martes 14 de febrero de 2012

En 2012...

Bueno, este post se me ha retrasado un mes y medio, por desagradables acontecimientos que ocurrieron cuando debí haberlo escrito. Y la verdad es que no tengo muchas ganas de ponerme a pensar qué me gustará haber hecho dentro de 11 meses. Pero creo que debo hacerlo, por cumplir con la costumbre, y porque así me marco una hoja de ruta.

- volveré a visitar Barcelona y por fin haré un viaje a algún lugar de fuera del Estado. Ya tengo un par de cosas en mente, pero a ver si soy capaz de cumplirlas.
- daré un cambio radical a mi vida laboral.
- esto ya lo dije el año pasado, pero... mejoraré en mi forma física de un modo bastante más comprometido que el año pasado.
- intentaré llevar adelante los compromisos políticos sin volverme loco.
- ampliaré mi círculo de amistades en Sevilla.

Bah, no pidáis más, tampoco tengo muchas más ganas de pensar. Sólo miraré adelante y a ver qué me encuentro. Bastante tengo con esta sensación de no saber por dónde voy.

viernes 6 de enero de 2012

En 2011... conclusiones

Paso de responder a las intenciones que tenía a principio de año, y simplemente haré un recopilatorio de experiencias...
  • Podría afirmar que ha sido el año en que he aprendido a controlar mi comida, a saber qué debo comer y a dedicarle algo de tiempo a cocinarlo, sin que me aburra.
  • Hice más turnos de noche que hasta ahora. De hecho he sido el único de mi trabajo que ha hecho turno de noche en Toulouse.
  • Viajé dos veces, por trabajo, a Toulouse.
  • Visité, por fin, a mi hermana en Valencia. Pasé allí cinco días de mis vacaciones (técnicamente ya era otoño). 
  • Visité a mis amigos en Barcelona en marzo, y en Granada en octubre.
  • En total, cogí diez aviones y dos AVEs.
  • Entre los lugares nuevos que he conocido este año, están Ròc Amador, Valencia, Alboraia y Granada.
  • Asistí a una boda como invitado.
  • Estuve en dos elecciones como apoderado.
  • En una de ellas, fui candidato independiente y participé activamente en la campaña.
  • Acabé afiliándome al partido.
  • Me compré un teléfono nuevo, un Android. Fue mi primera compra en Amazon.
  • Consolidé mi afición a la musculación y alcancé un nivel físico bastante aceptable. De hecho, me cambié de gimnasio en septiembre a uno más preparado.
  • Empecé a cortarme el pelo yo mismo.

miércoles 4 de enero de 2012

Año nuevo

Te fuiste en año nuevo.

Dos días resistiendo, pero al final te fuiste. Fuerte en el último momento, como siempre supiste ser, aun cuando hubieras tirado la toalla.

Reflexiones insistentes sobre si pude haber hecho algo para evitarlo, que siempre acaban en que no, porque no dependía de mí. Ya no podías más. No soportabas depender de otros, y no soportabas que se te hubiera agriado el carácter por eso.

Y aunque sea utópico, me encantaría que hubieras confiado en mí, que me hubieras explicado cómo te sentías. A lo mejor así podría haberme despedido en condiciones. Podría haberte dado las gracias por haberme enseñado lo que sé, por haber hecho que me convirtiera en el hombre que soy, por haberme apoyado en lo que he emprendido, por haberme dado todo lo que tenías. Y las gracias por haberme dado cuatro hermanas a las que quiero, que me quieren y con las que siempre puedo contar, porque nos enseñaste a querernos y a estar siempre unidos.

También podría haberte pedido perdón por todo aquello en que te pude hacer daño. Por esos años de adolescencia en los que no nos entendíamos y que se te quedaron clavados, como alguna vez me dejaste ver. Por no haber podido recompensarte por todo lo que hiciste por mí.

Ya es tarde, te has ido y siempre estaré en deuda.

Pero nadie me quita el recuerdo de estos veintisiete años. El recuerdo de quien me gritaba para que desayunara los fines de semana. De quien fue hasta Sevilla a recogerme en tren la primera vez que volví de Barcelona. De quien volvía del trabajo con un jersey para mí porque lo había visto en un escaparate y le había gustado.

Estábamos lejos, pero sabía que estabas al otro lado del teléfono, y te oía cada vez que necesitaba algún consejo. Y a pesar de la distancia, la ilusión de verte en casa hacía que valiera la pena coger el coche cada viernes. 

Sé que ahora estás mejor, así que, por derrumbado que esté ahora mismo, me tranquiliza que puedas descansar. Recordaré las frases de ánimo que me decías cuando me encontraba triste, y así me ayudarás a salir adelante, a afrontar el miedo que me da seguir viviendo sin ti.

Te quiero mucho, Ma, y siempre te voy a querer. Un beso.

jueves 8 de diciembre de 2011

Nacionalista

Le pese a quien le pese, guste o no, soy nacionalista.

Soy nacionalista, porque considero que Andalucía es una nación. Tiene todo lo necesario para serlo. Tiene una identidad bien definida, una cultura propia, una historia muy característica.

Soy nacionalista porque, además de considerar que Andalucía es una nación, me identifico con sus símbolos nacionales. Porque el himno de Andalucía -el original, no el oficial- y su bandera me identifican. Y porque, por diversos motivos, me siento mucho más ligado a un granadino que a un pacense.

Creo que es importante dejarse de complejos. Conozco a mucha gente que rechaza el nacionalismo como ideología porque, al fin y al cabo, está de moda criticarlo. Pero luego se vuelven locos con una banderita rojigualda, o criticando a cualquiera que no quiera ser español, o espetando cualquier tipo de estereotipo contra los naturales de otro Estado sin tener ningún motivo. Perdonen, señores, ustedes también son nacionalistas.

Por supuesto que no todos los nacionalismos son iguales. De hecho, siempre digo que no soy patriota, no me considero patriota. La propia palabra me repugna. No considero que mi país sea mejor que ningún otro. No estoy orgulloso de ser andaluz, porque no creo que sea lógico estar orgulloso de algo que no has hecho nada por conseguir, de algo que te ha venido dado. No estoy orgulloso de ser andaluz igual que no lo estoy de haber heredado unas piernas fuertes o de tener los ojos marrones. Puede gustarme -de hecho, estas tres cosas me gustan mucho sobre mí- pero no es motivo de orgullo.

Además de nacionalista, soy independentista. O, como otros nacionalistas de distinto signo me quieren llamar, «separatista». Algunos conformistas incluso llaman «radical» a mi ideología (los más lamentables pueden llegar a calificarla como «antisistema»). Pero tampoco me acompleja eso. Por supuesto, quiero un Estado independiente para mi país. Por diversos motivos, el primero porque creo que es de justicia y que es el marco más adecuado para que una nación se desarrolle como tal. El segundo, que ya me cansa el trato que tiene España hacia nosotros. Cultural, por la continua humillación, y económico, por el continuo subdesarrollo. Y el tercero, porque no es de recibo que desde fuera nos puedan decir cómo tenemos que gobernarnos.

Dicho todo esto, me considero una persona tolerante. Los demás pueden pensar lo que quieran, pueden tener sus propias ideas. No voy a intentar convencer a nadie para que piense como yo. Estoy lo suficientemente seguro de mi ideología como para no tener que metérsela a nadie por el culo. Eso sí, en un ejercicio de egocentrismo en el que espero que los demás hagan lo que hago yo, exijo la misma tolerancia para mí. Esto causa que evite hablar de política con una gran mayoría de la gente. En más de diez años, creo que puedo contar con los dedos de las manos el número de personas con las que he hablado de política y no han despreciado o querido ridiculizar mi modo de pensar, o querido hacerme ver que estoy equivocado. Poca gente nos acepta y tolera a los nacionalistas andaluces. Sorprendentemente, muchos a los que se le llena la boca con la tolerancia y el progresismo, han intentado devolverme al buen camino del amor a España. Pero claro, cuando se habla de política, la gente en general se olvida de lo que es la diversidad de opiniones.

Estos días he estado pensando mucho en esto. Y he llegado a la conclusión de que quizá sea momento de colaborar en la lucha colectiva por la liberación de nuestro país, en los modos en los que me sea posible.

lunes 14 de noviembre de 2011

Copenhague

Él corría, nunca le enseñaron a andar, se fue tras luces pálidas.
Ella huía de espejismos y horas de más.
Aeropuertos, unos vienen, otros se van, igual que Alicia sin ciudad.
El valor para marcharse, el miedo a llegar.

Llueve en el canal, la corriente enseña el camino hacia el mar.
Todos duermen ya.

Dejarse llevar suena demasiado bien,
jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar o empezar.

Un instante mientras los turistas se van, un tren de madrugada
consiguió trazar la frontera entre siempre o jamás.

Llueve en el canal, la corriente enseña el camino hacia el mar.
Todos duermen ya.
 
Dejarse llevar suena demasiado bien,
jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar o empezar.

Ella duerme tras el vendaval, se quitó la ropa,
sueña con despertar en otro tiempo y en otra ciudad.


Dejarse llevar suena demasiado bien,
jugar al azar, nunca saber dónde puedes terminar o empezar...
_____________

Magnífica canción de Vetusta Morla... me emociona y me deprime a la vez, pero me encanta.

domingo 23 de octubre de 2011

Nombres - reflexión corta

Cuando me registré en Facebook, una de las cosas que me sorprendieron y no me gustaron mucho era el hecho de que me pedían mi nombre real, no me dejaban registrarme con un nick (entre comillas, claro, porque si quería podía poner lo que me diera la gana en el nombre).

Hoy, cuatro años después, que Facebook (y similares) se han convertido en el centro de nuestra actividad social internáutica, esta condición que ponían al registrarse ha causado cierto efecto que me resulta muy curioso. Y es que, con la mayor parte de mis amigos, ya no me relaciono por su nick sino por su nombre real. A pesar de que a muchos no los haya conocido en persona.

A mis amigos del Mangakayjordi, por ejemplo, en su mayoría los conozco por su nombre porque de ellos, pocos escriben ya en el foro, sin embargo sigo interactuando con ellos por Facebook. De algunos incluso me cuesta recordar el nick.

Por otro lado, gracias a que el foro de Unilang está muy activo, normalmente no me refiero a ellos por su nombre real, a pesar de tenerlos en Facebook.

miércoles 19 de octubre de 2011

Viaje a Granada

Ya, sé que os he tenido totalmente abandonados durante algo más de dos meses. En este tiempo he querido escribir varias veces, pero nunca lo hacía, por la presión de no escribir posts sin sentido o demasiado vacíos. Pero pensándolo bien, es mi blog, y pondré lo que piensa o sienta, ¿no? Cuando me lo crea, lo haré, jajaja.

Bueno, el tema que nos ocupa es que por fin, este fin de semana, he conocido Granada. Allí me he reencontrado con gente que hacía mucho que no veía, como Laura, a quien no veía desde 2008, o Antonio, desde 2009.

Y lo peor es que ha sido demasiado corto. Claro, llegando el sábado por la mañana y volviendo el domingo a primera hora de la tarde tampoco da para mucho, deja con la miel en los labios.

Pero me quedo con que ha sido un viaje espectacular, que lo hemos pasado genial y que nos hemos vuelto a ver. Y que he conocido una ciudad grandiosa, gracias también a Jose, que nos hizo de guía.

A destacar:
- "Esto es como Montjuïc". (Marc y Jordi)
- "Mira qué bandera de España, hazte una foto con ella". (Laura)
- "Hoy las escaleras automáticas están estropeadas". (Señor lugareño, mientras subíamos al Mirador de San Miguel).
- "Pero las croquetas son vigoréxicas, ¿no?" (Marc)