Ayer fui al gimnasio y, después de empezar los ejercicios de la rutina que me tocaban, noté que la espalda estaba a punto de lesionárseme así que preferí no forzarla, y dejé el primer ejercicio a la mitad. Me fui a la elíptica a hacer media hora y, por suerte, me había llevado el lector electrónico.
Mi primer lector electrónico me lo regaló Fede, mi ex, para el día que cumplí 29 años, en 2013. Era un Kindle de 4ª generación, no era táctil, tenía unos botones en el inferior y los laterales que servían para desplazarse por la pantalla.
(No sé por qué hablo en pasado, si aún lo tengo. De hecho, lo tengo encima de la mesita de noche aunque ya no lo use.)
Hacía tiempo que quería un lector electrónico, pero no me había atrevido a comprarlo. Me parecía un gasto innecesario y frívolo y no me permitía a mí mismo ese tipo de gastos. Por eso, agradecí mucho que me lo regalara Fede, además con una funda de cuero negro muy chula.
La cuestión es que, desde que tuve ese lector electrónico, me pasó lo que me habían dicho algunos compañeros y amigos que les había pasado a ellos: empecé a leer mucho más.
Y es que me gusta mucho más leer en electrónico. Tiene diversas ventajas que, para mí, han sido clave para que lea en electrónico y lo haga más que en papel.
El mayor factor es la comodidad. Sujetar el lector electrónico es mucho más sencillo que sujetar el libro en papel, sobre todo si es de una cierta extensión (un libro gordo). Además, en este tipo de libros, para leer bien las páginas centrales tienes que abrirlos bastante, lo cual acaba dañando el lomo. Esto es lo normal del uso, pero no deja de darme pena. Además, no tienes que preocuparte de marcar la página con un marcapáginas u otros métodos.
Otro aspecto cómodo del libro electrónico, pero que para mí no tiene mucha importancia, es que puedes ajustar la letra al tamaño que necesites (yo, por ahora, aún leo bien los tamaños pequeños, pero esto no durará mucho). También hay gente que valora que en el libro electrónico, si lees en público, no se ve qué estás leyendo, aunque las opiniones están bastante divididas en este aspecto (hay gente a la que le gusta que se vea lo que leen).
Otro factor de comodidad es que en el mismo dispositivo puedes llevar varios libros. Ya no tienes que elegir qué libro llevarte para leer en un viaje o trayecto, puedes llevar varios y cambiar si te aburres o si quieres ir alternando.
Y lo de no tener una biblioteca gigante de libros en papel que alguna vez leíste es algo que agradeces cuando tienes que hacer una mudanza.
Además, está el factor coste: los libros electrónicos nuevos son más baratos que en papel, y los clásicos (cuyos derechos ya han prescrito) son gratuitos.
| Ayer, leyendo a la salida del gimnasio. La tinta electrónica se ve perfectamente en un día soleado, no necesitas subir el brillo como le pasa al móvil. |
Después están factores menores como el poder hacer una búsqueda en el texto. Es muy útil cuando un libro tiene muchos personajes y no eres capaz de recordarlos todos por su nombre.
En fin, por todo esto, apenas leo en papel. Aún tengo y de vez en cuando compro libros en papel, pero solo cuando son referencias (diccionarios, gramáticas) o libros de texto. Estos libros que no se leen de una vez de principio a final es más cómodo tenerlos en papel.
Hoy en día ya no uso aquel primer lector electrónico, que aún tengo: la batería le duraba cada vez menos y los botones empezaban a fallarle. El que uso ahora es otro Kindle que me regaló Pau por reyes en 2024, aunque estoy mirando de cambiarme el lector para no usar uno de Amazon, que tiene muchas limitaciones.
Entiendo y no critico a aquellos cuyo argumento para rechazar leer en electrónico es que les encanta el olor o el tacto del papel. No lo comparto, pero no seré yo el que lo critique, cada uno elige qué factores le pesan más.
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