jueves, 17 de agosto de 2017

Esa frágil autoestima

Me he dado cuenta de una cosa. Por más que me joda, soy una persona vulnerable. Odio serlo. Odio mucho serlo. Odio que la gente sea sensible. Y yo me he dado cuenta de que lo soy.

Ya os oigo pensar, ya, «pues vaya descubrimiento Dani, si todos lo teníamos claro». Todos lo sabíais, sí. Menos yo, hasta ahora.

Me ha quedado claro después de esta última experiencia fallida. Toda la esperanza y la ilusión que había puesto se han visto correspondidas con una hostia en la cara. O con varias.

¿Qué pasa? Que pensando racionalmente sé que es algo que pasa cada día a todo el mundo. Que lo mío no ha sido nada especial, nada extraordinario.

Pero por el lado irracional, no lo puedo evitar, me hace sentir mal, me hace sentir muy mal. Precisamente por como se han desarrollado las cosas, por lo bien que empezaron, lo bonitas que pintaban, y por como se han enfriado. Me ha tocado directamente a la autoestima y la ha hecho casi desaparecer. Me hace sentir que voy a acabar solo porque no va a haber quien me aguante. Que puedo tener un puñado de virtudes, puedo ser buen amigo, buen familiar, buen profesional… pero que como pareja no intereso, no valgo. Lo que ofrezco no gusta.

Como me dijo un compi de trabajo hace poco, «Dani, cuando estés conociendo a alguien, no seas tú mismo». Y ahora mismo estoy convencido de que tiene razón.

Y estar solo no está mal, he estado solo casi toda mi vida, casi todo lo que hago lo hago solo. De hecho siempre me he considerado un tío independiente e incapaz de llevar una vida de pareja tradicional, de estas de dependencia mutua. Pero si acepto que voy a estar solo tengo que reenfocar mi vida. Tengo que dejar de ver a cualquier hombre interesante como una posible pareja. Tengo que dejar de exigir un mínimo nivel de conversación cuando busque sexo; limitarme a follar y nada más. O directamente renunciar a hacerlo.

Porque estos errores son los que llevo cometiendo desde que tengo una vida emocional autónoma y adulta, desde los 23 años. Y por eso me llevé los chascos que me llevé con F, con E, con N, con A, con C y ahora con J.

Ahora mismo no me veo capaz de cambiar, de hacer las cosas de otro modo. Soy débil en ese sentido. Pero debo empezar a proponérmelo si no quiero seguir haciendo el gilipollas y perdiendo los mejores años de mi vida buscando a alguien que no voy a encontrar. Los 32 se me acaban y estoy a mes y medio de poder certificar que han sido un año yermo. De los peores.

sábado, 12 de agosto de 2017

De verdad que no

El día 20 publiqué que no tenía tiempo para esto. Pues parece que lo debo de tener cuando estamos a 13 de agosto y la cosa no ha mejorado.

No, no lo he dejado pasar. Y lo he intentado, pero no he podido.

Lo peor es que me llevo hostias de donde no me las espero. Parece que tengo un don para cabrearlo sin saber ni cómo.

Y eso que lo único que me gustaría decirle es que me volvería a hacer 400 km de coche por verle la cara un rato. Que iría adonde me dijera que fuera.

Llegados a este punto solo hay dos opciones. O la cosa muere definitivamente, o me echa de menos y se me acerca. Sea la que sea, lo bueno es que se resolverá rápido.