domingo, 19 de marzo de 2017

Día del padre

Anoche vi que ya era 19 de marzo y que todo el mundo empezaba a hablar del día del padre y a felicitar, así que hice un par de tuits relacionados con este tema. Pero claro, Twitter no es el lugar para explayarse.

Por ser constructivo, puse un par de tuits recopilando lo bueno que he sacado de mi padre, aunque sean detalles banales. Un pequeño esfuerzo por ser constructivo.

Normalmente me centro en el físico. ¿Por qué? Porque es la herencia que tengo, la genética. Siempre me he parecido mucho a él en la imagen, quien conoce a mi padre me ve en la cara que soy su hijo (he llegado a oír por la calle «mira, el hijo de Antonio», de gente que yo no conocía), y también me ha dejado la barba pelirroja o unas piernas desproporcionadamente grandes (que me gusta tener, pero que luego me causan sufrimiento al comprarme ropa).

Luego hay otras cuestiones que también he sacado de él, como el humor, el ser una persona curiosa e inquieta, o lo más importante, la lucha obrera. Mi padre era delegado de personal en su empresa, igual que yo lo soy hoy. Crecí entre pegatinas y banderines de UGT y eso al final deja huella. (Por favor, no entremos a analizar el nombre del sindicato, no voy a defender muchas de las cosas que ha hecho UGT, pero eso es tema para otro día.)

Como decía, cuando hablo de mi padre me centro en el físico porque poco más puedo sacar de él. Este señor abandonó a mi familia cuando yo tenía 8 años. Hoy puedo entender que el amor se rompa y que las cosas no sean para siempre, pero no puedo perdonar que las cosas se hagan mal a propósito (algo que me enseñó él: una de sus frases era «las cosas o se hacen bien o no se hacen»). Y él lo hizo de la peor manera, de la menos honesta, y de la que más daño nos pudo causar a todos.

Poco contacto tuve con él posteriormente. Un régimen de visitas semanal que se saltaba cuando decía que tenía que trabajar (y que no duró más de cuatro años), la ocasión en que dejó de pasarnos la pensión compensatoria, y cuando nos demandó para que se la devolviéramos diciendo que habíamos cometido fraude. La sensación de ser demandado por tu padre es preciosa, os la recomiendo a todos.

¿Qué me queda, pues? Las consecuencias de todo esto. Las noto en mi vida emocional, básicamente. No es exactamente que creciera sin padre (que sería otra historia), sino que crecí habiéndolo perdido. Eso ha provocado que, por un lado, no soporte el paternalismo de nadie (reacciono de una manera agresiva en cuanto sospecho algún atisbo de paternalismo) y, por otro, sea muy exigente y desconfiado. Con la gente en general y con los hombres (parejas o proyectos) en particular. Ya mi hermana me dijo una vez que yo vivo las relaciones con un pie fuera de ellas, y no se equivocaba... cuando creces viendo a tu madre sufrir de esa manera, acabas por saber desde bien pronto que el amor, o al menos lo que entendemos por amor, es una mentira.

Por todo esto no hablo con mi padre ni quiero hacerlo, a pesar de los juicios de todos esos hipócritas idealistas que me sueltan que tengo que quererlo porque es mi familia. No lo quiero porque no es mi familia, no ha querido serlo, no se ha comportado como tal. Trato a cada uno como se merece.

Así que esto es lo que significa para mí el día del padre. Que, a pesar de todo, no lamento nada, me gusta ser quien soy, no estoy a disgusto con mi vida, y gracias a mi madre y a mis hermanas he llegado a ser el tío que soy hoy, un hombre coherente, honesto, austero y con principios.

¿Habría crecido mejor si mi padre hubiera estado ahí? Puede que sí, pero nunca llegaremos a saberlo, también podría ser que no. ¿He necesitado a mi padre? En ciertos momentos sí, pero desde una visión global, no.

Por eso yo el 19 de marzo, cuando todo el mundo felicita a su padre, yo felicito a todos mis amigos que no han tenido padre. A la vista está que no lo han necesitado.

Pasad buen día del padre.

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