jueves, 11 de enero de 2018

If you love something, let it go.

(A estas alturas ya estaréis hartos de mis idas y venidas, pero mira, mi blog es el sitio donde desahogarme. Lo siento por las tonterías que tenéis que leer.)

Dice el refranero que Quien con niños se acuesta, mojado amanece. Nunca me ha gustado ese refrán, porque cuando se aplica a alguien suele ser bastante despectivo. Yo no lo aplicaría a mi crush, porque no se merece ese desprecio. Simplemente cada uno es como es y hay que saber en dónde nos metemos. Con el mismo trasfondo, me parece menos ofensivo Si saben cómo me pongo, pa qué me invitan. O muchos otros con significado similar: genio y figura hasta la sepultura, o el que decía mi abuela, el que tiene un vicio, si no se mea en la puerta se mea en el quicio.

La cuestión es que yo sabía que esto era una posibilidad, pero la había borrado de mi mente. Ya cuando lo conocí comentaba que se quería ir a vivir a Málaga. Pero claro, los motivos por los que lo decía en verano ya no eran aplicables ahora, así que yo ya no lo contemplaba. Error.

Así que sí, quería irse de aquí y ha decidido hacerlo. Aún no se ha ido, pero lo hará en breve. Y desde que tomó la decisión he pasado unos días horribles, para qué negarlo. Sobre todo porque no puedo quedar con él sin que ese sea el único tema de conversación.

Y claro, como dice otro refrán, en este caso anglosajón, si amas algo, déjalo ir. Sus motivos para irse están bien argumentados. Y aunque yo en su situación no lo haría, no puedo desanimarlo. Es mezquino y egoísta. Y yo no puedo ser así, porque es injusto, porque no se lo merece, y porque quiero ser un buen amigo suyo. Así que aquí me tenéis, animándolo a dar el paso aunque por dentro me esté matando.

El refrán continúa con si vuelve a ti, es tuyo para siempre; si no vuelve, es que nunca lo fue. Dejando a un lado que las personas no son posesiones, él nunca fue para mí, y no va a serlo, así que sé que no va a volver. No puedo contar con eso. Pero ahora mismo me encuentro paralizado.

Me gustaría no verme en esta situación, pero no está en mi mano. En cuanto se vaya, solo será cuestión de tiempo que deje de doler. Todavía no tiene fecha, y aunque la única solución será esa, no quiero que llegue. No quiero dejar de verlo y de estar a su lado. Pero los días están contados.

Y por favor, que con el próximo no me pase lo mismo. No puedo pasar por esto otra vez.

domingo, 31 de diciembre de 2017

En 2017...

¡Aquí viene mi ya tradicional y esperadísimo resumen del año!

Bueno, solo lo espero yo, que soy quien lo escribe. Pero ignoremos ese detalle.

En 2017...
  • mi gran hito del año, lo tengo que poner primero, es que me hice motorista. Era una de las grandes ilusiones de mi vida. He estado con esto todo el año: al final del año pasado me apunté a la autoescuela y el pasado viernes 22 aprobé el último examen del permiso A2. De todos modos, desde mayo soy conductor de una 125. Todo esto lo relato en mi blog motero.
  • Relacionado con esto, y gracias a mis salidas con la moto, he conocido un montón de pueblos de por aquí alrededor. Pueblos como El Pedroso, El Garrobo o El Castillo de las Guardas solo me sonaban de nombre, pero no tenía ni idea de dónde se ubicaban. Ahora podría deciros cómo se llega a estos tres y a muchos otros por carretera.
  • En otros viajes, he conocido por fin Palma de Mallorca, Torremolinos y Girona.
  • He vuelto a Berlín, donde asistí por primera vez a Folsom Europe.
  • Visité Madrid en junio-julio para el World Pride. Fui con mi hermana y su amiga y lo pasamos genial. (El hecho de que tomara la decisión a última hora para perseguir a un tío que me gustaba, mejor lo ignoramos. xDD)
  • Otros sitios que he visitado pero ya conocía son Valencia, Barcelona y Sitges.
  • En Sitges fui por primera vez al Festival de Cine Fantástico y de Terror.
  • He desvirtualizado a Miquel, Aitor y Rafa, tres personas a las que tengo muchísimo cariño. A ellos tres y al resto del grupo de AVL Hunters les debo todo el apoyo que me dieron cuando peor me encontraba.
  • El otro hito importante del año es que mi amigo Dani me animó a apuntarme a la universidad para terminar mi carrera, y lo hice. Así que ahora soy alumno de la Universidad de Sevilla, para ver si algún día consigo tener mi título de ingeniero químico.
  • Respecto a la cuestión emocional, empecé el año con un golpe bastante duro, del que tardé meses en recuperarme. Luego tuvo dos réplicas en julio y en diciembre (sí, me ha pasado lo mismo tres putas veces en un solo año), pero las llevé algo mejor.
  • He conocido a gente que se ha convertido en imprescindible, como Pedro o Juanjo, y a gente fascinante pero que por desgracia vive lejos, como Cris o Dani.
  • En cuanto al trabajo, cumplí cinco años en la empresa, me postulé para un puesto que me iba como anillo al dedo y me descartaron por ser sindicalista. Sí, estas cosas ocurren.
  • Me saqué la tarjeta anual del Sevici y me aficioné a ir en bici. Antes de comprarme la moto, claro. Aún salgo con la bici a veces.
  • Probé a cambiar de gimnasio y fue un fracaso; volví al gimnasio anterior.
Este año me ha ido tan mal en general que dudo que 2018 sea peor, pero no quiero hablar muy fuerte. Esperemos que la cosa remonte desde aquí. Os deseo un muy buen año a todxs.

domingo, 24 de diciembre de 2017

El puente del Centenario

Llevo casi diez años viviendo en Sevilla, y nunca había subido a los Sagrados Corazones. Es un sitio emblemático y que todo sevillano conoce; yo quería ir pero hasta hoy no me ha dado por hacerlo. Si no lo conocéis os comento; los Sagrados Corazones es un cerro con una iglesia que está en San Juan de Aznalfarache. A mí la iglesia ya os podéis imaginar que no es lo que me interesa, sino las vistas; se ve Sevilla de una manera espectacular.

Quise hacer fotos, pero la luz no me acompañaba nada. Aquí os dejo una que he subido a Instagram.

En los Sagrados Corazones, esta tarde de nochebuena

Aparte de la bonita capa de contaminación que cubre Sevilla, se ve al fondo el puente del Centenario. Sevilla, surcada por la dársena del Guadalquivir, está cosida por nueve puentes (el Centenario, las Delicias, los Remedios, San Telmo, Triana, el Cachorro, la pasarela de la Cartuja, la Barqueta y el Alamillo) y de todos ellos este es mi favorito.

¿Por qué me gusta tanto este puente? Me podréis decir, y con toda la razón, que lo construyeron mal, porque se ha quedado pequeño, porque cuando introdujeron el carril reversible dejaron los demás tan estrechos que ahora hay que ir a 60... y tenéis toda la razón. Y si me recordáis que está siempre atascado, estaréis en lo correcto (aunque eso no es culpa del puente, pobrecillo).

La foto es de junio de 2015, por eso estoy tan cambiado. Y vale que el puente se ve poco, pero está ahí detrás, es el testigo mudo de todo lo que pasa en la ciudad


Me gusta por su estética, porque es grande, es majestuoso. Pero sobre todo, porque para un gaditano, el puente del Centenario es la puerta de entrada a Sevilla. Os contaré una historia.

Sábado 19 de julio de 2008. Dani es un chaval de 23 años, cañaílla, que ha dejado sus prácticas en el Puerto de Santa María porque le han hecho un contrato de verdad en una empresa de verdad, pero en Sevilla. Así que se ha hecho dos maletas, las ha metido en su Kia Picanto de segunda mano y se ha echado a la carretera, a hacer el camino más largo que había hecho hasta ahora (solo tiene cinco meses de carné de conducir).

Una hora y media después aparece él por el horizonte.
La foto es de Google.

Y él me anuncia que he llegado. Que he llegado a la gran ciudad, a mi nueva vida.

Recuerdo que esos días tenía mucha ilusión por el cambio, pero me daba miedo, me daba vértigo. Temía que las cosas salieran mal. Pero tenía que hacerlo, tenía que buscarme a mí mismo y crecer. Y eso fue lo que hice.

Una de mis películas favoritas fue siempre El bar Coyote. Una película muy criticada, por simplona, por superficial, o por lo que queráis. Me da igual. Me encantaba la historia de Violet Sanford, que decide abandonar South Amboy para irse a la gran ciudad a perseguir su sueño. Y lo pasa mal. Le pasa de todo. Pero acaba siendo ella misma y consiguiendo su sueño.

Yo no tenía un sueño determinado cuando me vine a Sevilla, pero me vine a ser yo mismo, y lo acabé siendo. Y así estoy.

Esta foto también es de Google. El puente visto desde la avenida de la Raza.
Pues este puente simboliza eso para mí. Simboliza a esta ciudad, mucho más que la Giralda, mucho más que la Torre del Oro. Para mí, Sevilla es el puente del Centenario. Y por eso me encanta.

lunes, 11 de diciembre de 2017

No sé mañana



De algo estoy segura: no sabes lo que sientes,
pero no quieres que me llegue al mar por si me pierdes entre la corriente.

De algo estoy segura: lo nuestro está en tus sueños.
Y tienes miedo a hacerlo realidad por si descubro que así no te quiero.

No siento ganas de luchar por ti, ya no me dejas a morir por dentro.
Te dejo la llamada de mi piel, mientras decides sí o no te dejo,
y no te miento, sé que siento
que hoy no es amor, no es ternura, no es odio ni amargura.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Crónica de una muerte anunciada

Es la crónica de una muerte anunciada. Sabía que llegaría, pero no me lo quería creer. El final, el portazo en la cara que no me llevé en verano y que tuve que dar por hecho, ha llegado hoy, en diciembre.

No sé qué quedará a partir de ahora, no sé qué me espera, y ahora mismo no quiero ni pensarlo. Sé que lo voy a pasar mal estos días.

Lo peor es, sin duda, la sensación de vivir lo mismo una y otra vez. De que con J me ha pasado (y dos veces) lo mismo que con C. No voy a decir que no me lo merezca, porque eso es lo de menos; las cosas no pasan o dejan de pasar porque uno las merezca o no. Pero ya empieza (empiezo) a ser ridículo. La historia siempre se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa, ya lo dijo Marx. Lo de C fue una tragedia, con todas las de la ley. Y ciertamente esto es una farsa, porque te tienes que reír de lo gilipollas que he sido, que he vuelto a ser.

Esta vez, al menos, llevo un poco mejor lo de que la culpa sea mía. He querido implicarme con alguien que sabía que no me iba a corresponder. Pero, ay, el amor es muy tozudo, y ciega mucho. Y yo no quería creerme que esta historia fuera imposible. (Si a eso le sumas que el implicado se dejaba querer tan alegremente...).

Pues el día ha llegado y ahora hay que mirar adelante. Y va a ser difícil, porque muchísimos sitios de esta ciudad me recuerdan y me recordarán a él; muchísimas cosas que ahora me causan dolor y rechazo. Pero oye, que tengo 33 años y sé que mi vida no se acaba aquí. Convirtámoslo en un nuevo comienzo.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Nada arriesgas, nada ganas

Hubo una época en la que usaba mucho esta frase, la había oído en una canción de Natalie Imbruglia y me había parecido una buena actitud ante la vida.

No voy a decir que esta sea mi filosofía ante la vida; sería mentira porque soy un cobarde en demasiadas cosas, y es algo que con la edad se me va acentuando.

Habéis seguido mis más y mis menos con los hombres desde que me quedé soltero hace un año y poco. Y ya veis, golpe tras golpe, porque parece que no aprendo.

Aquí quiero enlazar con lo que mis amigos siempre me dicen. ¿No te cansas de pasarlo mal? ¿Por qué te empeñas en algo que no tiene futuro?

Y ahí digo yo, ¿cuál es la alternativa? ¿No hacer nada? ¿Dejar que la vida pase y que todos los días sean iguales?

He pasado por épocas así y han sido de las peores de mi vida, de las más desmotivantes. Acabas preguntándote qué interés tiene la vida.

Yo elijo sentir, elijo luchar, elijo involucrarme. Sí, elijo sufrir, si se quiere ver así, pero porque sé que solo arriesgando puedo llevarme una ilusión que me haga levantarme cada mañana.

No critico las elecciones de vida de los demás, porque creo que cada uno debe encontrar su propio camino. Pero si eligiera no sentir, me sentiría como los últimos hombres de Nietzsche. Eso no es para mí.

Así que he venido a concursar, a jugar, a intentarlo todo con quien me da ganas de vivir. Y si no sale bien, lo pasaré mal, pero todo se supera. Y si sale bien, eso que me llevo, ¿no?

lunes, 2 de octubre de 2017

El año más largo

Hoy es 2 de octubre, es decir, mañana es mi cumpleaños, como ya sabéis (o quizá no). Es el último día de mis 32, de mis 25. Hace un año hice una entrada de lo más optimista sobre los 32, hoy los veo de una manera diferente. Entre otras cosas, porque soy un año más viejo.

Empecé los 32 habiendo tomado una decisión importante, arriesgando para poco después perder. Y después de eso mi vida ha sido una verdadera montaña rusa donde, para qué negarlo, han abundado más los bajos que los altos.

Pero bueno, se acaban los 32 y es hora de mirarlo por el lado positivo. Quedarme con todo lo bueno que me ha pasado este año, y aprender de lo malo. Este año he conocido a una gente estupenda, he visitado sitios que no conocía (como Girona o Palma), he hecho amigos con los que sé que puedo contar y que pueden contar conmigo (Rafa, Aitor, Miqui, Víctor, Fran, Pedro, os amo), he reforzado los lazos con algunos otros amigos de toda la vida (Nando, Antonio, Meski) y he aprendido que la gente valiosa es para siempre (Fede). He pasado unas vacaciones estupendas haciendo lo que me gusta y siendo quien me gusta ser (Torremolinos, Folsom y mis rutillas). Me he conocido mejor a mí mismo; con C y con JJ he aprendido que soy un iluso enamoradizo y estoy empezando a asumirlo y a vivir con ello.

Y como me propuse a primeros de año, soy más auténtico, porque me parezco más a lo que he soñado de mí mismo.

En definitiva, soy un año más viejo, con todo lo que eso conlleva. Soy un año más sabio, tengo un año más de experiencia, y oye, últimamente me estoy viendo hasta más guapo, cosa rara en mí.

Estoy deseando empezar los 33.