jueves, 2 de noviembre de 2017

Nada arriesgas, nada ganas

Hubo una época en la que usaba mucho esta frase, la había oído en una canción de Natalie Imbruglia y me había parecido una buena actitud ante la vida.

No voy a decir que esta sea mi filosofía ante la vida; sería mentira porque soy un cobarde en demasiadas cosas, y es algo que con la edad se me va acentuando.

Habéis seguido mis más y mis menos con los hombres desde que me quedé soltero hace un año y poco. Y ya veis, golpe tras golpe, porque parece que no aprendo.

Aquí quiero enlazar con lo que mis amigos siempre me dicen. ¿No te cansas de pasarlo mal? ¿Por qué te empeñas en algo que no tiene futuro?

Y ahí digo yo, ¿cuál es la alternativa? ¿No hacer nada? ¿Dejar que la vida pase y que todos los días sean iguales?

He pasado por épocas así y han sido de las peores de mi vida, de las más desmotivantes. Acabas preguntándote qué interés tiene la vida.

Yo elijo sentir, elijo luchar, elijo involucrarme. Sí, elijo sufrir, si se quiere ver así, pero porque sé que solo arriesgando puedo llevarme una ilusión que me haga levantarme cada mañana.

No critico las elecciones de vida de los demás, porque creo que cada uno debe encontrar su propio camino. Pero si eligiera no sentir, me sentiría como los últimos hombres de Nietzsche. Eso no es para mí.

Así que he venido a concursar, a jugar, a intentarlo todo con quien me da ganas de vivir. Y si no sale bien, lo pasaré mal, pero todo se supera. Y si sale bien, eso que me llevo, ¿no?

lunes, 2 de octubre de 2017

El año más largo

Hoy es 2 de octubre, es decir, mañana es mi cumpleaños, como ya sabéis (o quizá no). Es el último día de mis 32, de mis 25. Hace un año hice una entrada de lo más optimista sobre los 32, hoy los veo de una manera diferente. Entre otras cosas, porque soy un año más viejo.

Empecé los 32 habiendo tomado una decisión importante, arriesgando para poco después perder. Y después de eso mi vida ha sido una verdadera montaña rusa donde, para qué negarlo, han abundado más los bajos que los altos.

Pero bueno, se acaban los 32 y es hora de mirarlo por el lado positivo. Quedarme con todo lo bueno que me ha pasado este año, y aprender de lo malo. Este año he conocido a una gente estupenda, he visitado sitios que no conocía (como Girona o Palma), he hecho amigos con los que sé que puedo contar y que pueden contar conmigo (Rafa, Aitor, Miqui, Víctor, Fran, Pedro, os amo), he reforzado los lazos con algunos otros amigos de toda la vida (Nando, Antonio, Meski) y he aprendido que la gente valiosa es para siempre (Fede). He pasado unas vacaciones estupendas haciendo lo que me gusta y siendo quien me gusta ser (Torremolinos, Folsom y mis rutillas). Me he conocido mejor a mí mismo; con C y con JJ he aprendido que soy un iluso enamoradizo y estoy empezando a asumirlo y a vivir con ello.

Y como me propuse a primeros de año, soy más auténtico, porque me parezco más a lo que he soñado de mí mismo.

En definitiva, soy un año más viejo, con todo lo que eso conlleva. Soy un año más sabio, tengo un año más de experiencia, y oye, últimamente me estoy viendo hasta más guapo, cosa rara en mí.

Estoy deseando empezar los 33.

martes, 12 de septiembre de 2017

Eclipsado

Hay personas a las que te encuentras de repente, pasan por tu vida, te hacen cambiar tu manera de ver las cosas, rompen tus esquemas, te fascinan, y luego siguen su camino. Y sabes que tardarás años en olvidarlas, si es que las olvidas. Son especiales.

Este fin de semana me he encontrado a una de esas personas. No sé si la volveré a ver, aunque me encantaría.

Y sí, este fin de semana he estado en Berlín para Folsom Europe 2017, que es un evento de lo más divertido y que me ha hecho decidir vivir ciertas cosas de otra manera. Pero mi resumen del fin de semana son los dos primeros párrafos. Lo demás está eclipsado.

jueves, 17 de agosto de 2017

Esa frágil autoestima

Me he dado cuenta de una cosa. Por más que me joda, soy una persona vulnerable. Odio serlo. Odio mucho serlo. Odio que la gente sea sensible. Y yo me he dado cuenta de que lo soy.

Ya os oigo pensar, ya, «pues vaya descubrimiento Dani, si todos lo teníamos claro». Todos lo sabíais, sí. Menos yo, hasta ahora.

Me ha quedado claro después de esta última experiencia fallida. Toda la esperanza y la ilusión que había puesto se han visto correspondidas con una hostia en la cara. O con varias.

¿Qué pasa? Que pensando racionalmente sé que es algo que pasa cada día a todo el mundo. Que lo mío no ha sido nada especial, nada extraordinario.

Pero por el lado irracional, no lo puedo evitar, me hace sentir mal, me hace sentir muy mal. Precisamente por como se han desarrollado las cosas, por lo bien que empezaron, lo bonitas que pintaban, y por como se han enfriado. Me ha tocado directamente a la autoestima y la ha hecho casi desaparecer. Me hace sentir que voy a acabar solo porque no va a haber quien me aguante. Que puedo tener un puñado de virtudes, puedo ser buen amigo, buen familiar, buen profesional… pero que como pareja no intereso, no valgo. Lo que ofrezco no gusta.

Como me dijo un compi de trabajo hace poco, «Dani, cuando estés conociendo a alguien, no seas tú mismo». Y ahora mismo estoy convencido de que tiene razón.

Y estar solo no está mal, he estado solo casi toda mi vida, casi todo lo que hago lo hago solo. De hecho siempre me he considerado un tío independiente e incapaz de llevar una vida de pareja tradicional, de estas de dependencia mutua. Pero si acepto que voy a estar solo tengo que reenfocar mi vida. Tengo que dejar de ver a cualquier hombre interesante como una posible pareja. Tengo que dejar de exigir un mínimo nivel de conversación cuando busque sexo; limitarme a follar y nada más. O directamente renunciar a hacerlo.

Porque estos errores son los que llevo cometiendo desde que tengo una vida emocional autónoma y adulta, desde los 23 años. Y por eso me llevé los chascos que me llevé con F, con E, con N, con A, con C y ahora con J.

Ahora mismo no me veo capaz de cambiar, de hacer las cosas de otro modo. Soy débil en ese sentido. Pero debo empezar a proponérmelo si no quiero seguir haciendo el gilipollas y perdiendo los mejores años de mi vida buscando a alguien que no voy a encontrar. Los 32 se me acaban y estoy a mes y medio de poder certificar que han sido un año yermo. De los peores.

miércoles, 14 de junio de 2017

Sin mirar atrás

Ayer por la tarde, mientras iba al centro en bus porque la moto estaba sin batería, iba charlando por WhatsApp con alguien que me interesó en 2016 y me paré a pensar en mi vida.

Llegué a la conclusión de que los acontecimientos del año pasado y principios de este me han hecho más daño del que imaginaba, hasta el punto de que hago todo lo posible por vivir sin mirar atrás. Sigo adelante por inercia, sin ganas de seguir, pero deseando que el tiempo me aleje de lo que pasó y de la persona que fui.

No pasa un día sin que recuerde que hace un año todo estaba bien y que me encargué de destruir todo eso que estaba bien hasta que no quedó nada. No solo en mi vida, sino en la vida de otras personas, lo cual es más mezquino.

Y en la cuestión emocional me siento como atado de pies y manos, no soy capaz de apostar por nadie, no soy capaz de luchar por nadie, no confío lo suficiente como para enfrentarme a ninguna complicación. Y ahí me tienes, encaprichado con alguien y dejando que se aleje sin hacer nada porque no quiero volver a fracasar.

No digo esto para que mi escasa audiencia sienta lástima, no quiero que la tengáis porque no es para eso. Pero para superar un problema hay que reconocerlo. Los demás pasos ya vendrán.

domingo, 4 de junio de 2017

El primer día...

...del resto de mi vida. Como todos los días, vamos.

Habré hecho mis castillos en el aire, pero por mucho que cueste, hay que bajar a la realidad y mirar adelante, a las posibilidades, no a los sueños. Mi excrush me enseñó (sin él querer, por supuesto) a que no me meta en berenjenales y a que no luche por imposibles, así que dejo aquí este coche y el resto del camino lo hago andando.

Eso sí, nadie me quita lo bien que lo he pasado y la gran persona que he conocido este fin de semana.

martes, 23 de mayo de 2017

Ain’t no fun in easy

Como no he aprendido, he visto una piedra y he decidido tropezar en ella.

Me preocupa equivocarme, por supuesto. Y de hecho no sé si la estoy cagando. Sospecho que sí. Lo que sí sé es que me apetece intentarlo.

En lo fácil no hay diversión, como dicen Timebelle.

Pero es que lo que merece la pena no suele ser fácil.