jueves, 2 de noviembre de 2017

Nada arriesgas, nada ganas

Hubo una época en la que usaba mucho esta frase, la había oído en una canción de Natalie Imbruglia y me había parecido una buena actitud ante la vida.

No voy a decir que esta sea mi filosofía ante la vida; sería mentira porque soy un cobarde en demasiadas cosas, y es algo que con la edad se me va acentuando.

Habéis seguido mis más y mis menos con los hombres desde que me quedé soltero hace un año y poco. Y ya veis, golpe tras golpe, porque parece que no aprendo.

Aquí quiero enlazar con lo que mis amigos siempre me dicen. ¿No te cansas de pasarlo mal? ¿Por qué te empeñas en algo que no tiene futuro?

Y ahí digo yo, ¿cuál es la alternativa? ¿No hacer nada? ¿Dejar que la vida pase y que todos los días sean iguales?

He pasado por épocas así y han sido de las peores de mi vida, de las más desmotivantes. Acabas preguntándote qué interés tiene la vida.

Yo elijo sentir, elijo luchar, elijo involucrarme. Sí, elijo sufrir, si se quiere ver así, pero porque sé que solo arriesgando puedo llevarme una ilusión que me haga levantarme cada mañana.

No critico las elecciones de vida de los demás, porque creo que cada uno debe encontrar su propio camino. Pero si eligiera no sentir, me sentiría como los últimos hombres de Nietzsche. Eso no es para mí.

Así que he venido a concursar, a jugar, a intentarlo todo con quien me da ganas de vivir. Y si no sale bien, lo pasaré mal, pero todo se supera. Y si sale bien, eso que me llevo, ¿no?

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