lunes, 21 de noviembre de 2016

Reflexión personal sobre Un monstruo viene a verme

El pasado fin de semana vi la película Un monstruo viene a verme. Ya la había visto, pero un amigo la quería ver así que lo acompañé al cine.

He de decir que esta segunda vez lloré más que la primera, no puedo adivinar por qué, aun sabiendo lo que iba a pasar.

No voy a decir que sea un peliculón, porque hay partes que me parecen mejorables, pero el final es muy bueno, y a mí personalmente se me hace algo doloroso.

No leas a partir de aquí si no has visto la película, porque te la voy a destripar.

Y parecerá estúpido que me afecte personalmente, pero hay cuestiones personales que, aun habiéndolas superado hasta el punto de que no me afecten en mi vida cotidiana, nunca pueden terminar de cerrarse.

Hablo de Conor y la muerte de su madre. Salvando las distancias por la edad, yo viví una situación parecida hace casi cinco años. Aunque por suerte tengo cuatro hermanas que me quieren mucho, siempre estuve muy unido a mi madre. Vivía a 130 km, pero la llamaba cada día, la visitaba varias veces al mes, consultaba con ella todas mis dudas. Era una parte fundamental de mi vida, aun siendo yo un adulto independiente.

Murió un día de año nuevo, tras meses con un estado de salud que no paraba de empeorar. Tenía yo 27 años (ahora tengo 32).

Por eso esta película me hace revivir todas las sensaciones dolorosas que tuve en aquella época. Por un lado la angustia de ver cómo se encontraba cada día peor, sobre todo los dos últimos días, y el deseo egoísta de querer que todo ese sufrimiento se acabara ya. Por otro, el dolor porque se iba, y porque no quería que se fuera, porque uno nunca está preparado para que se vaya alguien tan importante. Y, por último, el miedo. El miedo a afrontar la vida solo. Y esos meses posteriores de sentirme en la más absoluta desorientación, de no saber qué hacía ni adónde iba, de no pensar lo que haría la semana siguiente porque no me encontraba preparado para vivirla.

Esto pasó hace casi cinco años. Me acuerdo cada día de ella y sueño con ella a menudo. Miento si digo que no me duele que ya no esté. Pero no me paraliza. Y quizá películas como esta me ayudan a valorar lo que tuve, y a no dejar que el dolor me haga olvidar lo que merece ser recordado.

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