lunes, 23 de junio de 2014

El infame modelo lingüístico de Canal Sur

Voy a dedicar unas líneas al modelo lingüístico de Canal Sur. Canal Sur, la nuestra. O al menos eso rezaba su eslogan al principio de los 90.

No cabe duda de que es nuestra porque nuestros impuestos son los que la sostienen. Y se supone que es la que nos representa y nos vertebra. Todo queda muy bonito en la teo ría. La práctica... es otra historia.

Voy a dejar aparte las cuestiones polémicas sobre la temática de los programas de televisión o el peso de los diferentes territorios en sus emisiones y voy a centrarme en el modelo lingüístico que se utiliza.

Una de las mayores críticas que ha tenido siempre Canal Sur es el uso bajo tirando a nulo de la modalidad lingüística andaluza, el dialecto, el acento, o lo que quieras, no voy a entrar aquí en la denominación. Vamos, que cuando oyes a los presentadores y locutores no piensas que sean andaluces. Es algo que impacta a la gente de fuera que ve Canal Sur, y es algo que a muchos andaluces nos molesta.

Algunos asegurarán que en la tele hay que hablar bien y que hablar andaluz no es hablar bien. No voy a perder tiempo en rebatir tal ejercicio de ignorancia.

La posición oficial de Canal Sur está recogida en su libro de estilo. En éste, primero (página 31), se hace un bonito elogio del papel que el canal debe hacer en la difusión de lo que ellos llaman las hablas andaluzas (¿cuando se habla del español de la Argentina -igual de diverso que el andaluz- también lo llamarían las hablas argentinas?), pero en el resto del texto este elogio queda en papel mojado.

Vaya por delante que Canal Sur deja que cada periodista elija qué acento utiliza para comunicar. Muy respetable, hasta cierto punto. Yo me opongo frontalmente, luego explicaré por qué.

A partir de la página 219, explican que el andaluz que se utilice debe utilizar los rasgos de más alto nivel y que no se identifiquen con lo popular y coloquial. Teniendo en cuenta que la asociación se hace al revés, de modo que los rasgos andaluces ya llevan de por sí la asociación de que son populares y coloquiales, no avanzamos mucho.

Paso a analizar algunas de las pautas de este libro de estilo.
  • Se acepta eliminar la -d a final de palabra (usted, realidad pronunciados usté, realidá), pero aun así, recomienda pronunciarla levemente (página 222). Es decir, recomienda una pronunciación que ningún andaluz hace. La gran mayoría, incluso cuando hablamos en registros formales, no pronunciamos esa -d. Los que lo hacen (y ahora miro a los periodistas de Canal Sur) lo hacen a la manera madrileña, es decir, pronuncian ustez, realidaz (aunque esta pronunciación está condenada en el libro de estilo). ¿Cuál es el motivo de recomendar una pronunciación que para todos es artificial?
  • Recomienda evitar la pronunciación fricativa de la ch porque la considera vulgar (coshe).
  • Recomienda pronunciaciones claramente artificiales en el caso de la b, es decir, condena pronunciar summarino y sutterráneo (pronunciaciones aplastantemente mayoritarias en Andalucía) e incluso llega a aconsejar supterráneo (cuando nadie pronuncia así esa palabra, al menos en Andalucía). Del mismo modo, avisa de que no desaparezca la b en palabras como abstención u obstáculo, que igualmente nadie pronuncia con b.
  • Condena el ceceo, cuando es la pronunciación de más de la mitad de Andalucía, y le da la consideración de poco formal.
  • Critica los dos grados de abertura vocálica propios de Andalucía Oriental. Aunque los da como correctos, después pasa a decir que no aconseja hacer una abertura vocálica muy amplia para no sonar muy locales. Es decir, ni sí ni no, sino todo lo contrario.
  • Rechaza la aspiración de la t implosiva, en palabras como atlético o etcétera. Igual que en los casos anteriores de la b y la d, nadie pronuncia esa t, y pronunciarla queda artificial y muy afectado.
  • Recomienda pronunciar la x como ks o gs en palabras como examen, y condena pronunciarla como una simple s (esamen). En ningún momento habla de la solución mayoritaria en Andalucía en registros formales, que es hacer una s geminada (essamen). Es decir, en este punto ignora cómo hablamos los andaluces y se limita a recomendar una pronunciación a todas luces castellana.
  • En el terreno de la sintaxis, condena el uso de ustedes con el verbo en segunda persona del plural (ustedes queréis), un uso propio de Andalucía Occidental, que rechaza por coloquial. Sin embargo, acepta el leísmo de persona masculina (le saludé, le vi), que siempre ha sido ajeno al modo de hablar de los andaluces y que, en general, nos suena estridente. Es decir, crítica a un rasgo autóctono y defensa de uno ajeno.
Estos son sólo algunos aspectos que me han llamado la atención, pero el libro de estilo está lleno de absurdos de esa magnitud. En resumen, tenemos que, por un lado, condena la artificiosidad y recuerda lo importante que es sonar natural. Por otro lado, las pronunciaciones naturales las condena casi todas (o las ignora), y recomienda pronunciaciones artificiosas que, en algunos casos, no están en uso en ningún dialecto del español. Además, si tienes en cuenta la imagen de conjunto, este libro de estilo sólo acepta el andaluz si se limita a sesear y aspirar las s de final de sílaba. Nada más. Sin embargo, los rasgos castellanos los acepta sin problemas.

Esto es el libro de estilo. La realidad es diferente. En el programa La hora de Andalucía (seleccionad 23 de junio), que estuve oyendo esta mañana al salir del trabajo, vemos un ejemplo (ha sido el motivo de que quisiera escribir este artículo).

La presentadora (por lo que dice la locución, Olga Moya) conduce el informativo con un acento claramente castellano imitado (está bien conseguido, pero en algunos rasgos se le nota que no es su acento nativo). En el 0:35 se le escapa un másimas (contra lo que recomienda el libro de estilo) pero, por lo demás, castellano todo. Los titulares los dan Valentín García (que me consta que no es andaluz, así que no comentaré) y Beatriz Almeda (la única que usa un acento andaluz a ratos; no aspira la j, por ejemplo, a pesar de que es la pronunciación propia de su acento y el libro de estilo lo acepta). Fidel del Campo también usa un andaluz light en el reportaje sobre el ascenso del Córdoba (y digo light porque ni siquiera la aspiración es generalizada, las s finales de grupo fónico no las aspira). El acento andaluz no vuelve a aparecer hasta el minuto 23, en la noticia sobre Isla Mágica, locutada por Beatriz Rodríguez.

¿Es esto lo propio de un medio de comunicación que, según su libro de estilo, asume la responsabilidad de fomentar y practicar un estilo de andaluz culto, correcto y formal que sea referencia de buen uso idiomático para los andaluces? Personalmente, salvo que ese estilo de andaluz culto corresponda con el uso de Castilla, no puedo estar de acuerdo.

Retomo lo que dije antes de oponerme a que cada periodista elija en qué acento comunicarse. Canal Sur debe ser una herramienta que dignifique nuestra identidad de andaluces, no que la denigre o la marginalice. Uno de los mayores rasgos de nuestra identidad es nuestra forma de hablar, nuestro acento, dialecto, habla o como prefiera llamarlo cada uno (la elección del término es más política que lingüística). ¿Qué clase de imagen se les da a los andaluces cuando ven que ni siquiera el medio de comunicación que debe vertebrar Andalucía utiliza su acento y lo cambia por uno de fuera? ¿Por qué una cadena pública autonómica da prioridad a la elección del periodista (muy respetable, por su parte) antes que al cumplimiento del artículo 10.3.4. de nuestro Estatuto de Autonomía?

Mientras tanto, el público se sigue quejando porque los informativos se dan en castellano, de Castilla, claro está. Espero que en algún momento el gobierno autonómico rectifique y tome medidas en este sentido. Aunque viendo el inmovilismo político que sufrimos, lo veo difícil.

miércoles, 18 de junio de 2014

Orgullo (LGTB)


Los que me conocéis por Twitter o Facebook sabéis que no sólo soy gay sino también muy activista en ese tema. Y ahora que se acerca el día del orgullo, el 28 de junio, voy a hacer un par de reflexiones sobre esta cuestión.

El día del orgullo, con su manifestación y fiesta correspondiente, es fuente de polémicas dentro del colectivo LGTB. Aunque inicialmente se supone que es una fiesta que nos une a todos, la realidad es muy diferente, y nos acaba separando en diversas sensibilidades. Vamos por partes.

Vaya por delante que el nombre de orgullo LGTB es, quizá, demasiado fácil de malinterpretar. Cada uno pensará lo que quiera, pero como yo lo veo, el orgullo no es de ser LGTB, sino de luchar por una causa; es orgullo de ser una persona íntegra, de ser consecuente con quien eres.

Hay quien dice que «si no somos diferentes y no queremos un trato diferente, no tiene sentido un día del orgullo gay/LGTB, porque no hay un día del orgullo heterosexual». Una reflexión muy bonita en la teoría, pero absurda en la práctica. No hay un día del orgullo heterosexual porque los heterosexuales nunca lo han necesitado. Son la porción mayoritaria de la sociedad. No han de vivir estigmas, ni discriminación, por ser heterosexuales. No tienen nada que reivindicar por el simple hecho de ser heterosexuales. Nosotros, desgraciadamente, sí que tenemos, porque aún sufrimos discriminación cada día. Y no hay que irse muy lejos para encontrarla, aquí mismo hay, en nuestra tierra. Cuando dejen de venderse libros que curen la homosexualidad, cuando dejen de existir las palizas callejeras por ser homosexual, cuando nos dejen de mirar mal por ir cogidos de la mano por la calle, quizá será momento de plantearse dejar de celebrar el día del orgullo. Hoy por hoy no estamos en ese caso.

Hay quien dice que el orgullo está mal porque se ha mercantilizado. Estoy de acuerdo. Hemos de evitar caer en el problema de ver el orgullo sólo como una fiesta. Es una fiesta, sí, pero reivindicativa. Quitarle el matiz reivindicativo es lo peor que nos podría pasar a todos, porque conseguiríamos precisamente lo contrario de lo que pretendemos.

Ahora, lo que más me molesta son aquellos que dicen que el orgullo LGTB es perjudicial porque «da una imagen errónea de los homosexuales». Desgraciadamente, esto lo dicen muchos gays, que incluso se lo creen. Analicemos por qué lo dicen.

Tuit de @GaysdeDerechas
(Todo viene por este tuit que enlazo, que me lo he encontrado hoy en Twitter, aunque fue publicado en diciembre pasado.)

Cuando nos hablan del orgullo LGTB, ¿qué nos viene a la mente? Gente disfrazada de manera extravagante, gente vestida con miles de colors, gente con comportamiento descarado, quizá incluso gente semidesnuda. He asistido todos los años desde 2008, y confirmo que esa gente va. Seamos sinceros: son una minoría de la gente que asiste, pero son lo más llamativo de la marcha/cabalgata.

Los homosexuales que rechazan las marchas del orgullo porque dan una imagen errónea, no quieren que se les identifique con ese tipo de gente. Normalmente dicen que quieren «ser normales» y «no llamar la atención». ¿Qué es ser normal, entonces? ¿Tenemos que hacer lo que se espera de nosotros con tal de no llamar la atención? ¿Hasta qué punto tenemos que evitar llamar la atención?

Es un ejercicio de autoodio, de intolerancia propia. Y viniendo de un homosexual, tiene un nombre: homofobia. Quien dice que un homosexual no puede ser homófobo, se equivoca estrepitosamente.

Esta gente que se disfraza, y que sale a la calle como le da la gana al menos por un día, ¿está haciendo algún tipo de daño? ¿Perjudica a alguien? ¿Cuál es el problema, que no se comporta como tú quieres que se comporte? La tolerancia no es admitir a alguien sólo si hace lo que quiero que haga. La tolerancia es admitir al otro como es, y haciendo lo que quiere, siempre que no haga daño a nadie. La igualdad que reclamo no es ser igual que los demás; la igualdad que reclamo es que se me respete siendo quien yo soy, no quien otros quieren que sea.

Y no hace falta que diga que este rechazo a la gente que «llama la atención» es de ser muy, muy desagradecido. Si hoy tenemos lo que tenemos, ha sido gracias a esa gente que siempre ha llamado la atención. A esa gente que no ha querido fingir, hacerse pasar por quien no es sólo por encajar. Esa gente que ha preferido no vivir escondida, incluso cuando estar fuera del armario significaba ser apalizado o encarcelado. Gracias a que no se escondieron, que lucharon por conseguir un lugar digno en nuestra sociedad, hoy muchos ni siquiera nos planteamos escondernos y tampoco lo necesitamos. Porque algunos han luchado para que hoy nos beneficiemos todos; los que se esconden y los que no lo hacemos.

Por todo esto, pienso que el orgullo es más necesario que nunca, nos da visibilidad, nos da todo tipo de visibilidad. Porque en el orgullo tenemos que estar todos, los que nos comportamos de una manera y de otra. Los que se disfrazan y los que no lo hacemos, los que suben a las carrozas y los que las vemos desde abajo. Sólo la visibilidad que consigamos ahora nos permitirá vivir con más normalidad en el presente y en el futuro.

miércoles, 23 de abril de 2014

No es el sur, se llama Andalucía

Algo se muere en el alma... pero en la mía, cada vez que oigo a alguien referirse a mi país como el sur.

Y mucha gente me ha preguntado a qué se debe esto, porque no ven nada malo llamar a Andalucía el sur.

El sur es un punto cardinal. No es ningún sitio concreto. Andalucía tiene norte y tiene sur. Sevilla tiene norte y tiene sur. Cádiz tiene norte y tiene sur. Por lo tanto, si llamas a Andalucía el sur, es porque la estás considerando parte de algo mayor. La referencia, por lo tanto, está fuera, de manera implícita.

Lo cual nos lleva a la siguiente pregunta. ¿Andalucía es el sur de qué, exactamente? Sí, es el sur de la Península Ibérica. Aunque también lo son Murcia y el Algarve. Cuando alguien va a alguno de estos dos lugares... ¿también dice que va al sur? Todos sabemos la respuesta.

(Por otro lado, ¿alguien dice que va al oeste o al poniente cuando viaja a Portugal?)

También hay quien me ha dicho que dicen que van al sur cuando van a Andalucía porque Andalucía se encuentra al sur de su ubicación actual. Me lo ha dicho gente de Madrid o de Castilla la Vieja. Y digo yo... ¿cuando van a Toledo, también dicen que van al sur?

No, cuando la gente (la mayoría, claro, que hay casos para todo) llama a Andalucía el sur no está pensando en la Península Ibérica ni en una posición relativa a su ubicación actual. Está pensando en España. El problema no es sólo que esto impacte de frente con mis convicciones andalucistas -que, al fin y al cabo, son mi responsabilidad, así que no me quejaré de eso- sino que supone, primero, un ejercicio de ignorancia. El sur de España, si nos ponemos estrictos, no es Andalucía: son las Islas Canarias. Ceuta y Melilla también se encuentran más al sur que Andalucía. Así que no, Andalucía no es el sur de España.

También hay quien me ha dicho que Andalucía es el sur de Europa. Es cierto que Andalucía está en el sur de Europa, pero esta zona es tan amplia que Malta, que se encuentra a tres horas de avión, también está en el sur de Europa. Del mismo modo podríamos definir a Creta, que se encuentra más lejos. Además, el marco de relaciones internacionales históricas de Andalucía no es Europa; es el mar Mediterráneo, en el cual Andalucía ocupa una posición occidental, no meridional. Hasta hace muy poco tiempo, Andalucía siempre ha tenido más relación con el Rif que con el País Vasco, por ejemplo. Y mirando desde el Rif, estamos al norte.

Andalucía tiene un nombre, y este es Andalucía. No hace falta referirse a ningún marco de referencia externo para definirla. Por ese mismo motivo, hacerlo es despersonalizarla. Si no hace falta referirse a nada externo, ¿para qué hacerlo? Para evitar referirse a su entidad propia.

Esta estrategia de despersonalización es un viejo clásico del Estado español que, como casi todas las malas costumbres jacobinas, aprendió de Francia, donde es algo común y muy extendido: no es extraño oír cómo a las diferentes naciones o regiones, en algunos casos con una historia propia extensísima, las llaman sólo por su punto cardinal o incluso por su número de departamento. De hecho en Toulouse oí bastante a menudo cómo decían que allí tenían l’accent du Midi: el acento del sur.

Además, siguiendo con la misma estrategia, es curioso cómo sólo se utiliza el sur cuando se quiere hablar de algún aspecto folclórico. Nunca oirás que en el sur hay mucha industria aeronáutica, o mucha investigación en biotecnología. Pero en el sur se come muy bien. En el sur se divierten mucho y tienen muy buena vida. En el sur hay unas playas muy buenas. Ay, qué veranos pasamos en el sur.

Andalucía es mucho más que las borracheras que te cogiste en la playa o en la feria, o que aquel día que comiste tapitas en una de nuestras ciudades. Andalucía es la tierra que nos dio a Góngora, a Bécquer, a Velázquez, a Picasso y a García Lorca. Es la tierra del Parque Tecnológico de Málaga o del nodo aeronáutico de Sevilla. Es la tierra que destaca por su producción de energía solar y en trasplantes de órganos.

Así que, por favor, no nos llames el sur. No nos quites nuestro nombre. Llámanos Andalucía. O, si quieres, llámanos Cádiz, Málaga, Sevilla, Granada, Huelva, Córdoba, Jaén o Almería... que no son el sur de nada.

jueves, 17 de abril de 2014

Mi desengaño con el PA

Sabéis que hasta hace poco he militado en el Partido Andalucista. Lo que seguramente no sabríais es que ya no milito. Y es que últimamente este partido, con el que me identificaba hasta cierto punto, me ha ido dando varios motivos para desengañarme con ellos.

Prepararon unas elecciones primarias, un hecho bastante loable y que da ejemplo de democracia. Hasta ahí, bien. Pero cuando el candidato que más aceptable me parecía -un tal Sergio Flores, de Ronda- de repente suelta en una entrevista que «hay muchos andalucistas que creemos en el federalismo, porque hay mucha gente que oye la palabra “nacionalismo” y le suena muy fuerte» (es decir, que eres federalista porque la gente tiene miedo al nacionalismo, yo a eso lo llamo cobardía u oportunismo) o que no es «ni de izquierdas ni de derechas» (qué curioso, como UPyD o la Falange), a mí me sienta como si me echaran encima una jarra de cubitos de hielo, que es peor que el agua fría porque encima los cubos te dan golpes.

Además, un par de meses antes el candidato con más posibilidades de ganar se dedica en su Twitter a ridiculizar a otras formaciones políticas, lo cual tampoco me hizo gracia. Me refiero a este tuit concreto:

Antonio Jesús Ruiz


(Enlace: https://twitter.com/PAntoniojruiz/status/366228329809977345)

Que a ver, quizá los de Izquierda Unida se equivocaran en la descripción, pero burlarse de una equivocación tan nimia es mezquino, y además en política es juego sucio; un juego sucio que yo, al menos, no voy a apoyar. Y digo que es nimia porque si me dicen que el monumento a Blas Infante es un monolito me lo creo (no conozco el vocabulario específico de monumentos) y porque SÍ está en Kansas City, por muchos matices que este señor quiera introducir.

Pero es que no queda ahí todo. Hasta cierto punto hay que soportar y entender que el PA gobierne en coalición con el PP en ciertos municipios (en mi Isla de León lo hace, y ya me toca la moral, porque José Loaíza no podría darme más asco). Lo que no puedo tolerar es que hagan cosas como la de esta noticia:


(Enlace: http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/el-ayuntamiento-de-ecija-censura-una-obra-de-teatro-donde-la-virgen-habla-como-madre-y-mujer/)

Es decir, el PA tiene la concejalía de Cultura, y censura la obra de teatro porque a un par de cofrades no les gusta. Que, por cierto, yo he ido a ver esa obra de teatro, he ido a verla con cofrades, y desde luego les encanta. Decir que la obra es irreverente o irrespetuosa es totalmente falso y eso sólo pueden decirlo o gente muy ignorante o gente que no la haya visto. Desde luego, si tan irrespetuosa fuera con las cuestiones eclesiásticas o cofrades, no habría sido repetida tantas veces en salas de Sevilla capital.

Luego rectificaron, pero a mí eso no me vale. Demostraron estrechez de miras y una ranciedad conservadora que, desde luego, yo no estoy dispuesto a apoyar. Para defender la ignorancia ya tenemos al PP.

Así que, por todo esto que he expuesto, lo siento pero no quiero quedarme esperando a ver con qué próxima vergüenza me sorprende el Partido Andalucista. Les deseo lo mejor y, si algún día se deciden a ser un partido serio, que realmente crea en el progreso de Andalucía como país moderno y desde la izquierda, podrán volver a contar conmigo. Pero ese futuro lo veo bastante lejano.

viernes, 7 de marzo de 2014

Incompetencia comunicativa

Siempre decimos que la enseñanza de los idiomas en Andalucía (y, en general, en el Estado español) es mala, malísima. Y nos referimos en general a que el inglés que se aprende no hay por donde cogerlo, que los niños salen sin fluidez, que no entienden nada de lo que escuchan ni leen, o que todos los años vuelven a empezar por aprender el verbo to be.

Sin embargo, a lo que poca gente le da importancia, porque no hay conciencia social sobre ello, es al hecho de que la enseñanza de la lengua propia es mala. Está viciada de raíz, contaminada por la tradición filológica prescriptiva que siempre ha reinado por estas tierras.

Con ello me refiero a que, a menudo, enseñar lengua en primaria se limita a decir a los niños qué palabras y estructuras deben usar y cuáles no. Y enseñarles que, en general, lo que hablan ellos y dicen en casa o en la calle está mal, es incorrecto y rechazable, y tienen que aprender otras maneras de hablar y otras estructuras que sí sean correctas.

Como resultado, los niños salen pensando que hablan mal y que lo de hablar bien es algo muy difícil que sólo consigue la gente con mucha cultura y muchos estudios. Esto se puede canalizar en dos comportamientos: primero, el de la resignación y la disculpa (es que yo hablo muy mal) y, segundo, el del enaltecimiento (pues yo hablo así porque me da la gana).

No es hasta la secundaria que se les enseña a los alumnos que la lengua tiene registros diferentes, y que lo correcto e incorrecto no existe por sí mismo, sino que una palabra, una estructura, una expresión puede ser adecuada o no adecuada según la circunstancia en la que se encuentre el interlocutor. Para entonces, pocos alumnos entienden e interiorizan ese concepto; la mayoría lo aprende de memoria para el examen y luego lo olvida.

De ahí que haya gente que, después, cuando aprende palabras o expresiones formales las intente aplicar en todas las situaciones, y acabe generando situaciones muy ridículas en las que raya la pedantería y sus interlocutores no entiendan nada. En concreto, me viene a la mente una persona que, en foros de Internet sobre temas informales, utilizaba palabras restringidas al ámbito literario o recargaba en exceso sus textos, introduciendo incluso latinismos. Competencia comunicativa, ¿para qué?

Una profesora de la universidad me enseñó una frase que lo resume todo: no es culto el que habla siempre con palabras cultas; es culto el que sabe adecuar su discurso a la situación. La persona culta no baja al patio de vecinos y dice “disculpe su señoría, ¿para qué menester me requiere?”; eso lo hace el pedante. La persona culta, por el contrario, no tendrá problemas en decir “¿qué querías, picha?” (adáptese la expresión a la zona geográfica), y dejará la otra frase para situaciones de formalidad extrema o para creación literaria.

¿Por qué salto ahora con todo esto? Porque está extendiéndose por Facebook y Twitter (¿veis? adecuación al discurso, en mi casa diríamos que está roando) una foto de un libro de texto de primaria donde se describe el lenguaje de los mensajes de texto, se habla de que en ese medio de comunicación se sacrifica la ortografía, se prescinde de los acentos y se abrevian las palabras. En fin, no voy a describir con más detalle, todos conocemos ya ese tipo de lenguaje. A la foto, normalmente, la acompañan quejas más o menos furibundas por el hecho de que un libro de texto describa este modo de comunicación.



Señores, en el currículo académico de la asignatura de lengua castellana está incluido el estudio de la comunicación en todos sus modos. Cuando me tocó estudiarlo, recuerdo que se enseñaba con detalle la diferencia entre la lengua oral y la lengua escrita, ésta caracterizada por la reflexión y aquélla por la espontaneidad. La cuestión es que la situación comunicativa de los mensajes de texto es novedosa: no encaja en la lengua escrita tradicional ni en la oral. Y por eso, no podemos tratar a los mensajes de texto como si fueran una carta, un e-mail o un libro.

Muchos de los que comentaban esa foto ponían el grito en el cielo porque creen que ese modo de escribir debe ser censurado. A mí esa actitud me parece gravemente errónea. Escribir con abreviaturas en mensajes de texto responde a unas exigencias concretas, a una situación que requiere brevedad, y que hace que la gente prime la transmisión del mensaje antes que la corrección lingüística. Una cuestión que, por otro lado, es lo más lógico: la comunicación consiste en transmitir información exitosamente, y en este caso, abreviar y sacrificar la ortografía permite una transmisión mucho más productiva de la información (se transmite más en el mismo espacio). La estética o la corrección son criterios secundarios que habrá que tener en cuenta en otros medios de comunicación, pero no en este.

Del mismo modo, los monjes que copiaban textos en la Edad Media utilizaban multitud de abreviaturas para aligerarse el trabajo. Y hoy en día eso no indigna a nadie; al contrario, se considera un hecho peculiar.

Personalmente, creo que los libros de texto hacen bien en describir ese nuevo método, porque es susceptible de ser estudiado como cualquier otro. Es otra vertiente de la lengua. Y, en cambio, las clases en el colegio deberían centrarse en enseñar que ese modo de escribir está muy bien para los mensajes de texto, y que para otros medios es más conveniente escribir de otras maneras. Cada situación requiere una actuación diferente.

Otro día hablamos del exceso de academicismo que tiene la gente de la calle.

domingo, 23 de febrero de 2014

Buenas noches, Espinete

Hace tiempo, dediqué una entrada a los libros que leía de pequeño, los de Richard Scarry que aquí fueron traducidos como «Serpentino». Hoy voy a volver a hablar de un recuerdo de la infancia.

En mi casa teníamos una cinta de casete de Barrio Sésamo. En concreto, la cinta se llamaba Espinete y sus amigos. En ella había canciones míticas de Barrio Sésamo (o a mí me parecen míticas porque de tanto oír la cinta me las aprendí, claro), como Un erizo como yo, Panadero soy, La canción de Don Pimpón o Ana. Canciones no sólo conocidas por todos, sino que incluso están en Youtube porque alguien se ha encargado de compartirlas para que no las olvidemos.

Todo eso está muy bien, pero había una canción al final del casete que era diferente. Era una canción que yo jamás había visto en ningún capítulo en televisión. Sin embargo, me gustaba mucho (y en mi casa no le gustaba a nadie, no me dejaban ponerla, jajaja), precisamente porque... cantaban en otros idiomas, no sólo en castellano. Decían una pequeña estrofa en castellano, que no recuerdo bien pero era algo del estilo:

Todos, adiós y buenas noches, adiós, hasta mañana,
nos vamos a la cama, nos vamos, nos vamos,
nos vamos a dormir.

Entonces salía una voz que no identifico, y decía: «¿qué tal si la cantamos como los niños catalanes?» y cantaban la misma estrofa en catalán. Después de eso, la misma en vasco y en gallego.

Crecí oyendo esa canción y, mientras no tenía más noticias sobre el tema, para mí era lo más normal que los catalanes, los vascos y los gallegos cantaran esa canción de manera diferente, y era guay escuchar lo raros que sonaban esos idiomas. Llegué a aprenderme que los catalanes decían algo así como anensan a durmí (que hoy en día supongo que dirían anem-se'n a dormir, lo cual tampoco es normativo) y los gallegos ímonos acochar (ni puta idea de cómo se escribe en realidad).

Hoy no sólo he descubierto que ese bonito mundo donde cada uno hablaba su idioma y todos nos amábamos no era real, sino que además si había algún atisbo de que existiera ya se ha desvanecido. Y esa canción no existe en Internet. No está en youtube, ni en eMule, ni ninguna página web habla de ella, salvo una wiki en inglés que menciona de pasada que esa canción existía.

Así que, si algún alma caritativa sabe de ella o me la puede pasar, lo agradeceré. O si la recuerda y quiere comentarlo, bienvenido sea.

Actualización (24 de febrero):  por Facebook me han hecho llegar un enlace de youtube donde estaba la canción, bien escondida por supuesto. La comparto con todos ustedes.


domingo, 12 de enero de 2014

En 2013...

Al final se acabó el año 2013 y no hice ni un triste resumen de lo que había pasado en el año.
  • Al final me hicieron un contrato indefinido en mi trabajo. De todos modos, no cesé mi búsqueda de empleo en Valencia, y espero que pronto me llamen para irme.
  • He viajado a Valencia bastantes veces.
  • En estos viajes he conocido sitios nuevos. Entre ellos, Xàbia, Altea, Alacant, Montblanc, L'Espluga de Francolí.
  • He hecho, además, viajes a Madrid, Lisboa, Barcelona y Granada.
  • En el viaje a Madrid vi a mis queridos Almu, Pablo y Laura, y en el viaje a Barcelona quedé con Joel, Marc, Jordi, Rafel y Pedro.
  • Estuve en la mítica noche de despedida de Ismael, que se ha ido a ganarse la vida a Inglaterra.
  • Cambié de médico de cabecera y gracias a eso descubrí que tenía una infección importante.
  • He ido al teatro tres veces:
    • En mi visita a Madrid con Fede vi el musical de El Rey León.
    • En Valencia vi la obra "Spot" en valenciano, de la compañía Albena Teatre, también con Fede.
    • Y en Alcalá de Guadaíra fui a ver a Manu Sánchez con Germán.
  • Además he visto un par de películas en el cine, entre ellas la muy esperada Los Juegos del Hambre 2.
  • He leído muchos más libros que el año pasado. Entre ellos, la trilogía de Los Juegos del Hambre (sí, me gusta, por si no se nota), pero también otros como Yerma (de García Lorca), 1984 (de George Orwell) o tres libros de Ferran Torrent, de los cuales destaco Societat limitada. Además, he leído bastante sobre política actual valenciana, incluyendo las obras cumbre de Joan Fuster.
  • Me di de baja del Partido Andalucista. Ya iban teniendo demasiados detalles que no encajaban con mis ideas políticas.

jueves, 14 de noviembre de 2013

No aprendas valenciano... no es útil

Conversación con un amigo mío.

Yo: - Me gustaría estudiar Filología Catalana, he preguntado en la UOC para apuntarme, pero es demasiado cara.
Él: - ¿Filología Catalana, en serio? ¿Eso existe?
Yo: - Claro, ¿qué estudia el que quiere estudiar la lengua y la literatura catalanas?
Él: - Pensaba que la filología sólo existía para lenguas con muchos millones de hablantes, como el español o el inglés.
Yo: - Hombre, el catalán tiene diez millones. Pero no tiene nada que ver, si también hay Filología Vasca.
Él: - Pues qué tontería.
Yo: - ¿Me puedes decir por qué te parece una tontería?
Él: - Porque no creo que sea rentable, útil ni beneficioso estudiar vasco.
Yo: - ¿Y lo es estudiar Filología Hispánica?

No pondré lo demás porque redundaba en los mismos temas. En una sociedad monolingüe y fuertemente nacionalista es difícil hacer entender a la gente que una lengua es una puerta al mundo, es cultura, y no sólo cuestión de utilidad. Y, además, ¿quién decide la utilidad de una lengua? ¿Sólo depende del número de hablantes? Si me quiero ir a vivir al País Vasco, me será mucho más útil el vasco que el inglés o el chino, ¿no creéis?

Esta manera de pensar es difícil de hacerla entender en una sociedad que tiene como lengua única el castellano. Estamos acostumbrados a hablar una lengua con quinientos millones de hablantes, y a que nos bombardeen con noticias como que el español es la segunda o tercera lengua con más hablantes del mundo, o que cada vez se estudia más como lengua extranjera. La gente de aquí, sobre todo la que no ha estado en contacto con el estudio de las lenguas (el inglés no cuenta), sólo tiene en la cabeza la idea de que el castellano es una lengua “de primera división”, de centenares de millones de hablantes, y aprender lenguas de “divisiones inferiores”, aunque las puedan hablar diez millones de personas, es inútil. Es una mezcla de prepotencia (muy española) y flojera.

Si le añadimos ese sentimiento nacionalista de que el castellano es la lengua de España y no sé cuántos países, y el catalán no tiene Estado propio (vale, tiene Andorra, pero mucha gente ni cae, o bien la desprecian por su tamaño), ya tenemos la conclusión, el valenciano/catalán es inútil. No importa que realmente tu interés sea conocer y aprender más sobre la historia y la cultura valenciana, catalana o balear. No es rentable, útil ni beneficioso estudiarlo

En estas situaciones te das cuenta de lo pobre que es la educación en temas lingüísticos en estos rincones del mundo.

PD: me he centrado en los adjetivos “rentable” y “útil”, porque no quise ni pensar en eso de que no es “beneficioso”... me ofende incluso pensarlo.

viernes, 25 de octubre de 2013

Entero de ningún lado

(conversación con Fede, caminando por Barcelona)
+ Es por aquí. Hazme caso a mí, que soy medio barcelonés.
- Ah, ¿eres medio barcelonés?
+ Sí, ¿has visto que tengo muchas mitades? Soy medio sevillano, medio valenciano, medio barcelonés...
- Ya, pero no eres entero de ningún lado.
+ Es lo que le pasa a la gente que emigra.

jueves, 3 de octubre de 2013

3 de octubre de 2003

Hoy, hace diez años, me encontraba en el aeropuerto de Jerez preparado para volar a Núremberg, con intención de pasar los siguientes nueve meses en Erlangen, una ciudad bávara donde iba a pasar los siguientes nueve meses con ayuda de una beca (y del monumental esfuerzo de mi madre).

De aquello hoy en día poco queda. De la gente que conocí en Erlangen, sólo tengo contacto con un par de ellos por Facebook o Twitter. El alemán que aprendí, no puedo decir que lo tenga olvidado (porque compruebo regularmente que lo sigo entendiendo, hablar ya es otra cosa) pero no está fresco como debería, y tampoco tengo expectativas de volver ya no a Erlangen, sino a cualquier lugar de habla alemana.

Un pensamiento casual para ilustrar este lluvioso tres de octubre que pasaré casi entero en el trabajo y en el que, casualmente, cumplo 29 años.

jueves, 29 de agosto de 2013

Sobre la situación normativa del andaluz

Los que me conocéis de hace tiempo sabéis que siempre he defendido que el andaluz era una lengua.

Por suerte, esto es un blog, un medio escrito, así que puedo seguir explicándome sin que me interrumpáis para criticar lo que acabo de decir. El 95% de ustedes ya lo habría hecho. El 5% restante esperaría a ver por qué digo eso.

¿Que por qué digo eso? Tomás Gutier lo explica brillantemente en su libro “Sin ánimo de ofender”. Yo, resumiendo, diré simplemente que Andalucía fue la zona más romanizada de la Península, que en la Guerra Civil del siglo VIII entró el árabe pero nunca fue el idioma del pueblo, que siguió hablando un idioma hispanorromano (os suena el mozárabe, ¿verdad?), y que la conquista castellana no supuso una expulsión inmediata de la población existente, que sólo fue expulsada cuando le convino al gobierno, y que mientras tanto estuvo en continuo contacto con el pequeño número de nuevos colonos. Por todo esto, nuestra lengua jamás pudo venir del norte de la Península (una zona escasamente romanizada); si acaso, recibió una determinada influencia de ella. Para más detalles, vuelvo a remitir al libro que he mentado o a cualquier tratado de historia de Al-Ándalus.

¿Es actualmente una lengua diferente del castellano? Es un tema discutible. La influencia mutua ha sido demasiado fuerte como para entender que la lengua de Castilla y la de Andalucía formen sistemas lingüísticos totalmente diferentes.

(Claro que también tenemos que relativizar esto; no dejan de ser idiomas romances, así que siempre compartirán el 90% de la gramática… el castellano y el portugués, siendo idiomas diferentes, son casi idénticos si se comparan con idiomas no indoeuropeos como el húngaro).

Sin embargo, aún le queda mucho al andaluz para que vea reconocida su verdadera identidad. Básicamente, porque ha sido muy poco estudiado. Sí, algún que otro filólogo hispánico ha hecho algún estudio superficial del andaluz, pero siempre desde un punto de vista castellano. Si siempre se estudia el andaluz como una “desviación” del “modelo” castellano, las conclusiones siempre estarán sesgadas. Lo correcto sería estudiar el andaluz por sí mismo, y quizá comparándolo con el original latín, y luego cotejar sus semejanzas con la lengua de Castilla, pero también sus diferencias.

Una vez hecho eso, al andaluz se le empezaría a ver en su verdadera dimensión: un idioma, dialecto o habla (la elección de cualquiera de estos términos es política más que lingüística, como bien nos recuerda D. Juan Carlos Moreno Cabrera) con una entidad propia y que forma parte de un sistema multicéntrico junto con el castellano. El mismo caso del flamenco con el neerlandés, del croata con el serbio, el bosnio y el montenegrino, y del valenciano con el catalán.

Y el caso del valenciano y el catalán lo he dicho el último para enlazar con mi siguiente razonamiento. Estoy viviendo de cerca el problema identitario actual en el País Valenciano, un problema por cuanto se utiliza la lengua como arma arrojadiza, muchas veces inventando rasgos o saltándose todas las normas de la lingüística para modelar un supuesto idioma valenciano diferenciado que no es más que el intento de dignificación (entiéndase sin sentido despectivo) de coloquialismos erráticos. Esto desde un punto de vista lingüístico serio es absurdo y sólo se entiende desde el trasfondo político que tienen los blaveros.

Precisamente por este problema político, no puedo defender la supuesta lengua valenciana independiente que los blaveros postulan. Primero, porque su diferenciación no resiste ninguna mínima argumentación científica seria. Y segundo, porque su intención es política. Su intención es diferenciarse al máximo de los catalanes, a pesar de que hablen la misma lengua. De hecho, hoy el periódico Las Provincias, vocero de la ultraderecha valenciana españolista reaccionaria y blavera, presenta como un escándalo el hecho de que las instituciones con autoridad en la lengua catalana integren las peculiaridades lingüísticas valencianas en su estándar… porque eso significaría dejarlos sin argumentos para defender su secesión lingüística.

Con esto, lo que pretenden conseguir (y cada vez, por suerte, parece que les cuesta más) es la minorización del valenciano en primer lugar (porque, al inhibir los estímulos positivos de fuera, queda sólo en sus manos y lo pueden relegar a lengua familiar e inculta, haciendo que desaparezca en pocas generaciones), y del catalán en segundo lugar (la unión hace la fuerza, y quitándoles tres millones de hablantes parece que haya menos motivos para defender la lengua). Todo esto es inaceptable desde cualquier punto de vista sensato, por la pérdida de cultura que supone.

¿Qué tiene todo esto que ver con el andaluz? Lingüísticamente es un caso parecido, aunque sociolingüística y políticamente no tiene nada que ver. El castellano no es un idioma minorizado como lo es el catalán (o al menos en ningún sitio de España; lo es en Puerto Rico). Una secesión lingüística del andaluz no haría ningún daño al castellano y, para que tuviera éxito, requeriría de un importante apoyo por parte de la población y del gobierno andaluz (apoyo que, seamos realistas, sería muy difícil que se diera; no olvidemos que la gran mayoría de los andaluces siguen pensando que el andaluz es una manera de hablar mal el castellano).

Además, la secesión lingüística del andaluz provocaría algún que otro contrasentido en la dialectología. Los dialectos/hablas/idiomas (recordemos, término político) de Canarias y de América Latina, ¿en qué sistema los englobaríamos? ¿En el andaluz o en el castellano? No soy ningún experto en estas hablas pero, hasta donde sé, en general tienen algunos rasgos comunes con el andaluz y otros con el castellano (unas, como las hablas argentinas o colombianas atlánticas, tienen más en común con el andaluz, y otros, como las mexicanas o las peruanas, más con el castellano).

Por todo lo que he expuesto, creo que haciendo un ejercicio de coherencia, no las tengo todas conmigo para reivindicar el andaluz como una lengua independiente.

Sin embargo, creo que la posición más provechosa es la reclamación de una mayor visibilidad y reconocimiento de las peculiaridades lingüísticas andaluzas en la normativa castellana (igual que se hace con las valencianas en la normativa catalana, totalmente multicéntrica).

Por mi parte, ya hace tiempo que no me corto en escribir utilizando los rasgos morfosintácticos de mi dialecto nativo, a pesar de que ciertos órganos normativos no lo consideren aceptable para el lenguaje escrito. Para mí, lo natural es “ustedes coméis”, y no veo ningún motivo para sustituirlo por “ustedes comen” o por el horroroso “vosotros coméis”, forma a todas luces extranjera al oído andaluz occidental.

Hay cuestiones que habrá que ir estudiando más a fondo para ver cómo pueden encajar en nuestro sistema normativo actual (hasta ahora, basado sólo en el castellano) y cuál sería el mejor modo de representarlas. Pero creo que este es el camino que más lejos nos puede llevar.

martes, 20 de agosto de 2013

ARUNCY Alquileres: una manera inmoral de trabajar


Quiero hacer denuncia de algo que me molesta. Vivo de alquiler desde que me mudé a Sevilla, y los dos pisos en los que he vivido en Alcalá de Guadaíra los encontré a través de ARUNCY Alquileres, una agencia inmobiliaria que existe en esta ciudad. La primera vez por comodidad y la segunda por necesidad, porque el piso que quería sólo lo podía alquilar a través de ellos.

Pues mi queja es, precisamente, con esta agencia inmobiliaria. Esta agencia te pone en contacto con el piso que buscas y te redacta el contrato, todo listo para que firmes y entres a vivir. Muy bonito todo, ¿verdad? Pues no.

Primero, porque tratan al inquilino como un verdadero delincuente. No hay más que ver la publicidad con que se dan a conocer por la zona. En la publicidad (omnipresente publicidad, en un mes podría encontrarme cuatro o cinco folletos en el parabrisas de mi coche), ponen fotos de un piso destrozado para anunciar su “seguro contra impagos y desperfectos”. Porque todo el mundo sabe que los inquilinos somos unas personas malvadas y asquerosas que haremos todo lo posible para destrozar el piso en el que estamos viviendo, claro.

En esta línea de pensamiento, se entiende que su práctica sea exigir al inquilino un cierto nivel de ingresos (nada desdeñable) e imponerle condiciones claramente desfavorables en el contrato “tipo” que redactan, por ejemplo: el inquilino debe avisar con dos meses de antelación de que va a irse, de otro modo pierde la fianza. Sin embargo, el dueño puede decirle al inquilino que se vaya con una antelación de treinta días. Por supuesto, aquí todos los derechos son del dueño. El inquilino, que es el que tiene la necesidad de vivienda y el que está pagando por cubrirla, que se joda.

Y claro, todos pensaréis “bueno, son condiciones que se pueden negociar”… NO. En ARUNCY Alquileres, el inquilino no puede negociar las condiciones. Pedí que se me relajara esta condición de los dos meses y pusieron todo tipo de impedimentos, algunos tan peregrinos como que “es un contrato estándar”. ¿Y a mí qué me importa? Si lo hacéis por no trabajar… bastante me cobráis.

Aquí enlazo con el tema del dinero. Los honorarios de la ARUNCY Alquileres son una mensualidad completa por parte del inquilino y media mensualidad por parte del propietario. De nuevo vemos una preciosa desigualdad a favor de la persona que posee los medios y se lucra de la necesidad de quien necesita una vivienda.

¿Y todo esto es justo?

En mi opinión no. Muchos me vendréis con que los propietarios tienen que verse protegidos, porque el piso es suyo, blablablá. No puedo estar más en desacuerdo, pero no entraré en proclamas comunistas. Simplemente se generaliza en que el inquilino es peligroso y destructivo, pero según ellos los caseros no pueden serlo.

Los caseros son tan buenos, que el primero que encontré gracias a ARUNCY Alquileres no tenía dada de alta el agua, según me dijeron porque aún no había cédula de habitabilidad (no entiendo bien del tema), aunque había agua en casa. Me dijeron en la agencia que en unos meses me llegaría la primera factura. Dado que el casero no la había dado de alta en ningún momento, no llegó ninguna factura, simplemente llegó el día en que me la cortaron.

Del mismo modo, el propietario tenía la luz dada de alta, pero las facturas le llegaban a su casa. Jamás me envió ninguna. Resultado: unos meses después me cortaron la electricidad. Tuve que ir a darla de alta a mi nombre y pagar lo que se había consumido anteriormente. No sólo yo, sino también una factura de antes de entrar a vivir. Mi casero no quería saber nada de ese tema y si no la pagaba no tendría electricidad. La tuve que acabar pagando. 77 euros que mi casero jamás me devolvió.

Todo eso por no mencionar cuando, llevando tres meses en el piso, se rompió una tubería del bidé porque estaba en mal estado y resultó que el propietario no tenía seguro de hogar.

Señores, resumo y concluyo. Habrá inquilinos destructivos, no lo niego, pero ni lo son todos, ni todos los caseros son inocentes y diligentes. No se puede apretar al inquilino mientras el propietario no tiene ninguna responsabilidad. Y por eso, la manera de trabajar de ARUNCY Alquileres es MUY impresentable, vergonzosa y lamentable.

He tenido que recurrir a ellos por segunda vez porque tenía prisa y el piso que quería lo alquilaban ellos. Pero ha sido el dinero que más me ha dolido gastar en mi vida. Lamentablemente no parece que les vaya mal, pero lo merecen, y me alegraré si algún día veo que descuelgan el luminoso y no vuelven a abrir la reja.

viernes, 22 de marzo de 2013

De nuevo aquí... pero lejos de casa

Iba a escribir aquí ayer, el mismo día en que volvía de uno de mis últimamente frecuentes viajes a Valencia. Se me pasó y no lo hice, y lo que siento ahora es diferente a lo que sentía ayer.

Precisamente mientras volvía en el tren no me sentía triste. Me sentía extrañamente tranquilo. Mientras el tren salía de Valencia para dirigirse al oeste, tenía la sensación de aquel que sale de casa y sabe que volverá pronto, y no la sensación de volver de unos días de vacaciones, que es a lo que se supone que había ido.

Casi cuatro horas de viaje para bajar del tren en Sevilla, de nuevo en la capital de mi país. Un sitio que conozco bastante bien (no como un sevillano, pero bien de todos modos), donde llevo cinco años viviendo y donde no me resulta difícil saber cómo desplazarme, porque pocos rincones tiene que no me suenen al menos ligeramente. Un lugar donde al hablar no llamo la atención porque todos hablan (casi) como yo.

Y sin embargo, bajaba del tren con la sensación de llegar a una ciudad bonita, impresionante,... pero vacía.

Esta vez han sido cinco días y seis noches en Valencia, pero con suficientes experiencias como para haberme hecho sentir parte de ella.

Quizá por eso hoy me sienta increíblemente agotado en el trabajo, incluso cuando sólo llevo media jornada de hoy y me quedan dos jornadas maratonianas más, de diez horas cada una, por delante. Quizá por eso sienta que este ya no es mi sitio... y se me haga tan dura la espera.

miércoles, 2 de enero de 2013

En 2012... conclusiones

Llevo meses sin escribir... la desgana y la falta de concentración pasan factura. Sin embargo, no quiero dejar pasar la oportunidad de escribir el resumen del año. En 2012...
  • Dije adiós a una de las personas más importantes de mi vida, si no la que más; mi madre. Precisamente hoy, 1 de enero, hace un año, pero la llevo conmigo cada día.
  • Me cambié de empresa. Abandoné mi puesto de trabajo como indefinido para aventurarme en otra empresa donde me ofrecían más dinero y mejores condiciones. Meses después, me ofrecieron renovarme sólo por mes y medio.
  • No hice viajes de trabajo, pero por gusto sí que hice unos cuantos. Visité Barcelona en febrero (para carnavales), Malta en octubre, y volví a visitar a mi hermana en Valencia en octubre, coincidiendo con mis vacaciones del trabajo nuevo.
  • A raíz de este último viaje a Valencia, conocí a mi novio, que desde entonces me hace compañía y por el cual he visitado Valencia dos veces más, en noviembre y en diciembre.
  • Me compré un coche nuevo, un Seat Ibiza negro precioso, al cual ya le he hecho casi 20.000 km.
  • Fui de apoderado a unas elecciones, aunque me he despegado bastante del partido.
  • Me mudé dos veces... me fui a un piso compartido a Sevilla, en el cual sólo duré un mes, y luego me volví a Alcalá, pero a un piso diferente de aquel en que vivía.
  • "Reactivé" mi vida social, conocí a uno de mis mejores amigos, y establecí contacto con mucha más gente que me ha aportado bastante.
  • Entre los lugares nuevos que he pisado en 2012 se encuentran Valletta, Luqa, Wied il-Għajn, Paola, li-Mdina, Cospicua, Vittoriosa, Senglea, Zurrieq, Ħaż-Żabbar, Mislata, Manises, Port de Sagunt, Canet d'en Berenguer, Albaida, Atzeneta d'Albaida y Ontinyent.
  • Fui por primera vez a un fisioterapeuta.

martes, 31 de julio de 2012

El andaluz (2)

Bueno, lo prometido es deuda, así que aquí estoy de nuevo para explicar lo que pienso sobre el andaluz.

Ya expliqué que me molestaba bastante la actitud que se tiene acerca del andaluz, no sólo fuera de Andalucía, sino también dentro. Y todo esto no tiene más que un motivo: el desconocimiento, la ignorancia sobre nuestra lengua, sobre lo que hablamos.

Y digo nuestra lengua y digo bien, porque sencillamente, decir nuestra lengua no quiere decir nada de que sea una lengua exclusiva o no lo sea. Leí hace tiempo, en el prólogo de un libro de gramática castellana, que un cierto escritor, cuyo nombre no conozco, hablaba de que escribía en lengua cubana. Y lo hacía correctamente, porque al fin y al cabo, escribía en la lengua que hablan los cubanos. Querer imponer un nombre único para una lengua es un poco imperialista, ¿no creéis?

Si quiero decir que hablo andaluz estoy en mi derecho, porque lo que hablo es la lengua que aprendí donde me crié, en Andalucía. Por lo tanto, hablo andaluz.

¿Es la misma lengua que el castellano?

Mi respuesta es: sí y no.

Y he de decir bien claro, NO, porque todos los motivos que nos dan siempre para defender la unidad de la lengua, nuestra pertenencia a la lengua castellana, son en su mayoría falsos. Todo el mundo sabe que Andalucía no quedó despoblada después de la guerra santa castellana (conquista militar, llamadlo como queráis, lo de Reconquista es incorrecto). Existen escritos sobre este tema, y si se hubiera despoblado, no tendría sentido una expulsión de los moriscos en 1609. Entonces, una Andalucía llena de andalusíes (podemos llamarlos andaluces, ¿no?) y que se intentó repoblar con dudoso éxito (como reconocen los historiadores), no creo que haya cogido la lengua de los castellanos tan fácilmente. Al contrario, la lengua de aljamía (el mozárabe) se mantuvo muy viva. De este mozárabe desciende lo que hablamos hoy los andaluces, con ciertas influencias externas, claro.

Ahora, también he respondido que sí. Es un sí con reservas, sin embargo. Sí, porque los más de cinco siglos de ocupación y aculturación castellana en Andalucía han hecho que ambas variedades hayan convergido, se hayan acercado en lugar de alejarse. El castellano ha aprendido palabras andaluzas, y el andaluz ha cogido muchas palabras castellanas. El sí es con reservas, porque mientras que nosotros entendemos y aceptamos los usos localistas castellanos, las estructuras y particularidades gramaticales que son exclusivas de allí (como el leísmo), ellos no hacen lo mismo con las nuestras. La normativización y normalización del tan celebrado castellano (ahora rebautizado a español para gloria del nacionalismo rojo y amarillo) se han hecho completamente de espaldas al andaluz, ignorándolo y minorizándolo. Diciéndonos que hablamos mal, que sólo hablamos ‘un dialecto’, y que somos unos incultos por utilizar estas estructuras gramaticales que, por un motivo u otro, no han llegado a cuajar en Castilla o no han querido aprender los castellanos.

Hablamos ‘un dialecto’, sí… ‘un dialecto’ que los castellanos olvidan que fue el habla de prestigio en el siglo XVI. En esa época, hablar castellano era de campesinos; la gente importante, con dinero, hablaba andaluz. Y sólo hace falta mirar a América para ver una demostración. La primera colonización americana se hizo en andaluz. Cuando el castellano pasó a ser el dialecto de prestigio, este cambio sólo afectó a los lugares más en contacto con Castilla: las capitales de los virreinatos, los alrededores de la Ciudad de Méjico y de Lima, principalmente, que son los lugares que más ‘castellano’ hablan. Los lugares más alejados, con menos contacto, hablan aún hoy una lengua que más podríamos llamar ‘andaluza’ que ‘castellana’… lo podemos oír en Santiago, en Buenos Aires, en Sucre, en Cartagena de Indias…

Y respondido eso, paso al segundo tema que mencioné en mi anterior artículo, ¿creo que el andaluz debería escribirse con la ortografía castellana, o necesitamos una nueva?

No vería ningún problema en escribir el andaluz con la ortografía castellana… si no nos estuvieran siempre negando nuestras características. Si la ortografía tuviera más en cuenta nuestras particularidades gramaticales y no sólo las castellanas, no habría problema en seguirla. Por ejemplo, si nos dejaran enseñar a nuestros niños que las s finales no se pronuncian, que s y c/z suenan exactamente igual, que la h no siempre es muda, que la d entre vocales es correcto enmudecerla… nuestra lengua (la andaluza) se parece lingüísticamente mucho al francés en su evolución, y tomando esta medida, la correspondencia ortografía-pronunciación sería como la del francés: una escritura fácil de descodificar, aunque difícil de codificar.

¿Valdría la pena? Se puede debatir mucho tiempo sobre este tema. Tiene ventajas e inconvenientes. Como ventajas, veo el acceso al gran catálogo de literatura ya existente en castellano y la que se pueda escribir en un futuro; del mismo modo, no habría que volver a reescribir (traducir) las obras castellanas y andaluzas escritas hasta este momento. Desventajas… lo que ya he dicho, que la ortografía y la pronunciación no tendrían una equivalencia fonética, y eso haría más difícil escribir correctamente. Sin embargo, eso ya ocurre. Los niños andaluces tienen una dificultad mayor que los castellanos para escribir, por la falta de equivalencia fonética. Lo que cambiaría sería que al menos no los veríamos vacilar respecto a cómo hablar.

Lo que sucede hoy en día no es eso, no obstante. Los andaluces seguimos en esta situación en la que nuestra lengua no se respeta y se nos sigue ridiculizando. Y esta situación nos mueve a querer definir nuestra lengua de manera independiente a la castellana. Si ellos no nos aceptan como somos, tendremos que hacer nuestro camino. Y eso quiere decir una nueva ortografía, propia nuestra, sin tener que consensuar nada con quien no nos ha querido reconocer.

Me alegro de que la Sociedad para el Estudio del Andaluz esté trabajando tanto en este tema… quizá en veinte años tengamos nuestra lengua bien normativizada y estandarizada, como para luchar por un reconocimiento completo.

jueves, 26 de julio de 2012

El andaluz (1)

Como andaluz interesado por mi país y como aficionado a los idiomas, una de mis pasiones es el estudio del andaluz, entendido andaluz como lo que hablamos los andaluces. No me corto en llamarlo lengua andaluza, porque lo es. Lo que hablamos los andaluces tiene que ser una lengua, ¿no? Todo el mundo habla alguna lengua. Que sea o no sea la misma que el castellano, ya eso da para discutir mucho.

Y estos días me ha dado por leer más sobre nuestra lengua, aunque no haya mucho escrito sobre ella. Los estudios que se han hecho del andaluz son pocos, superficiales y llenos de tópicos y errores. Errores causados casi siempre por el mismo motivo: la falta de referente interior para nuestra lengua. Parece que todo lo hiciéramos mirando a Castilla, reflejándonos en cómo lo hacen en Castilla. Y eso, en el tema lingüístico, es un gran fallo. 

No nos hace falta mirar cómo hablan en Castilla para definir cómo hablamos nosotros; si esto o aquello lo decimos igual o diferente que ellos. Primero, porque nosotros ya hablábamos una lengua latina cuando en Castilla todavía hablaban íbero o celtíbero. Tendremos más razones que ellos para organizar nuestra lengua latina independientemente, digo yo. Y segundo, porque es un derecho de los hablantes de todas las lenguas; cualquier lengua puede describirse a sí misma sin necesitar guiarse por otra. 

Como bien dice el señor Moreno Cabrera, catedrático de lingüística en la UAM, es una equivocación pensar en las lenguas habladas como si fueran variedades de las escritas. Más bien funciona al revés: la lengua escrita es una adaptación a la escritura de una determinada variedad de la lengua hablada. Y si pensáis en eso, es natural: la lengua hablada nunca ha dejado de evolucionar; la escrita se ha codificado en un momento del pasado y hace falta ir actualizándola. La lengua hablada está viva, la escrita está fija. Y por este motivo, la escritura siempre irá por detrás del habla.

Es una lástima que tanta gente andaluza se haya creído lo que nos han hecho creer desde Castilla. La gente se ha ido creyendo que nosotros hablamos mal, o de manera diferente por lo menos, el castellano original, es decir, el escrito. No tiene sentido. Si recordáis cuando erais pequeños y aprendisteis a hablar lo entenderéis, no hemos aprendido a hablar con un libro. No nos han puesto la frase escrita por delante y hemos empezado a pronunciarla ‘a nuestra manera’. Hemos aprendido a hablar de nuestros padres, abuelos y vecinos. Ellos hablaban así porque así lo aprendieron de sus padres, abuelos y vecinos, y sucesivamente. La lengua escrita, como mucho, puede ser un modelo al que –quien quiera- puede acercarse, pero nunca un modelo original del que nos hemos alejado. 

Volviendo a lo que quería comentar, estoy leyendo mucho sobre el andaluz –bueno, mucho relativamente a lo que hay escrito y disponible online, que no es mucho-. Me parece que tenemos una lengua muy interesante, incluso fascinante, de la que todavía se ha estudiado muy poco. No he visto aún, por ejemplo, a ningún autor comentar que tenemos la costumbre de pronunciar las –n finales de palabra con un punto de articulación velar. No he visto tampoco que ningún autor hable del parecido con el francés por la desaparición de los morfemas de número en andaluz occidental (en el oriental se da un fenómeno genial de modificación vocálica), o por la nivelación de las formas verbales de las tres primeras personas, que empieza a hacer necesaria la utilización del pronombre en sitios como Cádiz.

Me ha gustado mucho saber que la Sociedad para el Estudio del Andaluz (ZEA) sigue funcionando y haciendo las jornadas bieniales sobre el andaluz. He leído textos de los principales impulsores de esta Sociedad y me gusta que hagan un trabajo tan minucioso y riguroso. Ya seguiré leyendo y viendo qué cosas nuevas descubro de mi lengua.

Y acordaos, no os avergoncéis nunca de lo que habláis. Todas las lenguas y variedades lingüísticas son interesantes y singulares… por muy vulgares que os quieran decir que son.

En la siguiente entrada hablaré de si creo que el andaluz se debería escribir con la escritura castellana, y si creo que son la misma lengua. Bueno, eso si no cambio de opinión de aquí a que la escriba, jajaja.

sábado, 5 de mayo de 2012

Reflexión aleatoria

Uno de los mayores errores de esta vida es esperar demasiado de los demás. Es una importante fuente de decepción y fracaso.

Y amueblar castillos cuando aún están en el aire.

Algún día aprenderé, lo juro.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cambio de ciclo

Bueno chicos, hace mucho, mucho que no escribo nada por aquí, así que voy a actualizaros así rápidamente.

Y sobre todo porque hay dos actualizaciones importantes, aunque los que me sigáis en Facebook estaréis bastante informados.

¡La primera de las dos es que tengo coche nuevo! Después de un desafortunado incidente con mi Kia Picanto, decidí que era hora de cambiar de coche. Y tras estudiar diversas posibilidades (Renault Clio, Peugeot 207, Toyota Yaris, Volkswagen Polo) decidí irme al coche que había sido mi favorito desde que aprendí a conducir. Así que desde el 15 de marzo soy feliz propietario de un Seat Ibiza negro, precioso. Que, además, consume poquísimo.

Y la segunda es que el próximo día 23 de mayo abandono MP Aeronáutica. La primera empresa en la que he trabajado y en la que ya era indefinido, pero cuyas condiciones laborales y el pésimo trato al empleado han hecho que valore más cambiar de empresa que seguir con la "estabilidad" que me ofrecían. En ella he conocido a gente muy, muy valiosa, y no sólo como trabajadores sino también como personas. No voy a echar de menos a la empresa, ni la manera en que racanean los pluses en la nómina, ni la manera en que obligan a la gente a trabajar horas extras sin pagárselas, o a hacer viajes pagando dietas por debajo de convenio, pero sí echaré de menos a los que han sido mis compañeros, y espero que les vaya muy bien a todos.

Son dos importantes cambios que han venido muy seguidos, y que tienen muchas cosas en común. Compré el Kia en 2008, empecé en MP también en 2008. ¿Habrá algo más que haya empezado en 2008 que vaya a cambiar este año?

martes, 14 de febrero de 2012

En 2012...

Bueno, este post se me ha retrasado un mes y medio, por desagradables acontecimientos que ocurrieron cuando debí haberlo escrito. Y la verdad es que no tengo muchas ganas de ponerme a pensar qué me gustará haber hecho dentro de 11 meses. Pero creo que debo hacerlo, por cumplir con la costumbre, y porque así me marco una hoja de ruta.

- volveré a visitar Barcelona y por fin haré un viaje a algún lugar de fuera del Estado. Ya tengo un par de cosas en mente, pero a ver si soy capaz de cumplirlas.
- daré un cambio radical a mi vida laboral.
- esto ya lo dije el año pasado, pero... mejoraré en mi forma física de un modo bastante más comprometido que el año pasado.
- intentaré llevar adelante los compromisos políticos sin volverme loco.
- ampliaré mi círculo de amistades en Sevilla.

Bah, no pidáis más, tampoco tengo muchas más ganas de pensar. Sólo miraré adelante y a ver qué me encuentro. Bastante tengo con esta sensación de no saber por dónde voy.

viernes, 6 de enero de 2012

En 2011... conclusiones

Paso de responder a las intenciones que tenía a principio de año, y simplemente haré un recopilatorio de experiencias...
  • Podría afirmar que ha sido el año en que he aprendido a controlar mi comida, a saber qué debo comer y a dedicarle algo de tiempo a cocinarlo, sin que me aburra.
  • Hice más turnos de noche que hasta ahora. De hecho he sido el único de mi trabajo que ha hecho turno de noche en Toulouse.
  • Viajé dos veces, por trabajo, a Toulouse.
  • Visité, por fin, a mi hermana en Valencia. Pasé allí cinco días de mis vacaciones (técnicamente ya era otoño). 
  • Visité a mis amigos en Barcelona en marzo, y en Granada en octubre.
  • En total, cogí diez aviones y dos AVEs.
  • Entre los lugares nuevos que he conocido este año, están Ròc Amador, Valencia, Alboraia y Granada.
  • Asistí a una boda como invitado.
  • Estuve en dos elecciones como apoderado.
  • En una de ellas, fui candidato independiente y participé activamente en la campaña.
  • Acabé afiliándome al partido.
  • Me compré un teléfono nuevo, un Android. Fue mi primera compra en Amazon.
  • Consolidé mi afición a la musculación y alcancé un nivel físico bastante aceptable. De hecho, me cambié de gimnasio en septiembre a uno más preparado.
  • Empecé a cortarme el pelo yo mismo.