viernes, 4 de agosto de 2023

La politización de la lengua: el serbocroata

Bueno, sabéis que soy marxista, así que aunque el título sea “la politización de la lengua”, no voy a decir que la lengua no se ha de politizar ni nada de eso. La lengua es política, como lo son todos los aspectos de nuestra vida pública y social. No voy a ir por ahí.

Lo que quiero comentar hoy es el absurdo de utilizar políticamente la lengua de una manera que no se sostiene científica ni filológicamente.

Empecemos por dejar claro que la diferencia entre lengua y dialecto es únicamente política, como ya sabéis (o deberíais saber, a estas alturas). Tenemos innumerables ejemplos por todo el mundo, pero como ejemplos extremos tenemos, por un lado, el árabe, que está compuesto de diferentes dialectos que no se entienden entre sí y que tienen importantes diferencias gramaticales y léxicas, pero todos los hablantes siguen considerando que hablan árabe; y, por otro lado, el serbocroata, cuyos hablantes dicen que hablan serbio, bosnio, croata o (incluso) montenegrino, pero la lengua es exactamente la misma, con mínimas diferencias léxicas y algún rasgo gramatical que es preferido más en una zona que en otra.

Ahora que estoy aprendiendo serbocroata, estoy leyendo sobre la cultura de aquellos países y me estoy relacionando (activa o pasivamente) con hablantes de la lengua, muchas veces me estalla la cabeza con la clase de relación que tienen entre ellos y con su idioma.

Aunque los filólogos y lingüistas coinciden (casi todos) en la indiscutible unidad de la lengua serbocroata, que es una sola con cuatro estándares, entre la gente no lingüista las posiciones son de lo más variopintas.

En redes sociales, en foros, incluso en italki (la web que uso para encontrar tutores de conversación del idioma), te encuentras todo tipo de posturas, en algunos casos contradictorias dentro de la misma persona. En italki, la mayoría de los tutores de serbocroata de Serbia, Bosnia y Montenegro se identifican como nativos en los tres (o cuatro) idiomas. También la mayoría menciona en su vídeo que “son tres lenguas muy parecidas y que aprender una te permitirá hablar y entender las tres”. La cosa cambia cuando se trata de los tutores de Croacia: normalmente solo indican que saben croata y los demás idiomas no los indican ni los mencionan; algo así como si se tratara del húngaro o del griego.

Es lo que ocurre cuando la identificación nacional de la población se ha basado en la religión y se ha intentado trasladar a la lengua, sin que haya una equivalencia directa. No existe ningún rasgo lingüístico que distinga a ortodoxos y católicos, es decir, a serbios y a croatas. Y esto se ve, sobre todo, en Bosnia, que es donde la mezcla es mayor y donde el idioma, obviamente, identifica procedencia geográfica pero no adscripción nacional.

Esta fijación obsesiva en trasladar a la lengua los traumas nacionales al final, a quien perjudica, es a los hablantes de dicha lengua. Esta disgregación en tres o cuatro idiomas (siempre digo tres o cuatro porque hay pocos montenegrinos que hayan caído en la trampa del idioma montenegrino) hace que las empresas internacionales no vean como una prioridad ofrecer productos y servicios en serbocroata, mientras que sí se ocupan de otras lenguas vecinas con un número menor de hablantes, como el húngaro o el checo.

La historia reciente no ayuda, pero sería un gran paso adelante si la sociedad occidental empezara a aceptar que no necesitas una lengua diferenciada para tener una identidad nacional o étnica. 

martes, 1 de agosto de 2023

Reseña de Te estoy amando locamente (2023)

El domingo fuimos a ver la película Te estoy amando locamente, del director Alejandro Marín. He de decir que fue un poco in extremis, dado que ya la estaban quitando de casi todos los cines. Creo que es la tercera semana que estaba en cartelera y la mayoría ya la habían quitado, en Barcelona solo quedaban tres cines que la proyectaran y fuimos al Renoir Floridablanca.

Si no la has visto, quizá prefieras no seguir leyendo, porque aunque no contaré el final, voy a hacer algún spoiler.

La película está ambientada en 1977: corrían los años de la mal llamada transición democrática. Aún estaban en vigor las leyes fundamentales del franquismo, aunque ya estuviera aprobada una Ley de Amnistía para los presos políticos. Y el lugar donde transcurre es Sevilla, una ciudad donde el movimiento obrero era numeroso y se movía, pero la hegemonía social de la burguesía local, conservadora y franquista a muerte, era asfixiante.

Y la película empieza fuerte: el protagonista, estudiante de instituto y fan de Mari Trini, baila con su vecina en la boda de esta misma mientras otros asistentes a la boda lo insultan y se ríen de su pluma.

Desde ahí todo se desarrolla como cabría esperar: madre avergonzada, intenta reprimir a su hijo para que no hablen de ellos, lo lleva a un médico que le intenta aplicar una terapia de conversión, y el hijo se larga de casa para no aguantar esa opresión. Como ha pasado con tanta gente LGTBI+, acaba recurriendo a hacerse una familia en el ambiente, que son quienes lo acogen.

Hasta aquí los detalles que voy a dar del argumento: no voy a hacer spoiler del resto de la película.

Ahora voy a hablar de algunos aspectos de la película que me han gustado:

  • La ambientación. Sevilla en 1977. La ciudad es un personaje más en la película, y los lugares donde se desarrolla la acción son reconocibles por cualquiera que conozca la ciudad. Ya sabéis que viví allí trece años y la echo de menos muchísimo, así que esta película me ha tocado un poco la fibra también por eso. La Giralda y la Catedral, el Palacio Arzobispal, la calle Pureza o el Rectorado (antigua Fábrica de Tabacos) son lugares célebres de la ciudad que salen en la película, donde también se mencionan las huelgas de Hytasa.
  • Como parte de la ambientación: me parece genial y me ha alegrado muchísimo que todos los personajes de la película hablen andaluz (excepto un Guardia Civil, lo cual también entra dentro de lo normal cuando vives en Sevilla).
  • En cuanto a los personajes, al final les coges cariño a casi todos. Al principio odias a Remedios (la madre del protagonista), pero también entiendes que es hija de su época y que su primera reacción, aunque injusta, es la normal en esos años. Igualmente, hace un recorrido humano que la hace redimirse. También he de decir que en 1977 eran pocas las madres que hacían ese recorrido (aún en los 90 había muchísimas que repudiaban a sus hijes LGTBI+). Quizá el único personaje más odioso es Rocío, la viuda amargada del patio de vecinos cuya personalidad es hacerles la vida imposible a todos los demás.
La película tiene ciertos paralelismos con Pride, por cuanto relata el estado de los movimientos de liberación LGTBI+ en una época pasada, pero el tono de esta película es mucho más dramático que el de Pride y tiene escenas más duras.

En definitiva, esta película me ha encantado. Creo que era necesaria y que ayuda mucho a dar perspectiva al movimiento LGTBI+, sobre todo para quienes no conocen de dónde viene.

domingo, 2 de julio de 2023

El fin de Twitter

Desde que Elon Musk, ese pedazo de mocoso inútil (¡aquí lo puedo decir!), compró Twitter, la cosa ha ido de mal en peor. Y ahora parece que casi se lo ha cargado del todo, con las limitaciones a los tuits vistos porque no ha pagado el precio de los servidores de almacenamiento.

Que Twitter aún aguantará, pero cada vez peor, con menos gente, menos tuits, y mucha peor calidad. Últimamente se ha convertido en un nido de fascismo por culpa de dicho imbécil.

No voy a mentir, me da pena. Me uní a Twitter en 2008, aunque empecé a entrar regularmente alrededor de 2014, cuando estaba con Fede. Gracias a Twitter conocí a algunos de mis mejores amigos; mi grupo valenciano de amigos ha salido de Twitter (posteriormente también he conocido a más gente, de Sevilla y de Barcelona, como mi pareja actual).

(También culpo a Twitter de mi catástrofe personal de 2016, pero no nos detendremos en eso).

No solo la gente, también es la cantidad de cosas que he aprendido. Gracias a Twitter me he acercado mucho a la historia y cultura del País Valenciano, aprendí mucho sobre el marxismo-leninismo, sobre el movimiento LGTBI+... además de una gran utilidad, que es estar al día de lo que pasa.

Sin ser una red perfecta, porque tenía un puñado de defectos (que se han acrecentado desde que Musk está al volante), tenía una serie de ventajas que la hacían mi red social favorita: inmediatez, brevedad, y la posibilidad de interactuar fácilmente con gente que no conoces, sin tener que establecer una relación más allá de la respuesta o retuit a algún tuit puntual (a diferencia de lo que pasa en Facebook, donde normalmente te mueves entre tus contactos mutuamente aceptados y las toneladas de sugerencias basura que ahora te hace esa red).

El auge del fascismo y la vía libre a los bots propagandísticos de extrema derecha han hecho que esta red pierda muchísimo en calidad e interés, y quizá por eso la pena ya no es tanta. Que me gustaría encontrar una red parecida a lo que fue Twitter hace unos años, donde poder aprender y leer a gente interesante, de aquí o de otros lugares (viene genial para aprender idiomas), pero eso actualmente no existe, o yo no la he encontrado. Así que tocará volver a otras redes, a foros, o a canales nuevos de comunicación como Telegram.

viernes, 9 de junio de 2023

De los errores que jamás superas

Hay cosas que son demasiado personales, incluso para ponerlas por aquí, que al fin y al cabo es un sitio abierto y cualquiera sabe quién puede venir a leer.

¿Pero cómo superas el mayor error de tu vida? ¿Cómo aprendes a vivir con tu mayor equivocación, sabiendo el mal que hiciste a otras personas y el que te hiciste a ti mismo, que en ese momento no veías?

¿Cómo puedes aprender a no desear volver atrás? ¿A asumir de una vez que 2016 no va a volver a ocurrir y no tienes manera de deshacer lo que hiciste?

¿Y cómo dejas de pasar los días leyendo y mirando cosas de 2016 con lágrimas en los ojos?

Bueno, yo estoy en ello.

jueves, 20 de abril de 2023

Una breve mirada al pasado

Una de mis peores costumbres es que guardo muchas, muchísimas capturas de pantalla. Cada vez que quiero enseñar a mis amigos algo que he visto online, hago capturas de pantalla; hasta aquí es normal porque lo hacemos todos. Pero también hago capturas de pantalla cuando veo cosas que me hacen ilusión, y las hago para tenerlas yo y encontrármelas más adelante. Y también he hecho capturas de pantalla menos agradables.

Los que me conocéis ya sabéis que en 2018 pasé por una relación muy desagradable con una persona que no me trató de la mejor manera. La dinámica que había entre los dos hacía que bastante a menudo tuviera que hacer capturas de pantalla de nuestras conversaciones o de comentarios en redes sociales porque a menudo borraba mensajes, negaba haberlos escrito o incluso aseguraba haber dicho lo contrario de lo que decía en ellos.

Como Google me está diciendo que se me está acabando el espacio en mi almacenamiento, he entrado en Google Fotos y he encontrado, archivadas, un montón de capturas de pantalla de 2018. Me las he ido encontrado por orden cronológico, del principio al final, y he vivido a cámara rápida el torbellino de emociones que fue aquella relación: de la ilusión y la incertidumbre, primero a la seguridad, después a la manipulación y finalmente a su ira cuando dejé de permitirle manipularme, la cual no acabó con el fin de la relación, sino que se prolongó unos meses más.

Al principio miraba las capturas por encima, con un poco de repelús incluso con las más "agradables", las primeras. Pero conforme iba avanzando y el tono se iba poniendo peor, he dejado de leer. Solo veía su nombre arriba del todo y pulsaba borrar. Y me alegro de haberlas borrado y no poder leerlas más, porque aunque haya superado el maltrato, no puedo superar haberme permitido pasar por eso, haberme metido donde me metí y haber dejado que me tratara como me trató.

Hay cosas que es mejor que no estén en tu vida. Ni en capturas, ni siquiera en recuerdos. 2018 es un año de mi vida que deseo que no hubiera existido. Si bien hay quien dice que de todas las experiencias se aprende y de todas podemos sacar cosas buenas, sinceramente yo desearía no haber pasado por eso, no creo que me haya aportado (casi) nada y no creo que haya aprendido nada que compense lo mal que lo pasé.

Y de esta persona solo espero que haya dejado de hacer daño a los demás.

lunes, 3 de abril de 2023

Tuki, de Sofía Martín

¿Os pasa que hay películas, canciones, y otros productos culturales que son tan CUTRES que os fascinan? Me pasa con Tuki, una canción del Benidorm Fest 2023 interpretada por Sofía Martín.

El título de la canción es Tuki, que si no has oído la canción no sabes lo que es, aunque ya ella se encargará de explicarte en el estribillo que está tuki y está living. Supongo que no tiene relación con Las Tukus, no sé si ellas le reclamarán la propiedad intelectual.

La canción empieza suave con una estrofa de la cual entiendo las palabras pero no el significado, aunque me suele pasar con muchas canciones de este estilo. Y ya en estas primeras líneas te das cuenta de que aunque Sofía sea alemana de nacimiento y haya vivido muchos años en Alicante, prefiere cantar intentando imitar un acento de algún lugar indeterminado del Caribe porque vende más (apropiación cultural who?). Pero no mucho, porque no sesea.

Sospecho que se enfrenta a algún tipo de examen, porque dice “nunca pudieron creer, ahora llaman pa saber si lo vamos a aprender esta noche”, con lo cual supongo que sus amigos no sabían que había un examen mañana y quieren estudiar con ella para que ella les enseñe, o algo. Que también puede ser que en lugar de aprender diga prender, y ella y sus amigos sean pirómanos.

Y cuando llega al primer puente, sigue con una voz supersuave “pegamos como la miel, quién lo iba a saber ya*” y de repente salta chillando de fondo EH!, que si eres medio sensible te pega un susto considerable.

* Bueno, en el texto de la canción pone que dice eso, pero yo oigo algo diferente que no tiene ningún sentido, así que me quedo con lo del texto.

Empieza el estribillo y, después de decir que está tuki y está living, dice una frase que he tenido que buscar en el texto para entender lo que dice (“gafas gala, bolso está divino, na”), que debo de estar muy desconectado de la actualidad si la gente habla así porque jamás lo hubiera entendido.

Sofía Martín está a tope con la inclusividad cuando dice “pasarela para tu vecino, -na” es decir, tu vecino y tu vecina, sin decir las dos palabras enteras para no enfadar a los académicos de la RAE. Además, tu vecino y tu vecina tienen movilidad reducida y ella quiere integrarlos poniéndoles una pasarela.

La siguiente estrofa te habla del gran éxito de Sofía, que sigue hasta llegar a la cima, y luego sus ambiciones: pizza todos los días (eso es fácil, que hable con Díaz Ayuso), casa pa la familia, billetes color lila y un porche. Que a lo mejor quiere decir un Porsche, pero pronuncia un porche, así que me inclino a creer que quiere su mesita y sillitas para ver el amanecer desde la puerta de casa, sentada con su familia. Comiendo pizza, por supuesto.

Ya el resto repite puente y estribillo, así que poco más hay que decir, y al final viene mi parte favorita, cuando ella se menciona a sí misma en el final de la canción, y dice SOFÍA, SOFÍA MARTÍN (y su EEEEH de rigor), así como si fuera Lady Gaga, me deja maravillado.

martes, 14 de marzo de 2023

Tres años de pandemia

Aunque el estallido de la pandemia de la Covid-19 tiene más tiempo, pues en China comenzó en diciembre de 2019, hoy hace tres años que se declaró el estado de alarma en España. Unos días antes ya se venía oyendo que “nos encerrarían”, pero fue efectivamente el 14 de marzo cuando se hizo público que a partir del lunes siguiente no saldríamos a la calle para evitar contagios. En fin, no voy a recordar hechos, que cualquiera puede meterse en la Wikipedia y consultar la cronología.

Yo estoy aquí para hablar de lo que supuso la pandemia para mí personalmente, vista con una perspectiva de tres años. Hoy está en Twitter todo el mundo hablando de aquella época, de la psicosis colectiva, de la incertidumbre y de las locuras que se veían hacer por la calle y en los supermercados; los policías de balcón, los carros llenos de papel higiénico, la escasez de harina y levadura porque todo el mundo quería hacer el pan en casa o la gente que salía a pasear y cuando la policía los paraba decían que eran perros.

Fue una época extraña para mí. Aunque ya habían anunciado que nos encerrarían, los dos primeros días yo seguí yendo a trabajar porque tenía turno de fin de semana y mi empresa aún no había previsto nada. Y durante las dos primeras semanas tuve que ir un par de veces al sindicato para negociar un ERTE de suspensión para casi toda la plantilla; la experiencia de salir con una autorización del sindicato y que no hubiera nadie por la calle fue bastante novedosa. Y durante la negociación se oyeron frases como “lo firmamos hasta finales de junio, que para entonces ya habrá pasado todo esto, muy malas tienen que venir para que en julio siga estando este virus”. Claro que en esas fechas todo el mundo era especialista en epidemiología.

Esos primeros meses me resultaron duros. El primer golpe fue porque, sin yo saberlo, me tomaba mi trabajo como una fuente de autoestima. Como se me daba bien, como era bueno y reconocido por mis compañeros, una parte de mi valor la basaba en eso, y de repente había desaparecido. Tuve que aprender a vivir sin eso. Al final es positivo, pero me costó.

Por otro lado, estar encerrado no le hace bien a nadie. Por entonces, yo vivía con mi hermana y la que entonces era su novia. Y en ningún momento negué que no me sentía bien estando encerrado; para fin de año (dos meses y medio antes) había vuelto de Hamburgo y en ese lapso me había dado tiempo de ir a ver una psicóloga y asistir a terapia. Una de las conclusiones que habíamos sacado era que necesitaba salir y quedar con mis (pocos) amigos más a menudo, así que un encierro era lo que menos necesitaba. Y por otro lado, la convivencia no siempre era sencilla; mi hermana decía que vivía genial encerrada y sin tener que salir, pero estaba igual de nerviosa que yo o que su novia.

Para mayo empezó lo que llamaban la desescalada y comenzamos a poder salir, primero una hora al día, y luego más tiempo, según los contagios de cada provincia. Continuaba un poco la psicosis colectiva, pero salir de casa nos vino bien a todos y la ilusión de que podíamos comenzar a hacer vida normal, aunque fuera con mascarilla. Por aquel entonces yo era bastante pesimista y de hecho dejé un artículo aquí en el blog donde ponía en duda que la vieja normalidad fuera a volver en algún momento.

Mientras tanto, mi universidad no tenía claro qué hacer e iba improvisando. Al final conseguimos acabar el cuatrimestre de forma telemática; unos profesores se adaptaron bien, otros no se adaptaron en absolutamente nada e incluso nos obligaron a hacer el examen cada uno en casa y con la cámara puesta para ver que no copiábamos. Cuatro horas y media en la que nos exigían que estuviéramos solos en una habitación sin ruido, cuando nadie vivía solo. La Universidad de Sevilla, desde luego, no es ningún ejemplo de flexibilidad ni de adaptación.

(Para el curso 2020-21 instalaron cámaras, altavoces y micrófonos en todas las aulas para que las clases pudieran seguirse simultáneamente desde casa y así hacer un sistema de turnos semipresencial. Para el curso 2021-22 el rectorado decidió que las cámaras, altavoces y micrófonos se debían desmantelar porque se ve que a su criterio era mejor desperdiciar toda esa inversión que permitir algo de flexibilidad en la docencia).

En julio la empresa volvió a negociar un ERTE hasta diciembre y ese verano el gobierno nos dejó salir con muy pocas restricciones porque, como ya se sabe, salvar la economía es lo primero (luego en otoño vino un repunte de los casos, pero habíamos salvado el verano). Así que aproveché para ir a Valencia y quedar con mis amigos de allí; fue la última vez que nos vimos todos y lo pasamos genial.

Para otoño llegó un intento de vuelta a la normalidad. Las clases se organizaron de manera semipresencial como comentaba arriba, y del trabajo no supimos nada hasta mediados de octubre, que la empresa nos convocó a “negociar” un ERE; las comillas son correctas, porque se negaron a llegar a ningún acuerdo: más bien nos enseñaron su propuesta y esperaron que firmáramos sin moverse ni un milímetro de lo que habían decidido. Si bien yo esperaba que me incluyeran en dicho ERE, la sorpresa me la llevé cuando publicaron la lista de los afectados y yo no estaba (fueron tan torpes y déspotas que no permitieron voluntariedad, sino que ellos eligieron quiénes irían a la calle, sin posibilidad de alegar nada). Tuve que negociar con ellos otro tipo de salida, y fue posible porque yo no quería seguir en la empresa, pero la empresa tampoco me quería con ellos.

Así empezó 2021, con una extinción de contrato por no aceptar movilidad geográfica y un montón de tiempo libre que utilicé para terminar las asignaturas, escribir y defender el TFG, lo cual hice a finales de junio. Para el día del Orgullo ya era legalmente graduado en ingeniería y seguía estando parado. Eso era lo que me iba poniendo nervioso, porque aunque tenía 22 meses de prestación, iba viendo cómo pasaba el tiempo y no me salía nada. Tomé la decisión de matricularme en un máster para no estar sin hacer nada, pero con la idea de que, si me salía algún trabajo, la prioridad era trabajar.

A finales de septiembre empecé a ir a la EOI para retomar mi alemán y matricularme en el C1, y a mediados de octubre comenzaron las clases de máster. Justamente fue esa semana cuando me llamaron de un trabajo al cual no recordaba ni siquiera haberme postulado, como operario en una multinacional de detergentes y suavizantes en Granollers. Tras pensármelo todo lo que pude (no tuve mucho tiempo) acepté la oferta y me mudé, así que para noviembre de 2021 estaba viviendo en una casa compartida en medio del campo en Catalunya y trabajando a turnos en la fabricación de famosas marcas de productos de limpieza. Un año duré, hasta que las ofertas de trabajo que solicitaba (miraba cada día y todas las semanas me presentaba a dos o tres) me permitieron cambiar de trabajo a un puesto de ingeniero, en el que estoy ahora.

En cuanto a la Covid, me puse dos vacunas en verano de 2021 y me acabé contagiando en enero de 2022, en lo que llamaron la sexta ola (creo), que contagió a casi la mitad de la población de Catalunya y donde la protagonista era la variante ómicron. La pasé como una gripe fuerte y, fue tan numerosa esa ola, que las medidas definitivas de desescalada se dieron poco después. Para el verano de 2022 ya solo era necesaria la mascarilla en el transporte público y en los centros sanitarios.

Todo este largo texto ha sido para reflexionar sobre cómo te puede cambiar la vida cualquier evento. Vale que el estallido de una pandemia no es moco de pavo, pero mucha gente ha vuelto a su vida original. No ha sido mi caso. ¿Dónde estaría ahora si no hubiera habido Covid? Probablemente no estaría aquí, ¿o sí? ¿Tomé las decisiones correctas? Es algo que no sé y que no sabré jamás, pero que a menudo me hace pensar.

martes, 7 de marzo de 2023

Unser Lied für Liverpool 2023

El viernes pasado vimos #UnserLiedFuerLiverpool y fue una experiencia muy decepcionante. Tenía esperanzas de que Alemania haría un buen programa, había pasado más de una década desde la última vez que vi una preselección alemana y Eurovisión ha cambiado bastante, así que tenía expectativas. Además, habíamos visto algunas preselecciones muy buenas este año y pensé que Alemania estaría a la altura, pero por desgracia no lo estuvo.

Para empezar, el formato fue un completo error – o un acierto si quieres que tu audiencia sean personas mayores que están viendo el programa porque no hay nada mejor en la tele. Es un concurso musical, ¿por qué lo ibas a querer presentar como si fuera una quedada informal en el salón de la presentadora? Las conversaciones entre los invitados y la presentadora sobre sus vidas sobraban del todo, esas charlas aburrían y estaban llenas de lugares comunes. Por una vez, me hubiera gustado no saber alemán, porque habría pasado menos vergüenza ajena.

Y ya que hablamos de los invitados – puedo entender a Ilse DeLange porque fue participante en Eurovisión, pero los otros dos no tenían nada interesante que añadir.

Sobre la mala calidad de las canciones, no es culpa de la ARD, pero es una pena que todas fueran tan genéricas y planas, a la mayoría les faltaba originalidad, especialmente a esa boyband que pretendía imitar los grupos estadounidenses de grunge de finales de los 90 como Blink 182 y similares. La chica del hurdy-gurdy era original, pero basaba toda su candidatura en lo insólito de su instrumento y ni siquiera llegaba a las notas altas del final del estribillo. Y lo peor fue Ikke Hüftgold. Cualquiera que encuentre su canción divertida porque está cantada por un señor sin talento que chilla sobre alcohol y drogas debería madurar y aprender a vivir en sociedad. Y si hubiera sido seleccionado, de todos modos, habría tenido que cambiar la letra de su canción para Eurovisión.

La canción que ganó tampoco era realmente mala, pero es bastante decepcionante que esté en inglés. Siempre he defendido la libertad de idioma porque en algunos países no se hace música en el idioma local (como en Alemania, de hecho), pero ese tipo de canción en inglés suena demasiado artificial.

Lo siento por ellos, pero todo lleva a pensar que volverán a quedar de los últimos, y entonces se quejarán de que Eurovisión es política y todo el rollo; pero la realidad es que ni siquiera se están esforzando.

miércoles, 1 de marzo de 2023

Primera clase de serbio

El lunes tuve mi primera clase de serbio, por videoconferencia a través de una app especializada en eso. No voy a hacerle publicidad, que no me van a hacer ningún descuento; si alguien quiere conocer cuál es, que me lo pregunte. Tardé mucho en decidirme a contratarla y en elegir un tutor, y al final me decidí el lunes pasado, que por la mañana tuve un flash de decir “no voy a dejarlo pasar más”. Y aun así tuve mis reservas, porque no me veía preparado, porque me preocupaba no entenderme con el profesor (literal y figuradamente), porque me daba vergüenza la imagen que daría.

Pues al final la clase fue un poco agridulce. Más o menos entendí casi todo lo que me dijo el profesor bastante bien, así que por ese lado estoy contento. Pero estoy muy disgustado con la dificultad que tenía para responder y para hablar, en general. Sé lo que quiero decir y sé cómo se dice, pero me faltan los reflejos para mantener una conversación. Siento como que tengo que rebuscar demasiado en mi mente para encontrar cómo se dicen las palabras que quiero decir. Y eso sumado a que mi primer reflejo es responder en alemán, estuve media clase respondiendo “ja” en lugar de “da”.

Pau me ha dicho que estoy siendo demasiado exigente. Que empecé a aprender serbio hace cinco meses y que ya es bastante lo mucho que entiendo e incluso escribo, y que conozco los siete casos y -más o menos- los uso, que ya es más de lo que se pediría en un primer curso de serbio en la EOI. No conozco nada de didáctica de lenguas eslavas y él ha estudiado ruso y polaco, así que tomaré su palabra por cierta. Es verdad que cuando estudié alemán no vi todos los casos en primero, sino solo el nominativo, el acusativo y el dativo; pero en alemán el genitivo se usa muy poco, y no me imagino acabar un año de una lengua como el serbio y no conocer alguno de los casos porque me parecen todos fundamentales para comunicarse.

Ahora lo que tengo que buscar es la manera de empezar a ejercitar el hablar y el responder, pero quiero practicar un poco antes de contratar otra clase, para no sentir que pierdo el tiempo.

sábado, 25 de febrero de 2023

La lluvia cae sobre la ciudad

Cuando era chico, me gustaba hojear (y ojear) los libros de texto de mis hermanas mayores, del instituto. No de todas las asignaturas, pero sí de algunas. Recuerdo uno de Historia de España y de los Países Hispánicos (se llamaba así) que me gustaba porque tenía mapas, aunque no me interesaba nada de los eventos que describían dichos mapas. También recuerdo uno de Lengua Castellana que me gustaba especialmente y del cual me leí bastantes textos, años antes de tener que estudiar su contenido en el instituto.

Pues recuerdo concretamente un artículo (que he buscado en internet pero no he encontrado Beatles, de Rosa Montero, publicado en El País el 2 de octubre de 1993), de una escritora, que decía que de joven se había aprendido las palabras de A hard day’s night de los Beatles como un papagayo, y que con el tiempo aprendió inglés y las palabras se ordenaron y adquirieron mágicamente un significado.

Eso me está ocurriendo a mí ahora, que estoy aprendiendo serbocroata. Desde chico he estado oyendo canciones de Eurovisión y aprendiendo las que más me gustaban. Y el momento en que empiezas a encajar y desencriptar frases da una sensación placentera poco comparable con ninguna otra.

Ese momento en el que aprendes que kiša es la lluvia, y que cuando llueve dicen pada kiša (cae la lluvia). Y entonces te viene a la mente la letra de Sveta ljubav (Croacia 1996), y la línea que dice idoxladnakishabadanagrá empieza a encajar como “i dok zlatna kiša pada na grad”, que se traduce por «y mientras la dorada lluvia cae sobre la ciudad»...

...tko zna gdje si ti sad?
(¿quién sabe dónde estás ahora?).

Aprender serbio(*) me está reportando multitud de microplaceres como ese. Ese es importante, el de comenzar a comprender canciones que me gustan; por otro lado, también ocurre que empiezan a gustarme otras que no me decían nada (como Moj svijet de Sergej Ćetković, Montenegro 2014).

Moj svijet čuvam za te, u moj svijet ja tražim da te vrate...

Otro de ellos es aprender las diferentes maneras que hay de referirse a una cosa, expresiones, frases hechas, modismos, como que para decir que tienen muchas cosas que hacer dicen que tienen las manos llenas de trabajo (imam pune ruke posla).

Por otro lado, por ser una lengua eslava, es mucho más gratificante porque abre la puerta a conocer y entender (a un nivel basiquísimo) las demás lenguas eslavas, dado que tienen muchas similitudes entre sí, más que las romances o las germánicas. Lo poco que sé de serbio me ha ayudado a entender frases sueltas en canciones en macedonio o en búlgaro, y en algún caso más raro, también en checo, polaco o ruso.

La lengua también te acerca a la cultura, y eso puede ser bueno o puede ser malo, según lo bien o lo mal que encajes en la cultura a la que te estás acercando. De hecho, el hermetismo endogámico de los lituanos fue lo que me disuadió de seguir aprendiendo lituano (aparte de la falta de material y de recursos), por allá por 2010, aunque la lengua me sigue pareciendo preciosa (reconozco que esto en mí no tiene ningún valor, porque me gustan casi todos los idiomas, pero el lituano es uno de mis favoritos). En el caso de la lengua serbia (croata, bosnia y montenegrina), es un arma de doble filo. Me acerca a la cultura de cuatro países balcánicos, la cual encuentro muy interesante. Pero también a la parte menos agradable, y es que hablamos de cuatro países que hasta hace veinticinco años se han estado pegando tiros por unos motivos que, fuera de los Balcanes, cuesta mucho entender y explicar.

Esto se refleja en el idioma y en la actitud de los hablantes hacia él. Por ejemplo, en que en Bosnia el idioma oficial sea el bosnio y se reconozcan el croata y el serbio como idiomas minoritarios protegidos (¡¡son todos el mismo!!). O que en la preselección croata para Eurovisión digan que no entienden las canciones serbias... cuando la lengua estándar de los cuatro países está basada en el mismo dialecto (concretamente, uno del sur de Bosnia). O que en Montenegro hayan oficializado dos letras nuevas para diferenciar el montenegrino pero nadie las use.

En fin, volviendo al idioma, ya uno tiene una cierta edad y no se emociona como antes; más de una vez me he planteado para qué estoy aprendiendo un idioma nuevo si apenas lo usaré ni lo pondré en práctica. Pero estos pequeños avances aprendiéndolo me dan la vida. Y hay temporadas en las que se necesita esa pequeña ilusión ;)

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(*) Nota: muchas veces digo serbio en lugar de serbocroata por diversas razones: una, porque es más corto; dos, porque es una lengua policéntrica, con cuatro estándares, y el que aprendo es el de Serbia; y tres, porque parece que es una palabra más «amigable» que serbocroata, a juzgar por las reacciones de la gente: parece que serbocroata les suena a algo extravagante pero serbio les suena «más normal». No sé lo que les pasa por la cabeza. Pero en ningún momento pongo en duda la unidad del serbocroata.

lunes, 23 de enero de 2023

Los juegos del hambre

Como ya todos sabéis, Los juegos del hambre es mi saga preferida. Este fin de semana he tenido la oportunidad de volver a ver las películas (tengo pendiente volver a leer los libros, ya sería la cuarta vez) y, a pesar del miedo que tenía de perder el gusto por la saga, al contrario, me ha parecido igual de brillante que al principio, con el añadido de darme cuenta de cosas que no había visto anteriormente.

Quiero comenzar con una reflexión que leí en Twitter, y es que es una saga que han categorizado como literatura juvenil porque la protagonista es una chica adolescente. Es el único motivo. Pero tanto el tema como la profundidad de los personajes no tienen nada que envidiar a mucha de la literatura adulta.

En general, la obra me cautiva porque pienso que tiene muchas lecturas. Tiene una lectura romántica, muy básica, una lectura emocional/psicológica y una lectura política, y las tres se entrelazan entre sí.

Por un lado, la lectura romántica es muy básica, muy simple... y aún la han simplificado más en las películas, en relación con como salen en los libros. En las películas, chica adolescente con dos intereses amorosos que no sabe por quién decidirse. En los libros, como de costumbre, esta historia tiene muchos más matices: es una chica adolescente, sí, con dos chicos que le hacen gracia, pero también atada por las circunstancias en que vive: la obligación de mantener a su familia (madre y hermana) y la firme convicción de que no tendrá hijos porque no quiere verlos morir en un espectáculo televisado. Estas dos circunstancias la alejan de cualquier posibilidad de involucrarse con ningún chico, lo cual, además, no está ni en su lista de prioridades.

La lectura psicológica es un poco más oscura. El libro nos hace acompañar a los protagonistas por un montón de situaciones límite, durísimas, de las cuales salen como pueden. Verse separados de sus familias, enviados a morir o matar a unos juegos televisados en nombre de la paz y la estabilidad política, darte cuenta de que el resto de tu vida estará hipotecado por estos juegos, y ser utilizados tanto por el gobierno como por la oposición en el conflicto político y la guerra que se desencadena. Tanto Katniss y Peeta como los demás tributos muestran maneras diferentes de enfrentarse a estas situaciones.

Leí en Twitter que realmente Los juegos del hambre es un tratado sobre el síndrome de estrés postraumático y pienso que tiene mucha razón. Sé poco de psicología y menos aún de estrés postraumático (más allá de lo que he vivido), pero pienso que la manera en que el libro te transmite la ansiedad y el miedo está muy conseguida. Ya no solo la manera en que la vive Katniss, que —recordemos— es quien narra la historia, sino por lo que cuenta sobre los demás personajes.

En tercer lugar, la lectura política quizá no me satisface tanto como la psicológica, pero también es muy jugosa. Estado totalitario que se sostiene en la explotación de una gran parte de la población para mantener los estándares de vida de una minoría. Esa mayoría se rebela y se subleva, pero los líderes de la rebelión solo la usa para sus intereses. El mensaje final del libro, desvelado en la conversación entre Katniss y Snow y el enfrentamiento final con Gale, no sé si lo veo más anarca o primitivista: tanto el gobierno como el movimiento que intenta derrocarlo están igual de podridos y tienen el mismo poco respeto por la vida.

Un amigo comentó en Goodreads que el final le parecía deprimente. (Por suerte, es el único spoiler que me comí, así que hasta que no acabé el libro no sabía a qué se refería, solo sabía que había algo deprimente, jaja). No puedo estar de acuerdo, o quizá porque no contemplo que pueda haber otro final, al menos en cuanto a desarrollo del personaje. Está claro que los acontecimientos son dramáticos. El hilo que empuja a Katniss durante toda la novela, que es el bienestar de su hermana Prim, se desvanece casi al final. ¿Podría no haber pasado? Claro, pero la autora lo decidió así. Y teniendo en cuenta eso, es normal que ella acabe loca y desquiciada. Que acabe en una relación con Peeta, que ya se había vuelto loco antes por culpa del Capitolio, era una consecuencia lógica; sin duda, lo que no podía pasar era que acabara con Gale, que -probablemente- era en parte responsable de la muerte de Prim. Y que estuviera sola habría sido mucho más deprimente: no creo que hubiera durado viva mucho más tiempo.

Con todo, ver las cuatro películas me ha dejado con ganas de volver a leer los tres libros, que tienen muchos más detalles y la historia es mucho más profunda que en las películas. Ahora me toca elegir en qué idioma los quiero leer (¡ya los he encontrado en serbocroata, pero aún no tengo nivel para leerlos!).

lunes, 22 de agosto de 2022

Perdido y desesperado

Veo que no he escrito aquí en todo el año. Y si alguien sigue por aquí, me disculpo, aunque hace tiempo que este blog no pretende divertir ni divulgar sino servir de rincón de desahogo, y ya me va bien así.

El motivo para no escribir no es otro que la dejadez, pero no motivada por buenos acontecimientos. Ya todos sabéis que me contrataron en Granollers el año pasado y me mudé temporalmente a Lliçà de Vall, a la espera de aclarar cuál sería mi futuro laboral.

Estamos acabando el verano y, aunque ha habido novedades, mi vida en esencial no ha cambiado y lo que esperaba que fuera temporal, cuestión de un par de meses, se está alargando mucho más de lo que me gustaría. En el trabajo me han hecho indefinido, pero sin la subida salarial que prometieron ni perspectivas de cambiar de puesto a algo que encaje más con mi preparación. Con el sueldo que tengo tampoco puedo alquilar nada por mi cuenta, y vivir en un sitio compartido y con miles de reglas la verdad es que me está limitando mucho.

El resultado está siendo desastroso para mi salud mental, aunque hago lo posible para salir a flote, como ir al gimnasio (que es, básicamente, la única actividad que hago durante los días laborables, aparte de trabajar y hacer la compra). Los fines de semana, por suerte, los paso con Pau, al que tengo que agradecer que sigo vivo y cuerdo.

El pensamiento recurrente hace unos meses era que me equivoqué eligiendo venir, aceptar este trabajo y mudarme, dejando toda mi vida en Sevilla y alejándome de mi familia, para acabar en un pozo donde mi vida ha perdido casi todo el interés.

Hoy no pienso eso, he hecho un ejercicio de análisis nietzscheano y he asumido que no pude haber tomado otra decisión porque estar en Sevilla y sin trabajo me agobiaba. Era feliz yendo a clase y disfrutando de mi ciudad, pero por desgracia eso no iba a durar para siempre, y las oportunidades laborales en la zona no abundan. No está claro que me hubiera salido algo allí.

Una vez asumida la decisión y sus consecuencias, ahora lo que pienso es que de este pozo me va a costar salir (si es que salgo). Hasta que no me contraten en otro lugar, la cosa no va a mejorar, y a saber si eso ocurre y cuándo. He hecho alguna entrevista, pero cada día que pasa sin saber de ellas es un día más que pierdo la esperanza de que algún día la vida sea mejor.

Dicho esto, al menos espero que os hagáis una idea de por qué no escribo mucho más por aquí. Deseame suerte y a ver si la cosa mejora pronto, para poder volver a hacer posts menos serios y más divertidos. Besis. 

viernes, 31 de diciembre de 2021

En 2021...

¡¡Es la hora de mi esperadísimo resumen de 2021!!

  • La noticia principal, la más importante de 2021, es que conseguí acabar mi grado. Por fin soy Graduado en Ingeniería Química, después de una dura defensa del Trabajo Fin de Grado.
  • Empecé el Máster en Ingeniería Química, fui tres días a clase y anulé matrícula. No por nada, sino porque no iba a poder ir a clase.
  • Lo mismo con la Escuela Oficial de Idiomas, quise retomar el alemán y no pude.
  • Estas dos cosas se dieron porque me contrataron en una empresa de Granollers. No como ingeniero sino como operario, pero por algo hay que empezar.
  • A raíz de esto, obviamente, tuve que mudarme a vivir a Catalunya, aunque a día de hoy sigo sin haber encontrado un piso decente en Granollers y vivo en una urbanización de mala muerte donde no hay ni una sola tienda.
  • Tuve que despedirme de mis amigos sevillanos, a los que no sé cuándo volveré a ver y que echo mucho de menos.
  • En este año no hubo quedada de les cirques, pero vino Aitor a visitarme en julio. Además, Fede me visitó en agosto y Luis en octubre.
  • En cuanto a viajes que hice yo, hice excursiones con Aitor (a Cádiz, Gibraltar, Ronda y Carmona) y Fede (a Huelva y Faro). También visité a Nando en Huelva.
  • También fui a Folsom Europe, que se volvió a celebrar. Allí conocí a Luis, con quien pasé tres días geniales, y estuve con Dani y los otros lederones. A la vuelta desvirtualicé a Pau.
  • En lo laboral, empecé el año con el despido pactado de Atis, así que pasé a estar en el paro, en el que he permanecido hasta octubre.
  • Y como he dicho, me han contratado de operario en una empresa de Granollers, pero con un contrato temporal. Así que ya son dos tres motivos para encontrar un trabajo diferente y mejor.
  • En lo sentimental he pasado un año bastante movido. Después de un desengaño fuerte en primavera, del cual me costó mucho recuperarme, pasé un verano más o menos bueno en el que pasaba de este tema, y en el otoño empecé a salir con Pau, que me ha acompañado estos dos últimos meses y al que espero conocer mucho mejor. :)
  • Estando como estamos, una de las noticias principales es que he esquivado la covid durante 12 meses, así que bien por mí.
  • Si seguimos con la salud, ha sido el año en el que me operé de las vías lagrimales, porque el ojo derecho no paraba de llorarme, así que en abril me hicieron una dacriocistorrinostomía en el ojo derecho. A día de hoy me vuelve a llorar, pero no tanto como antes de operarme.
  • Empecé un régimen bastante duro de dieta y entrenamiento y conseguí verme bastante bien, pero estos dos últimos meses lo he echado a perder y vuelvo a estar gordo y flojo. Espero solucionar esto en cuanto tenga un alojamiento mejor aquí en Catalunya.

lunes, 25 de octubre de 2021

Te echaré de menos, Sevilla

Trece años (y tres meses). Se dice pronto, pero trece años de treinta y siete son más de una tercera parte. Trece años son los que he pasado en Sevilla. Prácticamente toda mi vida adulta.

Llegué a esta ciudad un 19 de julio de 2008, un sábado. Me mudé ese día, era la primera vez que iba tan lejos con mi coche, un Kia Picanto de segunda mano; solo tenía cinco meses de carnet y me preocupaba hacer un camino tan largo. Dicho camino acabó cuando vi aparecer, desde la carretera, mi puente favorito, que me avisaba de que ya estaba aquí; de que, como a una Violet Sanford de la vida, la gran ciudad me esperaba.

Tenía la tierna edad de 23 años, venía a Sevilla para mi primer contrato laboral y, la verdad, los primeros meses se me hicieron duros. No conocía a nadie, salvo a mi pareja, Fernando. No encajaba bien en el trabajo, donde me pasaba todo el día. Así que pasaba la semana deseando que llegara el fin de semana para, o bien estar con mi pareja, o bien volver a Cádiz con mi familia.

El tiempo fue pasando, y lo que al principio me resultaba un lugar hostil, acabó por convertirse en mi casa. Hasta el punto de que fue el lugar donde retomé mis estudios y los acabé; donde encontré amigos de los buenos, de los que son para siempre.

No se me olvida la primera vez que me describieron como sevillano. Fue en 2011, estaba trabajando en Toulouse y habíamos salido unos cuantos de excursión, a Rocamadour. Nos cruzamos con unos españoles que preguntaron de dónde éramos, y mi compañera Sonia dijo, «somos de Sevilla». Que lo haría por generalizar y porque en una respuesta genérica no pega decir «pues trabajamos en Sevilla pero hay gente de Cádiz, de Córdoba, de Málaga...» no, no pega. Pero la cuestión es que me sentí englobado en los sevillanos y mira, me gustó. Y empecé a asumir que ya era un poco sevillano.

Han pasado diez años y ahora yo mismo me considero parte de esta ciudad, y no puedo negar que esta ciudad forma parte de mí, ha moldeado bastante mi forma de ser, mi personalidad, mis experiencias (incluso mi acento). Y aunque juego a menudo la carta de «yo puedo decir que esta ciudad es preciosa, porque no soy de aquí», realmente estoy mintiendo un poquito, porque sí que lo soy.

A la izquierda, junio de 2008, justo antes de mudarme.
A la derecha, octubre de 2021, mi último mes en la ciudad.


 

Pero, sin esperarlo, esta etapa ha llegado a su final. Cuando más enraizado me sentía, cuando estaba ya empezando el máster e incluso planteándome comprar alguna casa en la ciudad o alrededores en cuanto tuviera trabajo, el mundo laboral me envía fuera, en este caso a Catalunya. Y a pesar del cariño que le tengo a esta ciudad y a todos los amigos que tengo aquí, incluso al hecho de tener a mi familia a una hora de coche, no tengo más motivos para quedarme cuando el trabajo me hace irme.

Se me está haciendo duro, muy duro, recoger todo lo que tengo aquí y pensar que me voy a ir, sobre todo porque no sé si volveré. De visita, claro que sí, siempre puedo, pero no sé si volveré a vivir aquí. Y eso me duele un poquito.

Pero por mucho que duela, hay que aceptar la vida y hay que intentar pensar en positivo. Espero que Catalunya me trate bien.

domingo, 3 de octubre de 2021

Treinta y siete

Llega otro tres de octubre, otro cumpleaños. Otro comienzo de curso, otra nueva vida. Quizá el más incierto de los que he vivido, o al menos de los últimos años.

A los treinta y seis no les pedí nada. Y me han traído un despido y el desempleo, pero también me han traído un título universitario y la esperanza de un cambio laboral a mejor, que ya veremos en qué se traduce.

Por favor, que los 37 se porten bien y me dejen progresar. 

jueves, 29 de julio de 2021

Admitido... y renunciado

Cariños, mi último drama viene porque soy un poco quieroynopuedo. Aunque ya me conocéis y me queréis así.

Y es que en cuanto terminé el grado, eché la preinscripción para hacer un máster. Aunque mi primera idea es ponerme a trabajar, si no me saliera trabajo no quiero estar ocioso, así que me preinscribí. Aquí en Andalucía se gestiona mediante el Distrito Único Andaluz (cuya adjudicación debe salir durante el día de hoy): una preinscripción única para todas las universidades públicas andaluzas.

También se me ocurrió echar la preinscripción para un máster que me parecía interesante en la Universitat Politècnica de València (UPV). Ya había visto el precio, que era más caro, pero la idea de vivir y estudiar en València me parecía atractiva. Igualmente, no me tenía que preocupar mucho porque no entregué carta de motivación y mi carrera no era preferente para el acceso, así que probablemente no me admitirían.

Un carajo pa mí. El lunes me enviaron un mail diciendo que estaba admitido, y que tenía que formalizar la matrícula entre el martes a las 13:00 y la noche del miércoles.

Ahí comienza la rallada. No tengo tiempo para pensarlo. ¿Debo inscribirme y largarme a estudiar a València, o dejar pasar la oportunidad de irme a un lugar donde me apetece estar?

Así que después de pensarlo durante la noche y toda la mañana del martes, decidí dejarlo pasar. El máster en València es más caro, tendría que organizar una mudanza, buscar piso, y a fin de cuentas irme a vivir allí sin perspectiva de ingresos. Estaría igual que aquí pero gastando más dinero. Y el único punto a favor es la ilusión que me haría irme.

Ha sido una de esas decisiones que duelen. Pero creo que ha sido lo más razonable.

Seguiré intentando irme, pero me iré con algún trabajo ya conseguido, con las cosas bien hechas.

lunes, 21 de junio de 2021

Carrera finalizada

Pues acabo de defender el Trabajo Fin de Grado. Esto solo significa una cosa: ya soy, oficialmente, ingeniero químico.

Han pasado casi 21 años desde que el 2 de octubre de 2000 entrara en mi primera clase universitaria, la clase de Química Física que nos daba el Dr. Jesús Ayuso, un hombre fascinante porque daba su clase completa, incluidas las demostraciones, con solo media cuartilla de papel.

Aquello fue en Puerto Real, y fue una aventura universitaria gaditana que duró hasta 2007, cuando me examiné de mi última asignatura y me quedé pendiente de hacer el Proyecto Fin de Carrera mientras buscaba prácticas.

Gran error porque ya sabéis el resultado: me metí en las prácticas, luego encontré un trabajo, y el PFC fue abandonado poco a poco hasta morir en el olvido.

Esto, que en otros lugares del mundo no sería un problema, aquí es un escollo laboral insalvable: si no tienes tu título es como si no hubieras estudiado nada. En ninguna oferta me consideraban por no tenerlo. En algunas me lo dijeron expresamente: esta oferta es solo para titulados.

No sabía qué sería de mi vida, y pensé que me iba a quedar siempre en esa situación, hasta que en 2017 dos compañeros de trabajo me hicieron pararme a pensar. ¿Y si la intento acabar? Es una locura, pero no es imposible. Pensaba que solo podría hacer algo a distancia, pero uno de ellos, de hecho, estaba estudiando una carrera nueva (ya tenía dos), y lo hacía yendo a clases presenciales, simultaneando con el trabajo.

El camino iba a estar lleno de piedras. La primera, el acceso. No puedes hacer un traslado de expediente, primero tienes que acceder a una plaza. No te puedes presentar por la vía de mayores de 25 porque ya tienes la selectividad hecha. ¿Tu nota? Un 8,71 sobre 10. Las notas de ahora son sobre 14. ¿Y no te la ponderan? No. Tienes un 8,71 sobre 14. Pagas la certificación oficial de la selectividad y presentas la preinscripción.

Suerte que la nota de corte se quedó en 8,5 y entraste en segunda adjudicación, porque en primera te quedaste fuera (el 7º en la lista de espera). Vale, ya estás dentro. Ahora tienes que matricularte y hacer traslado de expediente. Y solicitar la convalidación el reconocimiento (ahora se llama así) de las asignaturas que has hecho. Porque querrás que todo lo que hiciste en su momento te sirva de algo, ¿no?

Vale, haces la matrícula, pagas la matrícula. Pagas el traslado de expediente, pides a la UCA los programas de las asignaturas que aprobaste, rellenas la solicitud a la US, presentas la solicitud con los programas por duplicado o triplicado... te gastas 20 euros en copias impresas y presentas el tocho en la secretaría. Que ya te responderán en 3-4 meses, dicen. Mientras tanto, ve a clase. Tú vas a clase de las dos que seguro que tendrás que hacer porque no existían en Cádiz (Electrónica e Informática) y rezas al universo para que te acepten los reconocimientos.

3-4 meses después te dicen que el 60% de la carrera lo tienes reconocido. El 40% restante tienes que cursarlo, examinarte y aprobarlo. Tus planes de sacarte la carrera en un solo año se van al carajo.

Así que ese año se convierte en cuatro. Cuatro años intentando compaginar ir a clase, ir a prácticas, con tu trabajo a jornada completa. Y no se da mal, a cuatro-cinco asignaturas por año, pero lo vas sacando. Con el paréntesis del cuatrimestre que pasaste en Hamburgo, poco a poco va saliendo todo. Incluso con una pandemia de por medio que te vino genial: dejaste de tener que ir a trabajar y pudiste dedicarte a ir a clase de manera virtual.

Así llegamos a 2021, ese deseado año en que apruebas las últimas asignaturas que te quedan y te enfrentas al temido Trabajo Fin de Grado. Tienes miedo de volver a fracasar en el mismo punto. Pero con mucha más constancia que en 2007, y con todo lo que has aprendido en estos años, te marcas objetivos pequeños y los vas cumpliendo y superando.

Te preparas la defensa de una manera brutal. Te pasas una semana haciendo el powerpoint, los dos últimos días ensayas sin parar, te acaba doliendo la garganta. Haces modificaciones hasta el último momento porque siempre te pasas de los 20 minutos.

Te presentas a la defensa, haces tu exposición bien, no te pones demasiado nervioso, explicas todo de manera tranquila y natural, como tú eres, porque te puedes aprender datos de memoria, pero no discursos. Pero el último momento no iba a ser fácil. Un tribunal de tres miembros, dos de ellos amigables, pero uno extremadamente hostil que lo critica todo de tu trabajo y te hace preguntas a mala idea para intentar arrinconarte. No lo consigue porque, como dice tu tutor, se te nota la honestidad. Por otro lado, tienes 36 años, llevas 13 peleándote con alimañas en el trabajo y 6 organizando asambleas. Y, además, los otros dos miembros del tribunal salen a defender tu trabajo.

Y en palabras de tu tutor, «tienes un 9 muy peleado. Con otro tribunal habrías tenido un 10 sin pelear». Pero oye, que estás aprobado, ya va bien, es suficiente. Ya has acabado. Fin.

Enhorabuena, veintiún años después, pero ya eres ingeniero químico.

domingo, 25 de abril de 2021

El artista digital

Entró fuerte y salió fuerte. Arrancà de cavall, parà de burro (gracias Aitor por enseñarme esta expresión).

Culpa mía por haberme creído que alguien podía tener un interés real tan fuerte. Al final fue un espejismo.

Que ahora me hace debatirme entre mis dos vertientes, mis dos yoes.

El primero me dice que no era para mí y que, en cualquier caso, he esquivado una bala.

El segundo me dice que no estuve a la altura, que es un tío genial y que pudo haber algo maravilloso que eché a perder.

Quizá los dos tengan un poco de razón.

Igual que me creí la ilusión inicial, también me creí las palabras finales. Que no era el momento, que le encantaría pero más adelante. Y ahí me ves un mes después, esperando a que fuera más adelante, mientras él ya tenía a otro.

Que obviamente sabía que la opción correcta no era quedarme esperando. Pero tampoco podía hacer otra cosa cuando no era capaz de pensar en otro tío.

No quiero volver a pasar por esto, con nadie. Y me conozco y sé que volveré a hacerlo en cuanto alguien que me guste me preste un poco de atención.

En mi defensa diré que fue él el que empujó e insistió. Pero fue culpa mía caer en eso.

Estoy cansado.

lunes, 22 de febrero de 2021

Aprende inglés, que es más útil

Había escrito esto para un hilo de Twitter pero no tengo claro si lo publicaré. Así que mientras tanto lo dejo por aquí:

 

Cada vez que alguien viene diciendo que lo importante es aprender inglés y no otras lenguas porque te puedes comunicar con tropocientos quintillones de personas, como si fuera un factor determinante, no sé si me da risa, lástima o vergüenza.

Hablo inglés de manera fluida y por supuesto que me ha resultado útil. Pero no me ha servido para hablar con TANTA GENTE. Me ha servido para hablar con algunas personas, y en su mayoría, no por gusto sino por necesidad. Sobre todo en el trabajo.

¿Sabéis cuál me ha sido útil para hablar con personas? El valenciano. A una gran parte de mis mejores amigos los he conocido en valenciano y gracias a saber hablar y entender esta lengua.

¿Que mis amigos también hablaban el castellano? Pues en su mayoría sí. Pero no llegas a alguien igual cuando se puede expresar en su lengua que cuando tiene que cambiar a otra para hablar contigo. ¿O ustedes os sentís igual de cómodos hablando en inglés? Porque yo no.

Así que me tengo que reír cuando me venden esa mierda de la cantidad de gente con la que puedes hablar en inglés, francés o suahili. Que obviamente eso está muy bien y tiene su utilidad. Pero la utilidad en abstracto no existe, solo existe relacionada con un objetivo.

Si voy a viajar a menudo a los Países Bajos, el inglés me resultará mucho menos útil que el neerlandés. Y eso que allí todo el mundo habla inglés. Pero nunca vas a entender el lugar y su cultura del mismo modo en una lengua extraña que en la propia.

El mandarín lo hablan muchas más personas que el inglés. Pero si voy a relacionarme con gente de Inglaterra no me servirá de mucho el mandarín. ¿De qué me sirve un idioma que me permite hablar con 1.500 millones de personas si la gente con la que voy a hablar no lo conoce?

En definitiva, que cuando juzgáis la utilidad de un idioma que habla otra persona, estáis haciendo el ridículo, así que dejad de hacerlo. Todos los idiomas son útiles y enriquecen.

jueves, 31 de diciembre de 2020

En 2020...

 Vamos a ver mi esperadísimo (por mí) resumen de 2020:

  • Empezando, como siempre, por lo personal, en este año me he conocido mejor (siempre digo lo mismo, pero es así). He aceptado cosas de mí mismo y las he vivido de una manera más natural y correcta.
  • Me he dado cuenta de que me estoy haciendo mayor (BASTANTE mayor), pero que si me cuido puedo llevarlo con dignidad. De hecho, hubo un momento en que me di cuenta que me he convertido en la clase de hombre que me gustaba hace veinte años. Y eso puede parecer estúpido, pero lo considero un logro.
  • Y bueno, estoy haciendo las paces con mi cuerpo. Sigo teniendo que perder unos kilos, pero creo que no estoy mal y mientras siga entrenando de manera regular puedo mantenerme resultón.
  • En este año he ido a terapia de manera regular para arreglar algunos comportamientos destructivos. Y aunque no los he eliminado, he encontrado las causas y puedo mantenerlos a raya, por ahora. Tendré que volver para otras cosas, pero por ahora voy bien así.
  • En cuanto a lo sentimental, he «vuelto al mercado». No he tenido ningún tipo de relación con nadie, pero volví a hacer lo de siempre: conocer un tío, encapricharme y que pase de mi cara. Al fin y al cabo, una vez payaso, para siempre payaso. Pero al final he pasado página de manera satisfactoria.
  • Sobre la amistad, he hecho muy buenas migas con Aarón y su novio Javi y la verdad es que los veo muy a menudo.
  • Y sobre los amigos que no están tan cerca, pasé unas vacaciones de escándalo en València-Fanzara-Calp-Alacant. Me reencontré con Fede, con mis cirques del solell (Aitor, Rafa, Miquel, Fran, Víctor y Marc) y conocí en persona a Eloy y a Adrián. Los quiero un montón y estoy muy contento de haberme cruzado con ellos en la vida.
  • Y fuera de esas vacaciones, también desvirtualicé a Juan, a quien llevaba muchos años queriendo conocer, y a Juan y Luisma, amigos más recientes pero igualmente de valor incalculable.
  • También me reencontré varias veces con Nando (en Sevilla y en Huelva, y esos días maravillosos de playa) y con Ger. Los quiero un montón a los dos.
  • Me atreví a acercarme al ILBS y así vivir con un poco más de naturalidad mi faceta leather, y allí conocí a Rubén; también a Valentín en febrero. Sin embargo, no pude ir a Folsom porque no sé si os sonará que se desató una pandemia tremenda.
  • Vamos, no he querido hablar de la pandemia porque, aunque haya influido en mi año, no ha sido lo más destacado. No me ha jodido la vida, no me ha afectado en lo personal. Me ha cambiado algunas cosas, por supuesto, pero no me ha impedido pasar un buen año.
  • Y con eso paso a lo laboral. Con el estallido de la pandemia en marzo, pasé a un ERTE y no he vuelto a trabajar hasta el día de hoy, que vuelvo a estar en nómina pero con futuro incierto. El mes que viene me debo reincorporar y ya veremos qué me reservan.
  • Bueno, mi empresa hizo un ERE y a raíz de eso estuve diez días de piquete. Al final echaron a 32 compañerxs. Yo contaba con que me echaran pero no, me he quedado.
  • Gracias a eso me he dado cuenta de que, aunque no odio mi trabajo, sí que me siento completamente fuera de lugar en mi empresa. Cuando vuelva sé que estaré a disgusto, porque no confío en nadie de los que se han quedado, no quiero trabajar con ellos ni para ellos. Pero no me voy a ir porque oye, tengo que comer y pagar facturas.
  • Paso a lo académico: gracias al confinamiento fui capaz de aprobar todos los exámenes en junio. Saqué la nota más alta de la clase en las cuatro asignaturas que tenía (aunque ninguna matrícula de honor), y por fin me he matriculado de las cuatro que me quedan. Ahora mismo ando algo agobiado con ellas, pero ya solo queda el último empujón.
  • Viajes hice pocos, por la situación sanitaria, pero sí que me acerqué un par de veces a Huelva y pasé unos días en el País Valenciano (como he comentado antes) que me dieron la vida.
  • Y eso es todo. No ha habido Eurovisión, no ha habido otros acontecimientos importantes. Ni relaciones, ni rupturas, ni operaciones. Pero el balance global es positivo: 2020 ha ido mejor que 2019. Esperemos que 2021 sea mejor aún.