jueves, 5 de octubre de 2023

¿De dónde eres?

Es una pregunta muy sencilla, o al menos para mucha gente.

¿De dónde eres?

Para otras personas no lo es tanto.

Yo me incluyo en este último grupo. No quiero hablar por boca de todos los emigrantes, aunque me consta que muchos están en la misma situación que yo. Hablaré solo por mí y por mi experiencia.

No tengo problemas en considerarme emigrante (o inmigrante). Lo soy desde que aquella tarde de verano de 2008 cogí mi maleta y mi coche y me fui a Sevilla a trabajar. Estaba a hora y media de casa (o de la que había sido mi casa hasta entonces), pero era un lugar nuevo, con diferencias en los usos, costumbres, en el acento...

Al principio ni me lo pensaba. ¿De dónde eres? De Cádiz, o de San Fernando (Cádiz), depende del nivel de detalle que quisiera dar. No había más vueltas.

Con el tiempo, sin embargo, la situación cambia. Desarrollas tu vida en una ciudad, estableces vínculos con la gente y con los lugares que visitas. Y no solo me refiero a tu casa y al trabajo, sino a las avenidas, las calles, el río, los paseos, las tiendas, los restaurantes.

En 2011 fue la primera vez que empecé a dejar de tener clara la respuesta. Estaba pasando unas semanas por trabajo en Toulouse, y surgió la idea de hacer una pequeña excursión de un día a Rocamadour con una compañera y su novio. Estando allí nos cruzamos con una gente que hablaba castellano y nos preguntaron de dónde éramos. Mi compañera no se lo pensó y respondió por los tres: de Sevilla.

Yo sí que me quedé pensando. Porque hasta entonces siempre había sido de Cádiz sin planteármelo. Mi compañera no había dudado de que los tres fuéramos de Sevilla. Mi vida estaba en Sevilla, mi casa, mi trabajo, mi pareja. Ahí empecé a abrazar la idea de que yo también era de Sevilla. Aún tenía mucho que aprender de la ciudad y de su cultura, pero ni yo era un extraño en la ciudad ni la ciudad lo era para mí.

Fremde Erde ist nur Fremd, wenn der Fremde sie nicht kennt
(la tierra extraña solo es extraña cuando el extraño no la conoce)

Sí, es un verso de la traducción alemana de Colores en el viento, la canción de Pocahontas. Pero ese verso me parece increíblemente certero (más que el original en inglés).

(Inciso: también en 2011, cuando estuve colaborando con el Partido Andalucista local, en alguna conversación dije de manera natural que era inmigrante y los compañeros me corrigieron como si me hubiera insultado a mí mismo. Ahí es donde uno ve los prejuicios de los demás. Pero yo seguía siendo inmigrante.)

2012 significó para mí el comienzo de mi relación de cuatro años con Fede. Fede no solo era de València, sino también valencianista (políticamente, no del club de fútbol) y valencianohablante. Aunque nunca llegué a vivir en València, las experiencias con Fede, con su entorno y sus amistades me resultaron tan acogedoras y hospitalarias que me interesé mucho por su lengua y su cultura. Yo ya sabía hablar valenciano, pero mi nivel era poco más que aceptable y mi acento era de Barcelona. En esta época abracé la cultura valenciana, perfeccioné la lengua y adquirí el acento de València. Esa relación se acabó en 2016, pero las relaciones que había hecho con gente valenciana no se acabaron y duran hasta hoy. No he vivido en València pero he pasado allí más de 200 días, me he relacionado con la sociedad valenciana (no he estado de vacaciones en un resort) y, por lo tanto, considero que tengo parte de valenciano. Llamadlo apropiación cultural, novelería o como queráis. Sin embargo, no iba por ahí diciendo que era de València. La respuesta a la pregunta "¿de dónde eres?" seguía siendo la misma. De Cádiz, de Sevilla, según la situación respondía una u otra, o soy de Cádiz pero vivo en Sevilla.

En 2021 encontré trabajo en Granollers (Barcelona) y me mudé medio a la prisa. En una semana tuve que empaquetar todo, vaciar un piso y recorrer casi 1000 km. El primer día de trabajo me choqué de bruces con la misma pregunta, y más veces en ese día que en toda mi vida.

¿De dónde eres?

Ahí se me había roto el esquema que tenía tan asentado. Mi primera respuesta iba a ser la que había sido hasta entonces: de Sevilla. Pero sentía que si respondía eso estaría mintiendo. ¿Por qué? Seguía siendo sevillano. De hecho, sigo siendo sevillano. Sigo sintiendo que Sevilla es mi casa. Conozco mejor Sevilla que bastantes sevillanos. Pero mi casa ya no está allí. Si voy a Sevilla no tengo dónde quedarme, salvo que pague una habitación. (Sí, tengo amigos y me pueden acoger, pero eso no invalida mi argumento).

Soy nacido en Cádiz y criado en San Fernando, viví allí hasta los 23 años. En mis documentos de identidad soy gaditano y lo seré para siempre. Había vivido 13 años en Sevilla, pero ya no tenía un domicilio allí. Responder que era de Sevilla hubiera sido mucho más complicado por las subsiguientes preguntas (¿ah eres de Sevilla? ¿De la capital, o de un pueblo? He estado en Lantejuela / Pruna / La Algaba, ¿lo conoces? ¿Has estado? ¿Te gusta?), así que volví a la respuesta original... de Cádiz.

Y reconozco que aquí, en Barcelona, más de una vez he recurrido a decir que soc de València o que he viscut a València, aunque no haya sido del todo cierto, pero es una explicación corta y sencilla que funciona en situaciones necesarias (como cuando alguien ha preguntado si entendía el catalán o quería que cambiara al castellano, por ejemplo - este es un melón que no voy a abrir aquí).

Voy a cumplir dos años aquí y, aunque no me siento de Barcelona como sí me sentía de Sevilla (supongo que aún es pronto), tampoco me resulta extraña. Legalmente ya soy catalán (estoy empadronado, voto aquí, tengo mi tarjeta sanitaria...). El tiempo dirá si acabo respondiendo que soy de aquí.

martes, 3 de octubre de 2023

Treinta y nueve

Y así, un año más, la treintena se va acabando. He cumplido (casi) dos años en Catalunya, casi uno en mi trabajo actual. No puedo decir que esté mal, no me está yendo nada mal. Mi insatisfacción crónica no se puede achacar a las circunstancias actuales, jajaja. Así que tocará celebrar estos 39 años y desear que todo vaya bien, y en cuanto sea posible, mejor.