divertidísima. Planteada como una historia que cuenta un peón de ajedrez personificado hablando de sus aspiraciones, acaba con la segunda estrofa siendo abiertamente homófoba, porque es graciosísimo hablar de que el rey es marica y añadiendo un poco de gay panic («yo también me voy, no sea que el monarca me enfile por Detroit»). Pues sí, pretende ser divertidísima, pero no deja de ser más humor de cuñado, también de Jose.

Antes hablábamos de budismo y no podíamos dejar pasar la ocasión de ser buenos cristianos y dedicarle una canción a Jesucristo. JC es una canción escrita desde el punto de vista de un discípulo (¿o discípula?). Fascinadísimo, lo sigue hasta que lo crucifican y entonces trepa por la cruz para darle un beso. De verdad, ¿quién ha escrito esto? (Nacho. Fue Nacho.) La estructura de la canción es bastante típica, con un estribillo muy sencillo donde la instrumentación tiene más peso que la voz («tú, tú y yo, tú y yo, tú y yo»). La parte instrumental orquestada en este caso está al final de la canción, después del último estribillo.

Y llega la última canción. Sentía es la otra de las dos canciones que decía que me gustaban especialmente. La música es muy sencilla, solo es un fondo de guitarra, pero es lo que necesita esta letra. Es el final de una relación, visto por alguien que no se lo ve venir. La letra es, aunque muy triste, magistralmente poética.