miércoles, 31 de diciembre de 2025

En 2025...

2025 se acaba, otro año más que nos echamos a la espalda (y literalmente, porque ayer mismo me lesioné el lumbar en el gimnasio, debe de ser de cargar con tantos años, jajaja).

En 2025...

  • En el plano laboral no ha habido muchos cambios. Sigo en la misma empresa, pero el proyecto en el que trabajaba se acabó en mayo. Para junio me metieron en otro, luego en verano no sabían dónde meterme y me dieron dos trabajos seguidos que no sabía hacer, así que me desesperé mucho. Para octubre me asignaron un nuevo proyecto que, más o menos, entra dentro de lo que sé hacer y de mis habilidades adquiridas en la empresa. En cuanto a la sociabilidad dentro de la empresa, sigo siendo un apestado, y no tengo claro que eso vaya a cambiar.
  • Cuando me dan cosas que no sé hacer y no me ofrecen la formación necesaria, me desespero y entro en una espiral destructiva, así que ese verano me informé sobre hacer oposiciones. Al final descarté esa idea, aunque tengo el temario, pero ahora mismo no contemplo seguir ese camino.
  • Respecto al plano académico, os conté que me apunté a un curso de euskera. No continué con el curso, así que fue un pequeño fracaso personal. Echo la culpa al material que nos dieron: el libro que seguíamos era lo bastante malo como para no poder estudiarlo por mi cuenta.
  • Peeero no todo van a ser malas noticias. Como os comenté, en enero tuve mi examen de B2 de serbio. Lo aprobé con buena nota, así que ya tengo mi titulito que acredita que sé hablar y escribir. Sinceramente, creo que mi nivel no es tan bueno para un B2 (es como un First Certificate en inglés), pero ¿quién soy yo para llevarles la contraria?
  • Por otro lado, no he dejado de estudiar serbio (de hecho es mi principal actividad de ocio), pero digamos que no he seguido con la misma velocidad que llevaba los dos años anteriores. Ha sido mi tercer año aprendiendo y no creo que haya aprendido tanto. Lo único que creo que ha mejorado bastante es mi comprensión auditiva, aunque estoy muy lejos de poder entender conversaciones espontáneas con nativos.
  • En cuanto a amistades, he visto a Eloy y a Cristòfol una vez, he quedado regularmente con Antonio y Carles, y he visto un par de veces a Dani. Hemos conseguido volver a celebrar las cenas kink con Bernat y Cris. También quedé con Carlos y su marido Mario un finde que vinieron a Barcelona. Y por primera vez en tres años, volví a ver a Germán.
  • Perdí el contacto con Fede porque su relación con un novio celoso lo llevó a borrar de su vida a la mayoría de sus amistades masculinas. Habría tanto que decir sobre esto, y a la vez no puedo decir nada. I've been there.
  • De viajes no me puedo quejar: hemos ido a Belgrado en enero (con un paso fugaz por Viena) y a Berlín en agosto. Sobre viajes familiares, hemos ido dos veces a Barakaldo (junio y octubre) y tres a la Isla (marzo para carnavales, julio para Feria, y noviembre).
  • Sigo sin coche, y sigo con la misma moto, pero me cansa un poco que le cueste tanto arrancar cuando paso una semana sin usarla, así que me planteo venderla para comprarme otra. No tengo ni idea de cuál, pero es una idea que me ronda. Ya veré.
  • En cuanto a mi pelea con mi imagen, no he mejorado, no he adelgazado, pero por suerte tampoco he ido a peor, así que tampoco está tan mal. Sin embargo, he tenido otros problemas de salud, como un episodio importante de ardores y dolor estomacal que comenzó en agosto y a día de hoy aún dura. 

jueves, 4 de diciembre de 2025

Triste día como eurofán

Si me conocéis, sabéis que soy eurofán. He sido eurofán desde chico. Con 10 años, en 1995, seguí por primera vez el festival. Me encantaron el espectáculo, las canciones, los votos, todo.

Cada año me emocionaba cuando llegaba mayo, porque sabía que iba a descubrir veinte o más canciones, nuevas de las cuales algunas me gustarían mucho. Cuando tuve internet, mi pasión creció, porque podía descubrir las canciones antes del festival y comunicarme con otros eurofans. En internet construimos una comunidad.

Eurovisión se convirtió en mi afición principal hace treinta años. Escucho canciones eurovisivas durante todo el año, no solo antes del festival. Algunas de mis canciones favoritas las conocí en este concurso. Y no puedo olvidar que este festival es el que me abrió la puerta a nuevos idiomas, especialmente al serbocroata.

Por este motivo, para mí hoy es un día triste. No estoy contento con todo lo que ha estado ocurriendo últimamente acerca de Eurovisión, en absoluto. Creo que es una vergüenza mayúscula que Israel haya participado estos dos últimos años, mientras asesinaba a miles de palestinos. Hoy se ha celebrado una votación en la UER para decidir si Israel puede seguir participando. Resulta que a la mayoría de las radiotelevisiones ya les está bien que Israel participe mientras continúa su genocidio en Gaza.

Al menos estoy contento de que las televisiones de España, Eslovenia, Países Bajos e Irlanda hayan decidido retirarse. Es la única decisión acertada y la apoyo.

A las dos últimas ediciones apenas les hice caso, pero el próximo festival no voy a seguirlo. No tengo ni ganas ni la capacidad moral para hacerlo.

viernes, 31 de octubre de 2025

¿Tú no estabas enfadado conmigo?

Tengo una relación un poco tormentosa con los enfados. Concretamente, con el hecho de que la gente se enfade conmigo.

No es que piense que lo hago todo bien, me equivoco y no me cuesta reconocerlo. No tiene nada que ver con eso, es algo que tiene más que ver con la gestión de las emociones.

En el transcurso de mi vida, una de las cosas que he aprendido es que enfadarse es un malgasto de tiempo, de energía, de emociones. Que cuando aprecias a alguien, es mucho más constructivo sentarte y decirle: mira, no me ha gustado esto, me ha hecho sentirme mal. Por eso, es raro que me veas enfadado. Puedo estar molesto, por supuesto, pero enfadarme es algo que hago un par de veces al año, quizá, y me voy por lo largo.

(Es de lo poco positivo que me llevo de la relación con mi último ex. Ejercité y desarrollé la paciencia de una manera sobrehumana.)

Sin embargo, me cuesta entender (mejor dicho: no acepto) que la gente se deje llevar por la irracionalidad y, cuando tiene un desacuerdo conmigo, se enfade, en lugar de decírmelo de manera constructiva.

Sé que todos tenemos una parte irracional y que no debo juzgar a la gente por tenerla. Pero sí creo que se puede elegir hacerle caso o no. Por eso, si hablamos lo suficiente, me oirás decir que enfadarse es una decisión.

Así que cuando alguien se enfada conmigo, me enfado yo, porque me siento castigado e injustamente tratado. Porque esa persona ha decidido castigarme. Y esto hace que cuando alguien se enfada conmigo, quiera echarlo de mi vida. Es mi parte irracional, a la que me esfuerzo por no hacer caso.

Quizá es un reflejo de haberme tenido que enfrentar a muchas cosas solo. Es duro perder a gente a la que quieres, pero es más duro sentirse castigado injustamente. Ya estoy mayor para eso.

También hago el ejercicio de pensar que la gente reacciona irracionalmente a veces, y hago el esfuerzo de no separarme de esa persona, si sé que me aprecia y yo también la aprecio. Pero también es un poco molesto tener que racionalizar yo el comportamiento que es el resultado de que la otra persona no haya querido racionalizar.

De ahí viene una frase con la que he crecido, que decía mi madre, decían y dicen mis hermanas, y que es tan expresiva como, a veces (solo a veces), injusta.

¿Tú no estabas enfadado conmigo?

Es una frase que a la vez expresa tristeza, enfado, pero sobre todo despecho, y a la vez fuerza a la otra persona a hacerse cargo de sus emociones. Impide que haga como si nada hubiera pasado.

Me gustaría ser más constructivo yo también y no tener que recurrir a expresar mi despecho de esa manera. Quizá incluso sería mejor no sentir ese despecho. Pero bueno, cuando me tratan de manera irracional, comportarme de manera un poco irracional es una licencia que me permito.

martes, 30 de septiembre de 2025

Divulgando a los divulgados

Se me ocurrió el otro día, como parte de mi práctica de serbocroata, intentar traducir al serbocroata mi libro. En principio sería un ejercicio para mí mismo, para practicar, pero siempre está la posibilidad de publicarlo, como hice con la traducción al inglés (después de contratar a una correctora, porque mi inglés claramente no es tan bueno).

El lado bueno es todo lo que aprendería, de serbocroata y de terminología política-económica relacionada con el comunismo.

Sin embargo, la posibilidad de publicarlo me provoca un dilema moral enorme. ¿Con qué cara voy yo a divulgar comunismo a un público (el de habla serbocroata) que ya vivió un sistema socialista?

Y podríamos entrar en un debate enorme y estéril sobre el socialismo, sobre el socialismo en Yugoslavia, y desembocaría en los motivos por los que Yugoslavia desapareció.

Sabiendo que en Yugoslavia vivieron cuarenta años de socialismo, ¿no deberían tener ya suficientes libros de divulgación sobre el socialismo? (No he podido encontrar ninguno que sea realmente divulgativo, pero deben de existir). ¿Qué iba a aportar mi texto que no hayan hecho ya otros autores socialistas?

Así las cosas, por lo pronto iré haciendo la traducción para mí, mientras trato de tomar una decisión respecto a la publicación, con la posibilidad de que se me olvide el tema antes de acabar incluso de traducirlo.

sábado, 13 de septiembre de 2025

Pensamiento rápido

No es que no quiera ponerme a estudiar (para algo que ya os contaré), pero...

Por un lado, lo que tengo que estudiar es increíblemente aburrido. Me gustaría ponerme a estudiar algo que me guste, que disfrute. Por ejemplo, ahora que he vuelto de Berlín, me han entrado ganas de mejorar mi alemán. O podría aprender algo más de ruso, o de algún otro idioma, yo qué sé.

Por otro lado, ahora estoy pensando que esta es la única manera de volver a vivir donde quiero vivir. Eso significa que debería estudiar. Ahora debería estar estudiando, y no escribiendo aquí mis pensamientos.

Qué le voy a hacer. Supongo que apagaré el ordenador.

lunes, 18 de agosto de 2025

La alienación de la publicidad

Pensaba ahora en un anuncio de El Corte Inglés sobre la vuelta al cole que echaban cuando yo era chico, que tenía una canción que decía: volver a empezar otra vez, volver a estrenar zapatos y libros...

Y entonces he pensado que qué es eso de estrenar zapatos y libros, cuando yo iba con los zapatos que ya tenía y los libros eran muy a menudo heredados de mis hermanas o de algún vecino o conocido que ya no los necesitaba.

Entonces me he puesto a pensar en la alienación que he sentido siempre hacia muchísimos anuncios de la tele por diferentes motivos.

Esta alienación tenía varios planos. En primer lugar, una alienación de clase. Los anuncios están dirigidos, lógicamente, a gente que puede pagar sus productos. En mi casa siempre hemos sido pobres. Vivíamos del salario de mi padre y éramos 7 en casa, y aunque no pasábamos necesidad, jamás tuvimos para ningún lujo. A partir de 1993 y de la separación de mis padres, vivíamos 6 de la pensión que mi padre nos pasaba (en esa época mis hermanas mayores se tuvieron que buscar algún trabajo para aportar algo más en casa). A mediados de los 90 casi todo el mundo tenía coche, pero no era nuestro caso. Ni siquiera teníamos algo tan mundano como un vídeo.

La segunda alienación era geográfica. Los anuncios se hacen desde Madrid para gente de Madrid, están rodados en Madrid, y se refieren a sitios de Madrid. La gente de los anuncios habla como en Madrid. Y lo que ya sabemos que ha pasado siempre y sigue pasando, cuando sale alguien con otro acento es para caricaturizarlo. La única gente que hablaba como yo en la televisión (en muchos casos de manera falsa) era la que se pretendía que hiciera gracia (y casi nunca la tenía).

Y la tercera vino más tarde, a partir de darme cuenta de quién era. La tercera alineación es la heteronormativa. Los anuncios (hoy en día no son todos, pero sí la mayoría) se dirigen a heterosexuales. Los anuncios más serios, a parejas heterosexuales con hijos (en mi casa ya no éramos una familia tradicional, así que tampoco nos podíamos identificar). Los anuncios más juveniles, a jóvenes heteronormativos: chicos heteros con intereses heteros, y chicas heteros con sus intereses heteros. Ningún anuncio mostraba a gente como yo.

Supongo que estos tres factores han hecho que muy pocas veces me interese algún producto por haber visto su anuncio.

domingo, 20 de julio de 2025

Recuerdos y remordimientos

Ayer volvimos de las vacaciones. Siete días que hemos pasado visitando a mi familia en Cádiz.

Esto en sí no es nada tan reseñable, si tenemos en cuenta que vamos entre dos y tres veces al año a pasar unos días allí.

Sin embargo, esta vez me ha golpeado de una manera diferente. Estas vacaciones han sido diferentes. Tengo la impresión de que he sentido más la vida que no estoy viviendo.

Por un lado, el hecho de haber tenido que volar a Sevilla y no a Jerez me ha hecho visitar la ciudad el día que llegaba y el que me iba. Y hablo poco del tema, pero Sevilla sigue siendo la ciudad en la que más soy yo, en la que más he sido yo, y a la que me encantaría volver. Soy gaditano porque nací y me crié allí, pero soy sevillano porque pasé allí trece años y porque me hice un adulto en Sevilla.

Y porque demasiado a menudo pienso que jamás debí irme de allí, que debí seguir buscando trabajo allí.

Por el otro lado, el tiempo que hemos estado en Cádiz hemos hecho más cosas de las que hacía cuando vivía allí. He visitado la escuela de idiomas, aunque solo fuera para reclamar un título (que al final no me han entregado, ha sido una historia para no dormir que ya os contaré). Hemos ido a la playa de Camposoto, que es mi favorita y a la que el año pasado no fuimos porque no estaba en buenas condiciones. Hemos ido a la Feria de la Isla, después de tantos años sin haberla visitado; sin ser yo un feriante acérrimo, me gusta ir, dar una vuelta, comer allí...

Y sobre todo he pasado tiempo con mi familia: con mis hermanas y con mi sobrina y sobrino.

Uno de mis grandes traumas es el tempus fugit. Es darme cuenta de que el tiempo se va y no vuelve, de que nunca seremos más jóvenes de lo que somos ahora.

Y a mí me está pesando mucho no haber pasado más tiempo con mis sobrinos cuando vivía en Sevilla, y no poder hacerlo ahora que vivo en Barcelona. Por eso tengo que aprovechar el tiempo cuando estoy con mi familia.

También me está haciendo pensar mucho en qué estoy haciendo con mi vida, por qué estoy en Barcelona, por qué tomé las decisiones que me llevaron a estar aquí y si no hubiera sido mejor tomar otras.

Por todo esto, el día de hoy está siendo duro, muy duro. Supongo que ya pasará.